Fascistas, pero de verdad

Muchas de las cosas que sé, me las enseñó Andrés Sopeña. Y no necesariamente en sus maravillosas clases de Derecho Internacional Privado. Aunque también.

Muchas de las cosas que sé, y de las que he ido aprendiendo por mi cuenta, se las debo a una de las mentes más lúcidas que he tenido la fortuna de conocer.

 

Si han venido a alguna de mis charlas y presentaciones me lo habrán oído más de una vez: soy lo que soy y hago lo que hago gracias a personalidades proteicas como las de Andrés Sopeña, Jesús Conde, mi añorado Manolo Villar, Cristina Macía, Paco Ignacio Taibo II o Fernando Marías. Personas que me han enseñado a ver la vida de otra forma, a ir más allá, a mezclar, combinar, hilar, evolucionar y osar.

Andaría yo por mi primera veintena cuando asistí a un curso de verano. Junto al maestro Berlanga, participaba Andrés Sopeña. Y, en un par de prodigiosas horas de charla, desmontó y volvió a montar el western como género cinematográfico, desarbolando su épica y su mítica para devolvernos la historia, tal y como ocurrió.

 

Al terminar aquellas dos horas de magia y alquimia, Sopeña nos advertía que el nuevo fascismo no llegaría con botas, porras, guerreras y bigotes; mostrándose agresivo, visible y fácilmente perceptible. Que, gracias al cine, a la televisión y a los medios de comunicación de masas, el fascismo volvería camuflado de otra cosa. Y nos impelía a formarnos y a estar atentos para aprender a detectarlo y a combatirlo.

 

Asisto desde el domingo a un debate muy interesante sobre si Alternativa para Alemania, esa AfD que entra en el Bundestag, es o no es extrema derecha. En un momento en que insultos como facha o fascista se aplican a personas como Joan Manuel Serrat, hay que ser muy cuidadosos con el uso de según qué apelativos.

No nos lo van a poner tan fácil, para reconocerlos…

Pero todo lo que leo sobre AfD, apesta a fascismo. A extrema derecha. A racismo. A xenofobia. Con un toque pulcro y moderno. Con un discurso muy bien trabajado e hilvanado sobre la grandeza de Alemania, pero repleto de esos peros tan delatadores, al estilo del célebre “yo no soy racista, pero a mí los musulmanes…”.

 

Así, cuando estos días lean o escuchen a gente que se define como demócrata, pero que reconoce que la AfD tiene su parte de razón, ¡desconfíen!

 

Jesús Lens

Hoy presentamos “Cineasta Blanco, Corazón Negro”

Hoy vamos con una notable dosis de autobombo. Pero es que hoy es la puesta de largo… ¡Y en la Feria del Libro! ¡Y en mi CajaGRANADA! ¡Y con mis amigos! Primero, atentos a la columna de José Enrique Cabrero en IDEAL… ¡Impagable! Ahí va la Nota de Prensa que hemos preparado…

En el marco de la feria del libro, se presenta al nuevo libro de Jesús Lens, recién publicado por la editorial ALMED, en el que se hace un completo, ameno y muy interesante repaso por casi cien películas de todos los tiempos, desde “Mogambo” y “Hatari!” a “El jardinero fiel” o “Memorias de África”

El jueves 25, a las 19 horas, Andrés Sopeña presentará la obra y, a las 20 horas, el autor firmará ejemplares en la Caseta de Firmas de la Feria

Foto: Miguel Ángel Molina
Foto: Miguel Ángel Molina

“La historia de África ha sido testigo de que cuando se encuentra algo de valor, los africanos sufren y mueren en masa. Esto ya ha sucedido con el marfil, el caucho, el oro y el petróleo. Y ahora sucede con los diamantes. Con esas piedras se compran armas y se financian guerras civiles.”

Con esta cita, extraída de la película “Diamantes de sangre”, se abre el nuevo libro de cine del escritor granadino Jesús Lens, “Cineasta Blanco, Corazón Negro”, en el que el autor hace un completo repaso, repleto de anécdotas y de información sobre casi cien películas cuya acción transcurre en el continente africano.

África es, geográficamente, nuestro continente más cercano. Sin embargo, sigue siendo cultural y emocionalmente muy desconocido y lejano para buena parte de los ciudadanos del primer mundo. El cine, como una de las ventanas que mejores vistas ofrecen al mundo exterior, es uno de los espejos más potentes en los que se refleja la imagen de un continente que suele mostrarse a caballo entre lo aventurero y paisajístico y lo oscuro, peligroso y siniestro.

Gran parte de lo que sabemos –o creemos saber- sobre culturas, países y sociedades diferentes a la nuestra, lo sabemos –o creemos saber- gracias al cine.

Fotografía de Miguel Ángel Molina
Fotografía de Miguel Ángel Molina

En su introducción a “Cineasta Blanco, Corazón Negro”, Jesús Lens escribe “¿Qué imagen de África tenemos los aficionados al cine? ¿Qué nos han contado algunos de los directores más grandes de la historia sobre el continente negro? ¿Dónde está el límite entre la realidad y la ficción, entre la historia y la leyenda? Cuando escuchamos la palabra “África”, ¿qué imágenes se nos vienen a la cabeza? ¿En qué paisajes, en qué personas, en qué personajes pensamos, por asociación de ideas, imágenes y sensaciones?”

Y continúa: “Efectivamente, África es sinónimo de aventura para muchos de nosotros. De pureza. De autenticidad. En África se encuentran, en pleno siglo XXI, algunas de las grandes maravillas de la naturaleza y todavía quedan paisajes vírgenes, grupos humanos incontaminados, Parques Nacionales en los que la vida y la muerte dirimen sus diferencias las veinticuatro horas del día”.

Así las cosas, “Cineasta Blanco, Corazón Negro” es un libro que invita a hacer un viaje entre lo real y lo cinematográfico, entre lo visto, lo imaginado y lo soñado.

Un viaje que arranca cruzando el Estrecho de Gibraltar. Un recorrido que comienza cerca, muy cerca de España. A catorce kilómetros nada más. Y que conducirá al lector, primero, por los países de ascendencia árabe y las tierras más allá del Sáhara, hasta entrar en Etiopía. Desde allí atravesará la cordillera del Rift, puerta del África mítica en la que el Kilimanjaro es el rey. Hará escala en sus grandes parques nacionales, descubriremos las Fuentes del Nilo y navegará por los lagos Victoria y Alberto.

¡Ese Garabato Digital de Colin Bertholet!
¡Ese Garabato Digital de Colin Bertholet!

Tras saludar a los gorilas de montaña en el Ruwenzori y visitar la zona de los Grandes Lagos, bañados por la sangre de los hutus y los tutsis, el libro hace una imprescindible parada en el Congo y sigue descendiendo hacia el sur, hasta la tierra de los zulúes, el apartheid, Mandela y Biko, donde finaliza el recorrido.

Un viaje cuyo autor promete que será tan extenuante como excitante. Tan arriesgado y peligroso como ilustrativo y enriquecedor.

Y entretenido. Porque filmar en África sigue siendo complicado, difícil y, a veces, hasta surrealista. Y todo ello provoca rodajes repletos de anécdotas que Jesús Lens ha rastreado con paciencia para compilar en un libro de habla de películas conocidas por todos y otras que el lector arderá por ver cuando lea “Cienasta Blanco, Corazón Negro”.

Y es que, como señala el escritor Fernando Marías en el prólogo, estamos ante el mejor libro que ha escrito Jesús Lens hasta la fecha.

En Twitter: @Jesus_Lens

Escuela 2.0

– ¿Cómo que electrocutados? ¿Los deberes? ¿Cómo diantres se van a electrocutar los deberes?

– Verá usted, señor profesor: es que los tenía almacenados en la Nube esa del Internet y no vea usted la tormenta: truenos rayos y centellas… Algo terrible. No han quedado ni los restos.

(Dedicado a mi maestro, Andrés Sopeña, y a cualquiera de sus personajes. Briones, por ejemplo…)

Jesús Lens

A ver los 5 de diciembre de 2008, 2009, 2010 y 2011

EL JUEVES DE FAVELIS

A ver. Que este jueves, con Andrés Sopeña, presento el nuevo libro de viñetas de Martín Favelis. Todos los datos, AQUÍ. Básicamente, jueves 11. A las 20 horas. En la sala de la librería Nueva Gala. C/Almona de San Juan de Dios, 15.  Un privilegio, arbitrar el choque de trenes entre Martín y Andrés. Para ir entrando en materia… la página de Martín, AQUÍ.

No es Humor al Cuadrado. Es al Rectángulo.
No es Humor al Cuadrado. Es al Rectángulo.

Y luego unas birras. Que no me veis más el pelo hasta la vuelta de Semana Santa. Que me las piro. De verdad. De la buena.

 

Jesús Lens, árbitro entre genios.

SINESTESIA

“Todo lo paradójico que a ustedes les pueda parecer, pero en la Era de la Imagen no entendemos una gran parte de lo que las imágenes pretenden contarnos; peor aún: confundimos mirar y ver. Una panda de canallas que sabe muy bien lo que se hace nos ha escamoteado la Luz y nos mantiene sumidos en una penumbra siniestra y para colmo maloliente ¿o soy yo el único que percibe el hedor insoportable que exhalan algunos programas televisivos? Si es así tendré que mirármelo, que eso se llama Sinestesia”.

 

Sinestesia.

 

Ese párrafo pertenece a Andrés Sopeña, y está sacado de sus notas para la presentación que finalmente no pudo hacer de nuestro libro de cine y viajes.

 

Libro, cine y viajes: ¡Sinestesia!

 

Hace unos días, planteamos un Jeroglífico, preparado por Burkina y basado en dicha palabra, rápidamente resuelto por algunos de los maquinones que nos siguen, para pasmo y estupefacción de su autora. Y, creo, para su desánimo, que no ha vuelto a decir esta boca es mía 🙁

 

Así que llevaba días pensando qué escribir sobre la Sinestesia, un concepto que me apasiona y que la Wikipedia define así:

 

“La sinestesia es, en retórica, estilística y en neurología, la mezcla de varios sentidos diferentes. Un sinestético puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es que lo asocie o tenga la sensación de sentirlo: lo siente realmente. La sinestesia es un efecto común de algunas drogas psicodélicas, como el LSD, la mescalina o algunos hongos tropicales.”

 

Quiénes me conocen saben que ni entre mis defectos -ni entre mis virtudes- está el abuso, y ni tan siquiera el uso; de sustancias alucinógenas, alteradoras de la percepción o psicotrópicas. Yo, con una o dos Alhambras Especiales, voy servido.

 

Así que, la sinestesia, la tengo que buscar por otros caminos.

 

Y a mí me gusta conseguirla combinando varios de mis vicios más contumaces. En ese sentido, el mejor cocktail es una buena dosis de música alta y el tecleo sistemático en el ordenata. Cuando mejor escribo es cuando llevo un buen rato ejerciendo de rompeteclas, con la música bien audible. Digamos que, entonces, lo que escribo tiene una musicalidad especial.

 

Y, cuando me encarta, también me gusta tener visibles fotos impactantes, relativas al tema de trabajo.

 

Cuando los amigos vienen a casa piensan que el hecho de tener frente al sofá un pantallón de televisión y unos cuantos anaqueles con películas, series, libros y discos es una discutible decisión decorativo-estética. Pero no. Es algo más.

 

Yo escribo tirado en el sofá. Nada de mesas especiales, sillas ergonómicas o recogimiento silencioso: o en la terraza, o en el sofá. Y siempre rodeado de papelajos, ruido y desorden.

 

“Así escribe lo que escribe”, pensarán algunos… malandrines ellos.

 

Me gusta, cuando me atasco, levantar la mirada y encontrarme con Scorsese o Coppola. Con los dibujos de Jesús Conde, los locos de Mad Men, los sabios del Ala Oeste de la Casa Blanca, la genialidad de Bebo & El Cigala, con los Alien o con la figura de ese Bauer que me regaló el Gran Rash, y que siempre me está recordando que… “No-hay-tiempo”.

 

Unas máscaras africanas por aquí, unas fotos de William Claxton por allá. El Padrino, a lo bestia, y un gran Sol Mexicano dándome luz. Siempre la Luz.

 

Unas esculturas de El Cairo, unos paisajes chinos, Stanley Kubrick, Diego Rivera… y mi Sierra Nevada, claro. Todo ello hace que fluya la creatividad y que, en mi cabeza, se mezcle todo.

 

Por eso, creo, tenía que ser obligatoriamente Géminis.

 

No porque tenga varias y distintas caras.

 

Sino porque soy un sinestésico contumaz y abusivo.

 

Con todo cariño sinestésico
Con todo cariño sinestésico

¡Por eso este Blog es el caos, el cajón de-sastre que es!

 

Porque uno es así: dentro del aparente caos, sencillo hasta el extremo.

 

Jesús Lens, el Sinestésico.

 

PD.- Quienes me conocen, ¿no han echado de menos siquiera una referencia a algo habitual en mi vida, que siempre he defendido como esencial para la creatividad?

 

Seguiremos 🙂