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Archive for the 'Opinión' Category

Número Cero

Hoy publico en IDEAL este artículo, sobre el nuevo libro de Umberto Eco que versa, precisamente, sobre periodismo.

Dentro de unos días tengo que impartir una sesión sobre Comunicación en un Máster de la ESCO que tiene como sugerente denominación 360º, al fomentar que los alumnos tengan una visión global del entorno profesional en que vivimos. Así, en cuanto vi anunciada la publicación de la nueva novela de Umberto Eco, “Número Cero”, me lancé a las librerías como un poseso, para leerlo antes de intervenir en el Máster, dado que el tema sobre el que versa es, precisamente, la comunicación y periodismo.

 Número Cero IDEAL

Lo primero que me llamó la atención es que Eco ha cambiado su hermetismo habitual y una densidad estilística acorde a su proverbial sabiduría por una narración casi transparente que, en forma de diario, cuenta el nacimiento y la puesta en marcha de un nuevo periódico en la Italia de finales del siglo XX.

Un grupo de profesionales son convocados a una reunión en la que se les informa de que un magnate de la construcción con presencia marginal en el sector de la comunicación quiere dar el salto a las Grandes Ligas, planteándose el lanzamiento de un nuevo periódico de tirada nacional llamado a competir con algunas de las cabeceras históricas del país transalpino. Pero, antes, quiere ver cómo sería el periódico, las secciones que incorporaría, su línea editorial, el tono de las informaciones y, en general, cómo resultaría todo el proceso de edición.

 Número Cero

Para ello, encarga la confección de un Número Cero del diario “Domani”, Mañana, que cómo bautizan al experimento. Y allá se lanzan aquellos profesionales, unos veteranos y otros neófitos; a dar vida a un nuevo periódico.

A partir de este planteamiento, Umberto Eco aprovecha las 200 páginas de “Número Cero” para contar cómo son y cómo funcionan los medios de comunicación y qué técnicas usan sus profesionales para destacar unas noticias sobre otras o para sepultar informaciones comprometidas y poco convenientes. En concreto, los capítulos dedicados a cómo convertir rumores infundados en noticias publicables, al ejercicio del desmentido o a la difusión de los resultados de los estudios “científicos” más descabellados que se puedan imaginar, pero que estén alineados con los intereses de los editores; ha levantado una enorme controversia en los propios medios de comunicación italianos y ha abierto un encendido debate sobre la deontología periodística de lo más estimulante.

 Número Cero prensa

Como muestra, el diálogo que mantienen el director del periódico y una joven, inexperta e impetuosa redactora:

 - Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.

- Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?

- Ambas cosas, señorita. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene. Venga, no hagamos demasiada filosofía y trabajemos como profesionales.

 Número Cero Umberto Eco

No es por casualidad que el controvertido Roberto Saviano haya dicho que “Umberto Eco ha escrito una novela que es el manual de comunicación de nuestro tiempo” y que yo esté pensando en dar una hora libre a los alumnos del Master que se hayan leído “Número Cero”… para comentarlo con ellos mientras los demás hacen algún ejercicio práctico en clase.

 Número Cero periódicos

Jesús Lens

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#Granada2020

Hoy publico este artículo en IDEAL. A mí me gustaría saber qué Granada nos proponen los unos y los otros, de cara a las elecciones municipales de mayo. ¿Y a ti?

El domingo podíamos leer el IDEAL una precisa, completa e ilustrativa información sobre el amplio y variado gazpacho de siglas que diferentes formaciones políticas nos van a ofrecer en las próximas elecciones municipales. Y, sinceramente, hay que estar muy puesto y bien informado para distinguir entre quiénes conforman Vamos Granada, Ganemos, Podemos, Izquierda Unida y las demás plataformas y agrupaciones que, paradójicamente, parecen atomizar el voto de izquierda más que nunca.

 Granada 2020

Después, y suponiendo que uno sea capaz de ubicar e identificar cada una de las siglas definitivas, el siguiente paso será vincularlas a las personas que las representen en las listas electorales. Porque a lo largo de estas semanas estamos viendo infinidad de rostros y nombres distintos a los habituales, protagonizando procesos de Primarias. Y hasta de Secundarias. Por no hablar de ciertas Reválidas… Lo que está muy bien, dicho sea de paso, que este proceso denota salud democrática, interés participativo y perspectivas de rotación y variedad en los puestos y cargos.

Sin embargo, cuando queda poco más de un mes para las elecciones municipales, hay una cosa que me preocupa sobremanera: que este baile de siglas y nombres, muchos de ellos todavía por perfilar y definir, no nos esté dejando ver las ideas y los programas de los contendientes. Dando por sentado que los tienen, claro.

 Granada 2020 atrás

En unas elecciones municipales se elige a los representantes que han de regir la vida de nuestras ciudades, barrios y pueblos durante cuatro años y, a estas alturas de la primavera, lo que estoy echando de menos son precisamente ideas, propuestas y programas concretos para mi ciudad.

Tengo la sensación de que las municipales, al menos en Granada, se están planteando en clave de vendetta por las pasadas elecciones andaluzas y, lo que sería peor aún, como calentamiento para las generales de final de año. Denoto mucha intención de voto de castigo y de moción de censura, pero poca ambición por un voto constructivo basado en un programa con visión de futuro para nuestra ciudad.

Si tiramos de hemeroteca, vemos que todas las conversaciones entre los nuevos -y los viejos- partidos de la izquierda granadina han estado basadas en nombres, cuotas de poder y en un personalismo desmesurado. Sin embargo, de ideas, poco.

¿Qué Granada nos prometen para el 2020? Porque ése debería ser el debate. ¿En qué modelo de ciudad están pensando? ¿Cómo piensan alcanzarlo? ¿Qué herramientas, políticas, presupuestos y recursos van a utilizar para hacerla posible?

 Granada 2020 Europa

No sé a ustedes, pero a mí me gustaría conocer la Granada del futuro que se plantean todos y cada uno de los partidos que van a pedir mi voto y, de acuerdo con ese modelo ideal -y con las personas que se postulen para materializarlo y hacerlo posible- ir a votar el próximo 22 de mayo. Pero quedan apenas cinco semanas para la cita electoral, y excepción hecha de tirarse a la cara el LAC, el metro, la estación del AVE y el Atrio de la Alhambra… poco o casi nada sabemos sobre la ciudad que cada partido aspira a dejar en 2020.

Jesús Lens

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La isla del padre

Hoy, en el periódico IDEAL, he publicado este artículo que me surgió del corazón y de las tripas, a borbotones, mientras leía la fascinante narración de Fernando Marías. Espero que os guste y, sobre todo, os recomiendo que leáis el libro.  

¿Y si la palabra “ánimo”, tan sencilla, fuera el Rosebud de Leonardo Marías? O, quizá, lo sea Pagasarri, el nombre del monte bilbaíno que Fernando y su padre ascendieron innumerables veces.

 Fernando Marías La isla del padre

Leo con placer y delectación “La isla del padre”, la última novela de Fernando Marías, galardonada con el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, y me hago preguntas todo el tiempo: ¿Qué importancia tienen las palabras? ¿Qué palabras importan más, las pronunciadas en voz alta o las que se quedaron en la recámara? ¿Se puede construir una novela partiendo apenas de tres palabras, de tres conceptos?

Leo con ansia -y a la vez con paciencia- este libro de memorias y recuerdos, esta fascinante recreación de una relación paterno-filial; y me descubro cada poco tiempo con el libro dado la vuelta, bocabajo, apoyado sobre mi regazo, y con la mente perdida entre los meandros de los recuerdos. De mis recuerdos. De mis sueños. De mis anhelos. De mis fantasías. De mis miedos. De mis logros. De mis decepciones.

 La isla del padre

Leo bajo la luz del Mediterráneo a Fernando Marías y, por la noche, aprovecho para charlar con mi hermano. Sobre nuestro padre, muerto hace ya muchos años. Demasiados. Sobre nuestra madre. Sobre sus figuras. Su ejemplo. Su presencia. Su ausencia. Nuestros recuerdos.

Advertencia: leer “La isla del padre” supone abrir una brecha en los diques de contención que todos construimos para mantener a raya el aluvión del pasado. Una brecha a través de la que se filtrarán voces, ecos, imágenes, conversaciones, momentos, alegrías, penas y emociones. Sobre todo, emociones. Leer esta maravillosa y mágica novela de Fernando Marías supone descubrirte todo el tiempo con la emoción a flor de piel ya que cada página, cada párrafo, cada línea consiguen que afloren recuerdos íntimos en el lector.

 Fernando Marías

Porque “La isla del padre” es una novela de aventuras. Y las aventuras nos ayudan a soñar. Aventuras protagonizadas por el padre del autor, un marino mercante que pasaba meses y meses embarcado, fuera de casa, y que, al volver, trataba por todos los medios de recuperar su relación con su hijo. Una relación complicada, marcada por las distancias y las ausencias. Una relación construida en torno a las historias. A las historias del marino, por supuesto. Y a las historias de sus compañeros de aventuras, como el mítico Hanley. Pero también a las historias compartidas en las salas de cine. O en los libros. A las historias narradas. A las historias contadas. A las historias inventadas.

 La isla del padre cultivada

Leer “La isla del padre” es disfrutar del placer de la pura narración. Del placer de recordar. Del placer de inventar. Del gusto por la fantasía que surge a partir de la realidad. Un libro que, partiendo de la historia familiar de los Marías y de la portentosa capacidad de fabulación de Fernando, permite al lector ir construyendo su propia historia, utilizando para ello sus recuerdos y, sobre todo, una estimulada y espoleada capacidad para reinterpretarlos de acuerdo con la libre imaginación.

Jesús Lens

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(Des)motivación

Artículo que publico hoy en IDEAL y que habla sobre un término del que tengo la sensación que abusamos hasta el hartazgo. ¿Cómo lo ves?

Hace unos años tuve que entrevistar a varios candidatos en un proceso de selección. Me sorprendió que uno de ellos justificase los muchos años que había tardado en conseguir el título académico que rezaba en su curriculum en un concepto que, ahora está muy de moda: la desmotivación.

 desmotivación

El chaval, antes de estudiar la disciplina en que había conseguido graduarse, lo intentó con otras dos carreras, pero en ambos casos se había desmotivado, lo que le llevó a dejarlas.

Recuerdo que aquello me sorprendió enormemente. Quizá porque, entonces, no se hablaba tanto de la motivación como ahora. Y me hizo pensar. ¿Estaba yo motivado cuándo estudié mi carrera? Porque apasionante, lo que se dice apasionante, no era. ¿Y cuándo me obcequé con el inglés? ¿Qué motivación encontraba yo en los verbos irregulares y en el uso de la pasiva y la condicional?

Incluso ahora: ¿encuentro motivación por las mañanas, cuando suena la alarma del móvil a las 7 am? ¿Y los fines de semana, cuando me pongo a escribir? ¿Qué me motiva para calzarme las zapatillas y salir a trotar, un día detrás de otro, cuándo ya me crujen todas las articulaciones, incluyendo las pestañas?

Motivación. O falta de.

 Motivación

Lo siento, pero me cuesta trabajo encontrarle sentido al concepto. Al menos, cuando se refiere a la necesidad de una constante motivación exógena a uno mismo, cuando se trata de desarrollar las actividades básicas de un ser humano que vive en sociedad. Sinceramente, lo de la desmotivación, en la mayoría de los casos, me parece una vana excusa bastante infantiloide. Aunque todos las hemos usado alguna que otra vez, sobre todo en las Redes Sociales, ¿no le resultan cansinas al lector esas frases y discursitos motivacionales que nos tienen cercados, por los cuatro costados, como las carreteras a los linces de Doñana?

Si por los expertos motivacionales fuera, nos pasaríamos el día entero sonriendo y dando excitados brincos de alegría y satisfacción, en permanente estado de euforia, celebrando cada logro que consiguiéramos, por nimio que fuera. Y, al contrario, sin motivación, deberíamos ser tipos tristes y mustios, sujetos apáticos que maldicen su suerte y solo piensan en cambiar de vida.

 MOTIVACION mantras

Lo decía Epicteto de Frigia: “No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”. Lo que se puede interpretar de una forma más clara y sencilla: no intentes que las cosas sean como las deseas. Mejor, deséalas tal y como son.

 Motivación deportiva

El cuento de que si te concentras en un coche azul terminarás teniendo un coche azul, es una majadería. Y no hablemos ya de príncipes… Y no se trata de estar o no motivados para conseguirlo o para fracasar en el intento. Se trata de tener sentido común, sentido de la responsabilidad y una cierta madurez.

¿Qué me motiva a mí, cuando suena el despertador, a las 7 de la mañana? Algo muy sencillo: la nómina que me paga mi empresa. Y punto. A partir de ahí, como buen profesional, me levanto, me ducho, me tomo un café para activarme y hago lo que tengo que hacer. No necesito un entorno de trabajo repleto de colorines y estímulos artificiales, o recargado con falsos aromas y sonidos supuestamente relajantes.

 motivación tucán

Seré un bicho raro pero, con respeto y confianza, tengo más que suficiente. Para ilusionarme, motivarme y ser feliz, lo último que necesitaría es tener a un Simeone gritándome desde el otro lado de la mesa cada vez que escribo una línea de texto, jaleándome los adjetivos, corrigiendo las metáforas o pasándome la mano por el lomo cada vez que utilizo bien un tiempo verbal.

Jesús Lens

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El poder

El poder, o se tiene o no se tiene.

Y, si se tiene, se utiliza.

Y punto.

 House of cards

Quien tiene el poder tiene la fuerza. Y ha de demostrarlo. Y aprovecharlo.

Que no aprovecharse.

El poder se ejerce. Se emplea. Se muestra. Y se demuestra.

El que no tiene el poder, debe aspirar a tenerlo. Legítimamente.

Mientras, quien no lo ostenta, debe controlarlo, fiscalizarlo, criticarlo, acotarlo, presionarlo…

Lo que no es posible ni resulta admisible es acercarse al poder para no llegar a ejercerlo y contentarse con rozarlo y acariciarlo. Con sentirlo. Con respirar su mismo aire. Con lucir junto a él.

No, oigan, no.

El PODER es algo muy serio que no admite tibiezas ni medias tintas. Que no permite acercamientos furtivos, coqueteos y aullidos a la luna.

 Borgen

Por eso hay tantos que, cuando se asoman al poder, sienten vértigo. Miedo paralizante. Pánico.

Y por eso naufragan, una y otra vez.

¡Seguimos!

Jesús Lens

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Todo es imposible en Granada

El runrún habría empezado a correr como la pólvora por las calles… si no fuera porque nos encontramos en pleno siglo XI, en la época de los ziríes.

-¿Qué van a hacer… quééééééé?

 

-En serio. Te lo juro. Que van a abrir una nueva puerta en la muralla.

 

-¿Otra puerta? ¿Pero qué necesidad hay? ¿Es que no tenemos bastante con la Puerta Monaita y con el Arco de las Tinajillas?

 

-Eso es lo que dice la gente. Que no se entiende un dispendio de semejante calibre. Sobre todo, porque va a romper la maravillosa simetría de la muralla. ¡Más vigilancia para evitar pintadas es lo que se necesita, y no otra puertecita de las narices!

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Aunque peor fue la que se montó años después, cuando Yusuf I decidió ampliar la Puerta de Elvira y convertirla en fortaleza autónoma, con sus cuatro torres, sus tres barbacanas y sus dos puertas, además de la exterior.

-¡Qué derroche! ¡Qué ostentación! -se escuchaba en los mentideros de la ciudad.

Y eso no fue nada en comparación a lo que tuvo que soportar, allá por el año mil doscientos y pico, el sultán Al-Ahmar, cuando empezó a rumorearse que tenía intención de erigir una fortaleza en lo alto del monte situado frente a la ciudad, al otro lado del río. Ni siquiera la promesa de, a la vez, construir una acequia que canalizara las aguas del Darro y permitiera a los agricultores regar los huertos con mayor facilidad, consiguió templar los ánimos.

 Granada es imposible Al Ahmar

-¡Qué barbaridad! Con lo bonita que es la vista del bosque, en las faldas de la gran montaña, sobre todo en invierno, cuando se encuentra repleta de nieve… y ahora aparece el listo éste, un recién llegado de sus aventuritas y sus conquistas, un advenedizo cualquiera; y decide que hay que construir una fortaleza.

Todo esto, por supuesto, se decía en voz baja y solo en los círculos más íntimos. Que Al-Ahmar no estaba para bromas en aquellos tiempos revueltos, posteriores a descomposición del imperio almohade. Cuenta la leyenda que incluso hubo unos activistas que, tratando de defender el bosque, se ataron a  los árboles, entonando la consigna: “No nos moverán, no los talarán”. Pero las fuentes consultadas para la redacción de este artículo no lo recogen en sus anales.

 Granada es imposible Albaicín

-Y, encima, ¡rojas! ¡Ahí!. ¡Con dos cojones! Las murallas, rojas. Para que no pasen inadvertidas. Es que se necesita tener mal gusto. ¿No podía el sultancito ser más discreto e intentar que su fortaleza quede integrada en el paisaje?

Pero lo peor de todo llegó cuando, a mitad del siglo XIV, Mohamed V se empeñó en gastarse una pasta en varios caprichos: el Palacio de Comares, con su patio de los Arrayanes, el Patio de los Leones, con la dichosa fuentecita -¿desde cuándo es el león un animal relacionado con esta tierra? -criticaban los expertos?; la Sala de las Dos Hermanas, el Mirador de Lindaraja, la sala de los Abencerrajes y las dos reformas de la Puerta del Vino.

 Granada es imposible Patio Leones

¿Una pasta hemos dicho? ¡Un pastón! Una auténtica insensatez. Una locura. Es que ni en la época del Califato de Córdoba, oiga. ¡Dónde va a parar! Y es que el tal Mohamed debía estar bastante endiosado, la verdad. Porque vaya palacio que se construyó, el tío, todo lleno de folletaícas.

-Y, encima, sin conexión con la ciudad. ¿Quién se habrá creído que es?

-Dicen que sí está conectada la Alhambra con la ciudad, a través de unos túneles…

-A mí, la verdad, me trae sin cuidado. Lo único que digo es que, con lo que se han gastado en esos Palacios, hubiera yo organizado unos cursos de formación en todo el Al-Andalus, que ríete tú de los listos esos del norte, lindando con los Pirineos…

Jesús Lens

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¿Es la cultura electoral?

Hoy publico en IDEAL un artículo propuesta que no sé qué te parecerá. Me gustaría conocer tu opinión y, además, que la compartieras… ¡Gracias!

Cuando era joven, escuchaba con estupefacción las historias que me contaba mi padre sobre los viajes a Perpiñán de los cinéfilos españoles que querían ver determinadas películas que, por razones diferentes, no se estrenaban en España. La más famosa fue “El último tango en París”, pero hubo otras. Muchas. Demasiadas.

 Censura tango

Hace unos días me descubrí escrutando la cartelera… de Málaga, para organizar una escapada de fin de semana que me permitiera ver algunas de las películas más interesantes que se han estrenado en España, pero que no han llegado a la cartelera granadina. ¡Qué triste, tanto progreso y tanto desarrollo, para volver a un ignominioso punto de partida!

De un tiempo a esta parte, asistimos a un debate más o menos abierto sobre el bajonazo de Granada en el mapa cultural andaluz y español. Un debate que, a mi juicio, se está centrando mucho en la gestión de los monumentos, en la importancia de las grandes infraestructuras culturales  y en los eventos más mediáticos; pero muy poco en los contenidos que, día a día, deberían beneficiar intelectualmente a los granadinos.

El debate está focalizado en la cultura como motor de desarrollo económico y en su capacidad para atraer turismo foráneo que genere recursos para el sector de la hostelería, lo que me parece muy bien y es muy necesario, pero siempre que no obviemos esa otra cultura, la del día a día, la que se disfruta a pie de calle por los residentes en la provincia.

 Censura magical girl

Y, con ello, volvemos al cine. Las salas comerciales privadas deciden estrenar las películas que consideran más rentables y, para ello, reservan tres cuartas partes de su aforo a Sombras, Esponjas y Pingüinos. Por su parte, la Diputación, la Filmoteca de Andalucía, los Festivales y los Cine Clubs dedican sus recursos a un cine que está fuera de los circuitos comerciales. Un cine necesario e imprescindible, vanguardista, clásico, diferente y arriesgado. Lo que antes se llamaba Cine de Arte y Ensayo.

El problema radica en ese otro cine que se estrena comercialmente en toda España, pero que, siendo minoritario, no llega a Granada. Por ejemplo, de los últimos Goya, más de la mitad de las cintas seleccionadas no tuvieron un estreno normalizado en nuestras salas. Y no vamos a hablar de las Palmas de Cannes, los Osos berlineses, las Conchas de San Sebastián o los Leones venecianos; por centrarnos en los Festivales más famosos del mundo. Solo el cine Madrigal programa cine alternativo, de forma habitual.

 cine madrigal

La pregunta es: ¿por qué no se utiliza el Teatro Isabel la Católica, de gestión pública y municipal, como sala de proyecciones para ese otro cine comercial que, sin reventar taquillas ni arrastrar a las masas, sí resulta imprescindible para la salud intelectual de una ciudad supuestamente culta y universitaria como Granada?

Teatro Isabel la catolica

De cara a las próximas elecciones, más allá de estériles polémicas partidistas e interesadas, deberíamos estar muy atentos a las concretas y factibles propuestas culturales de los programas electorales de los partidos. Para mí, desde luego, será un importante factor a la hora de decidir mi voto.

Jesús Lens

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Cambios disruptivos: ¡ojito!

Mi columna de hoy, en el periódico IDEAL. No sé cómo verás la cuestión y si estás o no muy de acuerdo… ¿Eres de cambios disruptivos o tiendes más al lampedusianismo del que “todo cambie para que todo siga (más o menos) igual?

Hay un momento en la película “Detour”, un clásico del cine negro norteamericano de los años 40 del pasado siglo, en que un personaje llama por teléfono a su novia, desde Nueva York a Los Ángeles. Utiliza una cabina y las imágenes, para mostrar lo importante, larga y complicada que es la llamada, muestran a las célebres operadoras, afanándose en meter y sacar las clavijas de conexión en inmensos paneles frente a ellas.

 Disruptivos

Quiso la casualidad que viera esta película poco después de “10.000 kilómetros”, una de las candidatas a los Goya de este año, en que se cuenta la relación a distancia de un chaval de Barcelona con su pareja, que se ha mudado a Los Ángeles. Lo novedoso de la película es que todo su desarrollo está basado en los diálogos, las conversaciones, las broncas y discusiones que mantienen los dos únicos personajes… a través de las novísimas tecnologías de la comunicación. Así, ambos duermen junto a sus portátiles, acompañados por la imagen del otro en pantalla. Hablan por Skype, se comunican por Whatsapp, a través de Facebook, por correo electrónico… hasta un tutorial de cocina on line se hacen, a través de Internet, en vivo y en directo. ¡Un no parar de estar permanentemente comunicados!

 Disruptivos 10000

En unas decenas de años, todo lo referente a la comunicación ha ido sufriendo avances tan prodigiosos que podríamos trazar un larguísimo itinerario de hitos disruptivos, desde el primitivo telégrafo hasta los actuales (y tiranos) Smartphones. Ahora, cuando el Whatsapp se cae un par de horas, las Redes Sociales hierven de indignación. ¡El horror! ¡El horror!

 Disruptivo WhatsApp

Así las cosas, nos hemos acostumbrado a tantos y a tan vertiginosos cambios tecnológicos que nuestra vida cotidiana se nos va quedando atrás, incapaz de proporcionarnos las satisfacciones que debería. Si los teléfonos y las televisiones cambian a tal velocidad, ¿por qué no deberíamos hacerlo nosotros, como personas y como sociedad?

Es entonces cuando empezamos a barajar la posibilidad y el anhelo de cambios disruptivos, también, en la realidad que nos rodea, en nuestro día a día. Solo que no debemos olvidar que esos grandes cambios, excitantes de por sí, además de provocar una brusca ruptura con lo anterior, conllevan la desaparición de costumbres, productos y servicios que eran de uso habitual en la sociedad.

 Disruptivo Televisión curva

Y es que el cambio disruptivo nos hace considerar que todo lo anterior, lo viejo; no solo está desfasado, sino que también es inferior en cuanto a calidad, prestaciones y satisfacciones.

Leo que la plataforma Uber, una disruptiva pesadilla para los taxistas de las grandes ciudades del Primer Mundo, anda estos días muy preocupada por la irrupción de Google en el mercado de los vehículos sin conductor, controlados y conducidos por GPS y por control remoto. Sin que aún haya sido aceptada, utilizada y digerida por buena parte de la sociedad… ¡Uber empieza a estar obsoleta!

Ojito con determinados cambios disruptivos. Que sí. Que su mera anticipación nos excita y nos saca de la abulia y de los cansinos lugares comunes que nos rodean. Pero que, por su propia naturaleza, esos cambios no solo no tienen marcha atrás, sino que no tardan en ser superados por otros que no habíamos sido capaces de prever y anticipar.

 Disruptivo Televisión

Jesús Lens

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De ser humano a integrista radical y asesino

Hoy publico en IDEAL este artículo que te pone en una pista literaria que, creo, te va a resultar muy interesante. Si es así y el libro te llama la atención, dímelo y hablamos.

¿Cómo se convierte, en tan poco tiempo, un repartidor de pizzas al que le gusta el rap en un asesino en masa que, armado con un kalashnikov, masacra fríamente a una docena de personas? ¿Qué poderosos mecanismos han de operar para que una chica que luce un bikini en una foto, mientras abraza a su pareja, aparezca poco después ataviada con un luctuoso burka, blandiendo amenazadoramente una ballesta?

 Burka

A lo largo de estos días vamos leyendo distintas informaciones y reportajes sobre las vidas de los hermanos Kouachi, Amedy Coulibaly y su pareja, Hayat Boumeddiene; tratando de encontrarle una explicación a sus crímenes.

Cada persona es un mundo, por supuesto. Y la trayectoria vital de cada individuo es distinta a la de los demás. Pero en el proceso de conversión al islamismo radical que desemboca en un ser humano matando y muriendo por Alá, Mahoma y el Corán hay una serie de pasos que el escritor Roger Mimó desgranó en su excepcional novela “Veintidós peldaños”, publicada por la editorial granadina Almed.

 Veintidós peldaños

La novela lleva como subtítulo “Memorias de un terrorista islamista” y los escalones referidos son todos y cada uno de los estadios por los que pasa un muchacho tan brutote como noble, nacido en una zona de Marruecos, hasta verse convertido en una bomba de relojería a punto de estallar.

¿Hay religión en la conversión del protagonista de la novela? Sí, claro. Pero mucha menos de la que el lector pueda imaginar. Y, desde luego, de un tipo diferente a la que podríamos pensar. Porque, para que un chaval normal y corriente decida convertirse en un asesino en masa, la religión tiene que venir acompañada de más cosas. De muchas más cosas.

De una situación económica complicada, por ejemplo. De un entorno familiar que tampoco es fácil. De una sociedad y un ambiente opresivos. De unas expectativas demasiado altas. De una realidad más dura aún. De los sueños que se rompen. De los sueños robados. De los sueños que, al final, se convierten en pesadillas.

 Islam radical

No es igual la situación en Marruecos que en París, por supuesto. Como no lo es en Nigeria, Irak, Arabia Saudí, Argelia, Siria o Egipto. Pero los mecanismos de captación y convencimiento que describe “Veintidós peldaños” pueden ser perfectamente extrapolables.

Hablamos de un libro con enjundia, escrito por un viajero nato, residente en Marruecos desde hace años. Mimó es un buen conocedor del Islam. Tanto que decidió profesarlo, también desde hace tiempo. Lo que no le impide describir la aberración que supone el integrismo radical, el fanatismo y la sinrazón de los terroristas.

 Roger Mimó

Hablamos de un libro adictivo, en fin, que se lee a una velocidad vertiginosa. Una vez que el lector pase las primeras páginas y suba el primer peldaño, ya no podrá dejar de ascender hasta alcanzar el veintidós, el más alto y definitivo. Sin hacer un alto en el camino, sin buscar un rellano en el que coger aliento.

Jesús Lens

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2015 serán 365 momentos

No me acuerdo de la primera vez que utilicé dicha expresión, pero cada día estoy más convencido de su certeza: la vida son momentos. La vida no son años, meses, semanas ni días. La vida son momentos. Lo demás, es tiempo muerto.

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Ya os he presentado uno de mis planes para el 2015: volver a ver 25 películas que, alguna vez, fueron importantes para mí. ¡Seguro que ese proyecto me va a deparar Momentos! Muchos, intensos. La mayoría, buenos. Algunos, seguramente que decepcionantes.

Pero Momentos, al fin y al cabo.

Y de eso va el segundo proyecto para el 2015 (*): de elegir un Momento de cada día y compartirlo. No tiene que ser, por supuesto, nada especial ni espectacular. Una película, una charla, una tapa, una lectura, un artículo, una visión, un vistazo, un sueño, una idea, un encuentro, un desencuentro…

Momentos.

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Estas cosas, que parecen sencillas, luego se convierten en muy complicadas. En obligaciones que cuesta trabajo, tiempo y esfuerzo ir cumplimentando.

¡Por eso son propósitos, planes y proyectos!

Porque luego, es posible que no se materialicen en nada. O se queden incompletos. O, peor aún, es posible que terminen resultando aburridos, decepcionantes, cansinos, reiterativos…

No lo sé.

La celebración diaria de alguien vinculado con el cine empezó por gustarme un montón, pero luego me vine abajo. Y es otro tema que me gustaría recuperar.

momentos 2015

Pero no nos pasemos. De momento, vamos a quedarnos con los Momentos del Día.

Y a ver por dónde nos llevan.

(*) El primero de los proyectos es volver a ver 25 películas, que están aquí detalladas, y hablar de ello. Contarlo, o sea.

Jesús Lens

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