Una mirada reivindicativa

Fue verla y lanzarse a besarla. Un gesto espontáneo que fundió en un sentido y cálido abrazo a María José con Carmela. Y, tras ella, Sandra e Higinio, con el mismo cariño.

Serían las once y media, durante la inauguración del Centro de Día de la Residencia Fray Leopoldo, en el Serrallo, cuando la consejera de Igualdad de la Junta, el delegado y la delegada de gobierno; entraron a una sala llena de mayores. Entre ellos, Carmela, guapa y perfectamente arreglada. Frente a ella, su andador. Sobre el andador, unos papeles. Y, escrutadora, vivaz y traviesa, su mirada.

Carmela es Carmen Castillo, una luchadora que ha estado en mil frentes de batalla y cuyo ser peleón sigue activo: los papeles que tenía sobre su andador son más de 600 firmas, recogidas entre los internos de la residencia, sus familiares y vecinos del entorno, solicitando que el S1 llegue hasta allí arriba, lo que facilitaría la vida de todos.

Cuando terminó el alboroto de gente y la tranquilidad volvió a reinar en Fray Leopoldo, estuve un rato hablando con Carmela, a la que se le humedecían los ojos recordando a su marido y su casa en Bobadilla, barrio por el que tanto peleó. Me contó cómo eran las calles del barrio, sin pavimentar, y cómo se ponía todo de barro en cuanto caían cuatro gotas. También sonreía y se le perdía la mirada en el infinito, evocando lo mucho que consiguieron los vecinos, con su actitud peleona y reivindicativa.

Carmela tuvo bellas palabras para Antonio Jara y su paso por la alcaldía y, sin perder el pulso de la actualidad, encorajinaba a otro alcalde del PSOE, Paco Cuenca, para que resista en la Plaza del Carmen y deje huella, igual que hizo Jara en su momento.

Y es entonces cuando vuelve a blandir, orgullosa, las firmas recogidas estos días. E insiste: a los residentes de Fray Leopoldo, el S1 les facilitaría mucho la vida y les conectaría con la ciudad. También haría mucho más cómodas las visitas a la residencia a amigos y familiares de los mayores. Sin olvidar que todo el entorno es residencial y hay decenas de pisos y apartamentos.

Ahora que Movilidad está recabando opiniones y sugerencias entre los granadinos, para terminar de afinar el sistema de transportes, que no caiga en saco roto la reivindicativa mirada de Carmela.

Jesús Lens

Hogar Fray Leopoldo

Ayer fue un día grande. Grande y especial. Porque ayer inauguramos el Hogar Beato Fray Leopoldo. Y digo bien “inauguramos” porque fui parte activa en uno de los acontecimientos del año, como acredita el pequeño ladrillo con el rostro de Fray Leopoldo que tengo frente a mí.

El ladrillo puede ser una estupenda y rica metáfora, pero a duras penas conseguí encajarlo en mi presentación, ante el riesgo de resultar inoportuno o poco afortunado. Que un ladrillo es algo noble y sencillo; útil, práctico y necesario… pero cargado de connotaciones negativas en los últimos años.

 

Hace unas semanas subí a visitar lo que yo creía que era una residencia de ancianos. Lo que me encontré, sin embargo, fue un Hogar. Su director, Mateo Torres, me mostró las instalaciones y créanme cuando les digo que sentí un punto de orgullo: en Granada podemos presumir de tener, ahora mismo, la residencia más inteligente de España. Una residencia Cinco Bastones, en afortunada expresión de un Tico Medina al que echamos de menos y al que enviamos un cariñoso saludo.

Gracias a la empresa Novatec, cada residente está perfectamente localizado y monitorizado en todo momento y, en el caso de que pase ocho segundos a menos de diez centímetros del suelo, el personal es alertado automáticamente.

 

Un extraordinario desarrollo tecnológico realizado por una empresa granadina que se ha hecho justo merecedor del Premio Conectividad en Salud del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, un galardón que reconoce a los centros sanitarios que mejor integren las telecomunicaciones en su diseño para humanizar la asistencia al paciente.

 

Pero si las instalaciones y la tecnología han propiciado un magnífico edificio inteligente, son las personas que allí trabajan quienes lo convierten en un auténtico Hogar. Cincuenta empleados para cien residentes, de los que un 60% son personas sin recursos. En riesgo de exclusión, como se dice ahora. Pobres, como se ha dicho toda la vida. Y como decía Fray Leopoldo.

Foto: Pepe Marín Zarza

Personas sin recursos que han encontrado un merecido refugio. Un hogar. Como debe ser. Un hogar construido, ladrillo a ladrillo, con las partidas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, pero también con las aportaciones voluntarias de miles de personas que, a cambio de su generosidad, recibieron un pequeño ladrillo conmemorativo, dándole un sentido completamente diferente al objeto que ejemplificó la época del pelotazo, el derroche y la especulación.

 

Jesús Lens