Afrancesada, Margarita

Hay personas cuya sola mirada es capaz de iluminar una estancia en penumbra, llenándola de luz y alegría gracias a sus ojos y su sonrisa. Margarita es una de ellas, una de esas personas cuya mera presencia reporta sosiego, calma y felicidad.

Foto: Pepe Marín Zarza

El pasado jueves, a Margarita Buet le impusieron la condecoración que la acredita como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, una de las más altas distinciones del gobierno francés, instituida en 1957 por el ministro André Malraux y otorgada por el Ministerio de Cultura de Francia  “a las personas que se han distinguido por sus creaciones en el dominio artístico o literario o por la contribución que han aportado al esplendor de las artes y las letras en Francia y en el mundo”.

 

Durante su discurso de agradecimiento, en el Carmen de los Mártires, una emocionada Margarita recordaba cómo, en su juventud, algunos compañeros la llamaban la Afrancesada, con un cierto retintín, por su amor y su pasión por una cultura francesa en la que había crecido durante su infancia en Tánger, una ciudad que adora y a la que vuelve siempre que puede, sea físicamente o a través de novelas y películas que transcurren en ella.

Foto: Pepe Marín Zarza

Seguía comentando Margarita que, en realidad, nunca le molestó aquello de la Afrancesada. Que, muy al contrario, la llenaba de orgullo ese apelativo, que la hacía inmensamente feliz. Por eso, cuando se instaló en nuestra ciudad definitivamente, comenzó a formar círculos de amigos de la cultura gala, antecedente de una Alianza Francesa de Granada que cumple 30 años y que, como bien señaló José Vallejo, forma parte activa de nuestra vida cultural, cada vez más presente en diversos festivales, ciclos e iniciativas artísticas, como aquella extraordinaria exposición de arte contemporáneo en la que jóvenes creadores galos mostraban sus miradas sobre el Quijote, y que pudimos disfrutar en el Centro Lorca hace unos meses.

 

Para primeros de noviembre, la artista Virginia Vera presenta otra exposición de pintura protagonizada por árboles y basada en poemas franceses, un nuevo maridaje literario-artístico que da todo el sentido a una palabra, Alianza, tan en desuso hoy día y que tantas connotaciones positivas tiene, como recordó José Vallejo.

Enhorabuena, Margarita Buet; divina Afrancesada. Enhorabuena, Alianza Francesa de Granada. Es un privilegio contar con personas e instituciones tan comprometidas con nuestro tejido artístico y cultural.

 

Jesús Lens

Democrático Guerrero

Cómo estará la cosa que al leer la información sobre la subasta de uno de los cuadros más apreciados de José Guerrero, ni siquiera pensé en la posibilidad de que alguna de nuestras instituciones puje por él. Y eso que “Convergencia” es una de las grandes joyas del arte contemporáneo español.

Pintado por el granadino José Guerrero en 1976, una de las épocas más fructíferas, apreciadas y fecundas en la carrera del artista, “Convergencia” no solo está considerado como una de sus obras maestras indiscutibles sino que “alude a extensiones espaciales  y elementos opuestos que se dividen o convergen, pero en este caso coincide con la Plataforma de Convergencia Democrática que promovió entre 1975 y 1976 la instauración de la democracia en España y la apertura de un proceso constituyente”, podíamos leer ayer en IDEAL.

Pocas veces, la simbología pictórica cobra tanto sentido como en este caso: sale a subasta una pieza artística sobresaliente de uno de los más grandes pintores de nuestra historia, un José Guerrero que tiene hasta su propio -y merecido- museo en el corazón de Granada… y la reacción inmediata no es clamar, pedir o tan siquiera sugerir que se puje por él.

125.000 euros es el precio de salida de un cuadro que alude al proceso constituyente de la democracia española. ¡Precisamente en un momento como éste, cuando tanta falta nos hace recuperar un espíritu de generosidad, diálogo, cordura y concordia!

No sé si alguna de nuestras instituciones participará en la subasta del Guerrero más democrático. Si piensa hacerlo, es lógico y normal que no muestre públicamente su interés, para no contribuir al encarecimiento del cuadro.

Pero, ¿no sería bonito que “Convergencia” luciera en todo su esplendor en las paredes del Centro José Guerrero, adquirido por alguna de nuestras administraciones, instituciones, corporaciones… o por alguna de esas discretas fortunas granadinas -haberlas, haylas- que tuviera la generosidad de donarlo a la ciudad?

Complicado. Es cierto. Hay otras muchas necesidades, más urgentes y perentorias. O quizá no. En cualquier caso, no me resisto a soñar despierto con contemplar “Convergencia” junto a nuestra Catedral, dentro de poco tiempo.

Jesús Lens

Tributo al casete

Cuando Colin me habló del Proyecto Casete, lo primero que se me vino a la cabeza fue el momento en que, viajando en coche, el reproductor se comía la cinta, que comenzaba por hacer ruidos extraños, como si el vocalista de turno se hubiese convertido en gangoso.

Después, la música dejaba de sonar. Y quedarse sin música era una tragedia. Porque, sin música, la vida es peor. Llegados a ese punto, había que desenredar la cinta, con cariño, prudencia y tranquilidad. Sin pegar tirones. Como en el arte de la pesca. Al final, quedaba el casete con la cinta fuera y arrugada, como una frondosa cabellera sin peinar. Un caos de varios metros que nos hacía pensar en lo peor.

 

Entonces, aparecía la magia. En forma de bolígrafo. O de lápiz. Y, con paciencia, la cinta se empezaba a enrollar, el útil de escritura convertido en instrumental quirúrgico que, en unos minutos, devolvía la música a la vida y nos permitía seguir quemando kilómetros, a todo ritmo.

 

La vida, entonces, era más sencilla. Solo hacía falta un bolígrafo, tiempo y paciencia, para que la música volviera a sonar. Y esa fue la idea que le propuse a Mayela, a la gran Katha especialista en diseño gráfico; mi pareja creativa cuando se trata de interpretar visualmente mis ocurrencias y desvaríos. ¿Cómo lo vería?

 

La pieza de Katha y Lens, un haiku imperfecto, perfectamente ilustrado

“Capuchones, bolis y cintas fluyen como si se tratara de un patrón natural. Todo encaja, simplemente. Un baile de objetos icónicos trazados a mano, como los títulos de las cintas de grababas. Usando aquellos tonos. Hubo un tiempo en el que todo, desde la tele a las portadas, las cubiertas y los posters; mostraba aquellos tonos. ¿O acaso se han ido tostando con el paso del tiempo?”

 

Así lo vio. Y así es como nació la pieza con la que ambos, Katha & Lens, participamos en la exposición de tributo al casete que, el martes se inaugura en el Tendencias de Salobreña. Allí estaremos, acompañando a Colin, con artistas de la talla de Jesús Conde, Enrique Bonet, Blanca Espigares Rooney, Alicia Gómez Soblechero, Oli, Alfredo Aguilar o Inma Benzal; entre otros muchos.

Pásense por la Bóveda salobreñera, desde el próximo martes. La exposición va a ser una gozada, las obras están a la venta y los dos euros que cuesta el extraordinario catálogo, se entregarán a causas sociales.

 

Jesús Lens

National Geographic en la UGR

Voy a volver. Porque la vi demasiado rápido, estaba cansado y un poco embotado. Tengo que volver a disfrutar, despacio, de la exposición “National Geographic” que, hasta el 31 de marzo, se puede visitar en La Madraza, organizada por la UGR, y de la que hablo en IDEAL. Aquí, más información.

Entre mis libros más preciados está la edición de “El corazón de las tinieblas” ilustrada por Ángel Mateo Charris. Esta versión del clásico de Conrad, una de mis novelas de cabecera, es un placer literario, por supuesto, pero también es un goce táctil y visual. Y la exposición que la UGR les dedica al propio Charris y a Miki Leal está muy relacionada con la expedición al río Congo, imaginaria y literaria, pintada por el artista cartagenero.

 

Tres espacios diferentes conforman “National Geographic”. Los más cercanos, en Europa, retratan estampas y momentos vividos por los artistas durante su seguimiento, casi persecución, de la huella y la impronta de tres luminarias artísticas y culturales del Viejo Continente: el pintor Leon Spilliaert, en Bélgica, al que Charris  sorprende en Ostende, y Le Corbusier y Heidegger, por cuyas cabañas en Francia y Alemania pasó Leal, durante un recorrido en moto de 6.000 kilómetros.

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Ambos artistas nos muestran, también, sus particulares visiones de los Estados Unidos. Charris se centra en la Norteamérica más hopperiana, pintor por el que siento admiración y reverencia. Miki Leal, por su parte, optó por la Costa Oeste, donde quedó fascinado por la cultura del surf y todo lo que la rodea.

 

Más allá, por supuesto, está África. Charris viajó al Malí y a la cuenca del Níger, uno de los lugares más especiales de la Tierra. Y, con la imaginación, acompañó a Conrad por el Congo, adentrándose en el corazón del Horror. El acercamiento de Leal a África viene a través de los objetos, recuerdos y souvenirs que uno de sus tíos, misionero en el continente africano, enviaba a la casa familiar. Objetos misteriosos y con un halo mágico que excitaban su imaginación y que tanta influencia tuvieron en su obra desde el principio de su carrera.

Y, por fin, el Paraíso: siguiendo los pasos de Stevenson y de Gauguin en su huida del mundanal ruido, buscando el contacto con la naturaleza más primitiva e incontaminada, Charris y Leal viajan a los Mares del Sur, en el Pacífico, retratando tótems, máscaras e idílicos paisajes. Un viaje para repetir.

 

Jesús Lens

 

 

Pensémonos a nosotros mismos

Permítanme que insista en los resultados del Observatorio de la Cultura según los cuales, Granada se ha convertido en una ciudad bastante intrascendente a nivel nacional. Analizado el informe, me llama la atención la importancia otorgada a la gastronomía, el diseño y la moda, disciplinas muy importantes, pero cuyo alcance cultural se me hace complicado de ponderar, comparándolo con el impacto del Museo del Prado, por ejemplo. Y de ello escribo hoy en IDEAL.

Es decir, ¿penaliza a Granada, culturalmente hablando, no tener ni un solo restaurante con Estrella Michelín y el abuso de las tapas XXL? Que lo mismo los restauradores deberían pedir subvenciones a las administraciones para subir escalones en el ranking, visto lo visto. Y que conste que no es un tema baladí. Ya lo escribí hace un par de años largos, en este artículo, preguntándonos por qué no hay en Granada ni una sola distinción Michelín a nuestros restaurantes.

También hay que destacar el hecho de que la Fundación Contemporánea que emite el informe esté promovida por La Fábrica y que, entre las primeras 10 referencias culturales más importantes de España haya dos, Matadero y PHotoEspaña, que están íntimamente relacionadas con su actividad.

 

Dicho lo cual, centrémonos en Andalucía, donde la Bienal de Flamenco de Sevilla sería lo más de lo más, seguida del CAC malagueño, el Festival de Cine español, el Museo Picasso, el CAAC de Sevilla, el Pompidou, el recién abierto Palacio de la Aduana de Málaga, el C3A de Córdoba, la Colección del Museo Ruso y, en décimo lugar, nuestro Festival Internacional de Música de Granada.

 

El CAC, el CAAC y el C3A son centros de arte contemporáneo y los dos que conozco son una virguería y siempre que voy a Málaga o Sevilla, hago por visitarlos. El de Córdoba no lo conozco. Pero, ¿están, los tres, en el Top 10 de referentes culturales de Andalucía? ¿De acuerdo con qué baremos? Porque, con las cifras en la mano, el Parque de las Ciencias de Granada es el museo andaluz más visitado. ¿Y no pinta nada para este Observatorio?

Más llamativo aún: la colección del Museo Ruso de Málaga. ¿En serio? ¿De verdad? Perdónenme pero discúlpenme: no me lo creo. O, al menos, no lo veo claro. Ustedes saben que no adolezco de ese reduccionista granadinismo con orejeras que nos lleva a contentarnos con el “como Graná, ná”, que ayer mismo criticaba en esta otra columna los lamentables tijeretazos que las administraciones le han metido a la cultura en nuestra tierra. O en este otro, hablando de Málaga como ejemplo a seguir.

 

Pero antes de fustigarnos, hacer saltar las alarmas y tocar a rebato, analicemos con calma y sosiego los intersticios de este tipo de informes y pensémonos a nosotros mismos, más allá de lo que piensen los demás.

 

Jesús Lens