Contrapaso, uno de los cómics del 2021

En un momento de la investigación que llevan a cabo los protagonistas de ‘Contrapaso. Los hijos de los otros’, el portentoso cómic escrito, dibujado y coloreado por Teresa Valero; asistimos al siguiente diálogo:

—Gracias por recibirme, doctor. Investigo la muerte de Rosa Saura. Creo que usted la conocía…

—¿Investigar? ¿Eso no lo hace la policía?

—Pues no siempre. No señor.

Una sola viñeta le basta a Teresa Valero para subvertir el orden establecido y, desde el punto de vista de dos periodistas de Sucesos del diario ‘La Capital’, conducir al lector a través de una investigación apasionante, inquietante y, por momentos, aterradora.

Sé que es muy osado, tan a principios de año, aventurar algo así, pero tengo el convencimiento de haber leído uno de los cómics del 2021. Negro como la pez. Negro como esa España de mitad del siglo pasado que con tanta brillantez nos muestra la autora.

Una trama policíaca en la que nada es lo que parece, protagonizada por Emilio Sanz, un veterano y desencantado periodista, falangista hasta la médula, pero de vuelta de todo. Así escrito, puede tirar para atrás. Y ahí radica el mérito de este personaje: como señala la propia autora, genera atracción y simpatía a la vez que, ideológicamente, provoca rechazo. La polémica que mantiene con su director sobre cómo tratar la ejecución de un reo ya nos presenta a un personaje llamado a hacer historia.

Junto a Sanz, un joven y prometedor reportero le acompaña en sus investigaciones por las calles de Madrid. Viene de París y su imagen, atractiva, está inspirada por Alain Delon. Y tenemos a Paloma, una dibujante que trata de abrirse camino profesional en las revistas de la época. En este caso, el referente gráfico es Shirley MacLaine.

De su mano conocemos la redacción de un periódico como los de antaño y los bares y cafés de la época. Las casas de las personas más adineradas y las chabolas de las más pobres. Y las calles de Madrid. Sus edificios, vehículos y comercios. Un conocimiento minucioso y preciso, que la labor de documentación de Teresa Valero, sin lastrar las viñetas con su peso, nos permite recuperar un tiempo perdido y demorarnos en la contemplación de aquella España que alguna vez fue.

La historia es densa y con múltiples capas. Toca muchos y muy diversos temas a lo largo de sus 152 exuberantes páginas. De forma más o menos disimulada, en escena aparecen algunos de los psiquiatras más reconocibles del franquismo, como Vallejo-Nágera. Y por el subtítulo del álbum, ‘Los hijos de los otros’, ya se pueden imaginar qué otro hilo narrativo cose este ‘Contrapaso’.

La idea de Teresa Valero era basarse en ‘El Caso’, aquel semanario especializado en la crónica negra y la nota roja, siempre al borde de la censura. Al filmarse la serie televisiva que ficcionaba su historia, la autora desechó esa opción y se quedó con los periodistas de Sucesos de un diario convencional.

Cuatro largos años de un trabajo minucioso y primoroso han fructificado en un álbum que acaba de ponerse a la venta. En la tradición de la mejor narrativa gráfica negro-criminal, ‘Contrapaso’ es una obra maestra de lectura obligatoria para los amantes del noir, los amantes del cómic… y los amantes de la belleza. Un tebeo que es una oda al diálogo y a la capacidad de reconciliación de personas que piensan de forma diferente. En estos tiempos de polarización extrema, da gusto leer algo así.

Les aconsejo que se hagan con un ejemplar de la primera edición. Teresa Valero ya está trabajando en la segunda entrega de una serie con visos de convertirse en un clásico instantáneo. Cómprenlo por el disfrute de leerlo, claro, pero también porque de aquí a no mucho tiempo, una primera edición de ‘Contrapaso’ valdrá su peso en oro. Luego no digan que no avisamos.

Jesús Lens

El incansable, temible y pertinaz Zaroff

Una mezcla sutil de refinamiento y animalidad, de distinción y salvajismo primitivo. “Un aristócrata que, bajo el barniz de la civilización, se muestra como una bestia sangrienta obsesionada con su presa”. Así se describe al protagonista de nuestro Rincón Oscuro de esta semana en ‘Zaroff’, el tebeo de Runberg y Miville-Deschênes recién publicado por Norma Editorial.

Nikolai Zaroff es uno de los grandes personajes de ficción del último siglo, al que hemos visto y leído en novelas, películas y tebeos. Debutó oficialmente hace casi un siglo, que el escritor Richard Connell le dio vida en 1924 en su novela ‘El juego más peligroso’.

Pocos años después, en 1932, la novela fue llevada al cine por Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, famoso por ser el productor de ‘King Kong’. De hecho ambas películas compartieron decorados. En España —¿quién dijo miedo al spoiler?— el filme, de apenas una hora de duración por cuestiones de censura, se estrenó con el revelador título de ‘El malvado Zaroff’, arruinando al espectador parte de la sorpresa. La tienen en Filmin.

Contaremos muy brevemente la trama: tras naufragar el barco en que viajaba, un veterano cazador alcanza una isla donde encuentra un misterioso castillo en el que se refugia un ruso escapado de la revolución bolchevique. Amante de la caza, propondrá a su invitado, rápidamente convertido en prisionero, un siniestro juego: pelear por su libertad convirtiéndose en la presa de una cacería humana.

El juego de roles y la figura del cazador cazado forman parte de la esencia de una historia que, si funciona, es porque el malo, el villano de la función, resulta extremadamente atractivo e interesante. El actor protagonista, Leslie Banks, con la cara cruzada por una cicatriz de guerra y una insidiosa mirada, le da perfecta réplica al héroe de la función, interpretado por un jovencísimo Joel McCrea. Y ojo a la presencia de Fay Wray, que sería la gran heroína de ‘King Kong’.

Años después, en 1943, Orson Welles interpretaría a Zaroff en una versión radiofónica y posteriormente, el famoso asesino del Zodíaco que asoló la Costa Oeste de Estados Unidos usó pasajes de la novela en los anónimos que enviaba a los periodistas de San Francisco, poniéndola de cruel actualidad.

Sagas famosas como ‘Los juegos del hambre’ se inspiran también en la figura del ruso loco, aunque su reinterpretación más fiel en el cine contemporáneo la encontramos en la muy apreciable ‘Blanco humano’, la primera película estadounidense del mítico director hongkonés John Woo. Y sí, el protagonista era el inefable Jean-Claude Van Damme. Pero aún así.

El cómic titulado sencillamente ‘Zaroff’ le da una estupenda vuelta de tuerca al siniestro personaje, que se las verá con una sorprendente némesis, una archienemiga singular: la hija de un capo de la mafia irlandesa de Boston cuyo padre fue asesinado en una de las cacerías humanas pergeñadas por el pérfido ruso.

Si de algo adolecía la película de 1932 era de realismo en los decorados. A pesar del ritmo y la velocidad que los directores le imprimieron a la cinta, el cartón piedra cantaba demasiado. No pasa nada, ojo, que la artesanía y el cine de época es lo que tienen.

El cómic de Runberg y Miville-Deschênes se desquita y muestra la exuberancia de la selva con todo lujo de detalles en viñetas de tamaño XXL, recreándose en los cocodrilos, los monos y los jaguares. En los ríos, los escarpados acantilados, la lluvia, los pantanos, los troncos de los árboles, las lianas… ¡qué despliegue gráfico! Y la historia, que está muy bien. Anímense a adentrarse en el universo del malvado Zaroff. Al final, le cobrarán cariño. O, al menos, respeto y algo de admiración.

Jesús Lens

El arte de ‘Sentient’

De no seguir perimetralmente encapsulados, me habría organizado para ir a Madrid a ver una exposición, y no al Prado o al Reina Sofía. Activaría el GPS del móvil para que me condujera a la galería El Arte del Cómic. En realidad, en su web se define como algo más que una galería: “es un nuevo espacio expositivo y de venta de los dibujos originales publicados en los cómics más populares y de culto en todo el mundo”.

Y ahí radica el quid de la cuestión: desde hace unas semanas, El Arte del Cómic tiene exposición y venta de originales de uno de los tebeos del año: el ‘Sentient’ de Jeff Lemire y nuestro Gabriel Hernández Walta.

A estas alturas, todos sabemos —o deberíamos saber— que nuestro paisano Gabriel, cuyo estudio está en el Realejo granadino, es uno de los mejores dibujantes del mundo. Y punto. Que no (solo) lo digo yo, ojo. Que lo dicen y lo acreditan sus dos premios Eisner, los más prestigiosos del cómic internacional, otorgados en la Comic Con de San Diego.

Antes de escribir esta columna he vuelto a leer ‘Sentient’. ¡Qué maravilla! ¡Qué obra de arte! ¡Qué joya! Si le gustan los cómics, no tengo que recomendársela. Si no es usted aficionado, aparque cualquier recelo y vaya de cabeza a la librería más cercana. No le contaré nada sobre el argumento. Solo que la acción transcurre en una nave espacial y que la Inteligencia Artificial adquiere un gran protagonismo.

Hace unas semanas, caminando por su barrio, me di de bruces con Gabriel. Y no pude —ni quise— evitar la pregunta: ¿cómo afrontaste desde el punto de vista artístico la creación de una Inteligencia Artificial? Lo que me contó me dejó tan anonadado que, sobre la marcha, pensé en juntarle con Francisco Herrera, catedrático del departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la UGR y recién referenciado por la Universidad de Stanford como uno de los investigadores cuyo trabajo más ha sido citado en el último año.

En la próxima edición del festival Gravite, entre el 15 y el 20 de junio, vamos a reunir a estos dos titanes para que nos hablen de Inteligencia Artificial, cada uno desde su óptica profesional. De estética y también de ética. Pero, insisto: lean ‘Sentient’. Es tan fantástico que acabo de cerrar la compra de una de sus páginas originales en El Arte del Cómic. ¡Y estoy entusiasmado! (AQUÍ, la galería de imágenes de Hernández Walta expuestas y a la venta).

Jesús Lens

Un soberbio cómic artefacto

Los libros muy buenos, los excelentes y significativos de verdad, también se dividen en dos clases. Por una parte, están los que te conmueven y te remueven. Los que te tocan la fibra sensible y te dejan cavilando. Los que te hacen correr a las redes para recomendar su lectura. Los que regalas a las amistades una y otra vez. Me acaba de pasar, por ejemplo, con ‘Catedrales’, de Claudia Piñeiro.

Y luego están los libros que, además de conmoverte y removerte, te mueven. Te empujan. Te llevan a hacer cosas. Libros tan deslumbrantes que te invitan a viajar, por ejemplo. Que al abrirte la mente, te conducen a nuevas y diferentes lecturas. Que cambian tu forma de ver las cosas. Que te llevan a hacer cambios en tu vida, por sencillos e intrascendentes que parezcan. ‘Warburg & Beach’ es de uno de estos.

Me cuesta definir el artefacto alumbrado por el talento de Jorge Carrión y Javier Olivares, recién publicado por Salamandra Graphic, como cómic. Y no porque tenga nada en contra del noveno arte o me parezca algo menor, que ya saben ustedes de mi pasión por los tebeos.

En formato acordeón, ‘Warburg & Beach’ se puede leer de principio a final o de final a principio. Se puede leer como una historia doblemente lineal, por supuesto, pero pide a voces desplegarse en toda su inmensidad para gozar de su enorme caudal de posibilidades gráficas y narrativas. Lo que han hecho Carrión y Olivares es un tour de force en el que la labor de edición de Catalina Mejía resulta especialmente reseñable.

Estamos ante un collage narrativo en el que se cuenta la vida y la obra de la librera Sylvia Beach y del historiador alemán Aby Wargur, conocido por haber alumbrado una de las bibliotecas personales más singulares de la historia. Se trata de un encendido homenaje a dos prescriptores literarios cuya magna obra no está constituida por lo que escribieron o pintaron, sino por lo que hicieron con y en torno a los libros: crear espacios míticos en los que pasaban cosas. Puntos de encuentro, diálogo, reflexión, diversión y descubrimiento en torno a la literatura.

Tengo curiosidad por saber qué harán con este artefacto tan especial nuestras librerías especializadas en cómics, de Picasso y Subterránea a Dune, Flash o Cómic Stores. ¿Dejarán ejemplares abiertos para que la clientela los manipule a su antojo, desplegando el atlas de mitología literaria que atesoran? Ojalá que sí.

Jesús Lens

‘Adictos al crimen’, un nuevo club de lectura

Aunque vivimos tiempos inciertos y no se lleva lo de hacer planes o poner en marcha nuevos proyectos con visos de continuidad y perdurabilidad en el futuro, con la llegada de 2021 arrancamos un nuevo Club de Lectura en Granada Noir, junto a la librería Picasso y los diferentes sellos editoriales del grupo Penguin Random House Mondadori.

Lo hemos llamado ‘Adictos al crimen’ y, como les decía, empezamos este mismo mes, leyendo a Benjamín Prado y su novela ‘Todo lo carga el diablo’, publicada por Alfaguara. Se trata de una nueva entrega de la saga protagonizada por Juan Urbano que, en esta ocasión, investiga las vidas de tres mujeres deportistas de la II República.

Juan Urbano es un detective muy peculiar dado que su profesión real es… profesor de instituto. Y escritor vocacional. A lo largo de cinco entregas, Benjamín Prado nos ha ido contando sus diferentes casos, habiéndoselas visto con ladrones de niños y con espías de diferentes pelaje, por ejemplo.

También reputado poeta, recuerdo a Benjamín Prado, ataviado con un sombrero que le asemejaba a un tahúr del Mississippi, en una actuación del grupo Pereza. ¿Pudo ser en el marco del Festival de Poesía de Granada? Juraría que sí. En el Parque Federico García Lorca, en un concierto, rodeados de gente. ¡Qué tiempos!

En principio, y mientras La Cosa siga mal, no nos podremos reunir cara a cara en la propia librería Picasso, que es lo que nos pide el cuerpo. Lo haremos a través de alguna plataforma. ¡Qué remedio! Así es la lectura en los tiempos del Zoom. La lectura compartida, quiero decir. Porque si leer es una actividad solitaria por naturaleza, nada más placentero que juntarse para comentar el libro o el cómic de turno.

Hace unos días, por ejemplo, estuvimos cerca de hora y media hablando de ‘Ave del paraíso’, de Joyce Carol Oates, galardonada este año con Premio Pepe Carvalho de BCNegra 2021. Y hubiéramos seguido dándole a la lengua si la plataforma no nos hubiera echado… por segunda vez.

En ‘Adictos al crimen’ vamos a leer a autores y autoras nacionales y extranjeros. Después de disfrutar de la narrativa de Prado nos trasladaremos nada menos que a Calcuta de la mano del autor hindú Abir Mukherjee. Ahora que viajar al extranjero es una quimera, nada como el cine y la literatura para trasladarnos lejos y conocer otros países, otras culturas. Si les apetece conocer más sobre ‘Adictos al crimen’, contacten conmigo a través de jesus.lens@gmail.com

Terminamos esta entrega de la sección semanal dedicada a la cultura negra y criminal recomendando la lectura de un tebeo: ‘Tórax 1975’, de Pablo Lara y Jaime Martínez, recién publicado por Evolution Cómics. Mientras Franco agoniza, a un policía novato recién llegado a Tarrasa le toca investigar un caso que todo el mundo quiere cerrar demasiado rápido. Un caso que le llevará a un lugar muy peculiar: el sanatorio para enfermos de tuberculosis de la localidad, popularmente conocido como Hospital del Tórax.

A camino entre el noir de manual y el género fantástico-terrorífico, ‘Tórax 1975’ surge de la fértil imaginación de Pablo Lara, coguionista de ‘El Ministerio del Tiempo’. Como él mismo cuenta, la idea era hacer una serie de tres temporadas. Cada una contaría la investigación de un caso. Esta habría sido la primera. De momento, es un cómic. ¿Con hechuras de storyboard? Veremos.

Me lo he pasado en grande con un cómic en que el dibujo de Jaime Martínez responde perfectamente a una narración repleta de sorpresas y de giros de guion, con un protagonista carismático que pide a voces continuar con sus aventuras.

Jesús Lens