Contra la Movida Madrileña: Posmodernidad a la española

Sombras y miserias del movimiento contracultural que tuvo lugar en los años ochenta, financiado por el PSOE a golpe de subvención pública.

Con el derrumbe de la Unión Soviética y la caída de la Europa del Este, muchos vaticinaron el fin de la historia. Las ideologías habían muerto y una ola de desencanto recorrió cada rincón del planeta. Mientras los niños iraquíes saltaban en pedazos, Baudrillard se empeñaba en que la guerra del Golfo no había tenido lugar. Los estadistas políticos se felicitaban y en Wall Street corría el champaña entre carcajadas y pellizcos en el trasero a las secretarias.

Teníamos razón, nuestro modelo de organización era el único viable o como se empeñaban en decir desde la socialdemocracia antiguos maoístas hoy notarios o profesores de universidad, era el menos malo de los modelos. Ahora estábamos a salvo. Ese invento llamado postmodernidad servía de coartada para rematar cualquier viso de compromiso social o ético, invento que bien podría resumirse como «una actitud más frívola de diseño, fiesta y cinismo de terciopelo que invade revistas de cultura, debates públicos y comportamientos cotidianos […] repleto de conceptos sintomáticos como repetición, exceso, detalle, fragmento, metamorfosis, inestabilidad, desorden, caos, perversión, laberinto…»[1] En realidad hoy podemos arriesgarnos a sentenciar que más allá de una actitud, una conciencia (o falsa conciencia) de una época definida o un método de análisis de la realidad, la posmodernidad no fue más que un periodo histórico concreto, un puñado de años en los que la batalla ideológica se decantó de parte de los buenos, los que creían en el mundo libre, rápido y flexible. Dicho fenómeno tiene poco de extraordinario o inusual, aunque algunos se empeñaran en que habíamos llegado a un No-punto de la Historia, a una No-Historia, o lo que es peor, a una post-historia.

Sencillamente se enmarca en la estrategia capitalista que tiene por meta última sepultar cualquier viso de alternativa a la forma de organización política y económica existente[2], en otras palabras, la posmodernidad no fue más que un modelo de propaganda en un periodo concreto que obtuvo muy buenos resultados, una acertada campaña de marketing.

En España y como suele ser costumbre, nos subimos tarde y mal al carro de lo posmoderno, salto al vacío que se percibía muy complejo tras 40 años de oscurantismo cultural y represión abierta. Lanzarse al pozo de la fragmentación y lo frívolo, zambullirse en la ciénaga nihilista del todo vale y retozar con el lema No hay alternativa sin mancharse las manos de mierda y sangre, se convertía en una difícil tarea, pero se hizo, vaya si se hizo, de la noche a la mañana además y a golpe de subvención. No existe ningún fenómeno que ilustre de forma más propicia y adecuada, el desembarco de la posmodernidad en nuestro país como fue ese engendro llamado movida madrileña. Ahora con cierta perspectiva histórica es el momento de plantearse qué fue y qué nos ofreció la tan cacareada y vanagloriada movida madrileña.

Lo primero de lo que debemos cerciorarnos al abordar dicho monstruo cultural, es que junto a la famosa transición democrática, es de los pocos hechos o periodos que gozan de una visión positiva e incuestionable por parte de los media, existe una unanimidad más que sospechosa a la hora de valorar la movida, no importa que el periodista sea de ABC o La Razón, o de El País o Público, todos la ensalzan como un periodo casi mágico y lo que es peor, necesario, circunstancia que debería habernos puesto en alerta desde hace tiempo. La movida es junto a la transición y la monarquía, uno de los mitos mejor asentados en el imaginario colectivo español, muy pocas voces se atreven a cuestionarla. Yo como soy de los malos, de los que no se creen el cuento del mundo libre, rápido y flexible, romperé una lanza.

No podemos olvidar el contexto mundial en el que se produce la movida, los pérfidos años 80, falta todavía por escribirse el ensayo perfecto que narre con exactitud el verdadero advenimiento de oscuridad que supuso la llegada de dicha década prodigiosa: Reagan, Thatcher, techno pop, heroína, postmodernidad, permanentes rizadas y laca, sida, películas de Almodóvar, video clubes, discos de Mecano, la muerte de Steve Mcqueen… En un contexto tan poco propicio para los movimientos contraculturales surge la movida, la misma que bajo mi parcial y dogmática opinión, no fue más que un puñado de grupos de lo más mediocre, de una calidad ínfima, una ceremonia del mal gusto y lo cutre, un aquelarre de inofensivo nihilismo[3] que se le metió con calzador y sin vaselina a unas masas alienadas que terminaron siéndolo un poco más cuando concluyó el proceso, tutelado de principio a fin por las instituciones. Todo ello, por mucho que algunos críticos musico/culturales a sueldo de PRISA se empeñen en tildar dicho periodo como la edad de oro de pop español.

Ver a Pedro Almodóvar (gurú incontestable de la posmodernidad española) vestido únicamente con unos dodotis talla XXL, rodeado de grotescos personajes y berreando aquello de quiero ser mamá, incitando a su bebé a prostituirse, se me antoja cualquier cosa menos [post]moderno. Eso tiene un nombre y poco tiene que ver con actitudes culturales consagradas al nihilismo y la frivolidad neoliberal, se llama esperpento y lo acuñó Valle Inclán hace muchas décadas, incluso antes de que Jean-François Lyotard escribiera su tan emblemática obra La condición posmoderna.

Que artistas como Antonio Vega y Carlos Berlanga estén considerados verdaderos genios y visionarios, debería hacernos plantearnos muchas cuestiones. Antonio Vega, por mucha heroína que se inyectase, nunca dejó de ser un letrista vulgar, sólo hay que analizar tibiamente el texto de la obra cumbre de la movida: Chica de ayer, algo que dejamos al libre albedrío del lector, nos basta con recordar la lista de grandes artistas que la han versioneado; El canto del loco, Enrique Iglesias… La brillante metáfora nunca utilizada de, tus cabellos dorados parecen el sol, pone de manifiesto la elevada profundidad de un texto quizá demasiado complejo para dinosaurios marxistas de mi condición. El diario El País publicó una encuesta entre sus críticos musicales que sitúa Chica de ayer como la mejor canción de la historia del pop español, pues oye si lo dice El País

Por su parte Carlos Berlanga y sus sintetizadores galopantes con Alaska gritando banalidades como que su novio es un zombie o aquello de terror en el súper mercado, hacían de lo posmoderno religión en nuestro país. A ello hay que añadir títulos como Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, imperdibles en las narices, permanentes y hombreras, y el alcalde de una capital como Madrid incitando a la juventud a que se colocara, como suena.

Lo más gracioso del proceso es que, mientras a golpe de subvención se colocaba en el mapa a artistillas niños de papá (empezando por Berlanga) [hijo de un famoso director de cine] que celebraban la frivolidad más dantesca como símbolo inequívoco de una generación, en otro lugar se gestaba una verdadera revolución músico-cultural, realmente urbana, transgresora y contracultural y de corte eminentemente independiente: el rock radical vasco[4].

Grupos como Kortatu, La polla records, Eskorbuto o Barricada, daban voz a esa otra cara de la España moderna silenciada por los grandes medios; la heroína, la salvaje reconversión industrial, las aspiraciones nacionales, el terrorismo de estado, los abusos patronales, los despidos masivos…. Unos años de plomo y sangre que la movida no dibujó ni plasmó, se dedicó a ocultarlos a ritmo de sintetizador barato, retozando con unas instituciones profundamente corruptas (como se demostró no mucho más tarde) que venían de pactar la venta al mejor postor de la clase obrera en esa operación de maquillaje llamada comúnmente transición democrática, la pérfida Ana Torroja y su grupo Mecano no lo podrían haber descrito mejor: no me mires no me mires déjalo ya, que no me he puesto el maquillaje […] mira ahora mira ahora mira ahora, que ya me he puesto a la moda… Estrofa que define a la perfección la artificialidad y la trampa de la transición.

Los hechos son al menos muy interesantes: conforme la reestructuración industrial y el desempleo masivo siembran el desasosiego entre la juventud española de principios y mediados de los ochenta[5], tres fenómenos socio/culturales aparecen en la escena. Por una parte el auge –financiado a golpe de subvención pública– de la conocida Movida Madrileña, por otro lado la aparición de las macrodiscotecas y after hours que no cierran en todo el fin de semana. La famosa ruta destroy (bautizada del bakalao por los grandes medios a principios de los 90) aglutina a jóvenes de Madrid y Barcelona e incluso Sevilla o Bilbao, que acuden a la huerta valenciana a disfrutar de un fin de semana sin dormir a ritmo de anfetaminas. Por último la extensión de la heroína, a precio de saldo en el mercado por aquellos días.

Los tres fenómenos convergen al mismo tiempo en determinado contexto histórico y social, y los tres conllevan un elemento disuasorio común, las drogas. De forma perpetrada o planificada o haciendo la vista gorda, el hecho incuestionable es que la aparición y extensión de la droga como mecanismo alienante y disuasorio en nuestro país (evidentemente el individuo que consume droga no se plantea ni se moviliza por el porqué de las cosas) coincide con el periodo de mayor crecimiento de las tasas de desempleo, la expansión de la temporalidad y con la mayor y más desestabilizadora reconversión industrial que ha conocido la España moderna. No ver la relación es no querer abrir los ojos, sólo hay que empezar a encajar las piezas.

Entretener a las masas mientras nos colaban la transición

La movida madrileña no fue más que la perfecta cortina de humo, la operación de maquillaje cultural que necesitábamos ante nosotros mismos y ante el mundo, para subirnos al carro neo-liberal de los recortes, las políticas de austeridad y la entrada en la organización terrorista del Atlántico Norte. Nos empaquetaron el punk en la cola de El Corte Inglés, nos vendieron a los Sex Pistols pero se olvidaron de The Clash, primaba la provocación, pero dentro de unos límites claro. La movida no fue más que los últimos destellos, los últimos coletazos del tardo-franquismo, que tras colarnos la monarquía, Los pactos de Moncloa y una ley electoral injusta y profundamente anticomunista, quería tener a las masas entretenidas y alienadas en extremo para eso mismo, para que nadie cuestionara el proceso de maquillaje que enterraría a los trabajadores en un periodo de oscuridad y precariedad digno de las novelas de Dickens, ya lo dijo paquito, todo atado y bien atado.

La historia, aunque muchos vaticinaran su colapso, se puso de nuevo a caminar, y como el tiempo, deja a cada uno en su lugar. Sólo hay que echar un vistazo a todos aquellos gurús posmodernos y observar quién firma sus nóminas: Almodóvar se dedica (al margen de rodar nefastos filmes) a rubricar manifiestos en contra de Cuba por orden de Rosa Montero o a guardar espectral silencio respecto a la presencia de nuestras tropas en Afganistán. El rey del pollo frito (al margen de recibir merecidos pedrazos en el Viña Rock) se dedica a debatir en programas culturales como Crónicas marcianas, eso cuando no está recaudando fondos para la SGAE en conciertos benéficos, bodas o salones de peluquería. El productor de «la mejor canción de la historia del pop español» (el usurero Teddy Bautista) es curiosamente el presidente de la SGAE, una de las instituciones más odiadas por los españoles. Ana Torroja se consagra a engañar al fisco y vivir de las rentas, más de lo mismo podemos decir de Miguel Bosé, su complejo de Bowie y sus discos y giras del Papito, toda la vida cantando los mismos jodidos temas una y otra vez, lo de este chico es demencial. Alaska se entrega a su amigo Federico Jiménez Losantos y es una habitual del canal de extrema derecha Intereconomía, Loquillo hace lo propio con César Vidal, impagable la entrevista dialogando de country racista sureño, mientras el resto de músicos se dedican a lloriquear como colegiales por culpa de la piratería.

No asumen que el público prefiera ir a cualquier concierto minoritario de punk o hip hop, de la misma forma que no asumen que cualquier rapero mediocre tenga letras más elaboradas y profundas que Carlos Berlanga o Antonio Vega. Francisco Umbral (el cronista de la movida) terminó hablando de su libro en las páginas de El Mundo defendiendo a José María Aznar, de Fernando Savater mejor no hablamos y por su parte Agatha Ruiz de la Prada (la pionera de la o­nda fashionista) se casó con Pedro Jeta Ramírez [director de El Mundo].

Todas las piezas encajan, forman parte de un todo: ese mundillo progre profundamente endogámico que desde hace décadas monopoliza el mundo de la cultura española a través de las subvenciones del ministerio de cultura. Y como las casas reales, fornican entre sí para perpetuar el linaje, lo cual explica la nula capacidad intelectual de algunos y la disfunción mental de otros, pero se les acaba el chollo, internet y su oferta de cultura libre los está desbancando a patadas, no podemos más que esbozar media sonrisa nerviosa cuando se reúnen con la ministra de cultura para hacer el signo de la ceja y criminalizar el top manta. Es entonces cuando, ataviados con un bolso de Prada, millones de euros en su cuenta y su residencia en Miami o Andorra, aúllan aquello de ¡nos estamos muriendo de hambre! Y no les falta verdad, tienen hambre de flashes, de ego, de royalties, de portadas, de monopolio…

No merecen compasión alguna, eran puro simulacro burgués, estaban en nómina entonces y siguen estándolo ahora, con unas cuantas arrugas apenas estiradas por interminables sesiones de cirugía estética, momias del mundo del espectáculo (en el sentido Debordiano del término) que deambulan por el bulevar de los sueños pagados a golpe de subvención sociata. Lo que sucede es que la posmodernidad es una máscara que puede resistir el envite de trabajadores en huelga o muchas noches de anfetaminas en el Rock-ola, pero no puede resistir el paso del tiempo, el peso de la historia.


Notas:

[1] Una cultura de la fragmentación. Pastiche, relato y cuerpo en el cine y la televisión. Vicente Sánchez Biosca. Ediciones Textos Filmoteca Valencia

[2] El famoso eslogan de la inefable Margaret Thatcher «T.I.N.A.» (There is no alternative) que venía a decir algo así como: joderos porque no hay alternativa.

[3] Tan diferente del nihilismo radical de Eskorbuto y su anti-todo.

[4] Es menester recordar que no toda la movida fue un cataclismo de oscuridad, de la quema en la hoguera salvamos por supuesto los guiones de La bola de cristal ( http://www.lahaine.org/index.php?p=19129 ), Aviador dro (verdadera vanguardia musical) y a Parálisis permanente y Siniestro total, poco más.

[5] Hay que recordarle al lector que durante esos años que la movida quiso vendernos teñidos de apoliticismo y un carnaval permanente, se produjeron en España conflictos sociales de importante envergadura que desembocaron en situaciones casi pre-insurreccionales: la batalla de euskalduna, la entrada con tanquetas de la Guardia Civil en Reinosa, la marcha de los trabajadores de los Altos Hornos de Sagunto en Valencia… Luchas en las que los abusos por parte del estado y las fuerzas y cuerpos de seguridad fueron una constante, desde el empleo de munición real en las manifestaciones, a detenciones masivas y arbitrarias.

http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/399801/index.php

Comité Robespierre

Actividades veraniegas

David Linch. Action- Reaction

La exposición se centra en la polifacética y controvertida figura del David Lynch, conocido fundamentalmente por su labor de cineasta.

Autor de películas y series de televisión consideradas de culto por especialistas y cinéfilos, como Blue Velvet (Terciopelo Azul) y Twin Peaks, respectivamente, ha sido nominado en tres ocasiones al Oscar como mejor director.

La exposición trata de poner de relieve otras facetas menos conocidas de este artista, que también ha desarrollado una intensa labor como productor, fotógrafo, dibujante, compositor, escritor, fotógrafo, escultor, diseñador de dibujos animados, pintor. No obstante, la exposición hace especial hincapié en su vertiente artística como grabador, en la que mejor que en ninguna otra aplica su metodología de trabajo denominada por el mismo como Acción-Reacción.

Se exponen 19 litografías pertenecientes a dos series distintas:

• 12 de la serie Paris Suite

• 7 de la serie Women

En ellas se puede apreciar la influencia que en él ejercieron grandes pintores como, Francis Bacon, Edward Hopper, Salvador Dalí y Max Ernst.

La producción litográfica está acompañada de referencias a su producción cinematográfica a través de fotografías y breves proyecciones en pantallas de plasma.

Hasta 14 de Julio 2010

Museo de Bellas Artes de Granada Palacio de Carlos V. Alhambra

Exposición de pintura de Sanzhak Ilya en Pupa Tattoo Art Gallery


Exposición de pintura de Sanzhak Ilya

Nació, creció y estudió arte en la provincia de Irkutsk, Siberia Oriental, Rusia.
Estudios en la Academia de Arte Industrial de San Petersburgo y en la Facultad de Ilustración, de la que fue excluido por “oposición al régimen”.
Durante ese tiempo realiza diversas exposiciones así como realiza trabajos de ilustración, animación etc.
En el 2004 ante la obligatoriedad de la llamada al servicio militar de las fuerzas armadas rusas Ilya decide emigrar a España. Prefiriendo ser ilegal aquí que en su propio país.
En España ha realizado diversas exposiciones en Málaga y Granada.
Para Ilya el propósito del arte no la de crear belleza como objeto de consumo, sino la búsqueda de la verdad.

En esta exposición se pueden apreciar principalmente paisajes de la ciudad de Granada y su entorno. Con un magistral uso de la tintal, el carbón, acuarela , acrílico. Así como algunas de sus obras surrealistas como anticipo de una futura exposición también en Pupa Tattoo Art Gallery.
Durante los meses de Julio y Agosto

Horario de 10 a 2h y de 6 a 9h.
Pupa Tattoo Art Gallery
C/Molinos, 15
18009 Granada

http://pupatattooartgallery.blogspot.com

TWO HUMANS

http://www.myspace.com/cleantrash

¡EL BAILE FINAL!!



¿Pensabais que os ibais a quedar sin vuestra dosis anual de desparrame y descontrol sin límite? Pues estáis muy equivocados, GREAT GOOGA MOOGA!! os tiene preparada una fiesta de las gordas, que sólo es el aperitivo del BAILE DE FIN DE CURSO, que se celebrará en 2011, para que no perdáis la costumbre ni dejéis de entrenar en el deporte que mejor se os da, tenemos preparada una noche de lo más movidita para que recordéis éste año como el más divertido de vuestra jodida existencia.

Como no podía ser de otra forma ¡¡ESTO ES UNA FIESTA DE DISFRACES!! la temática es libre… pero siempre siguiendo unos patrones estéticos lo más cercanos posible a los años 40, 50 y 60, así que id pensando ya en vuestro disfraz.

Animarán la velada dos de los conjuntos musicales más excitantes y divertidos del momento que conseguirán que nos salgamos literalmente del pellejo:

PUÑO AMERICANO (MÁLAGA)

Puño Americano son la peor banda del mundo y sin embargo nunca habréis visto nada igual: Rock&Roll y Rockabilly con las justas dosis de Punk y Garage y todo un show de energía, destrucción y ¡¡poca vergüenza!! No son buenos, ni quieren serlo, de hecho son malos, solo quieren divertirse, y en eso, amigos y amigas, son los mejores. Acabarán contagiándote.

LOS CREYENTES (ÚBEDA)

¡¡Bienvenidos a la liturgia del Rock’n’Roll!! ¡¡Hermanos y hermanas!! La ceremonia de Los Creyentes chorrea Pasión, Fuerza y Emoción… Una de las bandas más impactantes de los últimos tiempos vuelve a Granada para hacer ver la luz a canallas, desheredados, crápulas, lolitas quinceañeras, sexagenarios solitarios, sentimentales introvertidos, separadas desilusionadas, posibles suicidas… ¡¡Sin Rock’n’Roll no hay vida!! ¡¡Aleluyaaaaa!!

Tras el concierto y hasta las 7:00 a.m. habrá alocados bailes, twist frenético, sudoroso rhthm’n’blues, hully gully dance, salvaje mambo y cha cha cha, explosivo rock’n’roll, limbo, exóticos instrumentales, rítmico garage y otras extravagancias que os harán rebuznar de gusto, a cargo de Matarife y algunos de los más disparatados y descacharrantes pinchadiscos.

Y toda ésta diversión por el módico precio de 5 miserables euros y si vienes disfrazado te llevas una cerveza gratis por tu cara bonita.

SÁBADO 19 DE JUNIO DE 2010
SALA BOOGACLUB (C/ SANTA BARBARA, 3 - GRANADA)
HORA: 23:00

TNT

El grupo recupera los temas de su disco ‘Manifiesto Guernika’, de 1983, y regraba todo su viejo material.
El grupo granadino TNT, una de las bandas pioneras del movimiento punk en España en los años ochenta, anuncia el lanzamiento de su tercer LP, ‘Manifiesto Granada’, con el avance como single de los temas ‘Cucarachas’/’Gilmore ‘77’.
‘Manifiesto Granada’ es una suerte de disco-réplica al disco que, en 1983, TNT publicó con el sello discográfico DRO titulado ‘Manifiesto Guernika’. La formación granadina, integrada por tres de sus miembros originales (José Antonio García –ex componente de 091 y Mezcal, y miembro de Guerrero García-; ángel Doblas –ex componente de 091- y Jesús Arias) junto al guitarrista Carlos Muñoz (componente de Los ángeles) y José Rueda (ex miembro de Magic y batería de Guerrero García) quiere recuperar en ‘Manifiesto Granada’ una serie de viejos temas que, en su momento, no pudieron ser grabados con los medios técnicos adecuados, y revitalizarlos de nuevo.
Es el paso previo para el lanzamiento de su proyecto más inmediato: el ambicioso trabajo en que TNT está involucrado desde el año 1997 titulado ‘ECLIPSE’, un disco formado por 40 canciones que incluyen orquesta sinfónica, cuartetos de cuerdas, música étnica, música concreta, grabaciones históricas –documentos sonoros que van desde la llegada del hombre a la Luna hasta chicas de Somalia o Marruecos cantando sus canciones infantiles a través de un teléfono- e infinidad de sorpresas.

Sala Planta Baja

juvs 17 Junio, 21:00h

Exposición de fotografía de Carmen Rivero

Historia de un incendio. Arte y Revolución en los tiempos salvajes. De la Comuna de París al advenimiento del punk

Hace ya más de un siglo y medio que Karl Marx y Friedrich Engels escribieron el Manifiesto Comunista, cuya primera frase, «un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo», se fue materializando en los años siguientes hasta convertirse en la verificación de una realidad: la del impulso decidido del movimiento obrero revolucionario por destruir el nuevo régimen surgido de la Revolución Francesa, por hacer añicos el mundo burgués. Ese fantasma recorrió efectivamente Europa durante décadas, obligando a la burguesía a mostrar su verdadera cara, a desplegar toda su sangrienta maquinaria para devolverlo a las catacumbas de las que salió. Allí descansa esperando el momento en que pueda ser de nuevo conjurado.

Casi al mismo tiempo surgía otro movimiento, el romanticismo, que también trataba de socavar las bases de ese nuevo mundo, si bien su punto de arranque era otro distinto, el del arte. Pero su visión del arte implicaba una nueva concepción del mismo y de sus relaciones con la vida, tratando de emanciparse de su reducción a mercancía de consumo de la naciente burguesía. El romanticismo puede ser considerado con justicia la primera vanguardia artística. En la vida de sus grandes animadores, más incluso que en sus obras, encontramos las notas que animaron una sinfonía que ensordeció el mundo, la del arte revolucionario. La crítica del positivismo y de la razón utilitaria, la insumisión a las formas de vida burguesa y la búsqueda incansable de un reencantamiento del mundo están en la base de la mayoría de las vanguardias del siglo XX, que se esforzarán por desarrollar en toda su plenitud ese potencial, especialmente en el período de entreguerras.

Socialismo y arte revolucionarios inician pues un camino común, pero ese camino está lleno de bifurcaciones, de senderos que no llevan a ningún sitio, de atajos que en vez de acortar distancias las alargan hasta el infinito. Es ésta una relación compleja, problemática, llena de malentendidos, de desconfianzas mutuas, de oportunidades perdidas y, finalmente, de derrotas. Pero cuando ambos caminos se cruzan, formando una encrucijada, todas las posibilidades se abren de pronto, y un fogonazo hace temblar el mundo y el fuego ilumina la noche con una claridad que deslumbra. Así sucedió durante la Comuna de París. Cuando anarquistas y socialistas se encontraron, codo a codo en las barricadas, con pintores y poetas, unos y otros comprendieron que ya nada volvería a ser igual. Nada volvió a ser igual para Courbet después de participar en la demolición de la Columna Vendôme. Nada volvió a ser igual para el joven Rimbaud. Nada podía volver a ser igual para la poesía. Ninguna revolución puede ya concebirse sin poetas, mas no para cantar sus alabanzas, sino para participar activamente en la demolición de todas las columnas, de todos los muros.

«Transformar el mundo» (Marx) y «cambiar la vida» (Rimbaud). Cuando estas dos máximas se funden, cuando aquella dimensión materialista y socialista y aquella otra fundamentalmente romántica y poética de la vida alcanzan una efectiva relación de afinidad electiva, se abre una ventana a la utopía que nos muestra que todo es posible. Así lo entendieron los surrealistas y a ello consagraron todas sus fuerzas. Así ha sucedido en breves (pero radicalmente intensos) períodos históricos. ¿Y por qué no ha de ser posible aún hoy?

El rastreo de las impresiones que esa ventana abierta al infinito de lo posible ha dejado en la historia es la pretensión de Historia de un incendio. No es éste un libro más sobre las vanguardias artísticas, pues lejos de toda falsa objetividad académica y de todo intelectualismo autocastrante, hallamos en él una mirada cómplice, apasionada y lúcida, que indaga en el pasado pensando en el presente. A través de sus páginas asistimos a vertiginosos saltos en el tiempo y en el espacio que nos trasladan de la Comuna de París al mayo setentayochista, del París de los surrealistas a la Inglaterra de los Sex Pistols, todo ello sin provocar el vértigo de lector, porque, como pocos libros hacen, aquí se le concede al lector la dignidad que le ha sido arrebatada, la de interlocutor, la de sujeto activo. Así pues, esta historia no es una historia, sino muchas historias unidas por un hilo invisible, por una mirada dialéctica al pasado que hace efectiva la fórmula benjaminiana de dar «un salto de tigre hacia el pasado», salto que permite que el pasado ilumine, aunque sea fugazmente, este presente oscuro.

Historia de un incendio no es, por tanto, una guía de movimientos artísticos o un manual de historia; es una invitación a descubrir esa «dialéctica de la ebriedad» que nos habla de la posibilidad de una vida radicalmente distinta a la que nos obligan a llevar, es un arma cargada, presta a ser utilizada. De modo que nadie busque aquí arquelogía, de lo que se habla es de revolución y de utopía y éstas siguen vivas, aunque las hayan querido enterrar. Entre sus páginas quizás podamos encontrar alguna de las claves que nos permitan completar la fórmula mistérica que, cual Golem, haga revivir a los viejos fantasmas, dotándoles de savia nueva, para volver a agitar el miedo de la burguesía.

Historia de un incendio. Arte y Revolución en los tiempos salvajes. De la Comuna de París al advenimiento del punk.

Servando Rocha  Ed.La Felguera. 2006 ISBN 9788461109678

Extraido de Rebelión

Ilegales

Este viernes la mítica banda asturiana Ilegales pasará por Granada en lo que se anuncia como la gira de despedida.

Sala el Tren

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