De bares y sociología

En la película de la HBO sobre el Brexit, protagonizada por Benedict Cumberbatch, hay detalles interesantes sobre los que conviene reflexionar. “Brexit: The Uncivil War” dista de ser una obra maestra, pero resultan notables muchos de sus planteamientos.

Resulta destacable, por ejemplo, el importante papel que desempeña Cambridge Analytica, la tenebrosa empresa de Robert Mercer y Steve Bannon, con su opaco trabajo de minería de datos, análisis del big data y utilización del microtargeting a través de las redes sociales.

Algunas de sus prácticas han sido calificadas como ilegales por las autoridades británicas. Otras, sin embargo, demostraron ser preclaras, inteligentes y vanguardistas, como la de “descubrir”, sacar del anonimato y llevar a las urnas a tres millones de ciudadanos, pobres y excluidos, que resultaban ajenos a cualquier radar electoral.

Más allá de la cuestión cibernética, sin embargo, hay un aspecto del personaje de Benedict Cumberbatch que me parece especialmente reseñable: lo primero que hace cuando acepta ser el coordinador de la campaña en favor del Brexit es… irse al bar.

A los bares, para ser más precisos. A los célebres pubs ingleses en los que se trasiega la cerveza con abundancia y generosidad. Y es allí, entre tragos y pintas, donde el cerebro de la campaña por el Brexit empieza a trazar su estrategia, de acuerdo con lo que escucha de la gente. Les pregunta a los parroquianos. Les interpela, les interroga, les espolea. Y toma notas. Mensajes fuerza. Consignas. Lemas. Ideas.

El “laboratorio” del ideólogo del Brexit, tras pasar por el pub

Mientras, la candidatura en favor de la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea crea un aséptico laboratorio, integrado por personas científicamente elegidas para representar las diversas posiciones en torno al Brexit.

Lo tengo muy escrito: el pulso de la realidad se toma en los bares. Pero en los bares de verdad, no en los nuevos garitos de diseño. En los bares de toda la vida. En los bares de barrio donde ponen tapas de tortilla y de carne en salsa. En las cafeterías de currantes que abren a las 7 de la mañana y, junto a los cafés y a las medias de mantequilla, se despachan carajillos y solysombras mientras la tele matinal desgrana sus letanías de sucesos y tragedias.

Hay más sociología en la barra de un bar de barrio que en todo el CIS de Tezanos y otros Think Tanks por el estilo.

Jesús Lens

Juego de Truenos

El cine y las series de televisión pueden moldear, cambiar y transformar la sociedad. Es algo que sostengo desde hace tiempo y, de hecho, hasta he dado charlas para demostrarlo fehacientemente.

Entre otros, me gustaba poner como ejemplo a Pablo Iglesias regalándole las cuatro primeras temporadas de “Juego de Tronos” al rey, para que conociera “las claves sobre la crisis política de España”.

Tiempo después, en la pasada campaña electoral andaluza, Teresa Rodríguez volvió al ataque catódico e identificó a Adelante Andalucía como la Guardia de la Noche que, para acabar con los Caminantes Blancos, se compraba tres dragones. En un vídeo que no tardó en hacerse viral -y que caminaba sobre la delgada línea que separa lo moderno y actual del ridículo más espantoso- la líder de Podemos en Andalucía terminaba caracterizada como la Khaleesi andaluza.

¿Con qué personaje de la saga de R.R. Martin se identificaría Pablo Iglesias en sus sueños más íntimos? Por imagen, con alguno de los Stark, posiblemente, que para algo son los buenos de la función. Pero en su fuero interno y tan amante como es del tactismo y de las estrategias, fijo que fantaseaba con ser ese Meñique que, con su preclara inteligencia y prodigiosa visión de futuro, terminaría por dirigir los destinos de España.

La realidad, sin embargo, es tozuda y personajes tan poderosos como los de “Juego de Tronos” no se han avenido a desempeñar el papel impuesto por los dirigentes de Podemos: la tormentosa actualidad política española les ha dado uno de esos letales golpes de efecto tan característicos de la saga.

La maniobra de Errejón en Madrid y la renuncia de la granadina Carmen Lizárraga en Sevilla acaban de dejar reducidos a Iglesias y Rodríguez a la categoría de pérfidos Lannister escorados hacia la extrema izquierda más inmovilista.

Si por algo se caracterizan los Lannister es por no temblarles el pulso a la hora de laminar a sus rivales internos. Como sucede en la fértil y cruel imaginación de J.J. Martin, en Podemos no hay personaje que esté a salvo ni seguro de llegar con vida al siguiente episodio.

Y como ocurre con las sagas-río, resulta complicadísimo seguir la trama de Podemos, sus familias, marcas, confluencias, escisiones, purgas y traiciones sin el imprescindible resumen de todo lo acontecido previamente en la serie, al comienzo de cada capítulo.

Jesús Lens

Ajuste de cuentas con un año negro y criminal

El 2018 ha vuelto a ser un año negro. Muy negro. Y criminal. Un año en el que la cultura policial nos ha dado muchas y muy buenas alegrías que vamos a tratar de resumir en sus hitos principales.

Comenzando por lo más cercano: Norma acaba de reeditar el Integral dedicado a “Blacksad”, la obra maestra de nuestro paisano Juanjo Guarnido y de Juan Díaz Canales. No nos cansamos de recomendar un cómic fundacional, ni nos cansamos de releerlo. Ni de regalarlo. Imprescindible.

Siguiendo en el mundo de las viñetas, uno de los grandes hitos del año negro y criminal en Granada fue la visita de José Muñoz, el padre del mítico personaje Alack Sinner. Vino a Granada Noir y participó en la inauguración de la muestra que, hasta vuelta de Año Nuevo, todavía se puede disfrutar en La Madraza: “Rueda de Reconocimiento: Huellas del Noir en el cómic granadino”, coproducida por GRN y la Universidad de Granada, con originales del propio Juanjo Guarnido, Gabriel Hernández Walta, Francis Porcel, Sergio García, Natacha Bustos, Belén Ortega, Jorge Jiménez, Enrique Bonet o José Luis Munuera, entre otros.

Por cuanto a cine y televisión, la extraordinaria secuela de “Sicario” nos sirve para constatar que, afortunadamente, segundas partes pueden ser buenas. Y, en España, otra buena hornada de cine negro, con “El reino” de Rodrigo Sorogoyen en lo más alto de los rankings del 2018, llamada a llevarse la mayoría de premios y galardones.

Por su parte, David Simon sigue en plena forma y, entre rumores y filtraciones sobre sus próximos proyectos, se han estrenado las dos primeras temporadas de “The Deuce”, una serie extraordinaria basada en el mundo de la prostitución y del comienzo de la industria pornográfica, mostrando a una Nueva York que, en los años 70 del pasado siglo, era una ciudad completamente diferente a la actual.

Precisamente sobre el tema de la prostitución, Mabel Lozano ha escrito uno de los libros más importantes del año en España: “El proxeneta”, publicado por la editorial Alrevés y llevado al cine por la propia Mabel Lozano. Un libro estremecedor que, a través de la no ficción, nos sitúa frente a nuestras contradicciones, como ciudadanos y como sociedad, al abordar el tema de la trata de mujeres para la explotación sexual.

Desde la no ficción nos llega otro de los títulos presentes en la mayoría de listas de imprescindibles del 2018, aclamado por la crítica y excelentemente bien recibido por el público: “El dolor de los demás”, del murciano Miguel Ángel Hernández y publicado por Anagrama. Autoficción introspectiva que analiza el proceso creativo a la vez que hurga en la importancia de la memoria y en la necesidad de determinar la verdad de los hechos, duela a quien duela.

La reciente “Yo pude salvar a Lorca”, de Víctor Amela, publicada por Destino, es otra novela con la autoficción como excitante recurso narrativo. Una novela en la que aparecen personajes que siguen provocando noticias. Como Emilia Llanos, una mujer adelantada a su época, una de las granadinas más importantes del siglo XX, íntima amiga de Lorca, aliada de Penón en la primera búsqueda de los restos del poeta y que estos últimos dos días ha estado de alarmante actualidad.

Foto: Alfredo Aguilar, en la antigua casa de la familia Rosales, hoy Hotel Reina Cristina

Su biógrafa, Lola Manjón, publicaba en Twitter, el día de Navidad, una foto con la tumba de Emilia “advertida” de desahucio que corrió como la pólvora en las redes sociales. Recogida por los medios de comunicación, la información despertó una ola de indignación que ayer se fue aplacando progresivamente al saberse que se incluirá a Emilia Llanos en la nómina de ilustres granadinos y que Emucesa costeará los gastos de su última morada.

¿Que tal si aprovechamos esta situación para leer el libro de Lola Manjón, “Emilia Llanos Medina. Una mujer en la Granada de Federico García Lorca”, y hacer justicia poética? Demostremos que, aunque en la tumba de Emilia haya figurado la etiqueta de “vencida”, la memoria, el compromiso y la literatura la han convertido en vencedora. Y de paso, aprovechemos para recordar la famosa Maleta de Penón, de la que seguimos sin tener noticia alguna.

Otro de los grandes libros del 2018: “Tigres de cristal”, de Toni Hill, publicado en Grijalbo. Una novela en la que el acoso escolar sirve como trama en la que se enreda un reparto coral, a caballo entre la sociedad contemporánea y las de los años 70 del pasado siglo. Un fresco sobre nuestra historia en el que nos sentimos perfectamente representados.

“Justo”, de Carlos Bassas del Rey es otra imprescindible novela realista y me ha parecido muy revelador que Gibraltar y sus alrededores figuren como escenario de novelas apasionantes de Lorenzo Silva, Montiel de Arnáiz y Jerónimo Andreu. Para la reflexión.

Quiero terminar este repaso destacando una de mis últimas lecturas, “En silencio”, de Martin Ledun, publicada por Off Versátil y sobre la que hablaremos próximamente más en extenso, que la situación de sus personajes puede tener mucho que ver con la de esos “chalecos amarillos” que han estado tan de actualidad en las últimas fechas.

Jesús Lens

Un gourmet solitario, observador y reflexivo

Un par de tebeos nos invitan a reflexionar sobre el acto de comer y nos animan a descubrir nuevos horizontes gastronómicos de inspiración japonesa

Se llama Goro, viste con impecables traje y corbata y no se despega de su maletín. Vive en Tokio, se dedica a la importación y exportación y su vida es un constante ir y venir de reuniones, citas y encuentros, dado que no tiene una tienda u oficina en la que atender a sus clientes.

Al terminar sus reuniones de trabajo, Goro siempre tiene hambre. Y, dada su naturaleza curiosa e inquisitiva, busca nuevos restaurantes en los que saciar su proverbial apetito. En ocasiones, quiere disfrutar de los sabores de siempre. Otras veces, busca nuevos desafíos gustativos. Pero siempre, siempre hace todo lo posible por disfrutar de uno de los ritos más antiguos de la historia de la humanidad: comer.

Goro es el protagonista único de dos tebeos gastronómicos japoneses convertidos en clásicos incontestables: “El gourmet solitario” y “Paseos de un gourmet solitario”, del dibujante Jiro Taniguchi y el guionista Masayuki Kusumi, a través de los que descubriremos visualmente la gastronomía nipona más tradicional, basada en un cuenco de arroz blanco cocido -que funciona al modo de nuestro pan- sobre el que pivotarán infinitas combinaciones de carnes, verduras o pescados.

Publicados con 16 años de diferencia, ambos álbumes están editados en España por Astiberri y son una auténtica delicia, en el doble sentido de la expresión.

A Goro le gusta comer a deshoras. Y solo. Siempre solo. Apenas sabemos nada de su vida: algo de su trabajo, que tuvo una pareja que emigró de Japón, que domina artes marciales… y que disfruta comiendo, por supuesto.

Como le gusta tanto zampar, acude a los restaurantes por la mañana temprano o a mitad de la tarde, huyendo de las aglomeraciones. Le gusta disfrutar con calma y morosidad del almuerzo, sintiéndose a sus anchas, sin verse compelido a engullir su comida a toda velocidad porque hay otros comensales esperando sitio.

¿Cómo, si no, se puede disfrutar de un menú compuesto de sopa de miso con hojas de nabo y tofu frito, espinacas cocidas con aliño de salsa de soja, nabo adobado en salvado de arroz, algas hijiki cocidas, ensalada de patata, sardina al estilo europeo y tofu seco y huevos salteados? O de un fastuoso Udon, aderezado al gusto del comensal…

Goro acude a locales sencillos de diferentes barrios de Tokio, aprovechando sus reuniones comerciales. Casi nunca sabe nada de ellos. Tiene dudas y titubeos. Se deja llevar por impulsos, aromas… y por los gruñidos de su estómago. Entra tímidamente, pide mesa para uno, examina la carta, encarga la comanda… y comienza la aventura.

A Goro le encanta hacer probaturas y mezclar alimentos y sabores. Tomemos como ejemplo el Akamon que pide en el comedor de una célebre universidad de Tokio. Se trata de un guiso de setas shiitake, zanahoria, puerro y carne picada que se sirve con fideos y al que se le puede añadir aceite de guindilla, sihchimi o pimienta roja; a gusto del comensal. O el Teriyaki de Buri a partir del que nuestro héroe irá pidiendo arroz, pescado y huevos fritos, a medida de goza con cada bocado.

Goro es abierto de mente y no le hace ascos a los currys de origen indio, al shumai chino, el kimchi coreano o a los bistecs europeos. Además, prueba sofisticados kits de viaje mientras se desplaza en tren bala o, durante una noche de trabajo e insomnio, busca una máquina de vending y se organiza un fastuoso menú de productos preparados gracias a la más moderna tecnología.

Su gastronómico deambular solitario también le permite a Goro prestar atención a todo lo que ocurre a su alrededor. Reflexiona sobre los cambios operados en los barrios por los que transita, se fija en los detalles que confieren personalidad y carácter a los restaurantes en los que almuerza, curiosea los platos de otros comensales y, por supuesto, presta atención a las conversaciones de los parroquianos que, acodados en la barra, pegan la hebra con los camareros y cocineros del local.

De esa forma, hay mucho de sociología y de psicología en los tebeos de Taniguchi y Kusumi: pocas veces nos mostramos tan auténticos, tan como somos, como en los bares y en los restaurantes de barrio.

Y está la nostalgia, por supuesto. Porque no hay como un bocado de una comida familiar para despertar recuerdos, además de placenteras sensaciones. Aquella cena con un antiguo amor, aquella comida con un buen amigo, aquellos almuerzos de verano que no tenían fin…

“El gourmet solitario” y “Paseos de un gourmet solitario” son una invitación a disfrutar del placer de comer y a descubrir horizontes gastronómicos diferentes a los habituales. Leyendo ambos tebeos, he sentido la irrefrenable tentación de salir a pasear por Granada y visitar los diferentes restaurantes de inspiración nipona que hay en nuestra ciudad, a ver si encuentro un Donburi de anguila con kimosui y encurtidos o el Hanpen negro con algas nori.

Y, sobre todo, me siento impelido a dejarme sorprender por nuevos sabores y combinaciones culinarias orientales que me saquen de los caminos más trillados del sushi y el sashimi.

Jesús Lens

El jugador siempre pierde

“Porque habéis usurpado la función de los dioses que en otro tiempo guiaron la conducta de los hombres, sin aportar consuelos sobrenaturales, sino simplemente la terapia del grito más irracional: el delantero centro será asesinado al atardecer”.

Este anónimo, recibido en las oficinas de cierto club de fútbol que es más que un club, hará saltar todas las alarmas. La directiva decide contratar a Pepe Carvalho, un detective privado, para que eche una mano con la investigación, que el fichaje de Jack Mortimer ha costado una pasta y de su éxito depende la continuidad del presidente en su cargo.

A través de “El delantero centro fue asesinado al atardecer” -¡eso eran spoilers, y no lo de ahora!- Manuel Vázquez Montalbán hace una precisa disección de diferentes aspectos que orbitan en torno al fútbol: política, intereses económicos, corrupción… Todo, menos deporte.

“El delantero centro fue asesinado al atardecer” es una de las grandes novelas de la serie Carvalho, personaje que volverá a las librerías el próximo enero, redivivo gracias al magisterio del gran Carlos Zanón, en lo que será el acontecimiento literario del 2019 noir. En ella, MVM también habla del otro fútbol. Del fútbol de Tercera y Regional que se jugaba en campos de tierra, en unas condiciones muy precarias y donde la limpieza de los vestuarios dejaba mucho que desear.

No descubrimos nada nuevo si decimos que el fútbol es un gran negocio. Y que, donde hay negocios de altos vuelos, siempre hay tentaciones que acaban desembocando en corrupción. En un solo párrafo, Vázquez Montalbán describe a la perfección el estado de las cosas: “Desaparecidos los fotógrafos y los periodistas, Mortimer había perdido el aura de dios de las áreas y parecía un muchacho que se había equivocado de salón y de compañía. Especialmente en relación con Basté de Linyola, empresario y ex político que había hecho de la presidencia del club una cuestión de penúltima significación social”.

“El delantero centro fue asesinado al atardecer” es una novela que debemos reivindicar por poner de manifiesto que, en las megaestructuras organizadas en torno al deporte rey, el futbolista acaba siendo el eslabón más débil. Muchachos. Eso son los futbolistas. Muchachos cargados de sueños y ambición. Imberbes muchachos de apenas veinte años que, sin embargo, cargan a sus espaldas con una de las mayores responsabilidades que se puedan imaginar: portar la ilusión de miles y miles de aficionados.

Muchachos que, en muchos casos, cegados por el oropel de la fama y los flashes de las cámaras, toman decisiones equivocadas, deportiva y financieramente hablando. Muchachos que, si tienen la mala pata de caer en manos de representantes demasiado avariciosos o la mala fortuna de recalar en clubes gestionados de forma cuestionable; pueden acabar convertidos en juguetes rotos.

Lo estamos viendo a lo largo de los últimos meses, con grandes luminarias del fútbol desfilando por los juzgados para declarar por sus problemas con Hacienda. Que los Messi y Ronaldo copan las portadas, pero que Hacienda somos todos y en el resto de divisiones del fútbol profesional también cuecen habas.

Una de las nuevas series de producción propia de Movistar: “Todo por el juego”, en la que el cineasta Daniel Calparsoro es showrunner y director de los ocho episodios de la primera temporada, tiene al fútbol como eje central de una trama apasionante y en la que se tocan diversos aspectos relacionados con el deporte rey, de la corrupción urbanística a las connivencias entre políticos y directivos.

La serie está basada en una novela de Javier Tebas, presidente de nuestra Liga de Fútbol Profesional, e inspirada en hechos reales, ciertos y contrastados. Cuenta la historia de Mariano Hidalgo, un empresario de la construcción de una ciudad de provincias y furibundo hincha del equipo local, un Deportivo Leonés que juega en Segunda División y corre serio peligro de descender, dada la errática gestión de su presidente, Fernando Saldaña. El próspero empresario, cansado de ver perder a su equipo, decide tomar cartas en el asunto y enfrentarse a Saldaña. A partir de ahí, la guerra. Sucia. Muy sucia.

Una de las subtramas de “Todo por el juego” pone el foco en las mafias de las apuestas deportivas. Describe con todo lujo de detalles cómo se las ingenian para aprovecharse de los futbolistas más vulnerables y conseguir que jueguen para ellos: les ponen delante de las narices coches deportivos de alta gama, despampanantes mujeres, pases VIP para las mejores discotecas, sustancias tóxico-recreativas… Y cuando pican, aunque sea una sola vez, ya los tienen agarrados por donde más duele.

Por la pantalla también desfilan representantes que prometen el oro y el moro a jóvenes futbolistas sudamericanos que, ante la perspectiva de jugar en España, Italia, Inglaterra o Francia, firman lo que les pongan por delante. Y los viejos entrenadores de poder omnímodo que pueden hundir la carrera de las jóvenes promesas, dejando de convocar a un jugador si no se pliega a sus intereses espurios.

Porque en esto del fútbol, como en los demás órdenes de la vida, a nada que no sepan de quienes rodearse, los jugadores siempre pierden.

Jesús Lens