Distintas formas de mirar el agua

Hoy publico en IDEAL un artículo que, partiendo del último libro de Julio Llamazares, invita a reflexionar sobre un bien precioso, a la vez que bastante despreciado y minusvalorado: el agua.

Lo primero que me sorprendió de la obra más reciente de Julio Llamazares fue su brevedad: menos de 200 páginas, capítulos muy cortos, letra grande y mucho espacio en blanco.

 Distintas formas de mirar el agua

Hace muchos, muchos años que no leía a Llamazares. Posiblemente porque lo último suyo que leí me gustó tanto que no he querido arriesgarme a emborronar el recuerdo. Y es que yo soy yo… y mis contradicciones.

Me llevé “Distintas formas de mirar el agua” a la playa, para leerlo junto al mar. Hacía frío todavía, pero bien abrigado, lo leí de una sentada, frente al Mediterráneo. Detenía la lectura de vez en cuando y miraba en lontananza, hacia ese horizonte acuoso en el que se pierde la mirada. Y recordaba.

 Distintas formas de mirar el agua Julio Llamazares

Porque en Granada sabemos mucho de pantanos. Durante muchos años, mis escapadas en bicicleta tenían dos destinos: el embalse de Quéntar, cuando tenía más tiempo; y el embalse de Canales, cuando iba más apurado y quería cuestas más duras y exigentes. Llegar arriba y bajarme de la bici para contemplar durante unos minutos aquel paisaje era un placer. Físico, dado que ya solo quedaba el descenso; y estético. Porque hay grandeza en el genio humano capaz de contener y dominar las aguas. Es uno de esos triunfos con sentido sobre la naturaleza. Con sentido… cuando lo tienen. Porque el despropósito de la presa de Rules, por ejemplo, no hay quién lo explique.

Durante años y años, la bajada a la playa de Carchuna desde Granada tenía unos de sus puntos más llamativos en las obras de la presa de Rules, destinada a embalsar el agua del río Guadalfeo y sus afluentes. Aquello parecía un Expediente X, por las noches, con miles de vatios de luces iluminando una obra que no se detenía nunca. Hasta que llegó el día de la inauguración, en 2004.

 Distintas formas de mirar el agua Quéntar

Desde entonces, un sinfín de problemas: grietas, fugas de agua, corrimientos de tierra que afectaron a las interminables obras de la Autovía a la Costa, etcétera. Y, al no haberse realizado las canalizaciones previstas para ello, nunca se supo de uno de los objetivos primordiales del embalse: regar 5.000 hectáreas de cultivos subtropicales y hortícolas de alto rendimiento en la costa, además de agrandar el área destinada a uno de los cultivos más rentables de la zona.

Por todo ello, la lectura de “Distintas formas de mirar el agua” es tan interesante. Porque sitúa al lector frente a las contradicciones del ser humano, dando voz hasta a dieciséis personajes diferentes, cada uno con su opinión, pensamiento y punto de vista diferentes.

 Distintas formas de mirar el agua Presa Rules

Y es que la novela cuenta, precisamente, lo que piensan y sienten dieciséis personas que van a depositar las cenizas de Domingo al pantano bajo cuyas aguas se encuentran las ruinas del pueblo que vio nacer al anciano agricultor fallecido y cuyas tierras trabajó hasta que se vio obligado a emigrar a Zamora, cuando todo el valle fue inundado, con su mujer y sus hijos, todavía pequeños.

Desde la anciana viuda del hombre muerto hasta una joven italiana, amiga de uno de los nietos del finado; pasando por sus hijos, nietos, yerno y nuera. Cada uno da testimonio de sus sentimientos, al volver al pantano y, por ende, al volver a mirar atrás. Un caleidoscopio que permite reflexionar al lector sobre cuestiones como el desarrollo, los avances tecnológicos, el respeto a la naturaleza, la deshumanización del progreso, las raíces y el desarraigo, el vacío espiritual del siglo XXI y un largo etcétera.

A destacar, al final del libro, la coda que corresponde al monólogo interior… de un automovilista que nada tiene que ver con la familia:

“¿Qué hará toda esa gente ahí?… Cuando pasé hacia arriba no estaba. 

En verano todavía se ve a alguien, pero ahora…

Deben ser turistas. Por las matrículas de sus coches.

Pues han tenido suerte: el pantano está a rebosar y hace un día precioso”.

Y a otra cosa, mariposa. Porque esa es la banalidad del superficial pensamiento de hoy día, por desgracia. Una banalidad contra la que se rebela Llamazares en un libro que se opone a ese pensamiento único que es la verdad. La verdad que todos creemos atesorar. Esa verdad que nos hace saber de todo, opinar de todo y tener la solución para todos los problemas. Incluido el conflicto árabe-israelí.

 Distintas formas de mirar el agua Vegamián

Una novela que, mirando hacia atrás y hacia dentro, proyecta su discurso hacia delante. Hacia el futuro. Hacia el porvenir. Un porvenir que, como bien sostiene Llamazares, exige una mejor calidad de vida, pero no solo material, sino también cultural y espiritual; algo que muchos tecnócratas parecen haber olvidado.

Jesús Lens

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Número Cero

Hoy publico en IDEAL este artículo, sobre el nuevo libro de Umberto Eco que versa, precisamente, sobre periodismo.

Dentro de unos días tengo que impartir una sesión sobre Comunicación en un Máster de la ESCO que tiene como sugerente denominación 360º, al fomentar que los alumnos tengan una visión global del entorno profesional en que vivimos. Así, en cuanto vi anunciada la publicación de la nueva novela de Umberto Eco, “Número Cero”, me lancé a las librerías como un poseso, para leerlo antes de intervenir en el Máster, dado que el tema sobre el que versa es, precisamente, la comunicación y periodismo.

 Número Cero IDEAL

Lo primero que me llamó la atención es que Eco ha cambiado su hermetismo habitual y una densidad estilística acorde a su proverbial sabiduría por una narración casi transparente que, en forma de diario, cuenta el nacimiento y la puesta en marcha de un nuevo periódico en la Italia de finales del siglo XX.

Un grupo de profesionales son convocados a una reunión en la que se les informa de que un magnate de la construcción con presencia marginal en el sector de la comunicación quiere dar el salto a las Grandes Ligas, planteándose el lanzamiento de un nuevo periódico de tirada nacional llamado a competir con algunas de las cabeceras históricas del país transalpino. Pero, antes, quiere ver cómo sería el periódico, las secciones que incorporaría, su línea editorial, el tono de las informaciones y, en general, cómo resultaría todo el proceso de edición.

 Número Cero

Para ello, encarga la confección de un Número Cero del diario “Domani”, Mañana, que cómo bautizan al experimento. Y allá se lanzan aquellos profesionales, unos veteranos y otros neófitos; a dar vida a un nuevo periódico.

A partir de este planteamiento, Umberto Eco aprovecha las 200 páginas de “Número Cero” para contar cómo son y cómo funcionan los medios de comunicación y qué técnicas usan sus profesionales para destacar unas noticias sobre otras o para sepultar informaciones comprometidas y poco convenientes. En concreto, los capítulos dedicados a cómo convertir rumores infundados en noticias publicables, al ejercicio del desmentido o a la difusión de los resultados de los estudios “científicos” más descabellados que se puedan imaginar, pero que estén alineados con los intereses de los editores; ha levantado una enorme controversia en los propios medios de comunicación italianos y ha abierto un encendido debate sobre la deontología periodística de lo más estimulante.

 Número Cero prensa

Como muestra, el diálogo que mantienen el director del periódico y una joven, inexperta e impetuosa redactora:

 – Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.

– Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?

– Ambas cosas, señorita. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene. Venga, no hagamos demasiada filosofía y trabajemos como profesionales.

 Número Cero Umberto Eco

No es por casualidad que el controvertido Roberto Saviano haya dicho que “Umberto Eco ha escrito una novela que es el manual de comunicación de nuestro tiempo” y que yo esté pensando en dar una hora libre a los alumnos del Master que se hayan leído “Número Cero”… para comentarlo con ellos mientras los demás hacen algún ejercicio práctico en clase.

 Número Cero periódicos

Jesús Lens

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#Granada2020

Hoy publico este artículo en IDEAL. A mí me gustaría saber qué Granada nos proponen los unos y los otros, de cara a las elecciones municipales de mayo. ¿Y a ti?

El domingo podíamos leer el IDEAL una precisa, completa e ilustrativa información sobre el amplio y variado gazpacho de siglas que diferentes formaciones políticas nos van a ofrecer en las próximas elecciones municipales. Y, sinceramente, hay que estar muy puesto y bien informado para distinguir entre quiénes conforman Vamos Granada, Ganemos, Podemos, Izquierda Unida y las demás plataformas y agrupaciones que, paradójicamente, parecen atomizar el voto de izquierda más que nunca.

 Granada 2020

Después, y suponiendo que uno sea capaz de ubicar e identificar cada una de las siglas definitivas, el siguiente paso será vincularlas a las personas que las representen en las listas electorales. Porque a lo largo de estas semanas estamos viendo infinidad de rostros y nombres distintos a los habituales, protagonizando procesos de Primarias. Y hasta de Secundarias. Por no hablar de ciertas Reválidas… Lo que está muy bien, dicho sea de paso, que este proceso denota salud democrática, interés participativo y perspectivas de rotación y variedad en los puestos y cargos.

Sin embargo, cuando queda poco más de un mes para las elecciones municipales, hay una cosa que me preocupa sobremanera: que este baile de siglas y nombres, muchos de ellos todavía por perfilar y definir, no nos esté dejando ver las ideas y los programas de los contendientes. Dando por sentado que los tienen, claro.

 Granada 2020 atrás

En unas elecciones municipales se elige a los representantes que han de regir la vida de nuestras ciudades, barrios y pueblos durante cuatro años y, a estas alturas de la primavera, lo que estoy echando de menos son precisamente ideas, propuestas y programas concretos para mi ciudad.

Tengo la sensación de que las municipales, al menos en Granada, se están planteando en clave de vendetta por las pasadas elecciones andaluzas y, lo que sería peor aún, como calentamiento para las generales de final de año. Denoto mucha intención de voto de castigo y de moción de censura, pero poca ambición por un voto constructivo basado en un programa con visión de futuro para nuestra ciudad.

Si tiramos de hemeroteca, vemos que todas las conversaciones entre los nuevos -y los viejos- partidos de la izquierda granadina han estado basadas en nombres, cuotas de poder y en un personalismo desmesurado. Sin embargo, de ideas, poco.

¿Qué Granada nos prometen para el 2020? Porque ése debería ser el debate. ¿En qué modelo de ciudad están pensando? ¿Cómo piensan alcanzarlo? ¿Qué herramientas, políticas, presupuestos y recursos van a utilizar para hacerla posible?

 Granada 2020 Europa

No sé a ustedes, pero a mí me gustaría conocer la Granada del futuro que se plantean todos y cada uno de los partidos que van a pedir mi voto y, de acuerdo con ese modelo ideal -y con las personas que se postulen para materializarlo y hacerlo posible- ir a votar el próximo 22 de mayo. Pero quedan apenas cinco semanas para la cita electoral, y excepción hecha de tirarse a la cara el LAC, el metro, la estación del AVE y el Atrio de la Alhambra… poco o casi nada sabemos sobre la ciudad que cada partido aspira a dejar en 2020.

Jesús Lens

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La isla del padre

Hoy, en el periódico IDEAL, he publicado este artículo que me surgió del corazón y de las tripas, a borbotones, mientras leía la fascinante narración de Fernando Marías. Espero que os guste y, sobre todo, os recomiendo que leáis el libro.  

¿Y si la palabra “ánimo”, tan sencilla, fuera el Rosebud de Leonardo Marías? O, quizá, lo sea Pagasarri, el nombre del monte bilbaíno que Fernando y su padre ascendieron innumerables veces.

 Fernando Marías La isla del padre

Leo con placer y delectación “La isla del padre”, la última novela de Fernando Marías, galardonada con el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, y me hago preguntas todo el tiempo: ¿Qué importancia tienen las palabras? ¿Qué palabras importan más, las pronunciadas en voz alta o las que se quedaron en la recámara? ¿Se puede construir una novela partiendo apenas de tres palabras, de tres conceptos?

Leo con ansia -y a la vez con paciencia- este libro de memorias y recuerdos, esta fascinante recreación de una relación paterno-filial; y me descubro cada poco tiempo con el libro dado la vuelta, bocabajo, apoyado sobre mi regazo, y con la mente perdida entre los meandros de los recuerdos. De mis recuerdos. De mis sueños. De mis anhelos. De mis fantasías. De mis miedos. De mis logros. De mis decepciones.

 La isla del padre

Leo bajo la luz del Mediterráneo a Fernando Marías y, por la noche, aprovecho para charlar con mi hermano. Sobre nuestro padre, muerto hace ya muchos años. Demasiados. Sobre nuestra madre. Sobre sus figuras. Su ejemplo. Su presencia. Su ausencia. Nuestros recuerdos.

Advertencia: leer “La isla del padre” supone abrir una brecha en los diques de contención que todos construimos para mantener a raya el aluvión del pasado. Una brecha a través de la que se filtrarán voces, ecos, imágenes, conversaciones, momentos, alegrías, penas y emociones. Sobre todo, emociones. Leer esta maravillosa y mágica novela de Fernando Marías supone descubrirte todo el tiempo con la emoción a flor de piel ya que cada página, cada párrafo, cada línea consiguen que afloren recuerdos íntimos en el lector.

 Fernando Marías

Porque “La isla del padre” es una novela de aventuras. Y las aventuras nos ayudan a soñar. Aventuras protagonizadas por el padre del autor, un marino mercante que pasaba meses y meses embarcado, fuera de casa, y que, al volver, trataba por todos los medios de recuperar su relación con su hijo. Una relación complicada, marcada por las distancias y las ausencias. Una relación construida en torno a las historias. A las historias del marino, por supuesto. Y a las historias de sus compañeros de aventuras, como el mítico Hanley. Pero también a las historias compartidas en las salas de cine. O en los libros. A las historias narradas. A las historias contadas. A las historias inventadas.

 La isla del padre cultivada

Leer “La isla del padre” es disfrutar del placer de la pura narración. Del placer de recordar. Del placer de inventar. Del gusto por la fantasía que surge a partir de la realidad. Un libro que, partiendo de la historia familiar de los Marías y de la portentosa capacidad de fabulación de Fernando, permite al lector ir construyendo su propia historia, utilizando para ello sus recuerdos y, sobre todo, una estimulada y espoleada capacidad para reinterpretarlos de acuerdo con la libre imaginación.

Jesús Lens

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(Des)motivación

Artículo que publico hoy en IDEAL y que habla sobre un término del que tengo la sensación que abusamos hasta el hartazgo. ¿Cómo lo ves?

Hace unos años tuve que entrevistar a varios candidatos en un proceso de selección. Me sorprendió que uno de ellos justificase los muchos años que había tardado en conseguir el título académico que rezaba en su curriculum en un concepto que, ahora está muy de moda: la desmotivación.

 desmotivación

El chaval, antes de estudiar la disciplina en que había conseguido graduarse, lo intentó con otras dos carreras, pero en ambos casos se había desmotivado, lo que le llevó a dejarlas.

Recuerdo que aquello me sorprendió enormemente. Quizá porque, entonces, no se hablaba tanto de la motivación como ahora. Y me hizo pensar. ¿Estaba yo motivado cuándo estudié mi carrera? Porque apasionante, lo que se dice apasionante, no era. ¿Y cuándo me obcequé con el inglés? ¿Qué motivación encontraba yo en los verbos irregulares y en el uso de la pasiva y la condicional?

Incluso ahora: ¿encuentro motivación por las mañanas, cuando suena la alarma del móvil a las 7 am? ¿Y los fines de semana, cuando me pongo a escribir? ¿Qué me motiva para calzarme las zapatillas y salir a trotar, un día detrás de otro, cuándo ya me crujen todas las articulaciones, incluyendo las pestañas?

Motivación. O falta de.

 Motivación

Lo siento, pero me cuesta trabajo encontrarle sentido al concepto. Al menos, cuando se refiere a la necesidad de una constante motivación exógena a uno mismo, cuando se trata de desarrollar las actividades básicas de un ser humano que vive en sociedad. Sinceramente, lo de la desmotivación, en la mayoría de los casos, me parece una vana excusa bastante infantiloide. Aunque todos las hemos usado alguna que otra vez, sobre todo en las Redes Sociales, ¿no le resultan cansinas al lector esas frases y discursitos motivacionales que nos tienen cercados, por los cuatro costados, como las carreteras a los linces de Doñana?

Si por los expertos motivacionales fuera, nos pasaríamos el día entero sonriendo y dando excitados brincos de alegría y satisfacción, en permanente estado de euforia, celebrando cada logro que consiguiéramos, por nimio que fuera. Y, al contrario, sin motivación, deberíamos ser tipos tristes y mustios, sujetos apáticos que maldicen su suerte y solo piensan en cambiar de vida.

 MOTIVACION mantras

Lo decía Epicteto de Frigia: “No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”. Lo que se puede interpretar de una forma más clara y sencilla: no intentes que las cosas sean como las deseas. Mejor, deséalas tal y como son.

 Motivación deportiva

El cuento de que si te concentras en un coche azul terminarás teniendo un coche azul, es una majadería. Y no hablemos ya de príncipes… Y no se trata de estar o no motivados para conseguirlo o para fracasar en el intento. Se trata de tener sentido común, sentido de la responsabilidad y una cierta madurez.

¿Qué me motiva a mí, cuando suena el despertador, a las 7 de la mañana? Algo muy sencillo: la nómina que me paga mi empresa. Y punto. A partir de ahí, como buen profesional, me levanto, me ducho, me tomo un café para activarme y hago lo que tengo que hacer. No necesito un entorno de trabajo repleto de colorines y estímulos artificiales, o recargado con falsos aromas y sonidos supuestamente relajantes.

 motivación tucán

Seré un bicho raro pero, con respeto y confianza, tengo más que suficiente. Para ilusionarme, motivarme y ser feliz, lo último que necesitaría es tener a un Simeone gritándome desde el otro lado de la mesa cada vez que escribo una línea de texto, jaleándome los adjetivos, corrigiendo las metáforas o pasándome la mano por el lomo cada vez que utilizo bien un tiempo verbal.

Jesús Lens

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