Los orígenes del cine

¿Se imaginan la historia de la literatura sin Homero, Shakespeare, Cervantes o Chandler? ¿La historia de música sin Bach, Mozart, Beethoven o Louis Armstrong? ¿La historia de la pintura sin Velázquez, Picasso o Warhol? ¿Cómo se puede entender, entonces, la historia del cine sin René Clair, Charles Vidor, Jean Renoir o G.W. Pabst?

No sé en los planes de estudios de colegios e institutos -aunque apostaría a que los grandes clásicos del cine no se encuentran entre las prioridades de la mayoría de ellos- pero en el día a día no veo yo a la gente muy atenta a la Historia del Cine. Lo que no deja de ser curioso, dado que vivimos en una sociedad cada vez más audiovisual…

En Granada tenemos la inmensa suerte de contar con una persona cuyos ojos han visto todo el cine que deberíamos haber visto los demás, una auténtica enciclopedia del séptimo arte que, para más inri, sabe cómo enseñarnos a mirar las películas, más allá de simplemente verlas.

Lo he escrito otras veces: Juan de Dios Salas es un lujo y el festival que ha puesto en marcha por encargo del Ayuntamiento, Granada Paradiso, viene a satisfacer las demandas de la cinefilia granadina: el cine mudo y el cine clásico. Su trabajo al frente del Cine Club Universitario es modélico y, más allá de que podamos ir o no al Espacio V Centenario de la UGR, no debemos dejar de coleccionar los descargables que Juande prepara para cada uno de sus ciclos. ¡Son un tesoro!

Como los buenos festivales, Granada Paradiso no se limita a programar un puñado de películas durante una semana y, después, si te he visto no me acuerdo. Tiene continuidad todo el año. Por ejemplo, hoy y mañana, en el Centro Lorca, tendremos la oportunidad de disfrutar de clásicos como “Gilda”, “La gran ilusión” o la “Sangre y arena” de 1922, además de cortos y mediometrajes franceses de años tan improbables como 1916 o 1918, filmados durante la I Guerra Mundial, que vienen de la mano de otra institución imprescindible en nuestra ciudad: la Alianza Francesa de Granada.

No le tengan miedo al desafío. Déjense seducir por los clásicos. Entren en la sociedad secreta de los amantes del cine silente. Cada sesión será presentada por Juande y ya verán que, además de aprender, lo pasamos en grande.

Jesús Lens

TODOS SOMOS MAGOMIGUE

La columna de hoy de IDEAL es la que tenía que ser. Porque no es que (sólo) hablemos de magia, cultura y artes escénicas. Qué también. Es que hablamos del modelo de ciudad que queremos. Y en el que insistimos. Como decíamos AQUÍ.

¿Hay ocasiones en que vuelves a ser un niño? ¿Sigues teniendo ilusión? ¿Sientes la magia de la vida, fluyendo por tus venas? ¿Te queda un hálito de romanticismo, un poso de ingenuidad, un rapto de irredento optimismo? Entonces tú también eres (un poco) MagoMigue.

El pasado fin de semana se celebró la novena edición del festival de magia Hocus Pocus y, como viene siendo habitual, todos los espectáculos se saldaron con llenazos absolutos. Estos días, en Granada, una de las frases más escuchadas era: “- No te sobrará alguna entrada para la Magia ¿verdad?” Pero no. Nadie tiene entradas de sobra para cualquiera de los muchos y variados espectáculos del “Hocus Pocus”. Porque las entradas vuelan, nada más ponerse a la venta.

Desde que MagoMigue me descubrió el mundo de la magia, en el que nunca había creído, me estoy convirtiendo en adicto a una de las artes escénicas más completas y más complejas que existen. Porque la inmensa habilidad de los magos no es sino la punta del iceberg de montajes que van mucho más allá de una sucesión de ingeniosos trucos concatenados. Tomando como ejemplo el recién estrenado “AluCine” del propio Miguel Puga, el espectáculo no sólo requiere de un guión para enganchar, divertir y entretener a los espectadores durante dos horas y cuarto de duración sino que además exige atrezzo, vestuario, imágenes, música, proyecciones y un largo etcétera que implica una enorme inversión de talento, esfuerzo y recursos económicos y técnicos.

En el caso de AluCine, MagoMigue nos cuenta la historia del director George Méliès, un revolucionario mago de primeros del siglo XX que se interesó por el recién nacido cinematógrafo con el fin de incorporarlo a su espectáculo de magia y que, sin distinguir entre uno y otro arte, inventó los efectos especiales y los impulsó hasta el infinito y más allá. Porque “si los hermanos Lumiere inventaron la pluma, Méliès creó la poesía del cine”. Y MagoMigue consigue recrearla en un espectáculo tan brillante como hipnótico, anticipándose en muchos meses a la que será una de las próximas películas de Martin Scorsese.

En 2011, Hocus Pocus celebrará su décima edición. Este año no ha habido magos extranjeros, ni formación ni magia en la calle. Este año, la crisis se cebó con GranHada. El que viene no sólo tiene que ser apoteósico y especial, sino que, además, debería sentar las bases para la consolidación definitiva en Granada de un Festival exitoso e imprescindible, esperado por miles de espectadores ansiosos por dejarse embrujar por el misterio de la magia.

Entre todos tenemos que conseguir que Hocus Pocus forme parte del ADN granadino, tan arraigado como las tapas, Sierra Nevada, el Festival del Música y Danza o el de Jazz, referentes imprescindibles a nivel nacional e internacional.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.