MEDIO EN CASA

Aunque esta mañana dejaba unas notas desde Estambul, no puedo evitar esta actualización tipo Revista de Prensa: Todos estos días he estado blogueando desde Siria y el Líbano. incluso en los transbordos desde Estambul. Ergo, he tenido conexión a Internet. Ergo he podido leer la prensa. Pero no. Y esto me gustaría hablarlo con Barrera y Torres largo y tendido. Es imposible leer la prensa, en el sentido tradicional del término, de forma cibernética.

 

Ha sido bajarme del avión, comprar El País, pedir una caña y una de bravas y disfrutar largo y tendido de la atenta lectura, entre otros, de estos tres reportajes, noticias y artículos de opinión.

 

El primero, «Visión del campo», de Julio Llamazares, cargado de ironía, mala leche y que esputa verdades como puños; se lo quiero dedica a Jose, de CR, uno de mis compis del viaje al Líbano. Un tipo cabal que llama a las cosas por su nombre y no se casa con nadie. M-O-D-E-L-I-C-O ¿A que sí, compañero?

 

El segundo, va sobre acontecimientos parcialmente ocurridos en la zona de la que vengo, miles de años ha, pero que me ha parecido apasionante: «La madre de todas las retiradas». Lo difícil no es entrar en Mesopotamia (Irak) Lo difícil es salir. ¿Les suena?

Y el tercero enlaza con la última serie que vi antes de partir, de la que aún no hablé pero sobre la que me quiero despachar largo y tendido: «Roma»

Y, por supuesto, deseando estoy de llegar a casa de mi hermano y ver cómo salió el reportaje de cine que publiqué ayer en IDEAL, del que también hablaremos pronto. Además de leer las columnas de Esteban y Pedreira, de Cárdenas, los artículos de opinión, la página de Inma, los grandes reportajes de Vivir… volver a disfrutar, papel en mano.

Lo hablamos.

 

Jesús Lens, blogueando desde la Estación Sur, a punto de tomar su autobús para Granada.

DE NUEVO EN ESTAMBUL

Y de nuevo en tránsito. Pero antes de nada, una buena noticia. Hace unas semanas hablábamos de José Cendón, periodista secuestrado en Somalia. Hoy es un buen día. Ha sido liberado. Menos mal. Un tránsito a horas más insensatas que a la venida. Al final, apenas dormí. Estuve leyendo «Tokio Blues» cuando cayó la noche sobre Damasco y después salí a comprar unas tortas horneadas, de queso y tomate, para cenar algo. Y seguí leyendo.

 

Y, después, la vorágine del transporte, las colas, los visados de salida, el pago de las tasas… en este caso, muy facilitado todo por el buen trabajo de Talan, nuestro hombre en el Damasco más burocrático y pesado.

 

El avión, el sueño, el desembarco en Turquía, pasar los controles del Tránsito Internacional… En estos momentos, uno pagaría mucho dinero por tener una varita mágica que le depositara en su cama del Zaidín granadino. Pero todo esto forma parte del viaje, claro.

 

Las ojeras me deben llegar por los suelos. Había pensado descargar las fotos y empezar a trabajarlas, pero no hay ganas.

 

En vez de subirlas a las entradas viajeras ya escritas, haré como con las fotos de Senegal: aprovechar cada una de ellas para añadir un párrafo que sirva para contextualizarlas. Y así, recordar momentos, paisajes y personas, pero primando la imagen por encima de las palabras. Aunque no tengo mucha confianza en estas fotos, la verdad.

 

Pero será mañana. Hoy aún me queda llegar a Madrid y de allí coger el bus en la Estación Sur. Voy a llegar hecho una piltrafa integral. Menos mal que me esperan un poquito de jamón y un Roscón de Reyes esta noche. Y, sobre todo, el calor de la familia, que se echa de menos cuando uno se va a dar tumbos por esos mundos.

 

Ya van llegando nuevas propuestas de viajes. Ideas. Sugerencias. Invitaciones…

 

Pero es tiempo de descansar. Es momento de aposentar todo lo visto, de digerir las sensaciones vividas y de gozar con el evanescente recuerdo del viaje que termina.

 

Es tiempo, también, de trazar esos necesarios propósitos de año nuevo y empezar a cumplirlos desde el principio. Correr, leer, estudiar, ver buen cine, estrechar lazos con los amigos… lo normal, vamos. Es tiempo de volver a una normalidad que, después de este viaje será mucho más tranquila y reposada que en los meses recién terminados, afortunadamente.

 

El principio de año, por tanto, se presenta sereno y ordenado. Hay que aquilatar los conocimientos adquiridos en este viaje, hay que volver a la montaña y hay que leer y estudiar más. Y escribir, claro. Escribir sin prisas pero sin pausas.

 

En fin, que tengan ustedes un buen lunes ya que el mío, cansado y somnoliento, no lo será hasta que termine de traspasar la barrera que supondrá la Cabalgata de Reyes entre la estación de autobuses de Granada y la casa de mi hermano.

 

Eso sí, leer, estoy leyendo una jartá 😉 Y Murakami, como preveía a en mi salida, será mi personal primera gran revelación del 2009. Lo está siendo, de hecho.

 

Buen día para todos.

 

Y no gasten mucho. Que la belleza está en el interior 😉

 

Jesús Lens.