{"id":35059,"date":"2026-09-14T19:11:55","date_gmt":"2026-09-14T18:11:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/?p=35059"},"modified":"2026-09-14T19:12:50","modified_gmt":"2026-09-14T18:12:50","slug":"ha-llegado-la-hora-de-los-monstruos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/ha-llegado-la-hora-de-los-monstruos\/","title":{"rendered":"Ha llegado &#8216;La hora de los monstruos&#8217;"},"content":{"rendered":"\n<p>Nos lo hemos planteado, seguro, m\u00e1s de una y de dos veces. Pero la mayor\u00eda no lo hemos llegado a hacer. \u201cEl d\u00eda menos pensado l\u00edo el petate, me las piro y ah\u00ed os qued\u00e1is\u201d. Luc\u00eda, sin embargo, se atrevi\u00f3. Y es que as\u00ed empieza la novela \u2018La hora de los monstruos\u2019, del novelista y tambi\u00e9n periodista Miguel \u00c1ngel Santamarina, reci\u00e9n publicada por Ediciones B &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-hora-de-los-monstruos.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"359\" height=\"557\" src=\"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-hora-de-los-monstruos.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-35060\" srcset=\"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-hora-de-los-monstruos.jpeg 359w, https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-hora-de-los-monstruos-193x300.jpeg 193w\" sizes=\"auto, (max-width: 359px) 100vw, 359px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>\u201cLuc\u00eda volvi\u00f3 a detenerse en la Gran V\u00eda por cuarta vez en apenas cincuenta metros. La firme decisi\u00f3n que hab\u00eda guiado sus pasos hasta hac\u00eda un momento se hab\u00eda evaporado. Ahora le asaltaban las dudas, y los remordimientos empezaban a cuestionar la intr\u00e9pida resoluci\u00f3n de esa ma\u00f1ana. Huir es m\u00e1s complicado de lo que parece\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es uno de mis terrores recurrentes: que un ser querido desaparezca sin dejar rastro. Porque la gente desaparecida es m\u00e1s vulnerable y est\u00e1 m\u00e1s expuesta. Y las preguntas: \u00bfqu\u00e9, c\u00f3mo, cu\u00e1ndo y por qu\u00e9? Luc\u00eda es una mujer que, no tardaremos en saber, ten\u00eda sus razones para tomar las de Villadiego e irse a comprar tabaco.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Los adolescentes Mario y Bruno, de Ciudad Real, tambi\u00e9n est\u00e1n desaparecidos. Pero nada hace pensar que la suya haya sido una fuga voluntaria, una chiquillada a destiempo. Lo dice la tele, en un programa de esos de telerrealidad con gente invitada, de la familia, y contertulios habituales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 exclama Luc\u00eda, en el bar donde repone fuerzas, un \u201cque se jodan\u201d que suena estent\u00f3reo y fuera de lugar al escuchar la noticia?<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de una narraci\u00f3n impecable y de lectura adictiva, Miguel \u00c1ngel Santamarina nos ir\u00e1 contando las vidas, avatares, sinsabores, ilusiones y decepciones de una amplia panoplia de personajes, incluyendo a los periodistas que cubren el caso de la desaparici\u00f3n de los chaveas y a sus familiares, que no dudan en pisar cualquier plat\u00f3 de televisi\u00f3n que d\u00e9 cobertura al misterio, con la \u00bfvana? pretensi\u00f3n de que la onda expansiva llegue hasta d\u00f3nde tiene que llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY los monstruos del t\u00edtulo? A veces, los monstruos no son seres m\u00e1s o menos imaginarios que se ocultan debajo de la cama. Como reza la contraportada del libro, \u201cLos verdaderos monstruos no se esconden. No entienden de miedo. Est\u00e1n entre nosotros\u201d. Y eso es, posiblemente, lo que m\u00e1s miedo da.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a la m\u00edtica advertencia de Nietzsche con que se abre la novela: \u201cQuien lucha contra monstruos debe procurar no convertirse en un monstruo en el proceso\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No es de extra\u00f1ar que las memorias del pionero del FBI en la captura de asesinos en serie, Robert K. Ressler, se titulen precisamente as\u00ed, \u2018El que lucha con monstruos\u2019.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nuevamente, tras el planteamiento inicial, me abstengo de contarles nada de la trama de la novela. Lean \u2018La hora de los monstruos\u2019 para navegar entre personajes turbios. Muy turbios. Algunos, realmente aterradores. Porque el Mal, en may\u00fasculas, existe. Y no es cosa de demonio, como a veces nos gusta enga\u00f1arnos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que uno de los protagonistas, un periodista en horas bajas llamado Javier Redondo, \u201cse ver\u00e1 envuelto en una peligrosa trama en la que descubrir\u00e1 las atrocidades de las que es capaz el ser humano mientras pone en juego su propia vida\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y ojo a la cr\u00edtica del autor hacia esas redes sociales en las que se hace mofa y burla de una desgracia: \u201cHab\u00eda ocurrido en el pasado con casos similares \u2014al de Bruno y Mario\u2014: el de Marta del Castillo o los ni\u00f1os de C\u00f3rdoba\u201d. Y es que, insistamos, hay personas de lo m\u00e1s execrable. En \u2018La hora de los monstruos\u2019 conoceremos a algunas. \u00a1Enhorabuena, \u00c1ngel Santamarina por este viaje al inframundo, tan terrenal \u00e9l!<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas Lens &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos lo hemos planteado, seguro, m\u00e1s de una y de dos veces. Pero la mayor\u00eda no lo hemos llegado a hacer. \u201cEl d\u00eda menos pensado l\u00edo el petate, me las piro y ah\u00ed os qued\u00e1is\u201d. Luc\u00eda, sin embargo, se atrevi\u00f3. 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