¡Que abra el cine de verano!

¡La que se ha liado, con el anuncio a través de Facebook de que este año no abrirá sus puertas el cine de verano de Vergeles! Por lo que parece, el dueño del local no ha llegado a un acuerdo con los arrendatarios que lo explotaban. Y en esas estamos. Ni que sí, ni que no; sino todo lo contrario.

Cine de Verano Vergeles

Una de mis máximas en la vida es que no es lo mismo ver una película que ir al cine. Para mí, no hay comparación entre ver una película en la gran pantalla a verla en una televisión. Y no digamos ya a verla en un ordenador, en una tablet o en un móvil.

¿A que no? Katha & Lens
¿A que no? Katha & Lens

Pero el cine de verano es otra cosa, que va más allá del tamaño -que sí importa -de la pantalla. El cine de verano es un estado mental que nos conecta con una parte de nosotros, alegre, festiva y despreocupada, propia de esos meses abrasados por el sol y el terral sahariano.

Al cine de verano se va a ver una película, por supuesto. Pero también se va a cenar. A cenar en condiciones, no a tomar solo unas palomitas y unos refrescos. De hecho, si uno no sale con un lamparón de mayonesa, mostaza o tomate al finalizar la proyección, es que la experiencia no ha sido completa.

Cine de Verano cena

¿Quién no guarda un recuerdo especial, en uno de esos cines al aire libre? En el proceso de hacerse mayor, aquellas noches de verano desempeñaban un papel básico. Cuando se dejaba de ir con los padres para ir en pandilla. ¡La de veces que fuimos de Carchuna a Calahonda o a Torrenueva, a ver la película de turno!

Y luego estaba el otro paso. El paso decisivo: dejar a la pandilla para sentarte con la chica/chico que te gustaba. ¡Cuántos nervios! ¡Cuánta incertidumbre! ¡Cuánta zozobra!

Facebook se ha vuelto a convertir en el Muro de las Lamentaciones, tras el anuncio de que este verano, no abren las salas de Vergeles. Como pasó con los añorados Multicines Centro. A los que, dicho sea de paso, no iba la mayoría de la gente que lloraba en las Redes. Pero ésa es otra cuestión.

Cine de Verado Los Vergeles

¿Quién se compromete a ir, al menos, cinco veces al cine de verano, si abre sus puertas? Le compro a Álex Villa la etiqueta: #Cinema5

Jesús Lens

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Gravity

El principal problema que tiene hablar de “Gravity”, llegados a este punto, es que la película de Alfonso Cuarón ya no es solo una película, sino todo un fenómeno, un acontecimiento planetario, una explosión sin parangón desde los tiempos de “Avatar”.

 Gravity cartel

Y, como en el caso de la película de James Cameron, el 3D tiene mucho que ver en el éxito atómico y universal de una película que… ¿es para tanto? Cinematográficamente hablando, quiero decir.

Yo, como (casi) todo el mundo, gocé, flipé y aluciné en colores viendo las aventuras de Clooney y Bullock en el espacio. Y flipé de tal manera que guardo en la memoria más sensaciones e impresiones que recuerdos cinematográficos. Tengo ahí grabado, a fuego, el vértigo de las caídas y la sensación de centrifugado, cuando ella va dando vueltas sin control. Y la sensación de ingravidez. Y la sensación de paz, belleza, silencio y serenidad que transmiten muchas de las imágenes de la película. Y la sensación de ahogo y asfixia, cuando Sandra se nos ahoga. Y, y, y… ¡tantas sensaciones!

 Gravity imagen

Tantas sensaciones juntas, seguidas y concatenadas como no recuerdo haber experimentado en el cine, desde la referida “Avatar”, con ninguna otra película. Y, a la vista de las astronómicas cantidades que la película está recaudando en los cines; está claro que otra mucha gente está compartiendo esta desatada Gravinsanity.

La pregunta llega a la hora de analizar la película, más allá de los supuestos errores científicos de los que se la acusa y que a mí, personalmente, me importan un carajo. Porque “Gravity” no es un documental científico. Es una película. Con su guion, sus trucos, sus efectos y su dramaturgia.

 Gravity bullock

Y ahí queríamos llegar. Al guion. O a su falta de. A esos mensajes de superación personal y de “voy a conseguirlo” que serían más propios de un estudiante de enseñanza media que de toda una doctora que se encuentra desarrollando una labor de alto riesgo en el espacio exterior.

Que sí. Que es verdad.

Pero que, ante el derroche visual y la espectacularidad de las imágenes… ¿a quién le importa? A mí, desde luego, no me importa (casi) nada. Como, insisto, no me preocupa el rigor científico sobre el que se ha hecho tanto hincapié.

 Gravity

Me quedo con las sensaciones. Porque es el único camino posible, si queremos seguir viendo cine en las salas: las sensaciones. Y es que, como tampoco me canso de repetir, no es lo mismo ver una película que ir al cine.

No son iguales las risas de “Las brujas de Zurragamurdi”, compartidas en una sala llena, que en la soledad de tu casa. Ni se disfruta igual del menú de “Caníbal” entre los murmullos de la platea, atestada de público, que en la discreción de tu salón. Aunque te comas unas albóndigas caseras mientras Antonio de la Torre se cena su filetico, rico, rico.

 Gravity poster

La gran virtud de “Gravity” es demostrar a la gente que, pagar por ir al cine, tiene sentido. Y recompensa. Que merece la pena. Que la experiencia deja buen sabor de boca. Que es un lujo. Que hay que hacerlo. Volver. A ir. Una y otra vez. Porque el cine genera adicción. Y películas como “Gravity” contribuyen a incentivarla y acrecentarla.

Jesús Lens

En Twitter: @Jesus_Lens

 

Ir al cine

Porque no. Porque no es lo mismo. Y, en ocasiones, ni parecido.

Cine película

¡Gracias a Katha Diseño Gráfico por interpretar un puñado de palabras y darle esta lectura cinéfila tan colorida, inspirada, clásica y, a la vez, radicalmente vanguardista!

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¡Nos vemos en los cines!

Y en Twitter: @Jesus_Lens