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Archive for the 'Opinión' Category

¿Por qué no hay ninguna Estrella Michelín en Granada?

Hoy publico en IDEAL un artículo que, ya en Facebook, ha generado un interesante hilo de comentarios. 

Se esperaba con impaciencia, hace unos días, la llegada de la famosa Guía Michelín del 2015. El hecho de que se presentara en Marbella hacía abrigar la esperanza de que cayera una lluvia de Estrellas por toda Andalucía. Al final, la cosa no fue para tanto y la más sonada resultó ser la segunda estrella para Aponiente, el restaurante gaditano que ha hecho del plancton uno de sus ingredientes de referencia.

¿Y en Granada? En Granada, nada. Como en años anteriores. Lo único que hace la Guía Michelín es “recomendar” determinados restaurantes locales: Ruta del Veleta, Arriaga, Puesto 43, Damasqueros, Las Tinajas, Oriza, Marquilla y La Leñera. Pero Estrellas, ninguna.

 Damasqueros gazpacho

¿Es normal que nuestra ciudad, que vive del y por el turismo, no tenga ningún restaurante digno de una Estrella Michelín? A mí me parece de lo más preocupante. Y desconcertante. Vaya por delante que no estoy muy ducho en las cuestiones de la alta cocina. De hecho, pertenecer a una Peña que se denomina Los Gastrocafres ya le dará al lector una idea aproximada de mi catadura festivo-alimenticia, ciertamente maximalista y tirando a bruta.

 Gastrocafres Logo

No me vanaglorio de ello, pero mis capacidades para detectar taninos y retrogustos no están ni educadas ni desarrolladas, lo que no quiere decir que no me guste gozar de una buena comida o de un buen vino, de vez en cuando (AQUÍ, por ejemplo). En ese sentido disfruto, sobre todo, en los espacios que estimulan mi creatividad. Me gustan los menús que se salen de lo convencional, que me sorprenden. Platos que, además de a lo gustativo, apelan a lo cromático, a lo estético, a lo sensual. Recetas que me cuentan historias. Evocadores bocados que me hacen viajar a otros lugares, a otros tiempos, a otras dimensiones.

Y, en ese sentido, creo que en Granada tenemos buenos restaurantes. ¿Qué les falta, pues, para conseguir las ansiadas Estrellas? Porque, aunque haya quien reniegue de rankings, clasificaciones y distinciones; estar en la Guía Michelín es bueno para los restaurantes seleccionados y, por extensión, para las ciudades que los acogen: hay muchos Gastronómadas que deciden el destino de sus viajes en función de la calidad de sus restaurantes. Y, hoy por hoy, la Guía Michelín sigue siendo su Biblia.

 Damasqueros Atún

Granada es tierra de tapas. De platos alpujarreños y de sartenás de papas. De bocatas y caracoles. De espetos. Pero en Granada también hay cocina moderna. Y contemporánea. Una cocina que se sale de lo trillado y nos conduce a lo desconocido. ¿Conocemos los granadinos esa cocina? ¿La compartimos? ¿La difundimos y exhibimos por el mundo? No es barata, ciertamente. Pero tampoco es tan cara como pudiera parecer.  Y creo que es importante descubrir que, gastronómicamente hablando, en Granada también hay vida más allá de los espaguetis a la boloñesa y de las puntas de solomillo a la pimienta.

Aquí, por ejemplo, hablamos un poco más de mis Experiencias Gastronómicas. Y si quieren conocer un poco mejor a los Gastronómadas… aquí pasamos por un momento delirante, en el restaurante mexicano que, con ese nombre, triunfa en Granada. Y algo de mis queridos Álvaro Arriaga y Dani Castro, por supuesto.

Jesús Lens

Firma Twitter

El Círculo: 1984 en el siglo XXI

Ya os decía que este libro iba a ser importante. De hecho, hoy publico en IDEAL un largo artículo sobre el mismo:

¡Qué buen momento ha elegido el Güasap para lanzar su control de lectura de mensajes, con el famoso doble check azul que a todos nos sorprendió hace unos días! La puesta en marcha de este acuse de recibo automático me sorprendió en plena lectura de “El círculo”, la nueva novela de Dave Eggers, un tipo que, además de ser un excelente escritor; se ha convertido en un activo agitador cultural y social. Eggers publica una revista que combina la literatura y los relatos con las ideas y el estudio de nuevas tendencias (http://www.mcsweeneys.net/) y sus libros mezclan la ficción con la realidad, haciendo que lo improbable sea posible y poniendo a sus personajes en situaciones tan extrañas como amenazadoramente verosímiles.

 El círculo lens

En “El Círculo”, el punto de partida es una corporación que consigue agrupar a buena parte de los usuarios de las redes sociales del mundo, al obligarles a identificarse y, por tanto, a ser responsables de lo que dicen, escriben y comunican a través de sus perfiles. De esa forma, el Círculo consigue terminar con los insultos, las amenazas y toda la verborrea ensordecedora que tan poco le aporta a una Red que, muchas veces, más parece un vertedero que un espacio de debate y confrontación de ideas.

Y como el Círculo mola mogollón y cuida a sus empleados con mimo y delectación (integración, las mejores instalaciones y seguros médicos, los más exclusivos eventos, actuaciones y performances; modernidad a raudales, buen rollo, comida orgánica, gimnasios de diseño, zonas verdes, dinámicas de equipo, terapias, clubes, el management más avanzado y todo el etcétera que el lector sea capaz de imaginar), los empleados de la empresa, los Circulistas, se convierten en lo más de lo más, una élite que marca tendencia… y marca el paso al resto de la sociedad.

 El círculo Eggers

A medida que Dave Eggers nos introduce en las entrañas del Círculo y nos descubre sus secretos, nos sumergimos en un universo cada vez más intrusivo y controlador: ya no se trata de hacer cosas, sino de compartirlas. Un Circulista que no comparte lo que hace, lo que compra, lo que come, lo que ve, lo que escucha… es un mal empleado. Y, lo que es peor, un mal ejemplo para la sociedad y, por tanto, un pésimo ciudadano. ¡La gente tiene derecho a saber! Porque la Transparencia ya no es una demanda de la sociedad. Es una exigencia.

Progresivamente, el Círculo irá facilitando, de forma universal, un acceso casi ilimitado a una tecnología de la comunicación que convierte a los individuos en permanentes observadores (y juzgadores) de la vida de los otros. Por eso, una senadora decide que ha llegado el momento de ser absolutamente transparente y acepta llevar un dispositivo que transmite on line y urbi et orbe cada segundo de su vida: sus reuniones, sus conversaciones, sus comidas, sus compras… Obviamente, lo puede apagar cuando quiera, -para disfrutar de su intimidad familiar o de las visitas al excusado, sin ir más lejos -pero no es recomendable: cuanto más tiempo esté apagada, más sospechas despierta. ¿Qué estará haciendo que no quiere que sepamos? Y, por supuesto, una vez que una senadora se hace transparente, los ciudadanos quieren que todos sus representantes públicos también lo sean. A fin de cuentas, no deberían tener nada que ocultar, ¿verdad? Ejemplaridad extrema, o sea.

 El círculo Dave Eggers

Dado que los usuarios del Círculo crecen exponencialmente, éste va estando cada vez más presente en sus vidas… y en las del resto del mundo: elecciones virtuales, localización de prófugos de la justicia, vigilancia y control de delincuentes, detección prematura de enfermedades y otro larguísimo etcétera. Además, como todo el mundo quiere trabajar para el Círculo, las mentes científicas más brillantes y los jóvenes más inquietos y mejor preparados trabajan en sus ideas y sus proyectos sabiendo que, si gustan a los gurús de la omnipotente corporación, serán compradas, implementadas y puestas en marcha de forma casi inmediata; por extremadamente complejas que puedan parecer.

El conflicto se produce, por supuesto, con la gente que quiere permanecer ajena al Círculo. ¿Qué pasa con una persona que guste del anonimato y no desee estar permanentemente expuesta en la Red?

A lo largo de 450 adictivas páginas, Eggers sitúa al lector frente a una terrible y reveladora paradoja: por un lado, le hace temer (e incluso odiar) al Círculo. Por otra, le hace consciente de la cantidad de ideas y comportamientos que tiene y comparte… y que son propios de los circulistas y sus usuarios más feroces y convencidos.

 Twitter redes sociales

Estamos, pues, ante una novela radicalmente contemporánea, de las que nos invitan a cuestionarnos el modelo de sociedad que, entre todos, estamos construyendo; cediendo cada vez más parcelas de nuestro tiempo y nuestra privacidad en beneficio de quién sabe qué ni por qué.

Jesús Lens

Firma Twitter

Incendios

Lo ideal, siempre, es prevenir: tener el campo cuidado y limpio, no hacer quema de rastrojos cuando sopla el viento, tener mucho ojo con esas barbacoas tan supuestamente divertidas y aparentemente inocuas…

 Incendio

Pero, en ocasiones, estalla el incendio.

Llegados a este punto, conviene recordar que, para apagar el fuego, además de echarle agua y demás medidas de choque; se debe intentar cortar el suministro de oxígeno que alimenta las llamas.

 Incendio vaso de agua

Buenos días.

Jesús Lens

Firma Twitter

Junto al puente del Genil me paré y lloré

Artículo que publico hoy en IDEAL, y que mezcla la pasión por correr con la impotencia por las grandes injusticias de la vida. A ver si os gusta.

 

Fue el martes. Serían las 4 de la tarde, aproximadamente. Había salido a correr junto al río Genil, haciendo el recorrido que más me gusta de los muchos que hay en Granada. Hacía calor y llevaba cinco kilómetros, desde mi casa en el Zaidín, cuando llegué al puente de la Fuente de la Bicha.

Fuente de la Bicha

Y allí estaba. La señal. Prohibido el paso… a personas en sillas de ruedas. Porque, efectivamente, el mencionado puente resulta impracticable para cualquier persona con discapacidad. Es un puente estéticamente elegante, pero funcionalmente impracticable, hasta el punto de que incluso los corredores y los ciclistas tratamos de evitarlo.

 

Foto de Ahora Granada

Foto de Ahora Granada

Incomodidad. Molestias. Incordio. Ralentización del ritmo cuando corro. Diez segundos que le añado a mi tiempo cuando hago ese recorrido y cruzo el puente. Era en eso en lo que pensaba cuando pasaba por allí. Hasta el martes. Cuando vi aquella señal de prohibido el paso. Y me paré. A llorar. De rabia e impotencia.

 

Lo que para mí es un simple engorro, para las personas discapacitadas y con movilidad reducida supone la total y absoluta imposibilidad de disfrutar de uno de los paseos más bonitos de Granada: el que va de Puente Verde a Pinos Genil. Nueve kilómetros junto a ambas veras del río que, especialmente en otoño -en los años que dicha estación dura más de una semana- es de una belleza extraordinaria.

Fuente de la bicha colesterol

Popularmente conocido como La Ruta del Colesterol, son miles de personas las que disfrutan de ese paseo, por las mañanas, por las tardes y hasta por las noches. Familias completas, con los chavalitos danto sus primeras pedaladas. Personas mayores, gozando de un retiro activo. Parejas, amigos, excursionistas, turistas… un espacio envidiable que, sin embargo, está fracturado por un puente impracticable.

 

Los que, mucho antes de que el funestamente conocido como Running se pusiera de moda, ya salíamos a correr por el camino de la Fuente de la Bicha; hemos visto cómo las crecidas del Genil se llevaban los coquetos restos de los puentes de madera que jalonaban el curso del río. Puentes desgraciadamente masacrados por el indebido uso que algunos motoristas desaprensivos hacían de ellos.

 

Estado de otros puentes del entorno bichero

Estado de otros puentes del entorno bichero

Motoristas que, además de destrozar las frágiles pasarelas, molestaban y acosaban a todos los viandantes de la Ruta del Colesterol, llenándonos de polvo cuando el terreno estaba seco o salpicándonos de agua y barro cuando estaba mojado. Chaveíllas en sus amotillos que, para evitar la carretera, abusaban de la Ruta del Colesterol, entre Pinos Genil, Cenes de la Vega y Granada, haciendo caso omiso y, en muchos casos, destrozando las señales de tráfico que prohíben el tránsito motorizado por el paseo.

 

De esa triste incivilización llegó un severo, sólido y perdurable puente que, efectivamente, ha limitado el tráfico de motos por una vía peatonal, pero a costa de impedir a todo un colectivo de personas que pueda disfrutarla, como cualquier ciudadano. ¿Es o no es como para llorar?

Fuente de la Bicha no accesible

Jesús Lens

Firma Twitter

Torrentismo como síntoma

Hace unos días que escribí este artículo, pero lo tenía en la nevera. Sin embargo, al leer ayer domingo el titular que vais a ver más abajo… ¡tenía que ver la luz!

Salgo del cine de ver la última entrega de la saga de Torrente y me conecto a Internet para conocer la última hora sobre el estado de salud de Teresa Romero. Lo que me encuentro, sin embargo, es la Red incendiada por Excalibur.

 

Mientras camino, voy leyendo a decenas de expertos opinar sobre la evolución del virus del Ébola… en los perros. ¡Increíble! Hablamos de un virus que se ha cobrado miles de vidas humanas y para el que todavía no hay cura, pero en sus muros de Facebook, decenas de compatriotas parecen saberlo todo sobre sus efectos… en los animales.

Acto seguido, leo un reportaje sobre los protocolos seguidos por las autoridades ¿competentes? en el Carlos III. Y pienso que el inefable Torrente perfectamente podría haber estado a la cabeza de la gestión de todo el tinglado.

 Torrentismo

No sé si han visto la película. Posiblemente sí, dado que ha sido el mejor estreno cinematográfico del año y, en un solo fin de semana, reunió a más de medio millón de espectadores en las salas españolas. Más allá de procacidades como las del Segoviano o las arcadas –lo de las pajillas es otra cosa,  habiendo pasado ya a formar parte de nuestra cultura popular- la última película de Santiago Segura nos habla de un país decadente y lamentable, expulsado de la UE y con una Cataluña independiente. Un país cuya moneda es la Nueva Peseta, repleto de ruinas, con flamantes aeropuertos sin aviones y un Eurovegas de saldo.

 Torrente pajillas

Y ahí van Torrente y su troupe de desgraciados, con Jesulín a la cabeza, a atracar el casino. El plan, diseñado por un maquiavélico norteamericano, es digno de la saga de Ocean, trufado de los mejores momentos de Misión Imposible. Su efectiva ejecución, sin embargo, es más propia de Pepe Gotera y Otilio. ¡Typical Spanish!

Y ahí es donde radica el éxito de la saga de Torrente. En que es un espejo en que no nos queda más remedio que mirarnos… y reconocernos. Un espejo deformado, como los del Callejón del Gato de los esperpentos de Valle Inclán. Un ejercicio de exageración que, por desgracia, deja al descubierto las costuras y las vergüenzas de una sociedad casposa y ridícula en la que siempre tendemos a criticar a los otros. A los del otro lado. A los vecinos. A los compañeros. A los rivales. Y, sobre todo, a los de arriba, a los que mandan, a los que dirigen el cotarro. Como si fueran marcianos que han llegado del espacio exterior, y no los representantes públicos elegidos en las urnas por nosotros mismos.

 Torrentismo histórico

De la gestión del Ébola a la implantación de la LAC, pasando por los EREs, los impuestos, la crisis, el paro, la educación y la evasión fiscal; todos sabemos, todos opinamos y, por supuesto, todos tenemos LA solución. Lástima que después, para su ejecución, solo nos quede Torrente.

Jesús Lens

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¿Es esto cultura?

Hoy publico este artículo en IDEAL. Sé que no va a gustar a mucha gente y que habrá su polémica… pero de eso se trata, ¿no?

En los últimos días han coincidido dos noticias del ámbito cultural e intelectual que nos obligan a repensar los conceptos de cultura, inteligencia y pensamiento.

Por una parte, se ha puesto a la venta “Destiny”, el videojuego más caro de la historia, cuyo presupuesto de 380 millones de euros supera largamente el de la película más costosa de todos los tiempos. Por otro lado, Risto Mejide ha ganado el premio Espasa de Ensayo con un trabajo sobre la Marca Personal, lo que ha incendiado las redes sociales, que ya advierten sobre el inminente advenimiento del fin del mundo racional e intelectual en España.

 Risto Mejide

A mí también me chocó lo de Mejide. -“¡Cómo debe estar España si este tipo gana el Espasa de ensayo!” –fue lo primero que pensé. Pero luego caí en la cuenta de que, en realidad, prácticamente nunca he visto, leído ni escuchado a Risto. No sigo su actual programa de televisión ni tampoco le he sufrido en sus labores de jurado en el concurso de talentos que le granjeó su fama y predicamento.

Otro dato para mi preocupación: Mejide ha ganado la trigésimo primera edición del Premio Espasa de Ensayo. Hablamos, pues, de uno de esos premios de reconocido prestigio, bien consolidados en nuestro país. Traté de hacer memoria… y no fui capaz de recordar quién ganó ninguna de las treinta ediciones anteriores del galardón. Entonces me fui a Internet y comprobé que, efectivamente, ni siquiera he hojeado alguno de los Espasa precedentes. ¿Tiene sentido, pues, que me rasgara las vestiduras por la concesión de un premio cuya temática, encima, me suscita mucha curiosidad? Un libro que probablemente  terminaré por comprar… y por leer.

 Cultura

No. No voy a comprar “Destiny”. Los videojuegos no son lo mío. Siempre he sido torpe con las maquinitas, ya desde la época de los Recreativos. Y me aburro bastante con ellos. Pero la descalificación recibida por los videojuegos por parte de tanta gente que no considera serio eso de “matar marcianitos” me recuerda la suficiencia con la que el cine fue recibido en su origen: una atracción de barraca de feria. Por no hablar de lo que podrían decir los amantes de los tebeos y del hard rock, por ejemplo, sobre el prurito cultural y su marchamo de pureza.

 Destiny

Vistos los gráficos y los escenarios de “Destiny”, hay que reconocer que su diseño de producción es una maravilla, una gozada visual y un deleite para los sentidos. No. No lo voy a comprar. Pero puestos a denigrar un producto cultural por ser un juego de matar marcianos, ¿qué eran “Blade Runner” y la saga de Alien, sino una continua masacre de replicantes y vidas extraterrestres? Sin olvidar que la película más cara de la historia del séptimo arte data de 2007 y es… “Piratas del Caribe 3. En el fin del mundo”.

Jesús Lens

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Lo que nos diferencia

Este artículo lo publiqué en IDEAL hace un par de días. Aunque habla en clave local granadino, su filosofía es universal y localmente exportable. ¿Qué te parece?

Una de las quejas habituales en Granada es lo mucho que tienen o les dan a nuestros vecinos, sobre todo a los malagueños y a los sevillanos; en contraposición a lo poco afortunados que somos los granadinos en el reparto de inversiones, concesiones, subvenciones, regalías, dádivas y prebendas.

 Lo que nos diferencia

Antes de entrar a debatir sobre cualquier cuestión, lo primero es poner encima de la mesa -y de los micros -la cantinela sobre el agravio comparativo, el retraso secular, las comunicaciones, las infraestructuras, el centralismo, el abandono, etcétera. Que no seré yo quien los niegue ni les quite importancia, pero que muchas veces, más que a razones, suenan a justificación… cuando no a excusa, pura y dura.

¿Y si, en vez de prestar tanta atención a aquello de lo que carecemos, alguna vez pusiéramos el énfasis en lo que sí tenemos? ¡Fijémonos en lo que nos diferencia y nos hace únicos! Por ejemplo, cojamos un mapa y tracemos una línea imaginaria que una la Granada Norte y sus impresionantes paisajes montañosos con las urbes de Baza y Guadix, para seguir hasta Granada capital y las maravillas que atesora, subir a Sierra Nevada, bajar por las Alpujarras y desembocar en la Costa Tropical granadina. Y, después, nos damos un salto al Poniente… Solo desde un punto de vista paisajístico, ¿es imaginable algún otro lugar que albergue tal riqueza, variedad y diversidad?

 Lo que nos diferencia granada

Histórica y artísticamente, ¿qué otra tierra tiene tantos y tan completos vestigios de todas las edades, las épocas, las culturas y las civilizaciones? Y si hablamos de lo puramente hedonista, ¿no deberíamos sacar pecho de la tríada Sol, Mar y Nieve?

 Lo que nos diferencia sierra mar

A otras tierras, a la gente hay que convencerla de ir. En el caso de nuestra provincia, a los viajeros solo hay que facilitarles el camino. Además, a la menor excusa, se vuelve a Granada. Una y otra vez. Sin empacho o hartazgo. Por su variedad… y por todo lo mucho y bueno que debería ofrecer.

Hablamos de turismo, claro. De la Alhambra, de la Costa Tropical y del esquí. Pero también de filmaciones de películas y series, de congresos, ferias y exposiciones. Y de convertir esta tierra en imán para creadores y artistas que sigan la estela de los Lorca, Falla, Ganivet, Guerrero o Morente. Imán para esos científicos que, en el Parque Tecnológico de la Salud, van a encontrar un referente mundial en todas las disciplinas relacionadas con lo biosanitario.

 Lo que nos diferencia guerrero

Hay más temas de los que tenemos que hablar, por supuesto, para fijar la hoja de ruta que nos acerque a una Granada 2020 ilusionante y con futuro. Como la Universidad. Y la restauración y la hostelería, con sus soles y estrellas, además de sus tapas y raciones. Hay que hablar de golf, cruceros y barcos, pero también de la naturaleza más salvaje y menos domada. Del mar para bucear y de la montaña para escalar y patear. Porque Granada 2020 debería ser todo esto y mucho más.

Jesús Lens

Firma Twitter

No lo sé

Este artículo lo publiqué en IDEAL durante el mes de agosto. Pero sigue teniendo vigencia. ¿Quién no conoce a un sabelotodo?

Me pasó hace unos días. Estaba tomando unas cañas con unos amigos cuando planteé en alta voz una sencilla pregunta, cuya respuesta yo ya conocía de antemano. Una pregunta, por tanto, que solo admitía dos posibles respuestas: sí o no lo sé.

 No lo sé

Dos de ellos, efectivamente, dijeron que no tenían ni idea (uno añadió que tampoco le importaba, pero esa es otra historia). Mi pasmo y mi sorpresa llegaron cuando el tercero en discordia respondió con un sonoro, inequívoco y rotundo: “No”.

A ver: no se trataba de recabar una opinión, de pulsar un ánimo, de una pregunta abierta… No. Era una pregunta sobre el conocimiento de una cuestión precisa y puntual. Y la respuesta era que sí. Así que insistí:

-         ¿Estás seguro? Mira que, por lo que yo sé, sí que…

-         Te digo yo que no. Para nada. En absoluto.

¿Por qué hacemos cosas así? Estaba claro que mi colega no sabía de lo que hablaba, pero una vez que había soltado su primer “No”, ya no iba a recular. ¡Faltaría más! Bien es cierto que podría yo haber sacado el móvil para conectarme a Internet y demostrarle que no tenía razón, pero la cuestión no era tan importante y, sobre todo, se habría generado una de esas situaciones incómodas que nos hubieran fastidiado la noche. Así que pasamos a otro tema y allí paz y después gloria.

 Bla bla

Unas cañas después, mi rotundo amigo nos preguntó que si nos habíamos enterado de lo que le había pasado a Fulanito, conocido de los cuatro. Mientras nos contaba la historia, yo no podía dejar de pensar en la jeta, en el morrazo que le había echado antes, así que no le presté mucha atención. Por eso, cuando terminó de desgranar el sucedido y nos pidió nuestra opinión, yo me limité a mirar el partido de fútbol que, sin sonido, emitía la televisión.

¿Qué problema tenemos en admitir que no sabemos una cosa? O, en positivo, ¿por qué esa compulsiva necesidad de demostrar que lo sabemos todo, hasta lo más nimio e intrascendente? ¿Qué nos lleva a mentir y, en muchos casos, a hacer el ridículo delante de la gente; por una necesidad de aparentar que atesoramos conocimientos de los que, en realidad, adolecemos?

 No lo se

En situaciones como ésta le asalta a uno la tentación de acudir a tópicos y a frases hechas y manidas como las del mentiroso y el cojo o a fábulas como la de Pedro y el lobo. Porque una cosa es, de vez en cuando, sacar al Seleccionador Nacional que todos llevamos dentro o dar rienda suelta al Arreglador Internacional de Problemas Universales que surge en la barra del bar cuando llevas tres birras encima; y otra muy distinta es convertirte en el Pepito Grillo que todo lo sabe y siempre tiene respuesta, consejo o admonición para cualquier consulta, momento o situación. El Síndrome del Tertuliano Compulsivo, o sea.

Jesús Lens

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Foley

No lo veas. No veas el vídeo de la decapitación de James Foley. La tentación es fuerte y hay varios enlaces que te llevan a las macabras imágenes. Pero no lo busques.

Como dice Kelly Foley, son imágenes que nadie debería ver ni compartir.

Foley

Son parte de la intimidad de una familia devastada. Y, además, cada vez que alguien ve el vídeo, le hace el juego a los despreciables, sádicos y abominables asesinos del autoproclamado EI, Estado Islámico, anteriormente conocido como ISIS, el cruel Estado Islámico de Irak y el Levante que sigue asolando una de las zonas más asoladas del mundo.

A cambio, y si quieres homenajear la imprescindible labor que desempeñan los corresponsales de guerra y los fotoperiodistas, aprovecha para ver dos documentales en los que se cuenta el trabajo que hacen y los riesgos que corren para que, cada día, sepamos lo que pasa en esas zonas del mundo convertidos en agujeros negros.

El primero se titula “No me llames fotógrafo de guerra” y parte de la concesión del World Press Photo al fotoperiodista español Samuel Aranda. Junto a él, otro grupo de aguerridos fotógrafos cuentan sus peripecias y su forma de afrontar una profesión de alto, altísimo riesgo: qué buscan, qué tratan de conseguir, qué quieren transmitir. Y cómo se las ingenian para conseguirlo.

 No me llames fotógrafo de guerra

La segunda película es “Tim Hetherington. Un fotógrafo en la línea de fuego”, en la que se repasa la vida de uno de esos fotoperiodistas que lo arriesgan todo por su profesión. Hasta que la muerte les encuentra. En el caso de Tim, en Libia. En la ciudad de Misrata, en 2011.

 Tim

Impresiona ver y escuchar sus palabras, sus testimonios, sueños, planes, deseos… y a sus padres. Y a su novia. Y a sus compañeros. Dan la auténtica dimensión de una profesión heroica que, quizá, no valoramos como se merece cada vez que posamos la vista sobre las páginas de los periódicos y las revistas o cada vez que entramos en las ediciones digitales de los grandes medios.

Véanlos. Escúchenlos. En homenaje a Foley y a todos los periodistas que han muerto en el frente, tratando de que tú y yo seamos personas informadas y, por tanto, más y mejor civilizadas.

Jesús Lens

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Culpable

Ahora que se ha terminado el Mundial, ¿con qué tratarán de hacernos sentir culpables en las Redes esas personas que nos acusan de prestar atención al balón y no al conflicto en Gaza?

 Culpable gaza

Es curioso: sin apenas haber prestado atención al Mundial, yo también me siento culpable. A fin de cuentas, y aunque haya pasado olímpicamente del fútbol, me acuso de haber estado escuchando jazz, yendo a conciertos y disfrutando del Festival de Música y Danza; de Tomatito, del Carmina Burana y de Bobby McFerrin.

Me acuso de haber estado en Atarfe, en el Jazz en el Lago y de estar pensando en subir a Etnosur el próximo viernes, antes de bajar al Jazz en la Costa de Almuñécar, el sábado.

Sí. Yo soy culpable.

También soy culpable de haber estado leyendo las últimas novelas de Nerea Riesco y de Ismael González Biurrun mientras las bombas del ejército israelí caían en Gaza, matando en los últimos días a más de cien palestinos, incluyendo a varios niños.

Es cierto que leo en los periódicos la información de las agencias y los corresponsales y que me estremezco con las imágenes que nos llegan del enésimo conflicto en Oriente Medio. Porque la situación en Siria e Irak también parece estar bastante jodida, ¿verdad?

 AL MENOS 31 MUERTOS Y DECENAS HERIDOS POR EXPLOSIONES EN ALEPO, SEG⁄N FUENTES OFICIALES

Y, aun así, me he ido al cine.

Soy culpable.

Me distraigo con banalidades mientras caen las bombas.

Por cierto, ¿hemos hablado del último brote de ébola, que está matando a cientos de personas? ¿Y de las violaciones de niñas en India? ¿Y las niñas secuestradas en Nigeria? Creo que no. Lo que es el alzheimer, ¿verdad? Hace ya tiempo, además, que el drama de las pateras no ocupa mi atención. Es decir, leo en IDEAL las noticias sobre los rescates y veo las galerías de fotos que publicaron este fin de semana, junto con las historias de algunos de los inmigrantes que han llegado a nuestra tierra, pero luego voy al bar y me tomo unas Alhambras con callos, así como el que no quiere la cosa.

 Culpable india

Sí. Es cierto que sigo siendo socio de Amnistía Internacional o la Casa del Agua de Coco; pero no veo tantos telediarios como series de televisión. Y me siento culpable.

Quizá no tanto como algunas personas que, inmediatamente antes o después de hablar sobre el Mundial en sus muros y timelines; publicaban esas imágenes autoflageladoras de críticas a los futboleros que estaban pendientes del balón, y no de las bombas.

Por no hablar de quiénes han hablado bien del fútbol practicado por la Selección Nacional Alemana que, ya se sabe, Angela Merkell estaba allí, vigilante. Y hablar bien de Klose y Müller es, de facto, apoyar la política de recortes de la Troika comunitaria.

 Culpable futbol

¡Menos mal que yo quería que ganara Argentina! No por nada, sino por amistad. La amistad de amigos como Rolo, Guillermo, Martín, Marcelo, Carlos o Matías hacía que prefiriera el triunfo de la albiceleste; aunque creo que no pensé en las políticas de Cristina a la hora de sentir esos afectos.

Esto, menos mal, me hacía sentir algo menos culpable.

Se ha terminado el Mundial. Pero mi atención sigue atenta a lo que pasa en la NBA y al fichaje de Gasol por los Bulls. Es cierto que también estoy siguiendo el tema de las primarias del PSOE y el desembarco de Pablo Iglesias en el corazón de la Europa comunitaria, pero todo eso, en comparación con las bombas; también es intrascendente y debería hacerme sentir culpable. Aunque algo menos. ¿O no?

 Culpable pateras

Y lo peor de todo es que ando pensando en las vacaciones.

Joder.

Y pienso en las vacaciones mientras no leo en ningún sitio, en ningún medio, en ningún muro, en ningún timeline de ninguna red social que, ahora mismo, un niño ha muerto de sed y hambre en África.

Y que, en el tiempo en que tú has tardado en leer esta frase, que vienen a ser aproximadamente y dependiendo de la rapidez con la que leas, unos ocho segundos; otro niño ha muerto.

 Culpable africa

Porque en el mundo muere una persona cada ocho segundos, de hambre y de sed.

¿Y eso? ¿Debería hacerme sentir más o menos culpable que lo otro?

No. No hay unos niños muertos más importantes que otros. Pero en este mundo de contradicciones en el que vivimos, el simplismo y el maniqueísmo que nos rodean resultan cada vez más estupefacientes y aterradores.

Jesús Lens

Firma Twitter