{"id":3331,"date":"2009-08-24T22:54:50","date_gmt":"2009-08-24T21:54:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/?p=3331"},"modified":"2009-08-24T17:47:45","modified_gmt":"2009-08-24T16:47:45","slug":"el-odioso-placer-de-escribir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/el-odioso-placer-de-escribir\/","title":{"rendered":"EL ODIOSO PLACER DE ESCRIBIR"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">De verdad. Aunque piensen que estos d\u00edas de playa y sol he estado vagueando, no es verdad. Vale. Apenas si he tecleado una miserable palabra, pero, como dec\u00eda Henry Miller, <strong><em>la mayor parte de la escritura se hace lejos de la m\u00e1quina de escribir<\/em><\/strong>. O del ordenador, que para el caso, es lo mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso&#8230; el caso es que amo tanto la ficci\u00f3n, me gusta tanto escribir cuentos, relatos, microrrelatos&#8230; que, m\u00e1s all\u00e1 del resultado final de los mismos, el articularlos y darles forma me genera desasosiego, insatisfacci\u00f3n, dudas, nervios, agobios y vacilaciones de todo tipo. Me surgen los fantasmas. Los miedos. Los terrores nocturnos. La ansiedad. Las prisas. Y, sin embargo, necesito escribirlos y sac\u00e1rmelos de encima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque, como dice Paul Auster<strong><em>, los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad<\/em><\/strong>. Y aqu\u00ed estoy, desde hace m\u00e1s de una semana, encadenado a un cuento que surgi\u00f3 como una broma, como una amenaza, como una promesa. Y cuanto m\u00e1s escribo, m\u00e1s lejos estoy del final.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque me pasa eso que dice Antonio Gala: <strong><em>el escritor, muchas veces, es como un caballo de carreras que ha perdido su jinete y ya no sabe porque est\u00e1 corriendo ni d\u00f3nde est\u00e1 la meta y, sin embargo, se le exige seguir corriendo aunque no sepa ni hacia d\u00f3nde ni por qu\u00e9 raz\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Ese soy yo! El caballo sin jinete. Y, por momentos, sin cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando corro, cuando intento dormir, cuando escucho m\u00fasica y hasta cuando leo&#8230; estoy escribiendo ese cuento que se llamar\u00e1, creo, \u00abMuertos m\u00ednimos\u00bb, en que vuelvo al g\u00e9nero negro y criminal que me tanto me gusta, abandonando el tono melifluo y blandengue de mis \u00faltimos dos relatos, \u00ab<a href=\"http:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/?p=3213\">Ella<\/a>\u00bb y \u00ab<a href=\"http:\/\/www.granadablogs.com\/pateandoelmundo\/?p=3290\">El beso del viajero<\/a>\u00bb y en el que me traslado a una de las ciudades que m\u00e1s me han impresionado en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un cuento que comenzar\u00e1, creo, con la siguiente frase:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>&#8211; \u00abM\u00edralo. \u00a1Duerme como un ni\u00f1o degollado!\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un cuento del que llevo escritas cinco p\u00e1ginas nada m\u00e1s, pero que me tiene absorbido y absorto estos d\u00edas, con la cabeza m\u00e1s puesta en un remoto pa\u00eds centroeuropeo que en esta Granada nuestra abrasada por el sol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfY por qu\u00e9 sigo, sin tan mal lo paso?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pues por lo mismo que dice el propio Paul Auster: <strong><em>\u00abNecesitamos desesperadamente que nos cuenten historias. Tanto como el comer. Porque nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que pasa es que, a veces, adem\u00e1s de escucharlas y leerlas; el cuerpo, el coraz\u00f3n, las tripas y el cerebro te piden escribirlas. Las historias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inventarlas, desarrollarlas, documentarlas, darles contenido, rectificarlas, cuadrarlas, repasarlas, corregirlas, borrarlas&#8230; s\u00ed. Escribirlas. Contarlas. Aunque ya no haya nada m\u00e1s en nuestro horizonte literario y vital. Aunque conviertan la vida diaria en un caos oscuro y sinsentido&#8230; jodidamente placentero, extra\u00f1amente familiar. \u00a1Ay, las pulsiones! \u00a1Ay, las adicciones!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas Lens&#8230; \u00a1harto de tanta historia! \u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De verdad. Aunque piensen que estos d\u00edas de playa y sol he estado vagueando, no es verdad. Vale. Apenas si he tecleado una miserable palabra, pero, como dec\u00eda Henry Miller, la mayor parte de la escritura se hace lejos de la m\u00e1quina de escribir. 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