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Archive for the 'Opinión' Category

Lo que nos diferencia

Este artículo lo publiqué en IDEAL hace un par de días. Aunque habla en clave local granadino, su filosofía es universal y localmente exportable. ¿Qué te parece?

Una de las quejas habituales en Granada es lo mucho que tienen o les dan a nuestros vecinos, sobre todo a los malagueños y a los sevillanos; en contraposición a lo poco afortunados que somos los granadinos en el reparto de inversiones, concesiones, subvenciones, regalías, dádivas y prebendas.

 Lo que nos diferencia

Antes de entrar a debatir sobre cualquier cuestión, lo primero es poner encima de la mesa -y de los micros -la cantinela sobre el agravio comparativo, el retraso secular, las comunicaciones, las infraestructuras, el centralismo, el abandono, etcétera. Que no seré yo quien los niegue ni les quite importancia, pero que muchas veces, más que a razones, suenan a justificación… cuando no a excusa, pura y dura.

¿Y si, en vez de prestar tanta atención a aquello de lo que carecemos, alguna vez pusiéramos el énfasis en lo que sí tenemos? ¡Fijémonos en lo que nos diferencia y nos hace únicos! Por ejemplo, cojamos un mapa y tracemos una línea imaginaria que una la Granada Norte y sus impresionantes paisajes montañosos con las urbes de Baza y Guadix, para seguir hasta Granada capital y las maravillas que atesora, subir a Sierra Nevada, bajar por las Alpujarras y desembocar en la Costa Tropical granadina. Y, después, nos damos un salto al Poniente… Solo desde un punto de vista paisajístico, ¿es imaginable algún otro lugar que albergue tal riqueza, variedad y diversidad?

 Lo que nos diferencia granada

Histórica y artísticamente, ¿qué otra tierra tiene tantos y tan completos vestigios de todas las edades, las épocas, las culturas y las civilizaciones? Y si hablamos de lo puramente hedonista, ¿no deberíamos sacar pecho de la tríada Sol, Mar y Nieve?

 Lo que nos diferencia sierra mar

A otras tierras, a la gente hay que convencerla de ir. En el caso de nuestra provincia, a los viajeros solo hay que facilitarles el camino. Además, a la menor excusa, se vuelve a Granada. Una y otra vez. Sin empacho o hartazgo. Por su variedad… y por todo lo mucho y bueno que debería ofrecer.

Hablamos de turismo, claro. De la Alhambra, de la Costa Tropical y del esquí. Pero también de filmaciones de películas y series, de congresos, ferias y exposiciones. Y de convertir esta tierra en imán para creadores y artistas que sigan la estela de los Lorca, Falla, Ganivet, Guerrero o Morente. Imán para esos científicos que, en el Parque Tecnológico de la Salud, van a encontrar un referente mundial en todas las disciplinas relacionadas con lo biosanitario.

 Lo que nos diferencia guerrero

Hay más temas de los que tenemos que hablar, por supuesto, para fijar la hoja de ruta que nos acerque a una Granada 2020 ilusionante y con futuro. Como la Universidad. Y la restauración y la hostelería, con sus soles y estrellas, además de sus tapas y raciones. Hay que hablar de golf, cruceros y barcos, pero también de la naturaleza más salvaje y menos domada. Del mar para bucear y de la montaña para escalar y patear. Porque Granada 2020 debería ser todo esto y mucho más.

Jesús Lens

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No lo sé

Este artículo lo publiqué en IDEAL durante el mes de agosto. Pero sigue teniendo vigencia. ¿Quién no conoce a un sabelotodo?

Me pasó hace unos días. Estaba tomando unas cañas con unos amigos cuando planteé en alta voz una sencilla pregunta, cuya respuesta yo ya conocía de antemano. Una pregunta, por tanto, que solo admitía dos posibles respuestas: sí o no lo sé.

 No lo sé

Dos de ellos, efectivamente, dijeron que no tenían ni idea (uno añadió que tampoco le importaba, pero esa es otra historia). Mi pasmo y mi sorpresa llegaron cuando el tercero en discordia respondió con un sonoro, inequívoco y rotundo: “No”.

A ver: no se trataba de recabar una opinión, de pulsar un ánimo, de una pregunta abierta… No. Era una pregunta sobre el conocimiento de una cuestión precisa y puntual. Y la respuesta era que sí. Así que insistí:

-         ¿Estás seguro? Mira que, por lo que yo sé, sí que…

-         Te digo yo que no. Para nada. En absoluto.

¿Por qué hacemos cosas así? Estaba claro que mi colega no sabía de lo que hablaba, pero una vez que había soltado su primer “No”, ya no iba a recular. ¡Faltaría más! Bien es cierto que podría yo haber sacado el móvil para conectarme a Internet y demostrarle que no tenía razón, pero la cuestión no era tan importante y, sobre todo, se habría generado una de esas situaciones incómodas que nos hubieran fastidiado la noche. Así que pasamos a otro tema y allí paz y después gloria.

 Bla bla

Unas cañas después, mi rotundo amigo nos preguntó que si nos habíamos enterado de lo que le había pasado a Fulanito, conocido de los cuatro. Mientras nos contaba la historia, yo no podía dejar de pensar en la jeta, en el morrazo que le había echado antes, así que no le presté mucha atención. Por eso, cuando terminó de desgranar el sucedido y nos pidió nuestra opinión, yo me limité a mirar el partido de fútbol que, sin sonido, emitía la televisión.

¿Qué problema tenemos en admitir que no sabemos una cosa? O, en positivo, ¿por qué esa compulsiva necesidad de demostrar que lo sabemos todo, hasta lo más nimio e intrascendente? ¿Qué nos lleva a mentir y, en muchos casos, a hacer el ridículo delante de la gente; por una necesidad de aparentar que atesoramos conocimientos de los que, en realidad, adolecemos?

 No lo se

En situaciones como ésta le asalta a uno la tentación de acudir a tópicos y a frases hechas y manidas como las del mentiroso y el cojo o a fábulas como la de Pedro y el lobo. Porque una cosa es, de vez en cuando, sacar al Seleccionador Nacional que todos llevamos dentro o dar rienda suelta al Arreglador Internacional de Problemas Universales que surge en la barra del bar cuando llevas tres birras encima; y otra muy distinta es convertirte en el Pepito Grillo que todo lo sabe y siempre tiene respuesta, consejo o admonición para cualquier consulta, momento o situación. El Síndrome del Tertuliano Compulsivo, o sea.

Jesús Lens

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Foley

No lo veas. No veas el vídeo de la decapitación de James Foley. La tentación es fuerte y hay varios enlaces que te llevan a las macabras imágenes. Pero no lo busques.

Como dice Kelly Foley, son imágenes que nadie debería ver ni compartir.

Foley

Son parte de la intimidad de una familia devastada. Y, además, cada vez que alguien ve el vídeo, le hace el juego a los despreciables, sádicos y abominables asesinos del autoproclamado EI, Estado Islámico, anteriormente conocido como ISIS, el cruel Estado Islámico de Irak y el Levante que sigue asolando una de las zonas más asoladas del mundo.

A cambio, y si quieres homenajear la imprescindible labor que desempeñan los corresponsales de guerra y los fotoperiodistas, aprovecha para ver dos documentales en los que se cuenta el trabajo que hacen y los riesgos que corren para que, cada día, sepamos lo que pasa en esas zonas del mundo convertidos en agujeros negros.

El primero se titula “No me llames fotógrafo de guerra” y parte de la concesión del World Press Photo al fotoperiodista español Samuel Aranda. Junto a él, otro grupo de aguerridos fotógrafos cuentan sus peripecias y su forma de afrontar una profesión de alto, altísimo riesgo: qué buscan, qué tratan de conseguir, qué quieren transmitir. Y cómo se las ingenian para conseguirlo.

 No me llames fotógrafo de guerra

La segunda película es “Tim Hetherington. Un fotógrafo en la línea de fuego”, en la que se repasa la vida de uno de esos fotoperiodistas que lo arriesgan todo por su profesión. Hasta que la muerte les encuentra. En el caso de Tim, en Libia. En la ciudad de Misrata, en 2011.

 Tim

Impresiona ver y escuchar sus palabras, sus testimonios, sueños, planes, deseos… y a sus padres. Y a su novia. Y a sus compañeros. Dan la auténtica dimensión de una profesión heroica que, quizá, no valoramos como se merece cada vez que posamos la vista sobre las páginas de los periódicos y las revistas o cada vez que entramos en las ediciones digitales de los grandes medios.

Véanlos. Escúchenlos. En homenaje a Foley y a todos los periodistas que han muerto en el frente, tratando de que tú y yo seamos personas informadas y, por tanto, más y mejor civilizadas.

Jesús Lens

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Culpable

Ahora que se ha terminado el Mundial, ¿con qué tratarán de hacernos sentir culpables en las Redes esas personas que nos acusan de prestar atención al balón y no al conflicto en Gaza?

 Culpable gaza

Es curioso: sin apenas haber prestado atención al Mundial, yo también me siento culpable. A fin de cuentas, y aunque haya pasado olímpicamente del fútbol, me acuso de haber estado escuchando jazz, yendo a conciertos y disfrutando del Festival de Música y Danza; de Tomatito, del Carmina Burana y de Bobby McFerrin.

Me acuso de haber estado en Atarfe, en el Jazz en el Lago y de estar pensando en subir a Etnosur el próximo viernes, antes de bajar al Jazz en la Costa de Almuñécar, el sábado.

Sí. Yo soy culpable.

También soy culpable de haber estado leyendo las últimas novelas de Nerea Riesco y de Ismael González Biurrun mientras las bombas del ejército israelí caían en Gaza, matando en los últimos días a más de cien palestinos, incluyendo a varios niños.

Es cierto que leo en los periódicos la información de las agencias y los corresponsales y que me estremezco con las imágenes que nos llegan del enésimo conflicto en Oriente Medio. Porque la situación en Siria e Irak también parece estar bastante jodida, ¿verdad?

 AL MENOS 31 MUERTOS Y DECENAS HERIDOS POR EXPLOSIONES EN ALEPO, SEG⁄N FUENTES OFICIALES

Y, aun así, me he ido al cine.

Soy culpable.

Me distraigo con banalidades mientras caen las bombas.

Por cierto, ¿hemos hablado del último brote de ébola, que está matando a cientos de personas? ¿Y de las violaciones de niñas en India? ¿Y las niñas secuestradas en Nigeria? Creo que no. Lo que es el alzheimer, ¿verdad? Hace ya tiempo, además, que el drama de las pateras no ocupa mi atención. Es decir, leo en IDEAL las noticias sobre los rescates y veo las galerías de fotos que publicaron este fin de semana, junto con las historias de algunos de los inmigrantes que han llegado a nuestra tierra, pero luego voy al bar y me tomo unas Alhambras con callos, así como el que no quiere la cosa.

 Culpable india

Sí. Es cierto que sigo siendo socio de Amnistía Internacional o la Casa del Agua de Coco; pero no veo tantos telediarios como series de televisión. Y me siento culpable.

Quizá no tanto como algunas personas que, inmediatamente antes o después de hablar sobre el Mundial en sus muros y timelines; publicaban esas imágenes autoflageladoras de críticas a los futboleros que estaban pendientes del balón, y no de las bombas.

Por no hablar de quiénes han hablado bien del fútbol practicado por la Selección Nacional Alemana que, ya se sabe, Angela Merkell estaba allí, vigilante. Y hablar bien de Klose y Müller es, de facto, apoyar la política de recortes de la Troika comunitaria.

 Culpable futbol

¡Menos mal que yo quería que ganara Argentina! No por nada, sino por amistad. La amistad de amigos como Rolo, Guillermo, Martín, Marcelo, Carlos o Matías hacía que prefiriera el triunfo de la albiceleste; aunque creo que no pensé en las políticas de Cristina a la hora de sentir esos afectos.

Esto, menos mal, me hacía sentir algo menos culpable.

Se ha terminado el Mundial. Pero mi atención sigue atenta a lo que pasa en la NBA y al fichaje de Gasol por los Bulls. Es cierto que también estoy siguiendo el tema de las primarias del PSOE y el desembarco de Pablo Iglesias en el corazón de la Europa comunitaria, pero todo eso, en comparación con las bombas; también es intrascendente y debería hacerme sentir culpable. Aunque algo menos. ¿O no?

 Culpable pateras

Y lo peor de todo es que ando pensando en las vacaciones.

Joder.

Y pienso en las vacaciones mientras no leo en ningún sitio, en ningún medio, en ningún muro, en ningún timeline de ninguna red social que, ahora mismo, un niño ha muerto de sed y hambre en África.

Y que, en el tiempo en que tú has tardado en leer esta frase, que vienen a ser aproximadamente y dependiendo de la rapidez con la que leas, unos ocho segundos; otro niño ha muerto.

 Culpable africa

Porque en el mundo muere una persona cada ocho segundos, de hambre y de sed.

¿Y eso? ¿Debería hacerme sentir más o menos culpable que lo otro?

No. No hay unos niños muertos más importantes que otros. Pero en este mundo de contradicciones en el que vivimos, el simplismo y el maniqueísmo que nos rodean resultan cada vez más estupefacientes y aterradores.

Jesús Lens

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Jazz acuático

Hoy en IDEAL, un clásico del verano que ya no es, felizmente, sobre conos, atascos y colapsos de tráfico. En este caso, es un clásico alegre, festivo… y musical.

Llegan los rigores del verano, los termómetros superan ampliamente los treinta grados… y es hora de meterle ritmo al cuerpo. En julio, durante el día, ardemos por el calor, siempre excesivo y desmedido en esta época del año. Pero es que, cuando cae la noche, seguimos abrasándonos. En este caso, gracias a la música.

 Jazz acuático Paquito

Menos mal que los dos grandes festivales granadinos de jazz se celebran al borde del agua, lo que nos permite controlar los ardores, rebajar la excitación y tranquilizar el nervio que nos provocan el totémico Jazz en la Costa de Almuñécar, que recupera su formato XXL; y el Jazz en el Lago de Atarfe, que este año nos trae a uno de los grandes genios de la música latina: Paquito D’Rivera.

Este verano, para abrir boca, el Jazz en la Costa propone el estreno de uno de esos maridajes musicales llamados a convertirse leyenda: el pianista gaditano Chano Domínguez, uno de los más versátiles y aclamados del mundo, se cita con la guitarra de Niño Josele, flamenco con amplitud de miras a quién el jazz no le resulta ajeno, como demostró en su maravilloso disco “Paz”, una reinterpretación de varios temas clásicos del pianista Bill Evans.

 Jazz en la costa Chano Josele

El alquimista que hará posible esta fusión es, por supuesto, Fernando Trueba, uno de esos tipos proteicos para los que no hay límites a la hora de afrontar nuevos desafíos artísticos, creativos y culturales. ¿Cómo olvidar aquella singular experiencia, Calle 54, un club extraordinario, un garito total tan excitante… que terminó muriendo de éxito?

Hace unos años decidí posponer mi Nochevieja durante 24 horas. Trabajé el 31 de diciembre, tomé unas cañas con los amigos, cené ligeramente y me acosté. Al día siguiente cogí un autobús para Madrid y a la caída de la tarde, tras recorrer el Paseo de La Habana, traspasé las puertas de Calle 54. Alterado. Muy alterado. Esa noche tocaba Paquito D’Rivera y aquella iba a ser mi auténtica fiesta de Navidad.

 jazz en la costa 2014

Quieren la casualidad, el destino, los hados o los dioses que los voluntariosos, polifacéticos y entregados organizadores del Jazz en el Lago traigan este año a Atarfe, como cabeza de cartel, al mítico saxofonista cubano, en su versión más latina, abrasadora y fiestera. Una ocasión de lujo para disfrutar de una de las grandes estrellas del jazz internacional. Porque el ambiente que se genera en los aledaños de la Ermita de los Tres Juanes durante las noches de jazz, no tiene nada que envidiar al de otras citas muy renombradas, nacional e internacionalmente.

 Jazz en el Lago 2014

Si te gusta el jazz, ya sabes de lo que hablo. Si no lo has probado, las citas de Almuñécar y de Atarfe son ideales para estrenarte. Y, por las mismas razones, si crees que el jazz no es tu estilo… vuelve a probar. Insiste. Repite. Porque, con una Milno fresquita en la mano, la música sabe mejor y la exposición genera adicción.

Jesús Lens

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¿Qué pasará cuando todo sea gratis total?

Mi columna de hoy de IDEAL, que es de las que no te hacen ganar amigos, precisamente; plantea varias preguntas. Además. Y tú, ¿cómo lo ves?

A ver. Con sinceridad. ¿Cuántas de las personas del gremio del taxi que hicieron huelga hace unos días, clamando contra la llegada de Uber a Barcelona, no se han bajado de Internet una canción, una película o una serie de forma gratuita e ilegal?

 Gratis Uber

Posiblemente no es lo mismo, pero sí muy parecido: grupos de ciudadanos que están hartos de pagar lo que consideran cantidades excesivas de dinero por un producto o por un servicio y que, en cuanto pueden disfrutarlos de forma gratuita o mucho más barata, aunque la calidad se resienta; no lo dudan.

Hace unos meses, con motivo de la celebración del encuentro de Blogs y Medios, organizado por la Asociación de la Prensa de Granada, debatíamos sobre el tema del gratis total, la piratería e Internet. En mi presentación, hablaba yo de Uber. Y de otra “revolución” que está por explotar en nuestro país: Airbnb, una web que ofrece a sus clientes alojamientos de particulares a un precio muy ajustado y que es la pesadilla de los hoteleros de Estados Unidos.

Es tal el éxito de esta web que ya tiene más valor que la propia cadena Hyatt, aunque ésta sea dueña de 450 hoteles y Airbnb… de ninguno. Además, la empresa ya anuncia que van a replicar el mismo modelo de negocio en el sector de la restauración y en el de los guías de turismo. ¿Puede haber algo más exclusivo que comer un plato tradicional en una casa particular, disfrutando de las anécdotas y la sabiduría culinaria del lugareño? ¿Y algo más emocionante que gozar de una ciudad en la voz y la experiencia de un nativo que, además de mostrarte los monumentos típicos y contarte su historia, te haga partícipe de su vida cotidiana y te indique los lugares realmente auténticos en los que sentirte como un viajero, y no como un vulgar turista?

Lo curioso es que todo este nuevo modelo de negocio basado en Internet y con una apariencia tan postmoderna es bastante parecido a dos actividades practicadas por el hombre desde tiempos inmemoriales: el trueque y el robo. Yo pongo el coche, tú pagas la gasolina. Tú duermes en mi casa de Granada y yo en la tuya, en Nantes. Y lo que no es trueque es, directamente, piratería, competencia desleal y menesterosidad. Al menos, en los términos en que nuestra sociedad está organizada. Porque pensar que exportar el modelo de los Paladares cubanos a nuestra vida es algo revolucionario no deja de resultar irónico, ¿verdad?

 Gratis trueque

Un dato: de las 200 empresas que el año pasado salieron a Bolsa en Estados Unidos solo cuatro fabrican algo. Las demás se basan en los nuevos servicios que ofrece Internet. Este año serán unas 300 las nuevas empresas cotizadas. Y la tendencia es la misma.

La industria de la música, tal y como la conocimos, ha sido barrida. Total y absolutamente. ¿Para bien? ¿Para mal? El caso es muchos hosteleros pondrán el grito en el cielo cuando se extienda Airbnb. Esos hosteleros que, en algunos casos, piratean la señal de Canal Plus para ofrecer a sus clientes el fútbol gratis y que despotricaban en alta voz cuando llegaban los inspectores de la SGAE para comprobar si pagaban el canon correspondiente por la música que pinchaban en sus locales.

 Gratis pirateria

Es lo que tiene el gratis total: que lo devora todo y cuando nos acostumbramos a no pagar, no hacemos distingos entre los restaurantes de cinco tenedores y el figón de la esquina; entre los hoteles de lujo y las posadas de viajeros de toda la vida.

Por ejemplo, estimado lector, ¿ha pagado usted un solo céntimo por leer esta columna de opinión?

Jesús Lens

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Desigualdad

Mi columna de hoy en IDEAL. A ver qué te parece…

Cuando “El capital en el siglo XXI” llegue a las librerías, el próximo otoño, el monumental libro de Thomas Piketty habrá sido ya tan comentado, analizado y destripado que su lectura se convertirá más en una cuestión de postureo intelectual que de análisis y reflexión sobre sus contenidos.

 Capital Piketty

Y es que el tocho de Piketty, 700 páginas de letra apretada en inglés y casi 1.000 páginas en una letra más legible en la edición francesa; reúne quince años de pormenorizados análisis de datos que terminan llegando a una inevitable conclusión: los ricos tienden a hacerse cada vez más ricos, se consolidan las oligarquías económicas internacionales y la brecha social se ahonda, inexorablemente; de forma que la gran amenaza para nuestras sociedades es la desigualdad.

Y cuando habla de ricos, Piketty se refiere a los ricos de verdad. A ese 1% de la población mundial en la que ni siquiera podríamos soñar con incluirnos ni usted ni yo, estimado lector. A ese 1% de la población que hereda y hace heredar riquezas familiares y patrimoniales que siempre tendrán exponencialmente más valor que todo lo que cualquier trabajador normal puede producir en su vida activa, por currante, creativo y resolutivo que sea.

 DESIGUALDAD

Así las cosas y dado el actual sistema impositivo de que gozan las grandes fortunas mundiales, conceptos como democracia o justicia social empiezan a cojear. Porque ese 1% de la población mundial, con toda su capacidad de influencia en la legislación y la gobernanza internacionales, está radicalmente enfrentado a las necesidades y los deseos del otro 99%.

Por tanto, cuando leemos en un informe de FUNCAS que los sueldos más altos y los de los funcionarios son los que más han caído durante la crisis en España, podemos pensar que ahí hay una cierta justicia social. O poética. ¡Falso! Porque esos sueldos más altos no son los del famoso 1%, sino los de los empleados por cuenta ajena que contribuyen a que el 1% siga siendo intocable. Sobre la masacre que los recortes están haciendo en el sector público con la excusa de que su trabajo está asegurado, es ocioso seguir debatiendo.

 Desigualdad radical

Otra noticia de estos días: según Intermón Oxfam,  las familias españolas aportan nueve de cada diez euros que recauda el Estado vía impuestos, mientras que las grandes empresas y fortunas sólo ponen el 1,98%, cincuenta veces menos. De acuerdo con dicho informe, y partiendo de las cifras de 2011, los ciudadanos ingresaron al Estado 139.737 millones de euros, el 90,76% del total, mientras que las empresas pusieron el 9,24%, 14.529 millones de euros, gracias a los beneficios y ventajas fiscales. Más información, a través de este enlace.

 Pikkety capital

Sería importante que, pasados estos días de ruido y furia mediáticos en los que las Redes Sociales echan chispas con la cuestión de la sucesión monárquica o el advenimiento de la república, volviéramos a centrarnos en los temas realmente importantes: desigualdad, salarios, condiciones laborales, recortes, empleo, precariedad… los asuntos que nos dan de comer, o sea.

Jesús Lens

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Buenas, soy Emilio Calatayud y voy a hablarles de…

Buenos días. Hoy en IDEAL este artículo sobre una figura muy conocida cuyo libro deberías leer:

Lo primero que pensé, al ver el follón que se ha montado con el tema de las amenazas y los insultos a través de Twitter, fue: ¿qué pensará sobre esto el Juez Calatayud?

 Buenas Emilio Calatayud

Imagino que entre los agresores cibernéticos y los amenazadores virtuales habrá menores y jóvenes muy, muy jóvenes, gente que se ha criado desde su más tierna infancia navegando por Internet y formando parte de esas nuevas pandillas generadas a través de las Redes Sociales.

Los llamados Nativos Digitales, o sea.

El caso es que la opinión del Juez Calatayud sobre algún tema de actualidad siempre tiene la virtud de aportar un punto de vista diferente, personal, único y, sobre todo, libre. Libertario, incluso. El punto de vista de quien no se casa con nadie, no debe favores y no se preocupa por su imagen, por quedar bien, por contentar a tirios y troyanos.

Las opiniones del Juez Calatayud, además, están fundadas en decenas de años de experiencia togada, juzgando y condenando a miles de chavales por los delitos más variados a las penas más variopintas. Su forma de ejercer la justicia, todos lo sabemos, exige compromiso, imaginación, trabajo, conocimiento e implicación. Y, precisamente por eso, por su forma de ver, mirar, juzgar y sentenciar; me interesa su opinión.

En este sentido, desde hace unas semanas tenemos en el mercado una pequeña joya: “Buenas, soy Emilio Calatayud y voy a hablarles de…”, un libro de menos de 200 páginas (de ahí lo de pequeña joya) que atesora buena parte de la filosofía, la trayectoria, la teoría y la práctica del Juez Calatayud.

 Buenas soy Emilio Calatayud

Cometeríamos un grave error si pensamos que, por haber leído algunas noticias y reportajes sobre Emilio, haber asistido a algunas de sus charlas y haber comentado alguna de sus sentencias ejemplares en el bar; ya lo sabemos todo sobre él.

Falso. Yo, que soy un insaciable devorador de prensa, me he sumergido en las páginas del libro, escrito con la colaboración del periodista Carlos Morán, y me he encontrado, varias veces, con la mirada perdida, mordisqueando el lápiz con que subrayaba y tomaba notas, pensando en alguna de las muchas y apasionantes cuestiones que plantean los autores.

El libro, publicado por la editorial Alienta, del grupo Planeta, no se pierde en grandes parrafadas ni en eternas disquisiciones. Va a lo mollar. Y, siempre, basado en ejemplos prácticos y en situaciones sacadas de la realidad, desde el célebre episodio de la agresora del tacón al Botellódromo, pasando por los hijos tiranos y los peligros de Internet.

 Buenas Emilio Calatayud decálogo

Por supuesto, hay cosas que no veo de la misma manera que Emilio ni comparto algunas de sus conclusiones. Por ejemplo, no considero tan amenazadores ni el Cíberespacio ni los teléfonos móviles de última generación. Pero precisamente eso es lo mejor del libro: hace que te cuestiones muchas de tus opiniones y creencias y te obliga a plantearte de dónde vienen y en qué están fundamentadas.

Jesús Lens

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¿Crisis? ¿Qué crisis?

Columna en IDEAL, hoy, dedicada a la buena gente de la hostelería, sobre una de esas expresiones que hay que saber gestionar.

¿Quién no lo ha escuchado, pensado y hasta exclamado en voz alta, al llegar a algún bar o asomarse a una terraza, y encontrárselos llenos de gente?

 cervezas

-         ¿Crisis? ¿Dónde está la crisis?

Un primer y apresurado análisis sobre esas barras atestadas de personas y las mesas repletas de clientes nos podría llevar a la conclusión de que, en realidad, lo que hay es mucho cuento y que la cosa no estará tan mal, si aún hay dinero para tomarse una cañita o un café en la calle.

Me gustaría pensar que este tipo de comentarios y reflexiones son pasajeros y producto de la frustración por no poder sentirse uno a sus anchas en su bar favorito o por su falta de previsión a la hora de salir a tomar algo. Porque, a nada que lo pensemos, la idea es detestable.

 Cervezas bares

Ahí va el tío, con el taco en el bolsillo y, cuando traspasa las puertas del bar, ¿qué se encuentra? A un montón de gente que ha tenido la misma idea y que le priva de sentirse el rey del mambo.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Sin embargo, a nada que nos fijemos y le preguntemos a los profesionales de la hostelería, veremos que las cosas no son lo que parecen. Parejas en la barra con las cañas tan vacías que la espumilla de la cerveza ya se ha secado en el vaso. Mesas con cinco o seis clientes en las que solo hay tres o cuatro consumiciones. Copas casi vacías en las que ya no se ven ni los restos del agüilla del hielo, de tan apuradas que han quedado. Etcétera, etcétera.

No hay más que acercarse a un bar en el que haya cartas diferentes, una para las  tapas y otra para raciones. La de las tapas estará toda manoseada. La de las raciones, impoluta. Porque aquí, eso de pedir un plato de… lo que sea, es más extraño que encontrar a una familia con todos sus miembros trabajando.

Sí. Los bares están llenos. Pero, ¿y las cajas que hacen los camareros al final de sus extenuantes jornadas? ¿Y los botes con las propinas? De hecho, es muy probable que ese airado sujeto que iba con el taco en el bolsillo y se ha quedado tan planchado, no estaba dispuesto a pedir gambas con gabardina, rape y almejas, precisamente.

 Cervezas barras

Concluir que la crisis no será para tanto si hay tanta gente que se toma una caña o un café en el bar es no conocer la idiosincrasia de una sociedad que necesita de esos rituales tan sencillos, precisamente, para seguir tirando. Para descomprimir. Para aliviar tensiones. Si en este país la gente no se pudiera tomar una cervecita un viernes por la noche o un domingo a mediodía, aprovechando para pasar unas horas con los amigos y la familia fuera de casa, se habría desencadenado una revolución que ríase usted de la francesa y de la rusa.

Jesús Lens

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Las Shelfies y el fomento de la lectura

Hoy publico una columna en IDEAL que NO habla de cofradías, corrupción, insultos y ataques más o menos fingidos, más o menos justificados. Porque, aunque no lo parezca, hay otras realidades, solo supuestamente banales…

Ahora que tenemos una burbuja de Selfies que amenaza con desbordar las redes sociales con los caretos de todos nuestros contactos, es hora de pasar página e ir un paso más allá en cuanto a tendencias virales. Sobre todo, porque la que vamos a comentar está llamada a incrementar los niveles de lectura de este país. ¡Qué tiemblen los coreanos y los finlandeses en el próximo PISA! Vamos a arrollarlos.

 Shelfie

Antes de explicarme, un inciso: ¡favor de no copiar la moda de los Bieber, Cyrus & co. de hacerse una Selfie recién despiertos y aún en la cama! Esas caras hinchadas y legañosas, retozando entre las sábanas, dan bastante grima.

Pero vayamos a lo que empieza a petarlo: las Shelfies. Si Selfie (hacerse una foto a uno mismo para publicarla en las redes con el fin de cosechar el mayor número posible de Me Gusta y de Retweets) es un anglicismo que no tardará en ser admitido por la RAE, proveniente de la palabra “Self”; una Shelfie es hacerle una foto a una estantería. Y tratar de hacerla viral, claro.

 Shelfie gafas

El término también proviene del inglés. Shelf. Balda, estante o anaquel. ¿Quién no tiene en su casa una repisa favorita, en la que acumula algunos de sus tesoros más preciados? ¡Pues venga! ¡A lucirla! ¡A presumir! ¡A molar!

La Red se está llenando con ejércitos de Cliks, figuritas de Lego pacientemente armados, colecciones de búhos provenientes de los cinco continentes y, por supuesto, con decenas de diferentes botellas de cerveza, atesoradas a lo largo de los años. Hay quién no lo puede evitar y coloca a sus gatos en las baldas de sus estanterías favoritas. ¿Qué sería de las redes sociales sin el Poder el Imperio Gatuno? ¡Hasta una Shelfie estoy viendo ahora mismo, realizada con motivos ciclistas, incluida la bicicleta, entera, colgada en la pared, junto al casco!

 Shelfie bicicleta

Llegados a este punto, el lector ya habrá anticipado el porqué nos vamos a convertir en potencia lectora de primer orden: como las Shelfies que más molan son las Selfies hechas frente a una estantería y a todos nos gusta parecer intelectuales… ¡pues a comprar cómics, novelas, poesías y ensayo se ha dicho! Porque yo me sé de más de una y de más de dos personas que, con la excusa de que leen en digital, no tienen un perro libro en su casa. ¡Es que ni un recetario de cocina, oiga!

 Shelfie gatuno

“Yo he pensado que a mí también me interesaría ser intelectual. Como no tengo nada que perder…”, sostenía uno de los personajes de “Amanece que no es poco”, película reverencial que hay que ver, cada año, dos o tres veces como mínimo. Efectivamente, ser intelectual no tiene más que ventajas. Así que… ¡todos a las librerías, a llenar nuestras casas, muros y blogs de shelfies, a la vez guapas e ilustradas! Y, si de paso, nos da por leer uno o dos libros… bueno, eso ya sería la leche.

Jesús Lens