TARDE ENTRE LIBROS

He pasado esta tarde del sábado leyendo ora “El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable” de Nassim Nicholas Taleb, ora “El Club de los faltos de cariño”, de Manu Leguineche.

De Leguineche, entresaco dos notas.

La primera está dedicada a mis amigos de Las Verdes, y sirve de anticipo a una próxima entrada dedicada a la Familia.

MARATÓN

Un ejecutivo amigo corre la maratón, mientras su mujer, eso es amor, le sigue de estación en estación de metro. Le espera entre el público, le saluda, le anima y otra vez al subterráneo.

La segunda, viene elegida por la propia lógica del momento.

PROPAGANDA

A medida que suben el volumen de la propaganda política en los altavoces, más indiferente me resulta el mensaje. La democracia no puede entrar por el ruido. Hay una contradicción en los términos. El secreto de un candidato a las elecciones es parecer tan estúpido como quien le escucha. Así, los que asisten al mitin se sienten tan inteligentes como él. (Fred Barney).

En cuanto al Cisne Negro, me hago eco de una de las cuestiones que plantea Taleb y que os hago seguir a vosotros, queridos lectores, a ver qué pensáis:

“¿Cuál de estas dos afirmaciones parece más probable?

Joey parecía felizmente casado. Asesinó a su esposa.
Joey parecía felizmente casado. Asesinó a su esposa porque le engañaba con otro.”

¡Pasapalabra!

Y PUNTO

Atentos. Momento curioso. Primera vez, creo, que escribimos una reseña antes siquiera de leer la primera página del libro reseñado.

Y es que tengo miedo. Así os lo digo. Y no es que se trate de leer el Necronomicón o cualquier otra obra esotérica, ni mucho menos. De hecho, si sois lectores habituales de prensa, habréis visto que “Y punto” aparece en todos los periódicos, bien en forma de anuncio, bien en forma de crítica, hasta ahora, francamente elogiosa.


Que si un debut deslumbrante, que si la fina ironía de su protagonista, que si una mujer de rompe y rasga, que si unos diálogos extraordinarios… todo parece ser bueno en “Y punto.” Además, Alfaguara parece haber tirado la casa por la ventana y ha convertido esta novela en la niña de sus ojos para la temporada literaria de invierno. Sus señas de identidad: “Odio los lunes. Y los tacones. Llevo pistola. Y me salto las normas cuando me da la gana.” (no dejen de consultar el Blog de la autora, llamado, claro, “Y punto”.

¿Entonces? ¿Cuál es el miedo?

Pues el miedo viene dado por dos palabras. Mercedes Castro. La autora. El miedo viene dado porque conozco a Mercedes Castro.

– ¿Y? – podrá decir alguien. –No es la primera vez que vas a leer el libro de un amigo. ¿Por qué entonces estos recelos?

Pues porque Mercedes Castro no es una conocida cualquiera. Mercedes Castro es una persona a la que empecé a tratar por su otro nombre, a través de un alias. Una persona con la que discutí de libros, fútbol, política… la vida. Una persona con la que reí, regañé, rabié y, sobre todo, lo pasé extraordinariamente bien.


Pero es que, además, Mercedes Castro es la persona que me ayudó a pulir un cuento, “Arreglando problemas”, que fue finalista del Concurso de Relatos Policiacos de la Semana Negra de Gijón. Y eso pesa.

Uno, que es lector voraz de género negro, ha tenido su más alta satisfacción literaria hasta la fecha con la selección de aquel cuento para la ronda final del concurso literario más negro del mundo. Y debo a Mercedes Castro el que lo revisara, me hiciera sugerencias y me animara con él. Me dijo qué cosas no le gustaban, dónde podía mejorar y qué aspectos debía trabajar más, pero siempre en clave amiga. Siempre positiva.

Por eso, ¿qué pasaría si ahora leo su primera novela y no me gusta? No se trata tanto de hacer una buena o mala reseña cuanto de decirle a ella que su novela, a la que ha dedicado un buen puñado de años, no me ha satisfecho. O que se me ha hecho pesada. O que me ha aburrido… ¿sería capaz? Máxime cuando la dedicatoria que tiene mi ejemplar termina con las siguientes palabras: “Espero que te guste. Para mí sería un honor.”

Joooooder, Cissy de mis entretelas. Eres la leche. Siempre lo fuiste, claro. Y no ibas a cambiar ahora, ¿verdad?

Por todo ello, escribo estas notas antes de meterle mano a la narración. Y si de aquí a unas semanas no tienen más noticias de “Y punto”… pues eso. Que punto en boca.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

PD.- Justo cuando estaba armando esta pseudorreseña, me llega un mensaje de lo más curioso. Nuestro amigo, socio y compinche Ricardo ha leído la novela y le ha gustado sobremanera. Sobre todo, un personaje, aparte del principal.

Ha hablado con la autora y, entre chanzas y bromas, han llegado a un acuerdo: si los lectores deciden que el personaje en cuestión es también su favorito (y, repetimos, no vale votar por la prota) la autora se compromete a escribir toda una novela basada en él/ella.

O sea, que hay que leer la novela. Ya. Para terminar con las incertidumbres y, de paso, mandar un mail a la siguiente dirección personajesypunto@yahoo.es , antes del 30 de abril, poniendo Y PUNTO en el Asunto. Y hay que elegir entre Carlos, Reme, Bores y Esmeralda.

¿No es interesante?

Pues venga. Pongamos el punto y final y vayamos por “Y punto”.