Si los hijos no conocen la frustración, no maduran y habrá que elevar la mayoría de edad a los 30 o 40 años

 

Foto. Alejandro Vargas.

Buenas, soy Emilio Calatayud. Vivimos en una sociedad desconcertante. El camino más directo para que un hijo se convierta en un adulto maduro y razonable es ponerle límites, enseñarle a ganar y a perder (y a empatar), acompañarlo cuando esté frustrado -porque tiene que conocer la frustración- y cuando logre un éxito para que no se le suba a la cabeza, etc. En lugar de eso, existe una tendencia de los padres a la sobreprotección, a meterlos en una cápsula en la que no entren los problemas, un sitio en el que solo haya derechos y ninguna obligación. Con este último método lo normal es que la infancia y la adolescencia se alarguen hasta el infinito y más allá. Al paso que vamos, tendremos que elevar la mayoría de edad a los 30 o 40 años. Y los jueces de Menores nos jubilaremos a los 80…

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