NO ES PAÍS PARA VIEJOS

Debería haber leído “No es país para viejos” (Ed. Mondadori) antes. El grupo de lectura que tenemos montado en NOVELPOL había seleccionado la novela para ser leída y comentada a la vuelta de año nuevo, pero no me dio tiempo. Y aquí estamos. Cuando faltan apenas tres días para que la versión cinematográfica de la obra de Cormac McCarthy llegue a las pantallas, queremos hablar de una novela a la que le valen multitud de calificativos: excelente, fría, rara, extraordinaria, desasosegante, compleja, ágil, evocadora, sensorial, inquietante, peculiar…

Es verdad que el hecho de saber que uno de los protagonistas de la novela ha sido interpretado en la película por Javier Bardem, ese prodigioso centauro, desatada fuerza de la naturaleza, condiciona la lectura. Porque le pones cara al cabronazo de Anton Chigurh. Y menuda cara. Desde que se hizo público el cartel de la película, con la efigie de Bardem insinuada a todo lo largo y lo ancho de la misma, estoy deseando ver qué han hecho los hermanos Coen con el personalísimo universo y los singulares personajes de McCarthy, un escritor con nombre de senador, cazador de brujas, que tiene un estilo absolutamente personal e intransferible.


Nuestro querido Andreu Martín suele decir que no le gusta McCarthy, pero inmediatamente transcribe algunas sentenciosas perlas, extraídas de su voluminosa bibliografía.

A mí, que sí me ha gustado mucho mi bautismo de fuego en la obra mccarthysta, me han encantado, especialmente, tres perlas de “No es país para viejos”:

“Ni siquiera me has preguntado a dónde voy, dijo.
Sé adónde vas.
Entonces dilo.
De camino.
Eso no es una respuesta.
Es más que una respuesta.”

“Te apuntas a un viaje y probablemente crees tener cierta idea de cuál es el destino de ese viaje. Pero podrías no tenerla”

“Hay dos clases de personas que no hacen muchas preguntas. Unos son demasiado tontos y los otros no necesitan hacerlas.”

Estaremos de acuerdo en que el estilo de McCarthy no es precisamente vulgar ¿verdad?… Se trata de un autor que escribe sobre la vida en la frontera, sobre personajes al margen, sobre paisajes inhóspitos. Y escribe sobre la violencia del mundo contemporáneo. Una violencia extrema que, en la mayor parte de los casos, no tiene sentido. O sí. Depende de cómo se mire.


Además, no es una violencia paroxística, al estilo de Rambo & Co. Ardo en deseos de ver cómo han resuelto los Coen algunas de las situaciones que plantea la novela, pero seguro que lo han hecho bien. Sin pirotecnias ni fuegos de artificio. Porque la violencia de “No es país para viejos” es seca, áspera, dura. Como si te obligaran a lamer con la lengua el asfalto de una carretera achicharrada por el ardiente sol de mediodía.

El autor, Cormac McCarthy

Y el fatalismo. Sus personajes actúan como los de la célebre historia de la rana y el escorpión que le pide a aquélla que le ayude a cruzar el río: en base a su naturaleza. Así, Moss sería la rana y Chigurh, el escorpión. El sheriff Bell, por su parte, sería el narrador de la historia, un personaje en quien Bob Dylan podría haberse inspirado para escribir su célebre “The times they’re changing”.

Javier Bardem, caracterizado como Chigurh

“No es país para viejos” es, por tanto, una extraordinaria novela de muchas lecturas entre cuyas bondades es necesario destacar dos, por encima de todas: te deja una inaplazable necesidad de ver la película de los Coen y, además, te obliga a tirarte a la librería más cercana, a comprar más novelas de McCarthy.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

MEDIO SOL AMARILLO

En el autobús para Madrid o, después, en la T4, mientras esperábamos el avión que nos llevaría a Casablanca y al Malí; algunas personas miraban con cierta curiosidad el libro que estaba leyendo, no en vano, las más de quinientas páginas que conforman “Medio sol amarillo”, resultan ser un tochaco de cuidado. Además, el color lógicamente amarillo de la edición de Mondadori, hace que el libro resulte aún más vistoso y llamativo.

Cuando viajo, me gusta fijarme en los libros de que la gente se acompaña para amenizar su periplo. En la época gloriosa de Dan Brown, era terrible. El tío lo monopolizaba absolutamente todo. En este arranque de 2008 había más variedad. Se veía mucho “La bodega” de Noah Gordon, por ejemplo. Y el odioso y colérico día de Pérez Reverte. Pero no me encontré a nadie que leyera, por su puesto, este extraordinario libro de Chimamanda Ngozi Adichie, ahí es nada.

Igual que en la cuestión cinematográfica es fácil encontrar contertulios que ven las mismas películas que uno, con los libros es más difícil ponernos de acuerdo, apenas nos salimos del Top Ten de ventas, que son setenta mil, o casi, los títulos que se editan en castellano… cada año. Es jodida la cosa. Imaginemos que somos Super Reader Man y nos cepillamos un libro al día. 365. Este año, 366. Pongamos que dejamos de dormir. Dos al día. 720. Este año, 722. Además, dejamos de comer y de hablar con los amigos… pongamos 1.000 libros al año. No llegamos ¿verdad? Es que ni nos acercamos…
Así las cosas, ¿cómo decidir qué libro leer? ¿Cómo optar, en una librería, por llevarnos la última novela de la tal Chimamanda ésa? ¿Por qué? ¿Para qué?

En primer lugar, porque la prosa de esta jovencísima escritora africana es cálida, rica y feraz. Ya lo anunció el sueco Henning Mankell el pasado año en Barcelona: el silencio de la noche africana se ve roto con el teclear de miles de dedos que, volcados sobre las máquinas de escribir y los ordenadores, están contando las historias que darán lugar a una explosión de creatividad en un futuro muy cercano. Un nuevo realismo mágico africano que ya empieza a llegarnos.

Efectivamente, “Medio sol amarillo” es una novela río que cuenta los avatares de varios personajes en los complicadísimos años setenta nigerianos. Personajes que se relacionan a través de vínculos familiares, que se aman, se pelean, se esquivan, se encuentran y se separan. Y todo ello en un contexto social, político y económico singular.
A las personas de mi quita, sus padres, a buen seguro, alguna vez les harían referencia a los niños de Biafra. ¿Verdad o mentira? Biafra. Sinónimo de hambre, miseria y muerte. ¿Qué fue Biafra? ¿Quiénes fueron los niños biafreños? Pues precisamente de eso va “Medio sol amarillo”: del despertar de África, de las ilusiones de sus clases medias ilustradas y de su pesadillesco final. De las guerras de religión. De las guerras interétnicas. De la colonización y la descolonización. De la corrupción de sus dirigentes. De los Hausa y los Igbo…

Y de cómo, todas las grandes decisiones políticas, afectan a las personas. Porque la grandeza de esta novela es que los muchos personajes principales y secundarios que la protagonizan están excepcionalmente bien trazados. Su lenguaje, su forma de comportarse, sus grandezas y sus miserias los hacen humanos. Tremendamente humanos.

A través de una prosa cadenciosa y fluida, acompañamos a todos ellos a través de pueblos, ciudades y aldeas. Unos son ricos. Otros, pobres. Unos son civiles. Otros militares. Unos son negros, otro (sólo uno) es blanco. Y la dialéctica entre ellos, sus anhelos, sus esperanzas, el choque con la realidad… todo ello termina de construir un tapiz, un fresco excepcional sobre una decena de años en la historia de un país que, leído desde la España del siglo XXI, puede parecer anacrónico y lejano. Pero no lo es. Porque, como escribió el Jefe Indio Noah Sealth, todos somos hijos de la tierra.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.