{"id":1795,"date":"2011-06-21T12:38:43","date_gmt":"2011-06-21T10:38:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.granadablogs.com\/juanvida\/?p=1795"},"modified":"2011-06-21T12:38:43","modified_gmt":"2011-06-21T10:38:43","slug":"la-colcha-china","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granadablogs.com\/juanvida\/2011\/06\/la-colcha-china\/","title":{"rendered":"LA COLCHA CHINA"},"content":{"rendered":"<p>Pepa Merlo es, sin duda, una de las personas a la que mi hija le tiene m\u00e1s ley. Desde muy peque\u00f1a se siente fascinada por sus historias y por los efectos especiales que despliega cuando las cuenta. Pero Pepa Merlo es, sin duda tambi\u00e9n, uno de los \u00faltimos descubrimientos literarios. Por esto, y por muchas cosas m\u00e1s, quise que su palabra estuviera presente en el cat\u00e1logo de \u201cUn cuento chino\u201d. Este es su relato:<\/p>\n<p align=\"right\">.<\/p>\n<p>PEPA MERLO<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">.<\/p>\n<p>Se necesitaban dos mujeres para extender la colcha sobre aquella cama gigantesca. Antes hab\u00edan sacudido con fuerza y mullido, hasta devolverle de nuevo su forma, los tres colchones de lana que hac\u00edan inaccesible para un ni\u00f1o la escalada. Despu\u00e9s, dejando los postigos entreabiertos, echaban las cortinas y la penumbra envolv\u00eda el cuarto. Por la ranura de la puerta pod\u00edan verse reverberar los hilos dorados. Como en un ritual, guardaban la ropa de invierno y rescataban del arc\u00f3n la de verano, vest\u00edan la cama con la colcha china y el tiempo y el mundo se transformaban. Entonces los ni\u00f1os ten\u00edamos prohibido trepar y saltar en la cama.<\/p>\n<p>La magia del universo estaba en aquellas peque\u00f1as barcas de bamb\u00fa que, con sus farolillos, cruzaban lentas bajo un arco de madera. En una de ellas hab\u00eda un pescador. Estaba apoyado en una espadilla de grandes dimensiones que hund\u00eda en el agua para desplazarse y hasta pod\u00eda vislumbrarse el bamboleo de las luces colgantes. Bajo un sombrero c\u00f3nico de paja, asomaba el cabello largo y blanco de su barba. Frente a \u00e9l, un jard\u00edn inmenso ascend\u00eda por la ladera de un monte cuya c\u00faspide la coronaba un edificio palaciego. Un p\u00e1jaro peque\u00f1o reposaba en la rama de un \u00e1rbol no demasiado frondoso. El pico abierto y la cabeza ligeramente elevada, simulaba el movimiento del cuerpo con el trino. Sobre las tablas de un peque\u00f1o puente, una mujer caminaba de espaldas al lago y, aunque no hab\u00eda ninguna se\u00f1al, yo sab\u00eda que era la emperatriz.<\/p>\n<p>Fueron capaces de elaborar el escenario del ed\u00e9n tramando hilos de seda policromados. Decenas de cuadrados que repet\u00edan una y otra vez la misma secuencia. Fascinada por aquellas im\u00e1genes, abr\u00eda con sigilo la puerta del cuarto, arrimaba el reclinatorio hasta un lateral de la cama y lo usaba como escalera. All\u00ed subida, con los pies sobre la xilograf\u00eda que formaba las iniciales de mi madre, permanec\u00eda horas contemplando e imaginando el mundo que se narraba en intensos colores. Luego, a\u00f1os despu\u00e9s, alguien me regal\u00f3 un cuento: El ruise\u00f1or de Hans Christian Andersen y, para mi sorpresa, reconoc\u00ed en las ilustraciones el jard\u00edn del Emperador, la avecilla irisada que es reemplazada cruelmente por un p\u00e1jaro mec\u00e1nico y gordo con incrustaciones de piedras preciosas. A las im\u00e1genes, se un\u00edan entonces las palabras que llegaban para enriquecer mi para\u00edso propio.<\/p>\n<p>Ahora, que la edad de la infancia qued\u00f3 lejos, que mi abuela ya no est\u00e1, que desapareci\u00f3 su casa, su cuarto, la colcha china y mi cuento, se presenta esta colecci\u00f3n de cuadros de Juan Vida para devolverme al el\u00edseo, convirtiendo los lienzos en tapices de seda. Y ah\u00ed est\u00e1n perfectamente narrados y pintados al detalle los paisajes y los personajes del cuento oriental con todos sus elementos. Una historia de cambio, de miedo e incertidumbre pero, como no pod\u00eda ser de otro modo, con final feliz. La emperatriz de gesto altivo y majestuoso, el drag\u00f3n encarnado en la imagen del perro de presa, un dogo argentino, que aparece huyendo siempre, frente al perrito que gu\u00eda y protege y permanece quieto junto a la ni\u00f1a. El Yin y el Yang. Las monta\u00f1as del valle de Lijiang representadas sutiles y entre una niebla de ensue\u00f1o con su palacio inaccesible en la cumbre, y que, sin embargo, en la realidad parecen extra\u00f1os personajes que se incorporan y se desprenden, como de una zamarra, del letargo de los siglos. El p\u00e1jaro de mil colores cuya presencia fundamental acompa\u00f1a a la figura de la ni\u00f1a. Es como el ruise\u00f1or, el toque de alegr\u00eda y de seguridad. El circo chino, con su gran carpa y sus equilibristas.<\/p>\n<p>Toda la imaginer\u00eda posible de un occidental sobre la cultura oriental, construida con fuertes pinceladas que ocultan animales atigrados caminando vencidos y con la cabeza gacha, figuras difuminadas bajo el rojo de la bandera local. La utilizaci\u00f3n de intensos azules, granates, rojos, dorados, el verde fulgente y el gris tenue de la niebla, en definitiva, con colores que nos seducen y van predisponiendo el \u00e1nimo para la narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1n, se\u00f1ores, magistralmente unidas: la imagen perfecta, la palabra exacta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pepa Merlo es, sin duda, una de las personas a la que mi hija le tiene m\u00e1s ley. Desde muy peque\u00f1a se siente fascinada por sus historias y por los efectos especiales que despliega cuando las cuenta. Pero Pepa Merlo es, sin duda tambi\u00e9n, uno de los \u00faltimos descubrimientos literarios. 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