{"id":1016,"date":"2009-09-04T18:06:07","date_gmt":"2009-09-04T16:06:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.granadablogs.com\/juanvida\/?p=1016"},"modified":"2009-09-04T18:08:00","modified_gmt":"2009-09-04T16:08:00","slug":"erotismo-en-el-taller","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.granadablogs.com\/juanvida\/2009\/09\/erotismo-en-el-taller\/","title":{"rendered":"Erotismo en el taller"},"content":{"rendered":"<p>Excepto algunas obras de asunto mitol\u00f3gico y religioso por las que subyace un abundante caudal sensual, y las de intenci\u00f3n abiertamente provocadora, la pintura er\u00f3tica se caracteriza por ser ensimismada y confidencial, y estar destinada a no trascender el \u00e1mbito privado del taller. Dir\u00edamos que se trata de un ejercicio psicoanal\u00edtico que sucede sobre el div\u00e1n aut\u00f3nomo del cuadro.<\/p>\n<p>Simplificando, se podr\u00eda decir que lo er\u00f3tico es consecuencia de la sublimaci\u00f3n de los tab\u00faes sexuales que la moral civilizada ha construido a lo largo de la historia, dando lugar al repertorio fetichista en el que, tomando la parte por el todo, cualquier objeto puede devenir en objeto de deseo: un zapato, una corbata, el Auriga de Delfos\u2026 No obstante, conviene indicar que la eficacia del mensaje er\u00f3tico no depende tanto de la intenci\u00f3n del artista, como de su acierto al convocar las claves que activan los resortes er\u00f3ticos del espectador. Ni todos los faros que se yerguen entre la espuma de los acantilados son la representaci\u00f3n sublimada del falo, ni todas las cuevas lo son del averno del que venimos y al que intentamos volver insistentemente.<\/p>\n<p>En el taller de litograf\u00eda de Clot, Bramsans &amp; Georgs, en la parisina calle <em>Vielle du Temple<\/em>, encontr\u00e9 un <em>bon \u00e0 tirer<\/em> de la colecci\u00f3n de dibujos er\u00f3ticos que Rodin realiz\u00f3 en su edad madura. La serie fue recibida en su d\u00eda como una indecente obscenidad, lo cual no fue \u00f3bice para que se popularizara en exquisitas estampaciones litogr\u00e1ficas. Repasando los t\u00edtulos de los dibujos resulta curioso el empe\u00f1o que el autor puso en maquillar la pasi\u00f3n que destilan, asign\u00e1ndoles nombres tan forzadamente as\u00e9pticos como <em>Femme nue sur le dos, de face, une main au sexe et les jambes \u00e9cart\u00e9es<\/em>.<\/p>\n<p>A pesar del esmerado aseo ling\u00fc\u00edstico de Rodin, la apasionada sensualidad que remiten deja entrever que en aquel estudio se viv\u00eda algo m\u00e1s que una estricta relaci\u00f3n laboral entre el artista y su modelo. Pasi\u00f3n que no s\u00f3lo se evidencia en la imagen representada, sino tambi\u00e9n en el descuido de aquellos elementos del cuerpo que menos importan en el discurso er\u00f3tico; en c\u00f3mo recorta las figuras para recomponerlas en una suerte de juego de mu\u00f1ecas; o en c\u00f3mo reincide con el l\u00e1piz y la tinta sobre las zonas er\u00f3genas en determinados dibujos. Este es el caso del titulado Jardin des supplices, en el que ha trazado una l\u00ednea roja vertical, un verdadero zarpazo, sobre el sexo de una adolescente a la que un clavo atraviesa un pie. Se trata de un ritual que transforma al dibujo en espacio de deseo sadomasoquista sobre el que el artista oficia una ceremonia emergida de su m\u00e1s oscura intimidad, no como sublimaci\u00f3n de otra realidad, sino como objeto de deseo en s\u00ed mismo considerado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Balthus el acto de pintar se convierte en una pr\u00e1ctica er\u00f3tica, y el cuadro en un verdadero espacio er\u00f3geno. En algunas de sus pinturas de adolescentes sesteantes y libidinosas, Balthus sigue un proceso constructivo que revela una perversi\u00f3n endiablada: ha pintado las prendas de vestir sobre los cuerpos de las j\u00f3venes a las que con anterioridad hab\u00eda representado desnudas. Otra vez el cuadro entendido como un juego de mu\u00f1ecas sobre las que se superponen bragas, calcetines, zapatos, blusa, carm\u00edn de labios&#8230; \u00c9ste proceso, a mi entender, es a\u00fan m\u00e1s er\u00f3ticamente perverso que el hecho de que las modelos fueran su hija y su sobrina, lo cual no hace m\u00e1s que a\u00f1adir adjetivos de asombro a la compleja personalidad del artista.<\/p>\n<p>Una vez convertido el cuadro en territorio de deseo puede ocurrir impunemente de todo: la desnudez de la maja, el beso del cisne, la mujer que se deja amordazar, el origen del mundo, la p\u00e9rdida de la inocencia&#8230; Sobre el cuadro se puede escupir, orinar o eyacular; se puede amar y se puede odiar; se puede descender al infierno y se puede resucitar. La met\u00e1fora se ritualiza y las frustraciones se autoalimentan de su propia incapacidad de superaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cYo no pinto una mujer, pinto un cuadro\u201d, dijo en cierta ocasi\u00f3n Matisse. Pero a veces el artista interviene sobre la obra como desear\u00eda hacerlo sobre un cuerpo real, y reemplaza al objeto deseado por su representaci\u00f3n sublimada: el color que simula la sensualidad de una venus ante el espejo, o la piedra que recrea el cuerpo desnudo de un galo moribundo. El arista act\u00faa entonces como aquel respetable profesor que perdi\u00f3 la raz\u00f3n pintado las u\u00f1as de Lolita, y como el preso que, privado de\u00a0 contacto con el mundo exterior, imagina los signos de su libertad en forma de caballo desbocado y su pasi\u00f3n en forma de venus de exagerados atributos sexuales, hasta el \u00e9xtasis m\u00e1s solitario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Excepto algunas obras de asunto mitol\u00f3gico y religioso por las que subyace un abundante caudal sensual, y las de intenci\u00f3n abiertamente provocadora, la pintura er\u00f3tica se caracteriza por ser ensimismada y confidencial, y estar destinada a no trascender el \u00e1mbito privado del taller. 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