{"id":1715,"date":"2011-05-07T18:58:41","date_gmt":"2011-05-07T16:58:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.granadablogs.com\/juanvida\/?p=1715"},"modified":"2011-05-08T09:45:20","modified_gmt":"2011-05-08T07:45:20","slug":"un-chino-cuenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granadablogs.com\/juanvida\/2011\/05\/un-chino-cuenta\/","title":{"rendered":"UN CHINO CUENTA"},"content":{"rendered":"<p>El segundo texto que aparece en el cat\u00e1logo de \u201cUn cuento chino\u201d sali\u00f3 de la cabeza prodigiosa y tocad\u00edsima de Alejandro V\u00edctor Garc\u00eda. Mi intenci\u00f3n era que participaran en el cat\u00e1logo todos aquellos que de alguna forma hab\u00edan vivido el proceso de adopci\u00f3n cerca de nosotros. Alejandro es uno de esos amigos que junto a camareros, sastres, cantantes, pintores, poetas, m\u00e9dicos, hijos de amigos y esposas de camaradas, vivi\u00f3 con nosotros los meses que precedieron al viaje a China.<\/p>\n<p>Este es su cuento:<\/p>\n<p><strong> UN CHINO CUENTA<\/strong><\/p>\n<p>\u201cDejaos de cuentos chinos\u201d, dijo el hombre chino. \u201cNo existen. S\u00f3lo hay una historia inacabable que transcurre en una regi\u00f3n mental a la que llaman China. Las infinitas vicisitudes del relato no son propiamente cuentos chinos sino partes de un todo formidable (y chino). Hay muchos chinos dentro de ese cuento. Pero adem\u00e1s de todos los orientales que vivimos en \u00e9l tambi\u00e9n hay occidentales que aspiran, como el Equilibrista, a convertirse en chinos y contar f\u00e1bulas que quisieran ser chinas, es decir, finas, transl\u00facidas y sentimentales como la cer\u00e1mica. O se ponen chinas en los zapatos para cultivar rozaduras como si fueran martirios chinos. \u00bfCalzan las chinas chinelas? Casi nunca. Hay mucha confusi\u00f3n, pero todo es parte del mismo cuento. Abundan los fantasmas chinos que hacen apariciones chinas y asustan a la gente, que tiembla con el delicado estremecimiento de un flan mandar\u00edn. Todo esto ha contribuido a que cualquiera se sienta capacitado para escribir historias chinas sin ser leg\u00edtimamente chino, quiz\u00e1 porque todos aspiran a ser un poco chinos (amarillos, quiero decir) o formar parte de su historia vertebral\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEsta es la verdad\u201d, dijo con severidad el hombre. \u201cMucho antes de que el Equilibrista del cuento chino y su mujer vinieran a China y cruzaran su mirada en los bosques de Nanning con un macaco, que era un esp\u00eda menor disfrazado de bestia, hab\u00eda empezado el cuento chino. Para llegar al cap\u00edtulo en que Coral se llama Coral, para que sus pies menudos pesaran sobre el mundo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo. Por supuesto solsticios, equinoccios, paisajes lentos y dolorosos. Estamos hablando de hace 3.500 a\u00f1os, de la herencia de los Tres Augustos (Fuxi, Nuwa y Shenoonh) y de los cinco emperadores (el Amarillo, Zhuanxu, Diku, Tangyao y Yushun). Ah\u00ed est\u00e1 el origen del cuento. Tampoco hay que olvidar a las grandes dinast\u00edas, las que inventaron los carros de guerra tirados por caballos, las que se alzaron en armas para inventar el sistema de escritura shang. Las que idearon la lengua manch\u00fa y abrieron el comercio de la plata a Am\u00e9rica y Filipinas. Han, Jin, Sui, Tang, Song, Yuan, Ming, Qing. Y entre medias el concurso de mucha gente, millones y millones, que a\u00f1adi\u00f3 su \u00ednfima andanza personal para que el cuento chino tomara ese y no otro derrotero. Tuvieron que sucederse generaciones, imperios, revoluciones y satrap\u00edas; matrimonios, rupturas, adulterios y muertes repentinas. Marco Polo tuvo que escribir su Libro de las Maravillas. Y Henri Michaux, la historia del b\u00e1rbaro en Asia. Y el americano David Kidd contraer matrimonio con la \u00faltima arist\u00f3crata antes de la revoluci\u00f3n comunista. Y que viniera Mao, el terror, el Gran Salto Adelante y la masacre de la plaza de Tiananmen. Un cuento a veces maravilloso, tedioso otras y tambi\u00e9n con cap\u00edtulos sangrientos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cTodo para que un d\u00eda\u201d, dijo suspirando el hombre, \u201cnaciera por fin Coral en el valle de Lijiang, la noche m\u00e1s corta del a\u00f1o 4702, y el Equilibrista sintiera una se\u00f1al en el est\u00f3mago (en realidad fue en la vejiga) y dejara su valle remot\u00edsimo y emprendiera con su esposa un largu\u00edsimo viaje a un pa\u00eds enorme de cerca de diez millones de kil\u00f3metros cuadrados y eligiera entre tanto campo abierto, pensando que sus pasos los reg\u00eda el azar y no la predestinaci\u00f3n de la historia, una cuenca diminuta, y entre 1.300 millones de habitantes una sola ni\u00f1a china que ser\u00eda Coral y luego Julia. Cuando hubo culminado la proeza (el viaje milenario de su carne) y tomado a la ni\u00f1a de la mano emprendieron el regreso a otro valle donde otros muchos aguardaban sin conciencia de esperar (trepando tambi\u00e9n cada uno por sus siglos y sus huesos hacia ese destino) la llegada de la pareja con la ni\u00f1a. Esperaban camareros, sastres, cantantes, pintores, poetas, m\u00e9dicos, hijos de amigos, esposas de camaradas. Esperaban la confluencia del cuento chino con ellos mismos. Con ellos, con sus corazones, con su sentido del tacto, con sus hijos, y los hijos de sus hijos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEn un rinc\u00f3n del estudio esperaban tambi\u00e9n impacientes las tablas y los lienzos. Esperaban m\u00e1s que a Coral o a Julia a su silueta. Y a la silueta del macaco y la tierna paleta de los colores que impregna a la ni\u00f1a que hace equilibrios sobre un bal\u00f3n con estrellas que parece el cielo de la infancia. Todos esperaban, incluida la lluvia, la llegada de la ni\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>\u201cS\u00f3lo se escribe un cuento chino\u201d, a\u00f1adi\u00f3 el hombre cono tono profesoral, \u201ccuando se est\u00e1 convencido de que la historia por fin ha acabado, la peripecia concluida y cada uno en su lugar, ejerciendo el papel que le ha sido reservado en la trama de ese pasaje parcial de la gran historia. Entonces se dice o se pinta el cuento. Pero es otro error, porque el cuento chino sigue, no se detiene. Busca los r\u00e1pidos del r\u00edo, los grandes saltos de agua. Y lleva (nos lleva) a Coral, a todos, tira de nosotros. Y una vez en las entra\u00f1as del cuento ya no puedes volver atr\u00e1s porque el cuentos sigue, nos empuja con su aullido interminable. Hasta el jard\u00edn o hacia los despe\u00f1aderos. Y la historia parece que no acabara nunca\u201d.<\/p>\n<p>ALEJANDRO V\u00cdCTOR GARC\u00cdA<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El segundo texto que aparece en el cat\u00e1logo de \u201cUn cuento chino\u201d sali\u00f3 de la cabeza prodigiosa y tocad\u00edsima de Alejandro V\u00edctor Garc\u00eda. Mi intenci\u00f3n era que participaran en el cat\u00e1logo todos aquellos que de alguna forma hab\u00edan vivido el proceso de adopci\u00f3n cerca de nosotros. 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