{"id":34195,"date":"2025-04-08T08:35:47","date_gmt":"2025-04-08T07:35:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/?p=34195"},"modified":"2025-04-08T08:35:56","modified_gmt":"2025-04-08T07:35:56","slug":"quien-tiene-un-amigo-tiene-un-tesoro-o-no","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/quien-tiene-un-amigo-tiene-un-tesoro-o-no\/","title":{"rendered":"Quien tiene un amigo tiene un tesoro&#8230; o no"},"content":{"rendered":"\n<p>Igual que hay bares que se definen por sus tapas, hay novelas cuyas portadas son toda una declaraci\u00f3n de intenciones, revelando un mont\u00f3n de cosas sin necesidad de ser expl\u00edcitas. Verbigracia, \u2018Los amigos fieles\u2019, de Javier Rovira, reci\u00e9n publicada por Ediciones B.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"644\" height=\"988\" src=\"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles-644x988.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-34196\" srcset=\"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles-644x988.jpeg 644w, https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles-196x300.jpeg 196w, https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles-768x1178.jpeg 768w, https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles-1001x1536.jpeg 1001w, https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles-1335x2048.jpeg 1335w, https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Los-amigos-fieles.jpeg 1669w\" sizes=\"auto, (max-width: 644px) 100vw, 644px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Fondo rojo luminoso, el t\u00edtulo de la novela en grandes letras blancas rasgadas y, de fondo, una pita negra, un terreno monta\u00f1oso y la tarantiniana efigie de cuatro personas an\u00f3nimas. Aunque, bien vistos, tambi\u00e9n podr\u00edan ser pistoleros del Far West. Y es que la novela m\u00e1s reciente de Rovira transcurre en el Cabo de Gata, territorio m\u00edtico por excelencia de la geograf\u00eda andaluza.<\/p>\n\n\n\n<p>Un Cabo de Gata abrasado por el sol de verano en una de cuyas desiertas calas, una pareja folla como loca. Hasta que llega una barca. Y dentro de la barca, un siniestro maniqu\u00ed que da por concluida la fiesta. Y a partir de ah\u00ed\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>A Javier Rovira le gustan las historias corales en las que muchos y variados personajes se dan la mano entre s\u00ed para tejer un tapiz de relaciones tan abigarrado como desgarrador. Porque ya se sabe que hay gente a la que le das la mano y se toma el brazo, metaf\u00f3ricamente hablando. O no tan metaf\u00f3ricamente. En su anterior novela, \u2018Mala mar\u2019, el protagonismo reca\u00eda en una gran familia, los Salcedo, que se reun\u00edan en Llanes para celebrar el cumplea\u00f1os de la matriarca y que arrancaba con la muerte de una de las hermanas a manos de uno de los hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u2018Los amigos fieles\u2019, adem\u00e1s de venirse para el sur, que Javier Rovira es almeriense y se ha sentido preparado para recorrer algunos de los paisajes de su vida sin caer en el t\u00f3pico localista ni en el relato pintoresco; el protagonismo recae en dos parejas de viejos amigos, en sus hijos y en alg\u00fan \u2018acoplao\u2019. Comparten una espectacular casa de veraneo frente al mar y su plan de entregarse al solaz playero y a las copas canallas se ve alterado cuando secuestran a uno de los chaveas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que sus padres no acudan inmediatamente a la Guardia Civil, adem\u00e1s de indicarnos que algo turbio pasa, permite que en la novela no haya participaci\u00f3n \u2018oficial\u2019 alguna y que toda la narraci\u00f3n est\u00e9 basada en las relaciones entre esos amigos fieles a los que alude el t\u00edtulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra constante en la literatura de Javier Rovira son los saltos en el tiempo. En este caso, del t\u00f3rrido y asfixiante presente saltamos a un pasado menos brillante, pero tambi\u00e9n muy luminoso. Incluso cegador. Viviremos el nacimiento de una hermosa amistad en el Madrid los a\u00f1os 80. La Movida, o sea. Una movida a la que los personajes aspiran a sumarse con su grupo de rock desde el mis\u00e9rrimo barrio de Carabanchel donde viven. Y no es f\u00e1cil abrirse paso en la jungla de asfalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasado y presente se conectan en una trama llena de sorpresas y en unos personajes muy s\u00f3lidos y bien trazados. El secuestro, adem\u00e1s, nos permite adentrarnos en una realidad muy oscura y s\u00f3rdida de tintes lynchianos. Que la capa exterior es brillante y luminosa. Pero lo que ruge por dentro\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que, si estamos en el Cabo de Gata y hemos hablando de una barca que irrumpe abruptamente en la pl\u00e1cida existencia de esa gente tan acomodada que disfruta de unas vacaciones\u2026 \u00bfA que ya sabe usted a qu\u00e9 nos referimos? Porque ya ver\u00e1n que tambi\u00e9n hay cr\u00edtica social en una fascinante novela intergeneracional muy bien construida, \u00e1gil y de lectura adictiva. Ideal para leer en la ya inminente Semana Santa.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas Lens<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Igual que hay bares que se definen por sus tapas, hay novelas cuyas portadas son toda una declaraci\u00f3n de intenciones, revelando un mont\u00f3n de cosas sin necesidad de ser expl\u00edcitas. Verbigracia, \u2018Los amigos fieles\u2019, de Javier Rovira, reci\u00e9n publicada por Ediciones B. 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