Prisas y bullas

Vivimos en la era de la velocidad, eso es innegable. Todo ocurre a un ritmo vertiginoso. La famosa consigna de Jim Morrison, el líder de The Doors —lo queremos todo y lo queremos ahora— es una realidad tangible que, sin embargo, amenaza con aplastarnos.

Las condiciones draconianas de trabajo de Amazon y los falsos autónomos de Glovo son un efecto colateral de la necesidad compulsiva del aquí y el ahora. Del ya, el ipso facto y el lo quiero para ayer. De la inmediatez radical.

Gracias a las protestas de los agricultores y a sus cortes de tráfico, sin embargo, nuestra vida pareció transcurrir a menor velocidad durante unas horas. Mucha gente dejó el Volvo o el Seat en la cochera y se afanó con el coche de San Fernando, ya saben, un pasito a pie y otro andando. O cogieron el transporte público, tan calmoso él.

“Vamos a 20 kilómetros por hora por la autovía” era una de las consignas que transmitían nuestros compañeros de IDEAL mientras narraban en vivo y en directo los avatares de una jornada histórica para el campo granadino.

Durante mucho tiempo, he sido un fervoroso defensor de la aceleración y la multitarea. De la prisa y la velocidad. Al menos, en algunas facetas de mi vida. En otras, siempre he tendido a la pereza más morosa, lo reconozco.

Poco a poco, sin embargo reniego de las bullas. De ahí la fascinación por los postulados del filósofo y sociólogo alemán Hartmut Rosa sobre la alienación, la aceleración, las resonancias y la buena vida.

Aunque tengo que rumiarlo despacio, uno de los conceptos que más me han gustado de Rosa es el de la importancia de permanecer en los sitios sin estar pensando en marcharnos. De disfrutar del momento presente sin el runrún del que está por llegar. De escuchar atentamente a la persona con quien conversamos sin que parte de nuestro cerebro esté anticipando la siguiente reunión, la siguiente llamada, la siguiente visita.

El modo de vida acelerado nos hace creer que podemos llegar a todo cuando, en realidad, acabamos por no llegar a ningún sitio.

Jesús Lens

¿No va más?

Aplazo la entrada que tenía programada para esta hora. Porque, tal y como pintan las cosas, una pregunta no deja de atormentarme:

¿Terminarán por ser éstas la película y la banda sonora del año?

Pareció que sí. Después que no. Pero, a 2 de agosto, cuando el mundo tiende a paralizarse, Ángela se va a la montaña para adelgazar (se podía llevar a la Prima con ella) y Mariano piensa en relajarse en Pontevedra… ¿hay quién pare la inmensa bola de nieve que viene rodando desde lo alto de la montaña, crecida, hace ya muchos meses?

Entre el Fondo de Rescate y un Rescate a Fondo, apenas hay diferencia. ¿O sí? Ahora nos aprestamos a vivir auténticos combates dialécticos y conceptuales al estilo Barrio Sésamo, para diferenciar entre ayudas y rescates, por ejemplo. Entre acciones e intervenciones. Entre auxilio y socorro. Entre echar una mano y echarla al cuello. Entre insuflar y asfixiar.

El batacazo del rey, por la mañana, no ha tenido ni punto de comparación con el que el Íbex se ha pegado unas horas después. Y menos mal que los Mercados han cerrado. Que ya podrían alargar el fin de semana y no abrir hasta el lunes. Aunque…

En fin. Que Francis & Jim tienen la palabra…

THE END

Con relación a los Cuaversos de esta mañana, me resulta imposible escuchar esta canción sin que el cuerpo se me llene de escalofríos, sobre todo, cuando va acompañada de las imágenes de esa condenada obra maestra de Francis Ford Coppola.

 

¿No hay momentos en que, de repente lo veis claro, cobrando conciencia de que El Momento indefectiblemente ha llegado?

 

¿Borrón y cuenta nueva?
¿Borrón y cuenta nueva?

¿Qué nos queda entonces, excepto plegar velas, quemar las naves y volver a los cuarteles de invierno?

 

Sí. Hoy es uno de esos días.

 

The end.

 

Debajo, la letra, y después, la versión completa de la canción, con Jim Morrison.  

 

 

This is the end

Beautiful friend

This is the end

My only friend, the end

 

Of our elaborate plans, the end

Of everything that stands, the end

No safety or surprise, the end

Ill never look into your eyes…again

 

Can you picture what will be

So limitless and free

Desperately in need…of some…strangers hand

In a…desperate land

 

Lost in a roman…wilderness of pain

And all the children are insane

All the children are insane

Waiting for the summer rain, yeah

 

Theres danger on the edge of town

Ride the kings highway, baby

Weird scenes inside the gold mine

Ride the highway west, baby

 

Ride the snake, ride the snake

To the lake, the ancient lake, baby

The snake is long, seven miles

Ride the snake…hes old, and his skin is cold

 

The west is the best

The west is the best

Get here, and well do the rest

 

The blue bus is callin us

The blue bus is callin us

Driver, where you taken us

 

The killer awoke before dawn, he put his boots on

He took a face from the ancient gallery

And he walked on down the hall

He went into the room where his sister lived, and…then he

Paid a visit to his brother, and then he

He walked on down the hall, and

And he came to a door…and he looked inside

Father, yes son, I want to kill you

Mother…i want to…fuck you

 

Cmon baby, take a chance with us

Cmon baby, take a chance with us

Cmon baby, take a chance with us

And meet me at the back of the blue bus

Doin a blue rock

On a blue bus

Doin a blue rock

Cmon, yeah

 

Kill, kill, kill, kill, kill, kill

 

This is the end

Beautiful friend

This is the end

My only friend, the end

 

It hurts to set you free

But youll never follow me

The end of laughter and soft lies

The end of nights we tried to die

 

This is the end

MUSIC IS YOUR ONLY FRIEND…

…Until de end!

 

Me encanta el arranque del “Ritual de lo habitual”, uno de los mejores discos de los Jane´s Addiction: “Señoras y señores, nosotros tenemos más influencia en sus hijos que tú tienes. Pero les queremos. Creado y llegado de Los Ángeles, California… ¡Juana´s adicsión!”

 

Y puede parecer pretencioso el discurso de Perry Farrell, pero es una verdad como un templo. La música influye en la gente, sobre todo cuando es joven, más que los padres, los hermanos, la familia, la escuela, los profesores y los amigos.

 

En mi vida ha habido varias influencias, pero posiblemente ninguna tan importante como la de este tipo.

 

Jim Morrison, alma y líder de los Doors, ese grupo fundacional que me abrió las puertas de la percepción a disciplinas insospechadas.

 

Durante mucho tiempo me sumergí en la mitología de los Doors, me aprendí las letras de Morrison, traduje su poesía y, por supuesto, me empapé de todos sus discos, de principio a fin.

 

Después pasa el tiempo. Descubres grupos nuevos, cambias de estilo y, como siempre decimos, tiras adelante. Siempre adelante. Hasta que, en un momento dado, el cuerpo te pide parar en seco y, durante un tiempo, mirar atrás. Sin ira. Mirando hacia atrás sin ira.

 

Ésta es una de esas tardes. Porque, a veces, sientes que, efectivamente, la música es tu única Amiga. Hasta el final. Y que, cuando la música se termina, sólo queda echar el cierre y apagar las luces.

 

Porque pocas cosas me han emocionado tanto como las serpientes del Rey Lagarto, retorciéndose sinuosamente en la boca de Morrison, en esas canciones llenas de asesinos en la autopista, coches recorriendo el asfalto de las carreteras más perdidas de Norteamérica, jinetes en las tormentas del desierto, amores desesperados, huidas salvajes y emocionados regresos… Y, por supuesto… ¡The End! This is the end, beautiful Friend. This is the end, my only Friend, the end. Of our elaborated plans… ¡the end!

 

Porque, al final, siempre volvemos a nuestras raíces y a nuestra esencia. Y, al principio, fueron los Doors. Las puertas. Esas puertas que glosaba William Blake y de cuyos versos surgió el nombre del grupo más mítico de la escena angelina:

 

There are things that we know and things that we don´t know. In between are the doors.

 

Hay cosas que conocemos y cosas que no conocemos. En mitad, están las puertas.

 

Jim Morrison vive!

 

Jesús Lens, nostalgioso y evocador.