A ver si nos vemos

Juraría yo que ya he escrito un artículo con este título, pero recién llegado de Madrid, donde lo que más he practicado estos días ha sido esa noble tradición y sana costumbre del “vernos”, no quería dejar pasar un minuto más sin reiterar que, efectivamente, hay que verse. Más. Y mejor.

Me gusta mucho la filosofía de Zygmunt Bauman, el padre de la modernidad líquida. Me gusta cuando sostiene que “hemos perdido el arte de las relaciones” y advierte contra los peligros de compensar a través de un consumismo desaforado la falta de tiempo que compartimos con la gente que nos importa.

También advierte contra los peligros de las Redes Sociales: “Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad… Las pandillas de amigos o las comunidades de vecinos no te aceptan porque sí, pero ser miembro de un grupo en Facebook es facilísimo. Puedes tener más de 500 contactos sin moverte de casa, le das a un botón y ya”.

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Por eso, este fin de semana en Madrid ha sido tan apasionante, desde que nos montáramos en el bus, Reyes y yo. Horas y horas de encuentros, risas, miradas, charlas y discusiones; cara a cara, face to face; con gente distinta, variada y diferente.

Días de abrazos, besos, saludos, apretones de manos, paseos y quedadas. Días, también, de conocer a nuevas personas, de reconocer a algunas antiguas y de seguir cultivando amistades y relaciones creativas, alegres, generadoras e ilusionantes. Días de sorpresivas atenciones, como la de Gustavo, en el estupendo Hotel Convención de Madrid.

Lo de las Ferias del Libro es extraño. Muchos autores señalan lo complicado que es estar en ese escaparate, viendo a la gente pasar. Gente que te ignora o, lo que es peor, que se acerca hasta la caseta, echa un vistazo a tu libro y se larga. Sin más.

Cineasta Blanco Corazón Negro presentación Madrid

Que está en su derecho, obviamente. Pero que te da coraje.

En realidad, para disfrutar del “encierro” en la caseta, lo más importante es que tu anfitrión sea majo. O maja. Como ha sido el caso en mis dos últimas experiencias, en Granada, en la caseta de Almed, con Juan; y en Madrid, en la caseta de Casa Árabe, con Bea y su hermana. Tiempo para hablar de viajes, de libros, de películas, del calor, del frío y de todo lo que se tercie. De la vida, o sea. ¡Un privilegio! Y las visitas, claro. Las firmas, las fotos, las risas…

Jesús Lens firma libros Casa Árabe

Por la noche, más e igualmente grandes amigos. Una tertulia que nos tuvo más de una hora charlando de cine y África; de viajes y de música, en un enclave muy especial: el Café Atelier de la Llana, un espacio cargado de fuerza y de magnetismo, decorado con sumo gusto y que rebosa creatividad. Con mi querido Javier Márquez como introductor, fue un placer compartir el rato con viejos amigos y con nuevos viejos amigos, algunos venidos para la ocasión desde la mismísima Sevilla.

Cineasta Blanco Corazón Negro Javier Márquez

Y es que así da gusto. Sobre todo, si terminas de madrugada, escuchando jazz por el Madrid de siempre. Por ese Madrid que no se termina nunca.

Como da gusto ver y saludar a otros amigos, el domingo, firmando en sus casetas. Amigos como Luis García Montero, Lorenzo Silva, Juan Bolea, el propio Márquez o Carlos Salem.

Días que culminan con una rosada a la plancha y unas bravas, tras haber disfrutado de los cuadros de Pissarro; ordenando una maleta que trajiste llena de “Cineasta Blanco, Corazón Negro” y te llevas a rebosar de libros de viajes sobre Persia, de policiales sudafricanos, y de libros dedicados para familia y amigos.

Exposición Pissarro

Fines de semana en los que terminas reventado, pero rebosante de ganas de leer, de escribir, de hacer, de descubrir. Porque verse, es lo que tiene. Verse, además de ser alegre y festivo, emocionante y divertido; es creativo.

Verse es necesario y esencial. Verse es bueno para la salud, física y mental. Verse es crucial y dejar de verse, una calamidad.

Por todo ello… ¡a ver si nos vemos!

En Twitter, no nos vemos. Pero nos seguimos: @Jesus_Lens

A ver si nos vemos

Cuando nos fuimos, ya lo dijimos. Ahora, al volver, lo reiteramos. En forma de declaración de intenciones. A ver si cumplimos lo que publicamos en IDEAL, hace un par de sábados…

Hace un par de días estaba tomando un café con Juanma y, al despedirme, me crucé con Gustavo. No se conocían entre sí, aunque habían hablado por teléfono e intercambiado algunos mails. Lo mismo hasta eran amigos del Facebook, sin saberlo. El caso es que tenían un asunto pendiente por resolver. Allí delante, poniéndose cara y hablando, invirtieron la nada desdeñable cantidad de… quince segundos en arreglar la cuestión.

Vivimos en la sociedad de la información, permanentemente conectados y comunicados, veinticuatro horas on line. Intercambiamos decenas de mails, SMS, chats, tweets, anotaciones en el Muro y un larguísimo etcétera. Sin embargo, verse sigue siendo necesario, esencial e imprescindible. Encontrarse, mirarse y oírse, cara a cara. En persona. En riguroso vivo y directo. Solo que no es tan fácil. Agendas rebosantes de anotaciones y compromisos, obligatorias citas y reuniones sin fin y decenas de actividades lúdico-profesionales y deportivo-culturales transforman al tiempo en un tesoro de valor incalculable y hacen que un par de horas tumbados a la bartola en el sofá del salón de casa sean algo muy parecido al paraíso.

Pero hay que verse. Más allá de estar en contacto, que todos lo estamos, hay-que-verse. Richard Florida lo tiene claro y en su imprescindible y aquí comentada “Las ciudades creativas” demuestra cómo las personas con inclinaciones artísticas, técnicas y científicas tienden a mudarse a comunidades en que es posible compartir inquietudes, ideas, proyectos y estímulos. Presencialmente. Lo veíamos en “Mad Men”. Los publicistas se han instalado en el mismo edificio en que está la redacción de Life. Una creativa de la agencia baja en el ascensor con una de las empleadas de la famosa revista, que lleva unas fotos bajo el marchamo de “Rechazadas”. La creativa las ve, le fascinan… y la maquinaria se pone en marcha.

Por eso, en las oficinas de Google no hay despachos y la gente no sólo trabaja en plantas diáfanas, sino que se potencia al máximo el contacto y la relación entre los empleados. Por eso, las escuelas de negocios más prestigiosas lo son tanto por la calidad de los programas de estudios que ofertan y los excepcionales profesores que los imparten como por la posibilidad de hacer contactos fructíferos y duraderos entre los alumnos, facilitando después que dicha relación se prolongue en el tiempo.

Es una frase hecha. ¡A ver si nos vemos! Casi tanto como esa otra, cargada de dobles sentidos: Tenemos que hablar. Y, sin embargo, verse y hablar cara a cara, aún en los tiempos de las Redes Sociales y la máxima conectividad, es imprescindible. No se trata de renegar de las nuevas fórmulas de comunicación, sino de aquilatarlas y complementarlas. Hoy es fácil saber los unos de los otros, seguirnos la pista y conocer en qué estamos. Más o menos. Pero eso no debería ser suficiente.

Hagamos propósito de enmienda y procuremos ser más presenciales. No es fácil. Cuesta trabajo. Y tiempo. Pero los resultados profesionales, creativos y emocionales son espectaculares.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.