TROPIC THUNDER

Si Carlos Boyero es mi faro y guía cinematográfico por cuanto al cine comercial o de autor se trata, tengo un puñado de amigos que, tirando a raritos, me intentan llevar por los caminos menos trillados de los estrenos al uso. De los famosos “Bodrios que hay que ver” de Frankie a muchas de las descabelladas propuestas del Gran Rash, pasando por las delicias orientales del desdichadamente perdido en el ciberespacio Twister.

De un tiempo a esta parte y cuando las carreras nos dejan espacio para la charla, Antonio, uno de los más aguerridos representantes de Las Verdes, nos ilustra con su vasto conocimiento del cine y la literatura bélicos, de los que es un consumado especialista.

Hace unos días, al terminar la Media Maratón del Melocotón, me comentaba que su objetivo inmediato era ver “Tropic thunder”. Yo estaba todavía grogui, después de la carrera, y no sabía de qué demonios me hablaba. Pensé que era una frikada absoluta de Antonio y me olvidé del tema.


Hasta que, esta mañana, el propio Rash me mandaba un mensaje alabando las bondades de la pelí y el papelón de Robert Downey Jr. Reconozco que, con mi viaje a Madrid, el trabajo a destajo y mi compulsión obsesivo-deportiva, tenía abandonada la cartelera. Y, sin embargo, esta tarde me ha cuadrado escaparme al cine. Quiero ver la de Woody Allen, la del Che y alguna otra. Pero me encartaba la comedia de Ben Stiller y, bueno, que me he plantado en el Neptuno, donde había cinco espectadores para ver una película que ha arrasado la taquilla americana.


Y me he despelotado de la risa. Desde el principio, con los falsos trailers de las pelis supuestamente protagonizadas por las estrellas que participan en el rodaje bélico más caro de la historia del cine, hasta ese final con un Tom Cruise desmadrado que se ríe de su figura y de alguno de los papeles más destacados de su filmografía.


Pero ¿qué es “Tropic thunder”? Es una divertidísima e inteligentísima parodia sobre el mundo del cine que parte de películas míticas como “Apocalypse now”, “Platoon”, “Rambo” o “Depredador” para hacer sangre sobre buena parte de los vicios de la industria hollywoodiense. Aparecen en escena desde el productor tiránico al director con ínfulas de artista, pasando por los actores del método que viven su papel hasta en la cama o las estrellitas decadentes del cine de acción.

Todo ello rodado de una forma espectacular, mezclando el humor con la acción, a través de una trama en la que todo termina encajando, del criticado papel de Stiller como deficiente mental y la furibunda crítica hacia los Óscar a los tópicos sobre las pelis de chinos, en el mejor sentido de la expresión.

Políticamente incorrectísima y brillantemente filmada, “Tropic thunder” se pasa en una volá y, sobre todo, provoca carcajadas que serán directamente proporcionales a lo que el espectador disfrute del cine bélico.

Parodia. Sí. Pero de lo más inteligente, bien filmado y mejor resuelto. Comedia bruta. Sí. Ácida, corrosiva y vitriólica. Con cameos espectaculares de actores como el mencionado Cruise, el impresionante Nick Nolte o el Pichón McConaughey.


Muy, muy recomendable. Sobre todo, si les gusta la incorrección política y a la gente que tiene la sana virtud de reírse de sí misma.

Valoración: 7

Lo mejor: El diálogo polludo entre el personaje de Cruise y su asistente.

Lo peor: Alguna vuelta de tuerca sobre los mismos temas que se hace repetitiva.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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SATURNO

Ustedes saben que tengo un Alter Ego, José Antonio Flores, con el que me une una relación amistosa, periodística, bloguera, virtual, atlética, etc. Vemos la vida de forma similar, nos interesan las mismas cosas, somos viscerales y apasionados y nos gusta contar, hablar, escribir, discutir, debatir y hasta pelear.

Luego, hemos seguido caminos paralelos en algunas facetas de nuestra vida, llegando a trabajar juntos en un proyecto, al que denominamos Florens, sobre deporte, vida, empresa…

Muchos de ustedes sabrán que José Antonio era responsable del famoso “Diario de un Corredor”, punto virtual de encuentro entre deportistas que trascendió las pantallas del ordenador y los bytes cibernéticos para convertirse en un vivero de amigos, que nos fuimos convirtiendo en esas Las Verdes que tantas alegrías nos han reportado.

Y, sin embargo, había algo que no estaba del todo bien. Yo lo intuía. Porque, como muy expresivamente ha expuesto José Antonio en uno de los comentarios a la última entrada de su Bitácora “Un momento para nacer, un momento para morir”, ese “Diario de un corredor” amenazaba con devorarle, al potenciar casi hasta el infinito sólo una de las dimensiones del autor, sepultando las demás casi por completo.

Por eso, anticipándose, como si de un Saturno virtual se tratara, mi Alter Ego ha hecho algo que, siendo doloroso, era necesario: devorar a su propio hijo, cerrar el Diario de un Corredor y, sobre la marcha, abrir un nuevo espacio en el que verter un amplio caudal de impresiones, sensaciones y pensamientos sobre los temas más distintos.

Por supuesto, ya lo tenemos enlazado y le haremos el estrecho seguimiento que el mismo se merece.

Un Blog ha muerto. ¡Larga vida al Blog!

Con ustedes, las Opiniones Intempestivas de José Antonio Flores.

Jesús Lens.

¿LA CAÍDA DEL IMPERIO AMERICANO?

¿Estamos asistiendo, en vivo y en directo, a la caída del Imperio Americano, y por tanto, del Occidente capitalista, tal y como lo conocemos?

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El pasado viernes hablábamos de ello, en nuestra columna, Manda Crisis.

¿Se reconducirá la situación y una nueva votación sacará adelante el Plan Bush de «Salvar a Directivo Lehman» o estamos, definitivamente, ante el principio del fin de un sistema?
Si participan en el debate, a lo que les animo fervientemente, distingan lo que piensan que va a terminar pasando con lo que les gustaría que acabase pasando. Porque puede ser un interesante ejercicio.

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EL PRISIONERO DE GUANTÁNAMO

Hace unos años me compré por Internet un portátil de segunda mano y, a la hora de elegir un nombre para el equipo, le puse Fesperman, apellido del autor de uno de los libros que mejor recuerdo me han dejado en los últimos años: “El barco de los grandes pesares”, una historia de espionaje en que la II Guerra Mundial y la guerra de los Balcanes de los años 90 se daban la mano en una narración vibrante, tensa y adictiva.


Por eso, cuando vi que RBA publicaba en su Serie Negra la nueva novela de Dan Ferperman, “El prisionero de Guantánamo”, pegué un brinco de alegría. No sólo porque soy un enganchado a la prosa de Fesperman sino porque el tema que trata resulta de lo más interesante y actual, por supuesto.

Después de ver las películas de Michael Winterbottom, sobre todo “The road to Guantanamo”, estoy convencido de que la globalización artística y cultural, bien entendida, pasa por Oriente, por Pakistán, Afganistán, la India y, un poco más allá, la China. Y, por eso, me lancé como un poseso sobre el libro de Fesperman.

Y el resultado es desconcertante. Vaya por delante que el libro me ha gustado. Y mucho. Pero no es el libro que me esperaba. Lo que, por otra parte, es problema exclusivamente mío, por hacerme ideas preconcebidas sobre una novela inédita de la que nada sabía a priori.


Y es que, relacionando Guantánamo con el 11-S, los integristas religiosos y las guerras de Irak y Afganistán, muchas veces nos olvidamos de que ese trozo de terreno está en Cuba. Que Cuba es una isla a tiro de piedra de los EE.UU. y que el odio cerval entre yanquis y castristas es algo que sitúa a la base guantanamera en una singular y especialísima situación.


Por supuesto, “El prisionero de Guantánamo” cuenta la historia de los presos musulmanes que, privados de todos sus derechos más básicos, están secuestrados por los americanos en el penal más infausto, en la aberración jurídica del derecho internacional más sangrante de lo que va de siglo. Se describen los interrogatorios, las celdas, los vestuarios y hasta los distintos grados de peligrosidad de los presos.

Pero la parte mollar de la narración está en el duelo entre los dos personajes principales, espías e infiltrados, que participan de dobles juegos y representan distintos roles. Por un lado, un miembro del FBI, interrogador profesional merced a su conocimiento del idioma árabe. Por otro, un espía de Castro instalado en Miami. ¿Qué les relaciona? ¿Cuál es el nexo que les acerca? ¿Por qué, de repente, aparece el cadáver de un soldado americano destinado en la base de Guantánamo, perfectamente equipado, en una playa cubana?

Muchas interrogantes a las que, utilizando la técnica de la cebolla y las capas, o la de las muñecas rusas, Fesperman irá dando cumplida respuesta, hasta desembocar en un final que no dejará indiferente a ningún lector. Una novela, pues, muy rica, variada y abigarrada, con tramas, subtramas y tramas aún más pequeñas aún. Muchos personajes de muchas caras y mucha, demasiada ambigüedad moral.

La frase: “No me venga con idioteces sobre órdenes o sus derechos civiles, porque sabe perfectamente dónde estamos y lo que eso significa en lo que se refiere a los derechos de cualquiera. ¿La Constitución? Ni idea.”

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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MARATÓN RECORDMAN: HAILE

Cuando estuve en Etiopía y le pregunté a nuestro querido guía por Bekele, el entonces joven corredor que había destronado a Gebreselassie, Yndal no terminaba de entender. Hasta que, preguntando al conductor, éste le dijo que me refería a Kenenisa.

Y es que en el país africano, a la gente que aman y respetan, como a su cantante Gigi, por ejemplo, la conocen por el nombre de pila.

En Etiopía, el atletismo tiene tintes mitológicos.

Como a Haile.

El hombre que, esta mañana, en el Maratón de Berlín, ha batido su propio récord mundial en la distancia de los 42 kilómetros y 195 metros, bajando por primera vez en la historia de las dos horas y cuatro minutos.

Una salvajada.

Y, en homenaje al gran Haile, dejamos enlazado los dos artículos que José Antonio Flores y yo le dedicamos en nuestro Proyecto Florens. Por una parte, “Nacido para correr”. Por otra, “Gebre, pequeño gran hombre”.

Hoy, más grande que nunca.

Jesús Lens.

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