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Historia de un incendio. Arte y Revolución en los tiempos salvajes. De la Comuna de París al advenimiento del punk

Hace ya más de un siglo y medio que Karl Marx y Friedrich Engels escribieron el Manifiesto Comunista, cuya primera frase, «un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo», se fue materializando en los años siguientes hasta convertirse en la verificación de una realidad: la del impulso decidido del movimiento obrero revolucionario por destruir el nuevo régimen surgido de la Revolución Francesa, por hacer añicos el mundo burgués. Ese fantasma recorrió efectivamente Europa durante décadas, obligando a la burguesía a mostrar su verdadera cara, a desplegar toda su sangrienta maquinaria para devolverlo a las catacumbas de las que salió. Allí descansa esperando el momento en que pueda ser de nuevo conjurado.

Casi al mismo tiempo surgía otro movimiento, el romanticismo, que también trataba de socavar las bases de ese nuevo mundo, si bien su punto de arranque era otro distinto, el del arte. Pero su visión del arte implicaba una nueva concepción del mismo y de sus relaciones con la vida, tratando de emanciparse de su reducción a mercancía de consumo de la naciente burguesía. El romanticismo puede ser considerado con justicia la primera vanguardia artística. En la vida de sus grandes animadores, más incluso que en sus obras, encontramos las notas que animaron una sinfonía que ensordeció el mundo, la del arte revolucionario. La crítica del positivismo y de la razón utilitaria, la insumisión a las formas de vida burguesa y la búsqueda incansable de un reencantamiento del mundo están en la base de la mayoría de las vanguardias del siglo XX, que se esforzarán por desarrollar en toda su plenitud ese potencial, especialmente en el período de entreguerras.

Socialismo y arte revolucionarios inician pues un camino común, pero ese camino está lleno de bifurcaciones, de senderos que no llevan a ningún sitio, de atajos que en vez de acortar distancias las alargan hasta el infinito. Es ésta una relación compleja, problemática, llena de malentendidos, de desconfianzas mutuas, de oportunidades perdidas y, finalmente, de derrotas. Pero cuando ambos caminos se cruzan, formando una encrucijada, todas las posibilidades se abren de pronto, y un fogonazo hace temblar el mundo y el fuego ilumina la noche con una claridad que deslumbra. Así sucedió durante la Comuna de París. Cuando anarquistas y socialistas se encontraron, codo a codo en las barricadas, con pintores y poetas, unos y otros comprendieron que ya nada volvería a ser igual. Nada volvió a ser igual para Courbet después de participar en la demolición de la Columna Vendôme. Nada volvió a ser igual para el joven Rimbaud. Nada podía volver a ser igual para la poesía. Ninguna revolución puede ya concebirse sin poetas, mas no para cantar sus alabanzas, sino para participar activamente en la demolición de todas las columnas, de todos los muros.

«Transformar el mundo» (Marx) y «cambiar la vida» (Rimbaud). Cuando estas dos máximas se funden, cuando aquella dimensión materialista y socialista y aquella otra fundamentalmente romántica y poética de la vida alcanzan una efectiva relación de afinidad electiva, se abre una ventana a la utopía que nos muestra que todo es posible. Así lo entendieron los surrealistas y a ello consagraron todas sus fuerzas. Así ha sucedido en breves (pero radicalmente intensos) períodos históricos. ¿Y por qué no ha de ser posible aún hoy?

El rastreo de las impresiones que esa ventana abierta al infinito de lo posible ha dejado en la historia es la pretensión de Historia de un incendio. No es éste un libro más sobre las vanguardias artísticas, pues lejos de toda falsa objetividad académica y de todo intelectualismo autocastrante, hallamos en él una mirada cómplice, apasionada y lúcida, que indaga en el pasado pensando en el presente. A través de sus páginas asistimos a vertiginosos saltos en el tiempo y en el espacio que nos trasladan de la Comuna de París al mayo setentayochista, del París de los surrealistas a la Inglaterra de los Sex Pistols, todo ello sin provocar el vértigo de lector, porque, como pocos libros hacen, aquí se le concede al lector la dignidad que le ha sido arrebatada, la de interlocutor, la de sujeto activo. Así pues, esta historia no es una historia, sino muchas historias unidas por un hilo invisible, por una mirada dialéctica al pasado que hace efectiva la fórmula benjaminiana de dar «un salto de tigre hacia el pasado», salto que permite que el pasado ilumine, aunque sea fugazmente, este presente oscuro.

Historia de un incendio no es, por tanto, una guía de movimientos artísticos o un manual de historia; es una invitación a descubrir esa «dialéctica de la ebriedad» que nos habla de la posibilidad de una vida radicalmente distinta a la que nos obligan a llevar, es un arma cargada, presta a ser utilizada. De modo que nadie busque aquí arquelogía, de lo que se habla es de revolución y de utopía y éstas siguen vivas, aunque las hayan querido enterrar. Entre sus páginas quizás podamos encontrar alguna de las claves que nos permitan completar la fórmula mistérica que, cual Golem, haga revivir a los viejos fantasmas, dotándoles de savia nueva, para volver a agitar el miedo de la burguesía.

Historia de un incendio. Arte y Revolución en los tiempos salvajes. De la Comuna de París al advenimiento del punk.

Servando Rocha  Ed.La Felguera. 2006 ISBN 9788461109678

Extraido de Rebelión

Poder Freak. Una Crónica de la Contracultura. vol. 1.

Poder Freak es una trilogía que recorre, retrata y analiza las diferentes manifestaciones contraculturales que brotaron en la segunda mitad del s. XX, sus porqués, sus conexiones y su devenir en las sociedades que las acogieron. En este primer volumen se dan cita, entre otros, especímenes tales como: la Generación Beat de Kerouac, Ginsberg y Burroughs; los hipsters y el be-bop; los Hell’s Angels y otras bandas moteras; los mods y los rockers, los situacionistas con Guy Debord a la cabeza, los greasers americanos, quinquis españoles, blouson noirs y apaches franceses, teddy boys ingleses, raggares suecos y demás bandas juveniles descontroladas que vertieron sus dosis de caos por todo el mundo.

Jaime Gonzalo — Poder Freak. Una Crónica de la Contracultura. vol. 1. (Discos Crudos)

A la venta en Subterránea

“Se trata de evocar la capacidad de aterrorizar”

Entrevista de Ramón Calandria al escritor Servando Rocha

Servando Rocha acaba de publicar su primera novela. Agitación, propaganda, contracultura, subcultura… Este escritor lleva unos cuantos años buceando en la historia olvidada de Europa.

La historia de grupos como los situacionistas, King Mob, la Angry Brigade o los estadounidenses Motherfuckers, forman parte del rastreo que la sociedad secreta La Felguera, a.k.a. editorial, está haciendo de la cultura marginada de Occidente. Servando Rocha, integrante de La Felguera, acaba de publicar la novela Mirad a vuestros verdugos, que recrea, desde la ficción, un atentado contra una furgoneta de TV en vísperas de algo parecido al partido del siglo. Por encima del ruido de fondo del bar y del viento frío que sale de una ventana abierta, hablamos con él sobre la conveniencia de que algo salte por los aires.

DIAGONAL: Uno de los aspectos recurrentes en los libros que habéis editado, así como en tu novela, es la idea del terrorismo cultural, ¿en qué consiste?

SERVANDO ROCHA: Siempre me han interesado los fenómenos políticos extremos, ya sea en el arte o en la cultura. Todos estos movimientos forman esas notas al pie de la historia oficial que permiten conocer el siglo XX. Éste se puede conocer mejor por los monstruos que creó, como es el caso del terrorismo, que por la historia oficial. Terror cultural es una expresión muy en boga desde que Hakim Bey habló de la Zona Temporalmente Autónoma. No se trata de reivindicar una forma ortodoxa de terrorismo, pero sí de evocar la capacidad de aterrorizar ya sea desde el terreno del arte, de la cultura o desde un terreno revolucionario, una capacidad que la izquierda ha perdido. Ya nada aterroriza porque ya no hay escándalo. Escándalo es la provocación, es el poder, son los casos de corrupción, es la feria Arco. Todo lo que he escrito tiene que ver con una misma historia, y es que, después de las vanguardias artísticas, después de la Segunda Guerra Mundial, surgió la subcultura en sí, nació el miedo a la gran bomba, a otro Hiroshima, el miedo a que el mundo desaparezca… Creo que la pregunta está aún sin resolver, ¿es posible una teoría del terror cultural como estrategia subversiva? Es muy complicado porque te mueves en la delgada línea de lo artístico, cuando uno detesta el arte.

D.: ¿Hay una contraposición entre la aventura, como la entiende el protagonista de tu novela, Alex Leiah, y el espectáculo como lo definió Guy Debord?

S. R.: El libro está a medio camino entre una novela policiaca y un libro de aventuras. Trata de una persona que desea, con mucha impaciencia y con mucha pasión, que sucedan aventuras en un mundo donde la aventura no es posible ya. Los situacionistas y antes los letristas decían que es necesario hacer suceder la aventura, también decían “necesitamos marcos más bellos”. La aventura hoy día es el parque temático, es el parque de atracciones, es la Fnac y pasearse mirando sus estanterías. Ahí surge el hipertexto que hay en la novela con respecto al segundo viaje a la luna: ya no hay aventuras, está todo colonizado. La aventura, quizá, consiste en lo imprevisible, en saber perderse. Aunque suene muy poético y muy surrealista, creo que es la única posibilidad.

Esto aplicado también a la política: actuar bajo la premisa del “a ver qué sucede”. El protagonista del libro no es un militante, los militantes son otros, él simplemente quiere que su vida recupere esa tensión, ese valor, que nota que ha perdido en favor del espectáculo, de la nevera, los televisores y mucho más que eso. Sí, es una antítesis, pero se da la paradoja de que casi todas las ideas situacionistas están integradas en la propia sociedad de hoy en día.

D.:No parece casual que estés recuperando a grupos como la Angry Brigade, King Mob o Los Motherfuckers, ¿ves en la situación actual un punto de partida para otro tipo de respuestas?

S. R.:Sí que es cierto que hay una intencionalidad, pero en La Felguera no hay un programa político como tal. Burroughs decía “escribir es admitir la posibilidad de que algo suceda”. Creo que nosotros intentamos eso. No tanto dar recetas, porque creo que nadie puede darlas. Por muchas recetas y profetización que se den, los acontecimientos nos superan. Lo que está claro es que la política, tal como es, se tiene que reformular, al menos en nuestra opinión. Y eso pasa por destruir la ideología: no en el sentido de la lucha de clases, que se habló cuando la caída del muro, con Fukuyama y el “fin de la historia” y todo eso, sino destruir la ideología como un código cerrado.

Creo que la mayor parte de los militantes, a pesar de que digan que esta sociedad tiene que ser destruida, se sienten satisfechos. Ellos, al igual que el resto de la gente, han admitido que ser felices no es posible, pero están satisfechos. Poca gente se plantea preguntas que le lleven a callejones sin salida. La pregunta es movediza: ¿qué hacer? Sobre todo porque se ha visto una derrota absoluta. Nunca ha habido en teoría unas condiciones tan apropiadas, no sólo para la extrema izquierda, también para la extrema derecha, pero ni unos ni otros logran reconducir ese descontento social.

D.: ¿Anticiparon estos grupos lo que sucede aquí y ahora?

S. R.: No podemos caer en el ejercicio de historicismo de copiar y pegar, pero creo que todavía tienen una parte irreductible, no recuperada. Por ejemplo, los Motherfuckers desarrollaron el concepto de banda callejera politizada. El hooliganismo intelectualizado de un grupo como King Mob… Pasó con todas las contraculturas: cuando se nombra algo pasa a entrar en un terreno seguro, se mezcla con el paisaje. Anticiparse a esa capacidad que tiene el sistema para nombrar es terriblemente complicado. Todo lo que se codifica es entendible. La derrota de estos grupos nos ha dado mucha información para ser conscientes de la importancia de anticiparse, de ver qué sucede. Ahora esa escasa oposición de los movimientos, ¿a qué se debe?, ¿a que el poder es muy potente? Es cierto, pero dudo que sea eso. Creo que el error está en repetir esas formas que dan el rédito de llevar una vida satisfecha.

Historia de otro airado

La desaparición reciente del escritor británico Alan Sillitoe ha coincidido en el tiempo con esta entrevista a Servando Rocha. El autor de Mirad a vuestros verdugos comenta que la primera parte de su novela está inspirada en la novela corta que dio a conocer a Sillitoe, La soledad del corredor de fondo (1959). La novela de Rocha evoca un Reino Unido en perfecto estado de descomposición, en el que un encargado de defender el orden puede sentirse atraído por el nihilismo, donde una pintada en los muros puede alterar la entente poco cordial establecida entre los ciudadanos-consumidores y sus verdugos.
En Diagonal

Kanikosen. El Pesquero de Takiji Kobayashi

”Vamos hacia el infierno”: esta lúcida frase es el punto de arranque de una pesadilla real. Kanikosen es la crónica de la brutalidad del capital contra los trabajadores, o de la angustiosa travesía de un buque factoría en las gélidas aguas de Kamchatka.

Los obreros y pescadores viven y trabajan como autómatas y en peores condiciones que si fueran animales. Sin descanso, faenan en las peligrosas aguas de Kamchatka, enlatando los cangrejos para empresarios que viven cómodamente a millas de ahí. La tripulación no tiene identidad: los hombres no son más que cuerpos sin nombre ni dignidad, obligados a rendir hasta la extenuación, vejados y presionados para conseguir la producción deseada, y el enriquecimiento de unos pocos. Sin apenas dormir, maltratados  sistemáticamente y torturados con crueldad despiadada, aún enfermos, los pescadores malviven como fantasmas. Paulatinamente y casi sin darse cuenta, la injusticia de su situación, el descontento y la puesta en común de sus terribles experiencias (que son las mismas en toda la clase proletaria de Japón) les conducirán a una sorda revolución.

El poder tiránico del patrón del buque, escoltado por un destructor de la armada japonesa, comienza a ser cuestionado. En ese momento, un grupo de pescadores que ha naufragado entra en contacto con unos marineros rusos. Con ellos descubren que otro mundo debe ser posible, gracias a la reivindicación de sus derechos como trabajadores. De vuelta al barco, los pescadores han hecho suyo el espíritu de protesta que hasta ahora la autoridad había sofocado.

Pronto, la unión de los hombres hará que las cosas empiecen a cambiar.

“Un best-seller inesperado que retrata la angustia de los trabajadores frente a la precariedad laboral”. The New York Times

“Una obra maestra (…) en la que los trabajadores precarios de hoy en día descubrirán la narración de su destino” Le Monde.

Kanikosen (El Pesquero), apareció por primera vez en 1929 y ahora, casi un siglo después, reaparece en las listas de los libros más vendidos. Ahora, los comentaristas coinciden en la idea de que, en la precariedad laboral que el neoliberalismo ha desatado, las jóvenes generaciones de trabajadores se sienten identificadas con las vicisitudes de los protagonistas de esta novela.

El acierto de Tajiki Kobayashi es convertir a todos los trabajadores del barco en un solo personaje. No importa si un trabajador viene del campo, otro de una fábrica y el tercero de una mina, porque su experiencia es común: jornadas agotadoras, sueldos exiguos, malos tratos y accidentes mortales. Y ese pasado común, que el autor retrata con crudeza cuando da voz a alguno de ellos que narra sus experiencias, aboca a una misma conciencia: la de que hay quien se enriquece a costa del sudor y la sangre de hombres a los que nadie trata como a tales.

Reseña del libro en The Telegraph

Reseña del libro en The Guardian

Editorial Ático de los libros

  • Traductor: Jordi Juste y Shizuko Ono
  • ISBN: 978-84-937809-0-6
  • Formato: 13 x 21 cm.
  • Páginas: 152
  • Precio: € 15.00

Retablo de la devastación. Sobre la destrucción física, social e imaginaria de la ciudad de Granada.

La fábrica lorquiana, al igual que su producción, tiene unos límites
difusos e imprecisos. En última instancia, abarca Granada entera. De
este modo contribuye a generar la imagen de la ciudad. Al ser las
instituciones y los intereses capitalistas en juego los que definen qué
es una “ciudad”, a fecha de hoy lo que se entiende por tal es una
ciudad-empresa: aquélla que debe competir ferozmente con las demás para
atraer inversiones y convertirse en nudo privilegiado de una intrincada
red de relaciones económicas. En ese mercado, la ciudad acaba
vendiéndose obviamente como un producto, deviene una mercancía más, y
como tal su imagen es ante todo una imagen mercantil: una marca.
Retablo de la devastación. Sobre la destrucción física, social e imaginaria de la ciudad de Granada.
Álvaro García. : Edita: B.S. Hnos. Quero : 2009 : 2 €

Distribuidoras antiautoritarias en la calle

Los próximos sábados 20 de febrero, 6 de marzo y 20 de marzo en la Plaza de la Romanilla, y con un horario de 12 a 15h, podremos disfrutar para mirar y comprar libros, zines, revistas y diversos materiales contrainformativos que varias distribuidoras antiautoritarias llevaran a la calle para el disfrute de todos/as.

Libros y zines con diversas temáticas como: Pensamiento crítico, especulación y urbanismo, historia de luchas y movimientos sociales, ecología y antidesarrollismo, genero y sexualidad, salud y alimentación, cárceles, represión y control social etc.

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