UNA SIMPLE CUESTIÓN DE PELOTAS

Dicen que llamándose así y con ese aspecto, esta triunfante atleta de Sudáfrica era un hombre. Al menos, eso se sospechó.

 

¡Qué hechuras!
¡Qué hechuras!

Y, una vez abierta la veda de la duda, todo son sospechas.

 

Por ejemplo, María sospecha que esta nadadora puede tener algo que ocultar y que, de ser descubierto, acreditaría que eso que se publicó en grandes titulares en la prensa, acerca de los redaños que le echó en aquella prueba que le valió no sólo la medalla de oro sino también el récord del mundo, era algo más que un recurso poético y estilístico…

 "- ¡Qué huevos tiene!", le decían.

– «¡Qué huevos tiene!», decían los comentaristas.
-«¡Le ha echado un par de pelotas!», decían los aficionados…

Jesús Lens, instalado en la duda permanente.

TALLER DE LECTURA

Leer, lo que es leer, todos sabemos. De hecho, es fácil: abres un libro, pasas las primeras páginas, hilas unas frases con otras y… ¡voilá! Ante ti aparece un precioso horizonte repleto de escenarios lejanos, diálogos mordaces o pasiones desatadas.

 

Leer debe ser como conducir un coche: arrancas, metes primera, después metes segunda… y a circular por la carretera, disfrutando de los paisajes, los colores de los campos y la belleza de las ciudades por las que transitas.

 

Pero ¿qué pasa si le abres el capó al coche y te enfrentas al maremágnum de tuercas, cables, cilindros y demás «chatarrería» necesaria para que te sientas un rey, conduciendo libremente y a tu aire?

 

Por lo general, aquello es un arcano indescifrable y, de hecho, quiénes lo comprenden y dominan son los mecánicos que trabajan en los talleres.

 

Pues con libros, pasa lo mismo.

 

Un buen libro tiene una bonita y atractiva cubierta y, bien leído, te puede conducir hasta el final del mundo, permitiéndote vivir las aventuras más insospechadas. Pero ¿cómo funciona? ¿Por qué hay libros que te atrapan y te absorben y otros cuya lectura, sin embargo, resulta tediosa e insoportable? Ernest Hemingway sostenía que un buen relato debe ser como un iceberg: lo que se ve es apenas una octava parte de la masa gélida que lo compone.

 

La buena literatura ha de sostenerse en una arquitectura invisible, como el imprescindible andamio de un edificio, necesario para ser construido y que, después, desaparece.

 

Y para aprender a descubrir las claves ocultas de la buena literatura y los mecanismos que le permiten atrapar al lector, para conseguir que la apreciemos más allá de lo aparente, nada mejor que llevar los libros a un taller. A un buen taller.

 

Como el que la Mediateca del Centro Cultural CajaGRANADA pone en marcha, este mes de febrero, a disposición de los primeros veinticinco privilegiados que tengan ganas e interés en aprender a leer, pero verdad. Si dispones de hora y media de tiempo, cada dos martes por la tarde, para disfrutar del magisterio de Ignacio Midore, licenciado en Filología Hispánica y acreditado experto en la Animación a la Lectura, no te arrepentirás.

 

Para aprender a leer con otros ojos, pide más información a esta dirección y teléfono:

 

infomediateca@memoriadeandalucia.es

958 22 22 57. Extensión 300

 

Jesús Lens, preparado para LEER, con mayúsculas.