Día a día

La de veces que mi hermano y yo nos hemos reído con la respuesta que Rambo le daba al coronel al final de ‘Acorralado’:

—¿Cómo vivirás, Johnny?

—Día a día.

Llevo estos tres días consultando compulsivamente las alertas de IDEAL, agobiado por si tenía que salir de Jerez a escape para confinarme en Granada. Lo del brote de Belicena nos trae a maltraer y la sensación es de que, como se descontrole, será la gota que colme el vaso de la paciencia de las autoridades sanitarias, la chispa que prenderá el incendio involucionista en la desescalada.

Les decía ayer que en Jerez no había ni moscas y, sin embargo, el jueves me he encontrado con algunos turistas disfrutando del Alcázar, monumento que me ha sorprendido gratamente; una razonable entrada en el espectáculo del baile de los caballos andaluces y, sobre todo, una nutrida presencia de comensales en La Carboná, un extraordinario restaurante situado en una antigua bodega que tiene como lema Cocina con Jerez. ¿Cómo va esto del turismo en tiempos de pandemia? Día a día.

Sigue el reflujo informativo sobre la marcha de EasyJet de Granada. Entiendo que para las autoridades granadinas, lo grave es que no vengan turistas, pero me sorprende no haber leído una sola palabra sobre lo que esta desconexión aérea supone de pérdida para los viajeros granadinos con hambre de mundo y curiosidad por conocer otros países. Que salir por ahí fuera y orearnos un poco también es importante.

Esperemos que la marcha de EasyJet no sea definitiva. Precisamente su modelo de negocio permite ese tipo de escapada cultural a ciudades que están fuera de los circuitos tradicionales y que sirve para amalgamar un europeísmo convencido y militante, tendiendo puentes de civilización y descubrimiento mutuo.

La duda es si estas compañías aguantarán el tirón si, como parece, la pandemia no remite y los plazos para hallar la vacuna se dilatan en el tiempo. ¿Volverá a convertirse en un lujo asiático eso de viajar al extranjero? ¿Se imaginan lo que habría pensado un ciudadano romano o uno griego si les dicen que, después del florecimiento de sus culturas, lo que estaba por venir era la oscura y tenebrosa Edad Media?

No nos pongamos trágicos. Pero tampoco descartemos que el turismo de masas, tal y como lo conocíamos, haya desaparecido por mucho tiempo. Reinvención. Adaptación. Y, como John Rambo o el Cholo Simeone, día a día. Partido a partido.

Jesús Lens

La bandera ignífuga

No dejo de pensar en metáforas, estas semanas. A mí, lo del apretón —de manos— metafórico entre Sebastián Pérez y Luis Salvador me ha trastocado. Así, cuando he visto el vídeo de un individuo vestido de negro y con el rostro cubierto por un pasamontañas, tratando de pegarle fuego a una bandera de la UE, me he vuelto a poner poético.

El protagonista es un jovenzuelo británico que enarbola un mechero, coge la bandera azul con estrellas amarillas de la Unión Europea y trata de incendiarla. Infructuosamente. No prende ni una miserable llamita. Nada. El tío se empeña en su cruzada flamígera, pero no hay manera. La bandera está fabricada con material ignífugo, a prueba de niñatos, locos e iluminados con ganas de hacer una gracieta.

Me gustaría pensar que la Unión Europea y, por extensión, las instituciones de los estados que la componen, también son ignífugos, a prueba de pirómanos inconscientes armados con una antorcha. Lo estamos viendo estos días, en Gran Bretaña, con la pugna entre Boris Johnson y el Parlamento, un duelo de alto voltaje más apasionante que la prórroga de una hipotética final del Mundial de baloncesto entre España y Estados Unidos.

Ver arder cualquier cosa siempre resulta espectacular. Y lo espectacular siempre es más excitante que la plomiza realidad. Sin embargo, la esencia de la vida, lo que nos permite seguir adelante con nuestro día a día, es la denostada cotidianeidad, supuestamente gris y aburrida.

Llegados a este punto, es necesario recordar la célebre maldición de la ancestral sabiduría china: te deseo que vivas tiempos interesantes. Con la espada de Damocles del Brexit pendiendo sobre nuestras cabezas y la economía alemana gripada, el futuro nos amenaza con una nueva recesión y los economistas vuelven a hablar de Crisis, con mayúscula. Interesante, sí. Pero jodido. Muy jodido.

Mi capacidad de atisbar un futuro que vaya más allá del próximo octubre está muy limitada, lo reconozco. Ahora sólo pienso en convertir la bendita normalidad de la vuelta al cole en algo alegre, divertido, creativo y gozoso. Lo demás, ya llegará.

Jesús Lens