Ruta cultural lorquiana

El pasado viernes, tras la presentación de su imprescindible novela “Yo pude salvar a Lorca”, paseaba con el periodista Víctor Amela por Granada. Nos acompañaba Marta, también periodista, que ha trabajado mucho tiempo en el sector de los viajes y el turismo.

Foto: Alfredo Aguilar, en la antigua casa de la familia Rosales, hoy Hotel Reina Cristina

Andábamos por el Centro, camino del concierto de la artista Argentina que, perdonen el inciso… ¡menuda barbaridad de espectáculo ofreció en el Teatro CajaGranada! Yo, que soy más pelícano que flamenco, me encontré varias veces noqueado por su arte, aplastado contra el asiento.

Pero volvamos a nuestro paseo. Transitábamos por el Centro Artístico, el Chikito y la Acera del Casino y les explicaba a Marta y a Víctor que allí se hacían los Títeres de la Cachiporra que allá se celebraba la tertulia del Rinconcillo y que acullá era donde -más o menos- vivía la familia Lorca. Y me preguntaban, extrañados: ¿y por qué no hay una sola referencia visible a todo eso en ninguna de las fachadas? ¿Cómo no existe una ruta señalizada sobre los lugares lorquianos, en Granada?

El Chikito, un restaurante con sensibilidad cultural

De este tema les he hablado ya en más ocasiones. Del respeto que en otras ciudades, en otros países de mundo, se tiene por sus celebridades artísticas y culturales. Y del rendimiento económico que les sacan, también.

Aquí no. Aquí nos planteamos dedicar un museo a la Semana Santa mientras la Orquesta Ciudad de Granada agoniza, como decíamos ayer, y no somos capaces de señalizar los lugares más representativos de uno de los grandes genios de la literatura universal.

Y no parece muy costoso, la verdad. Una vez hecha la catalogación -está en la web de Granadatur- bastarían unas placas en las fachadas, una App, un poquito de realidad aumentada, una web…

De entre todas las etiquetas que hemos ido atesorando en estos últimos años, la de “Granada, tierra de Federico García Lorca”, no tardaría en hacerse mundialmente famosa, conocida y reconocida. Viral, trending topic y la caña en Instagram. Cambien “tierra” por “provincia”, “ciudad” o lo que les de la gana… ¡pero hagamos algo!

Quedan cinco meses para las elecciones municipales. Al PP no se le ocurrió, que estaba en otras cosas de más valor. Al PSOE de antaño tampoco, que estaba en las suyas. ¿Dará lugar el equipo de Francisco Cuenca a terminar su mandato sin haber hecho algo tan necesario y perdurable, tan sencillo y memorable?

Jesús Lens

Lorcansancio

Cuando el joven Agustín Penón ganó sus buenos cuartos en los Estados Unidos, gracias a un serial radiofónico, lo primero que hizo fue venirse a Granada, en los años 50 del pasado siglo, para buscar la huella de un poeta al que admiraba profundamente: Federico García Lorca. (Lean «La araña del olvido», de Enrique Bonet, si todavía no lo han hecho).

Al llegar a la ciudad, no entendió que su nombre estaba proscrito y que hablar de él le convertía automáticamente en sospechoso. Que, en Granada, un profundo y ominoso manto de silencio había caído sobre la figura de un poeta y dramaturgo de talla mundial cuyo asesinato por parte de los sublevados fascistas lo había convertido, además, en un símbolo, en un icono universal.

 

Mucho han cambiado las cosas. Tanto que, en 2017, Lorca parece haberse convertido en un auténtico coñazo para cada vez más granadinos. Al menos, esa es la conclusión que he sacado al leer las reacciones de estos días a la posible demolición de la vivienda en la que pudo haber habitado, pero no habitó. O sí. Pero que ya da igual. Porque, a estas harturas y con esta calor, todo es Lorcansancio. (Aquí, mi anterior artículo en IDEAL sobre el tema)

¿Les pasará lo mismo a los ciudadanos de Bayreuth con Wagner o a los de

Stratford-upon-Avon con Shakespeare? No lo sé. Habría que hacer un trabajo de campo para ver si, por ejemplo, sus próceres y políticos también hablan allí de Richard y de William con la misma familiaridad con la que aquí se habla de Federico, como si fuera un primo con el que estuvieron anoche de cañas.

Imagino que en el Lorcansancio también influirá el recurrente campamento de verano que, todos los años, busca los huesos del poeta. Sin suerte, hasta ahora. Tampoco ayudan lo del Legado que no llega, ni ese Centro repleto de socavones económicos -pero que sí tiene actividad– ni la severa figura de La Sobrina.

 

Hay Lorcansancio en Granada. Parece que nos sobra. Que nos agota, como si nos chupara la fuerza vital. Todo es un problema, con Lorca. Una molestia. Un incordio. Será por eso que, como bien señalaba Ángeles Peñalver en las páginas de IDEAL, la mitad de los edificios donde residió, estudió o se inspiró está sin señalizar. Total… ¿para qué? ¿Quién necesita recordar a un viejo poeta muerto -venerado en todo el mundo y leído por millones de personas- en una ciudad moderna y de vanguardia, famosa por no mirar atrás y encarar el futuro con ilusión y energía?

 

Jesús Lens