¿Para qué tanto saber?

En las empresas, al menos en las de antaño, siempre había alguien que se guardaba para sí ciertos saberes, conocimientos, procedimientos o mecánicas. Era reacio a compartirlos para “asegurarse” su puesto de trabajo, al considerar que así resultaba imprescindible. Esas personas, cuando les pedías que te enseñaran algo, respondían con una frase mítica: “¡Claro! Para que sepas tú lo mismo que yo…”.

Con los ordenadores, la digitalización e internet, el trabajo compartido y colaborativo es casi, casi una exigencia. Sin embargo, queda un campo bien repleto de dinosaurios para los que el saber sigue siendo algo parcelado, privativo, segmentado y selectivo: los políticos, efectivamente.

Pero lo curioso del caso de los políticos es que, para ellos, lo más importante es no saber. Cuanto menos conocimiento de las cosas, mejor. Lo hemos visto en muchas películas, sobre todo en el caso del Presidente de los EE.UU., al que sus subalternos le impiden enterarse de ciertas cosas: así nadie puede acusarle, después, de estar al corriente de según qué procedimientos, tácticas o estrategias. De saber, o sea.

¿Y qué me dicen de la vida real, repleta de políticos ignorantes que ni saben, ni conocen? Lo estamos viendo en el juicio de los ERE, igual que lo sufrimos con la financiación irregular del PP y Bárcenas el Fuerte. Imprescindible, no saber cómo suben los reptiles desde el fondo de la ciénaga ni por qué rugen los Jaguars, en el garaje de casa…

O a nivel local, con el presidente del PP de Granada, que no se enteraba de las componendas del Serrallo, ignoraba las facturas de la tele, desconocía a los fantasmas del cementerio ni sabía lo que se cocía en Urbanismo. Eso sí, a la hora de analizar la situación judicial que cerca a muchos sus concejales, se permite recordarle a los jueces que hay momentos y momentos para abrir juicios orales. ¡Qué osada puede ser la ignorancia!

Ser un ignorante, en política, cotiza al alza. Lo que contrasta con la ridícula titulitis compulsiva de que adolecen tantos y tantos de nuestros representantes, con sus currículos más adornados que las casetas de la Feria de Sevilla.

De aquí en adelante, los partidos tendrán que elegir a sus cabezas de lista de acuerdo a su (falta de) preparación y a su (in)capacidad para enterarse de lo que pasa a su alrededor.

Jesús Lens

¿Para qué tanto saber?

Cuando salgo a correr con las Cabras Locas, prefiero no saber el recorrido que vamos hacer, las montañas que hemos de subir ni los desniveles que debemos superar. Como siempre les digo, me gusta mantener una actitud borbónica y seguir el ejemplo de Cristina, la esposa de Urdangarín que, pese a su exquisita y elitista formación, no se enteraba de nada, firmaba lo que le ponían delante y seguía plácidamente con su vida, en el Palacete de Pedralbes. Y de esta actitud hablo hoy en mi artículo de IDEAL.

¿Para qué tanto saber?
¿Para qué tanto saber?

Y es que el saber está claramente sobrevalorado. Por ejemplo, un día bajas a la cochera y te encuentras un Jaguar. Estando ya allí ese coche, molón y reluciente, ¿qué aporta el saber cómo ha llegado allí ni el porqué? Es como si te dan una Tarjeta Black. Que la usas y ya está. Que tampoco tienes tiempo de andar preguntando minucias sobre cuestiones fiscales y tal.

ana-mato-olvidadiza

Lo malo de no querer saber es que, a veces, las cosas se tuercen y puedes acabar encontrándote frente a un juez que te abre juicio oral, te pide cárcel y cuatro millones de euros de fianza. Es lo que tiene, en ocasiones, no enterarte de lo que pasa a tu alrededor ni saber cómo se gestionan unos cuantos cientos de millones de euros.

58

Le ha pasado, por ejemplo, a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía. Que preguntaba por cómo iba el tema de la fusión hospitalaria granadina y le respondían que cómo iba a ir. ¡Pues de pitufa madre, claro! Todo en orden, faltaría más. Y entonces llega el 16O, se le echa toda la ciudad en pleno a la calle y el Consejero, incrédulo, pregunta: ¿pero no iba esto tan bien? Pues no. Lo mismo no. ¿Y por qué nadie me ha dicho nada?

Pues, seguramente, porque no querías saber. Y como la gente es muy bien mandada, pues no te contaba. Que no te hemos puesto ahí para darnos problemas y que nos cuentes tu vida, ¿eh? Que esto tiene que funcionar. Y punto. Y si no te ves capaz…

image_content_5538036_20161017075745

No. La verdad no os hará libres. La verdad es incómoda y molesta y, por lo general, no queremos verla. La verdad es incómoda. Y resulta más fácil mirar para otro lado, esperando a que escampe. Que después de la tormenta, siempre sale el sol. O, al menos, casi siempre…

Jesús Lens

Twitter Lens