RAZONES PARA IR A SENEGAL (Y A ÁFRICA EN GENERAL): NIÑOS

Para hablar del Senegal, vamos a hacer una sucesión de entradas con algunas fotos cada una, que nos sirvan para mostrar cosas de ese país y, por extensión, del continente africano en general.

El epígrafe será éste: “Razones para ir a Senegal (y a África en general)”

Y la primera entrega está dedicada a los niños.

En África, los niños sonríen desaforadamente, sin mesura ni control. Las sonrisas de los críos son como los amaneceres: resplandecientes, alegres y luminosas. Ver las caras de felicidad de estos chavales, que tan pocas razones tendrían para ser felices, según nuestros estándares, no tiene precio.

En este viaje a Senegal, hemos ido a algunas escuelas, a dejarles material escolar, gorras y caramelos. Y las reacciones de los niños han sido siempre cordiales y festivas. En concreto, este chaval estaba feliz de intercambiar saludos en árabe con Sacai, aplicándose en sus tareas escolares para demostrar que eran merecedores de las libretas, los bolis y los rotuladores que les entregábamos.


O estos otros, atendiendo a Pepe, tan buen maestro como mejor persona.

En una de las escuelas, se montó una fiesta con ocasión de nuestra llegada. Con un tambor y un bidón, un grupo de mujeres organizó una jarana de aquí te espero, lo que fue aprovechado por todos para echarnos unos bailes y unas risas.


El fútbol es la religión universal que a todos nos iguala. África entera juega al fútbol, de los más grandes a los más chicos. Otro motivo más para la alegría y el jolgorio.

Y MagoMigue, provocando la sorpresa y la hilaridad de las niñas, que no entendían cómo aquello que veían sus ojos era posible.

Jesús Lens, fotógrafo (para lo bueno y para lo malo)
CONTINUARÁ

LOS FALSIFICADORES

Quien piense que sobre los nazis, los judíos y los campos de concentración ya está todo dicho, se equivoca. Y “Los falsificadores”, la película ganadora del Óscar a la mejor producción extranjera de este año, así lo atestigua.


Se trata de una película sencilla y amable, que no complaciente, en que se cuenta una historia muy sencilla: los nazis, en su táctica de guerra, decide crear un grupo de falsificadores de moneda que, inundando el mercado de libras y dólares falsos, ponga en jaque el sistema financiero de los aliados.


Y para ello, nada mejor que juntar en el barracón de un campo de concentración a los más reputados profesionales del ramo de la impresión de billetes, los que, paradójicamente, eran todos judíos.

La película se basa en las relaciones que se establecen entre presos y carceleros y, sobre todo, entre los propios judíos confinados en el campo. Porque a aquéllos, por hacer bien su trabajo, se les trataba a cuerpo de rey… teniendo en cuenta que los carceleros eran nazis y los presos eran judíos recluidos en uno de aquellos siniestros reductos de muerte y destrucción.

¿Dónde reside el drama? Pues en que si los presos consiguen obtener una falsificación perfecta del dólar contribuirán con los nazis a que ganen la guerra. Pero si no lo consiguen, los irán matando, uno a uno y de forma inclemente. ¿Qué hacer? ¿Sobrevivir a costa de la muerte de miles de soldados o dejarse aniquilar como cucarachas?

En esa dialéctica, que tanto nos recuerda a “El puente sobre el Río Kwai”, transcurre el meollo de la película. Porque el protagonista, además de sobrevivir, quiere conseguir esa falsificación perfecta de la moneda más difícil: el dólar americano, a modo de consagración artística, personal y profesional.

La dirección de Stefan Ruzowitzky es muy ajustada, sin excusas para el sentimentalismo o la manipulación de las emociones. Las interpretaciones son soberbias – no en vano, el protagonista fue galardonado con el Premio al Mejor Actor de la Seminci de Valladolid del pasado año – y, en general, la película deja un excelente sabor de boca.

Sin embargo, apenas se habla de ella y su Óscar ha pasado casi completamente desapercibido. Y eso que, ahora, la cartelera está tiritando de frío. Misterios del Homus Cinematográficus Contemporáneus.

Valoración: 6,5

Lo mejor: Se trata de una película sencilla, corta y compacta, basada en hechos reales, con una historia de lo más interesante.


Lo peor: Que esté pasando inadvertida.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.