Poses peliculeras

Iba caminando cuando me fijé en una mujer guapa y atractiva, de pie junto a una parada de autobús. Antes de llegar a su altura, el SN5 irrumpió con alboroto. Ella subió, se sentó y no sé qué demonios me pasó que, de repente, me encontré poniendo la palma de mi mano sobre la luna de cristal, a la altura de su rostro.

La mujer me miró, lógicamente espantada, y en vez de superponer su palma sobre la mía, de forma que quedaran metafóricamente unidas para la eternidad, le dijo al conductor que saliera a escape, no fuera a ser que aquel pirado se subiera a bordo y le amargara el viaje.

Presa de la desesperación, roto por el abandono y la soledad, subí a casa, esparcí la ropa por el suelo y me metí bajo la ducha, apoyando las manos contra la pared, como si fuera a hacer flexiones de brazos, pero en vertical. Dejé que el agua se deslizara por mi nuca mientras mantenía la cabeza gacha, mirando hacia el suelo… con los ojos muy cerrados.

Cuando el cuarto de baño parecía Londres y mis manos estaban más arrugadas que una almendra garrapiñada, fui consciente de que nadie me estaba mirando y de que aquella pose carecía de sentido, así que salí de la ducha, me sequé, me puse el chándal, freí unas chistorras y me vi un capítulo de “Black Mirror”.

¿Cuántos gestos hemos adoptado como propios a fuer de verlos repetidos en el cine? ¿Cuántos ritos pamplinosos no ejecutamos una y mil veces solo por darnos pisto, por habérselos visto a otros y creer que molan y visten mucho? El imperio del postureo, o sea.

Los mafiosos, por ejemplo, solo empezaron a besar la mano de su Don después de que Puzo y Coppola lo incluyeran en “El Padrino”, que era más costumbre de curas y obispos que de la mala vita.

Por todo ello, si uno de estos días me descubren ustedes enmimismado en algún garito, con la mirada perdida en el vacío y, a mi lado, el portátil o un cuaderno junto a una Milno vacía; no se piensen que ando a la caza y captura de ideas, tropos o metáforas. Solo haciendo haciendo el chorra y dándome aires. Así que no lo duden: acérquense, saluden… y pidan un par de birras. Será muy de agradecer.

Jesús Lens

Año nuevo con los Corleone

Quiso la casualidad que, este año, coincidieran las campanadas de Nochevieja con el momento en que Sonny Corleone era vilmente asesinado en un peaje de carretera. De esa manera, los cohetes y petardos que recibían al 2017 se confundieron con los disparos de las ametralladoras de los soldados de la familia Tattaglia.

Ciento cuarenta y cuatro disparos recibió Sonny y, por enésima vez, nada pude hacer para evitar su muerte. Ciento cuarenta y cuatro impactos de bala que dejaron su cuerpo como un colador. Y una postrer patada en la boca, cuando ya era un cadáver desmadejado sobre la carretera. Una patada que simbolizaba el enorme odio que le tenían los Tattaglia. ¿O fueron los Barzini?

 

Ciento cuarenta y cuatro disparos, récord en la historia del cine, en una secuencia que homenajea otra muerte famosa: la de Clyde Barrow, pareja de Bonnie Parker. Ciento cuarenta y cuatro disparos que desmienten el famoso adagio de “Vive deprisa, muere joven y dejarás un bonito cadáver”. De ahí que Don Vito tuviera que recurrir a los servicios de Bonasera, el funerario al que conocimos en el arranque de “El Padrino”, para que adecentara el cadáver de su hijo primogénito, caído en una guerra entre bandas.

Desde la primera vez que vi la película de Coppola, la secuencia más dura y difícil de admitir es el asesinato de Santino. Por eso odio con todas mis entrañas a Carlo Ricci, causante de su muerte. Y, aunque habré visto la película cerca de cincuenta veces, siempre pienso que, por una vez, conseguiremos salvar a Sonny.

 

Paradójicamente, el día dos de enero volví a disfrutar de una Nochevieja, histórica y mítica, trasladándome al Palacio Presidencial de La Habana. Es la noche del 31 de diciembre de 1958, Fidel derroca al régimen de Batista, yo estoy viendo “El Padrino II” y Michael acaba de descubrir la traición de Fredo, sintiendo cómo el suelo se abre a sus pies.

Si el lector ha visto la segunda parte de la saga de los Corleone sabrá que es el único momento en que Michael se muestra vulnerable. Le vemos mareado, a punto de desvanecerse. No lo puede creer. Y, sin embargo, no le queda más remedio que aceptarlo. ¿Y perdonarlo? Eso es más difícil. No es fácil ser un capo de la mafia y, a la vez, conjugar el verbo “perdonar”. Ni siquiera de forma reflexiva: es difícil perdonarse a sí mismo determinadas decisiones, órdenes y comportamientos.

 

De ahí que volvamos a encontrar a Michael Corleone, dieciséis años después, devastado por los remordimientos. Aunque igualmente peligroso. De hecho, tal y como le dice Kay, “ahora que eres respetable, eres más peligroso que nunca”. Pero vulnerable. Tanto… como nunca antes se había permitido serlo. Por el bien de su familia. La Familia, siempre.

Michael, efectivamente, había sacado a los Corleone del negocio del juego y la prostitución que tan buenos réditos le habían dado en el pasado. Porque en los años ochenta resultaba mucho más rentable invertir en el sector inmobiliario. Y si podía ser en una gran multinacional de capital europeo participada por el mismísimo Vaticano, mejor que mejor.

 

Pero la operación para tomar el control de Inmobiliari no resultará fácil. Ni pacífica. Por una parte, los nuevos socios no son trigo limpio. Por otra, los viejos amigos no dejarán que Michael les abandone, así como así. Y, cuando el Don pensaba que estaba fuera, vuelven a meterle dentro…

Y todo ello sin olvidar que Michael ya está mayor y hay que asegurar el futuro de la familia. Lo que tampoco será sencillo: Mary es demasiado joven. Y es mujer. Y eso, en la conservadora mentalidad de la mafia, pesa. Pesa mucho.

 

¿Y Anthony? Anthony ha dejado la carrera de Derecho y se ha hecho cantante de ópera. Y debutará en Sicilia. En Palermo. Con la “Cavallería Rusticana”, nada menos. Y allá nos vamos todos. La Familia. Y sus enemigos. A la tierra de sus ancestros. A la Sicilia de la que tuvo que huir Vito, siendo todavía un niño.

Sicilia, donde Michael se escondió tras el episodio con Sollozo y McCluskey. Sicilia, a donde regresó Vito, de mayor, para que Don Ciccio bendijera su negocio de exportación  e importación de aceite de oliva, puesto en marcha junto a Genco Abbandando, su vecino de Little Italy. Su amigo. Su socio. Su consejero. El consiglieri de una Familia que contaba con Tessio y Clemenza como caporegime. ¿Bendición, dijimos? Sí. Y otras cosas. Porque, con los Corleone, nunca se sabe.

Sicilia. Allí nos encontramos con Connie, con el hijo de Tom Hagen, con Don Tommasino, con Carlo; y con el benemérito Don Altobello, por supuesto. Sicilia. La isla en la que todo comenzó y donde Vincent Corleone ha de demostrar que está a la altura de su apellido, enfrentándose a Mosca, el asesino de Montelepre, para evitar que todo termine.

Pero, ¿puede terminarse la saga de los Corleone? Estoy convencido de que no. Al menos, mientras haya seguidores de la historia creada por Mario Puzo y Francis Ford Coppola que les acompañen por Nueva York, Nevada, Los Ángeles, La Habana y, por supuesto, Sicilia. Un apasionante viaje por medio mundo, en compañía de una de las familias más fascinantes y aterradoras de la historia del cine. Que no es cualquier cosa, comenzar el año con los Corleone…

 

Jesús Lens

The French Connection

Pocos nombres tan reconocidos, sonoros, usados y hasta abusados en el lenguaje cotidiano, más allá del ámbito negro criminal en el que tuvo su origen.

The French Connection Rincón Oscuro

The French Connection es a la vez el título de una mítica y magistral película y el nombre con que se bautizó a una trama criminal utilizada para inundar los Estados Unidos de heroína. Trama que no ha dejado de formar parte del mejor cine de gángsteres, empezando por “El Padrino”. ¿Se acuerdan de Virgil Sollozzo, alias, El Turco? Un tipo muy hábil con el cuchillo y el primer personaje en poner en un brete a la Familia por excelencia: los Corleone.

Pues el personaje de Sollozzo y toda la primera parte de la saga de “El Padrino” están basados en el cambio de paradigma que la llegada masiva de heroína supuso para la mafia y el crimen organizado de los Estados Unidos. Y ese desembarco de polvo blanco fue posible gracias al corredor abierto entre Turquía, Marsella y Estados Unidos.

Durante la primera mitad del siglo XX, el cultivo de opio para su uso en productos químicos y medicinales estaba permitido en Turquía y parte del excedente que sobraba a los agricultores terminaba en manos de una serie de mercaderes que traficaban con él, ya convertido en morfina. Un turbio negocio que creció exponencialmente cuando la pasta de morfina empezó a procesarse en heroína. Y llegaron la II Guerra Mundial, la postguerra y la Guerra Fría. Y todo cambió.

The French Connection poster

Francia. François Spirito y Antoine Guérini, dos ciudadanos corsos de carácter notoriamente violento e inmoral, se asociaron a un tipejo llamado Auguste Ricord, que había hecho fortuna gracias a sus conexiones con la Gestapo, durante la ocupación alemana, atesorando un enorme capital que fue invertido en restaurantes, bares, casinos, salas de fiestas, etcétera.

Aprovechando un desmesurado exceso de tesorería, los corsos, Ricord y otro par de mafiosos franceses contrataron a algunos de los mejores químicos del mundo e instalaron en Marsella los más avanzados laboratorios para el procesado de droga, consiguiendo transformar el opio turco en una heroína de pureza rayana en el 98%. Teniendo en cuenta que la mayoría de productores de heroína asiáticos no conseguían una pureza superior al 60 o el 70%, la droga procesada por los franceses se convirtió en un producto fuertemente demandado por los mafiosos norteamericanos más poderosos.

La elección de Marsella como centro neurálgico de la French Connection no fue casual, que su condición de gran ciudad portuaria hacía que los envíos de heroína a Nueva York fueran mucho más fáciles de organizar. Por supuesto, los mafiosos corsos, con la anuencia de la CIA, controlaban el puerto de Marsella, no moviéndose ni un contenedor sin que ellos lo supieran, impidiendo de paso que el poderoso Partido Comunista Francés penetrara en un enclave estratégico tan significado.

The French Connection

La década de los 60 fue la época más floreciente de la French Connection, moviéndose miles y miles de kilos de heroína. El declive de la trama criminal comenzó en los 70, cuando Turquía prohibió el cultivo de opio y la colaboración policial entre los Estados Unidos, Francia, Italia y Canadá posibilitó la detención de decenas de gángsteres y de los capos mafiosos que se encontraban al frente de la Conexión. Se desmantelaron los laboratorios en Francia, se purgó a los policías corruptos franceses y norteamericanos y se cortocircuitaron las redes de distribución.

A partir de entonces cambiaron las reglas del juego y la cocaína se convirtió en la droga de moda. Pero esa es otra historia. Porque ahora toca hablar de dos películas que, muy distantes en el tiempo, hablan de esta trama: la mítica “The French Connection”, dirigida en 1971 por William Friedkin, protagonizada por Gene Hackman, Roy Scheider y Fernando Rey; y que forma parte de la Historia, con mayúsculas, del cine negro y criminal.

Una película que exuda realismo y autenticidad en cada fotograma y que, filmada en las calles de Nueva York, tiene una de las persecuciones más memorables del Noir cinematográfico.

Cambiando de continente, hace poco que el cineasta francés Cédric Jiménez filmó “Conexión Marsella”, una cinta interpretada por Jean Dujardin, Gilles Lellouche y Céline Sallette; en la que se cuenta la historia del desmantelamiento de la French Connection desde Francia.

Conexión Marsella

El duelo interpretativo entre los dos protagonistas nos muestra a un juez incansable e incorruptible enfrentado al líder de la mafia corsa que tiene a toda Marsella en su bolsillo. Un juez que se implica de forma decidida en la guerra contra las drogas, lo que le granjea enormes problemas, angustias y contratiempos. El mafioso, por su parte, es un personaje complejo, muy bien trabajado y que da el contrapunto perfecto al héroe de la función.

“Conexión Marsella” es una ambiciosa película de acción que permite adentrarse en el funcionamiento de las mafias y que, con un cuidadísimo diseño de producción y una espléndida banda sonora, transporta al espectador a los terribles años de plomo en los que la sangre corría abundantemente por la Costa Azul.

The French Connection. Una muestra más de cómo el buen cine negro y criminal camina a lomos de la realidad más cruel y sangrienta.

Jesús Lens

 

Proyectos

Barajo ahora mismo varios proyectos, ideas y propuestas. De cine, de música, literarias, pictóricos, gastronómicos, culturales… pero en cuanto empiezo a pensar en ponerme manos a la obra, me atenaza y me paraliza la misma duda: ¿para qué?

¿Tiene sentido?

La experiencia del pasado martes, más de 170 personas viendo “Las uvas de la ira” y, después, participando del coloquio que mantuvimos Luis González, Fernando Marías y yo así parece acreditarlo. Que sí. Que hay ganas. E interés. Que se pueden hacer cosas. Que se deben hacer. Que somos como los tiburones. Que, o seguimos nadando, o nos ahogamos.

Las uvas de la ira

Y por eso, esta tarde dudaba entre pasármela escribiendo o meterme un maratón de cine coreano de gángsters. Y que salga el sol por Antequera.

Al final, me dormí un par de horas y estuve leyendo. “Herejes”, de Leonardo Padura. Un libro que te provoca ganas de conocer la pintura de Rembrandt. Y vuelta a empezar.

En fin. Que por ideas no será.

Después, ya veremos. Porque ya sabemos que, como sostiene mi querido Colin, “Tener ideas es el paraíso. Ejecutarlas es un infierno”.

El Padrino

Y ahora… ¡SEGUIMOS!

Jesús Lens Desbordado.

En Twitter: @Jesus_Lens

 

Se estrena un nuevo libro

Lo primero, el tráiler.

De inmediato, el enlace con la información necesaria para responder a la pregunta…

¿Qué os parece? ¿Os creéis algo? ¿Habéis leído alguno de esos títulos que cita el artículo? Y, sobre todo, pensáis que Coppola debería filmar la cuarta parte de El Padrino, dado que la tercera le salió estupendamente o, dados los bodrios indigeribles que ha filmado últimamente, debería quedarse en Napa, haciendo vino tranquilamente, rodeado de la su familia?

Jesús apadrinado Lens

Y ahora, a ver los 6 de octubre de 2008, 2009, 2010 y 2011