RUFO Y CARTEL DE SEMANA NEGRA 2008

Tras la presentación del Programa Provisional, con la publicación del Cartel y el descubrimiento del Rufo de este año, la Semana Negra 2008 no es que ya caliente motores… es que empieza a despegar.


No sé qué les parecen, el uno y el otro.

A mí, desde la distancia en kilómetros y la cercanía temporal, tanto el cartel (que un cartel no es cosa baladí, ni mucho menos) como el Rufo piadoso me ponen de lo más ansioso.

Jesús Lens.

FÚTBOL: ¿CIRCO & FACHAS O SANO ESPECTÁCULO Y DIVERSIÓN?

Pasada la tormenta, llega la calma del análisis y la reflexión…

Primero fue la explosión de alegría, desmedida, universal y de proporciones homéricas. Después, la crítica, el debate y la discusión: decenas y decenas de páginas en los periódicos e incontables horas de radio y televisión concentradas en el monotema: La selección. Española. De fútbol.

Lo escribo así porque, finalizados los fastos de la victoria, comienzan los análisis y las interpretaciones de lo que ha pasado en estas semanas de pasión en que la Marea Roja a amenazado con arramblar con todo lo que no fuera fútbol.


Sobre la cuestión de la Selección propiamente dicha, los antiraulistas han podido sacar pecho y, orgullosos, proclamar a los cuatro vientos que se ha demostrado que Luis tenía razón y que el 7 madridista, a su vez, no tenía sitio en el equipo. Un equipo del que se ha destacado, por encima de todo, la importancia del colectivo, más allá de las individualidades, de forma que las escuelas de negocio y los gurús del management ya deben estar trabajando, a destajo, para adaptar y actualizar sus programas y conferencias a la hazaña protagonizada por los Casillas, Cesc, Xabi y compañía.

Sobre la españolidad de la victoria también se han proyectado luces y sombras. A algunos se les ha atragantado ver las calles de nuestras ciudades y pueblos vestidas con el rojo y el amarillo de la bandera nacional. Otros se han congratulado porque, por fin, se ha podido hacer alarde de uno de los símbolos de nuestro país que, lamentablemente, siguen generando polémica y discusión. Como la provocada por algunos nacionalistas vascos y catalanes, siempre dispuestos a chupar cámara, aún a costa de hacer declaraciones tan peregrinas que rozaban la estulticia. Porque si Colón estaba completamente teñida de rojo, Canaletas no le andaba a la zaga, aunque no haya tenido tanta proyección mediática. Personalmente, me quedo con la Eñemanía de la selección de básket, que aúna los colores de la bandera con la especificidad de una letra que nos hace tan especiales.

Y nos queda el fútbol, posiblemente, el concepto que más ríos de tinta está haciendo derramar. “Pan y circo”, venimos escribiendo, leyendo y escuchando con insistencia. Después de haber estado proscrito, convertido en el opio del pueblo suministrado por Franco para adormecer a las masas, el fútbol fue reivindicado por intelectuales progresistas como Manuel Vázquez Montalbán y Jorge Valdano, de forma que volvió a ser políticamente correcto declararse futbolero.

Desde la irrupción de la televisión por satélite, los derechos de imagen y la especulación urbanística cerca de los estadios, el fútbol se ha convertido en uno de los grandes negocios del siglo, habiéndose transformado en el gran espectáculo mediático del mundo globalizado. Durante dos horas, el planeta está pendiente de un balón y, de un partido, lo mismo disfruta el pastor de una aldea remota de Etiopía que un monarca o un presidente de gobierno europeo. Así, el fútbol sería, posiblemente, uno de los más perfectos ejemplos de democracia, como sostiene el escritor Andrés Pérez Domínguez.

Pasa como con la Coca Cola. A diferencia de un buen vino o de una comida deconstruida por un reconocido chef, una Coca cola es la misma bebida para el Presidente de los Estados Unidos que para un inmigrante subsahariano que trabaja en la obra. Por un euro, ambos son iguales, durante una fracción de segundo.

Viendo el gol de Torres, ni el Rey ni Zapatero fueron más felices que millones de españoles que, al unísono, gritaron alborozados y saltaron de sus asientos, abrazándose a sus vecinos, olvidándose de la crisis, el euríbor y la letra del coche. ¿Pan y circo? Depende. Siempre se ha dicho que los carnavales de Río de Janeiro, celebrados en mitad de la miseria de las favelas, son un escándalo. Pero a nadie se le ha ocurrido impedir su celebración.


Un acontecimiento de alcance universal como es un campeonato internacional de fútbol, será el mismo circo o el mismo opio que el estreno de la última película de Indiana Jones: dependerá de cómo afecte a las personas. El que se pase todo su tiempo únicamente concentrado en los avatares de los jugadores, el mercado de fichajes, las lesiones, las tácticas y las convocatorias; será tan feliz (o infeliz) como el que se pasa el día enganchado a la Play o haciéndole un tunning a su coche. O yendo de tiendas. O escuchando el MP3. O chupando tele. O leyendo libros. Porque hay aficiones con buena prensa y otras que, las pobres, están muy mal vistas.

El domingo pasado, cerca de veinte millones de personas se concentraron, durante dos horas, en un mismo acontecimiento, protagonizado por un balón de fútbol. Y eso, claro, no puede dejar indiferente a nadie, irritando a unos, haciendo enrojecer de envidia a otros y, por supuesto, emocionando a la mayoría.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

CHAMAMÉ

Sí. Efectivamente, “Chamamé”, de Leonardo Oyola, es un western. Y una road movie. Y una novela salvajemente negra y criminal. Y una historia carcelaria. Que nos cuenta un abrasador amor fou. Y una tensa relación de amistad, traición, odio y venganza. Y un extraordinario repaso musical por las canciones de hoy y de siempre que más petan en una zona del mundo muy especial: la parte norte de Argentina, que linda con el área conocida como las Tres Fronteras.


Una road movie, un western salvaje en que los caballos han sido sustituidos por coches, pero en que están todas las claves del género, tal y como hemos señalado anteriormente. Una novela tan cargada de referencias de la cultura popular que, si las desgranáramos, nos harían falta cinco folios.


Y, sin embargo, Leonardo Oyola, aún siendo muy tarantiniana, ha dotado a su “Chamamé” de una originalidad y una fuerza que la convierte en una novela profundamente personal, escrita a través de un poderoso e hipnótico estilo, libre, único e intransferible. “Chamamé” es una de esas novelas que se devoran, más que leerse, de forma que sus poco más de doscientas páginas vuelan a un ritmo vertiginoso. De hecho, a mí que me gusta poner en la margen derecha de mi Bitácora los libros que estoy leyendo, la portada del “Chamamé” apenas si me aguantó ahí un par de días.


Estamos ante una de esas novelas que no esperan tranquilamente, en la mesilla de noche, a que la cojas al irte a la cama, para leer un par de páginas antes de caer en los brazos de Morfeo. Es una novela excitante y calentorra que te provoca para que, siempre que puedas, a cada rato, busques un hueco para cogerla, sí, pero en el sentido lúbrico y “argentino” de la expresión.


Uno se mete entre las páginas de “Chamamé” y ya no quiere dejar de acompañar al Perro Ovejero y al Pastor Noé en sus viajes por las carreteras argentinas, a bordo del Arca. Y pararse con ellos a tomar café y, llegado el caso, contemplar (de lejos) cómo utilizan al Hermano Fal o al Pastor Jiménez, nombres con que han bautizado a sus armas. A uno le encantaría conocer a la novia del Perro, escuchar con ellos unas canciones en el Jukebox y, por qué no, enfrentarse a los paracas que, recién salidos de la cárcel, acosan a nuestros antihéroes.


No sé cómo hace la gente de la editorial Salto de Página para encontrar a autores tan potentes como Leonardo Oyola o Carlos Salem, del que tanto hemos hablado estas semanas, pero hay que reconocerles un olfato extraordinario para descubrir voces nuevas y diferentes, personales y adictivas, en el mundo de la literatura negra y criminal.

De momento, los dos autores de su catálogo que hemos leído han resultado ser sobresalientes, no en vano, ambos son finalistas de los premios literarios de Semana Negra. Salem, del Silverio Cañada a la mejor primera novela de género y Oyola, del Hammett, el premio de literatura negra y criminal escrita en castellano más importante de nuestras letras. Con este aval, desde luego, seguiremos confiando en Salto de Página.


Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

ANTONIO LÓPEZ BATE RÉCORDS

“Madrid desde las Torres Blancas”, de Antonio López, cuesta en el mercado un millón setecientos mil euros, habiendo desbancado a Barceló como el artista español vivo mejor cotizado. La crisis, desde luego, no ha llegado al mundo del arte. O será que es más rentable invertir en óleos que en ladrillos.

En cualquier caso, impresiona el hiperrealismo de este “Madrid desde Torres Blancas”, suscitando el debate de para qué este tipo de pintura, cuando existe la fotografía…

Impresionante.

Etiquetas: , , , , , ,