Chorreo

Escribía ayer sobre el sindiós administrativo de una Junta de Andalucía que lo tiene todo liado y enmarañado. Con referencias a la anterior corporación municipal, que también va servida de follones y jaleos varios. Hablábamos del Nevada y del Algarrobico; de la infusión hospitalaria al punto de ebullición, de la Operación Nazarí y de los desmanes en el Serrallo. De todo ello he ido escribiendo puntualmente en IDEAL.

Decisiones políticas, basadas en expedientes e informes técnicos y jurídicos, que nos están costando un pastizal. A usted y a mí. A todos los ciudadanos. Decisiones en las que las diferentes administraciones se contradicen entre sí, dando igual nombres, siglas y colores políticos.

 

Tiren ustedes de hemeroteca y encontrarán estaciones de AVE inviables, trazados de Metro complejísimos y soterramientos a medio soterrar. Atrios convertidos en Hartrios y tramas oscuras -cuando no directamente delictivas- rondando a la Alhambra, de las audioguías a las entradas, pasando por la contratación de personal. Hay líos con el Patronato del Consorcio de la Fundación de la cosa lorquiana y fuga de pasajeros y pérdidas económicas en el servicio de transporte urbano, con la implantación de la funesta LAC.

Y, desde hace años, tenemos una impresionante presa que no sirve de nada porque carece de canalizaciones que conduzcan el agua a las tierras de cultivo que agonizan de sed. Sin olvidar esa entelequia, la Vega, más presente en la memoria y en los poemas de Federico García Lorca que en nuestra vida diaria.

 

En todos estos jaleos, desmanes, sinsentidos y destrozos hay un denominador común: la dejadez de funciones de los representantes de la administración que, por acción o por omisión, permiten que pasen las cosas. O, en su caso, no hacen lo necesario para conseguir que ocurran las que deberían ocurrir.

 

Y lo peor, como decíamos ayer, es que nadie asume responsabilidades políticas. Ni los ciudadanos las exigimos. Nos hemos acostumbrado de tal manera a la chapuza y al mangoneo que nada nos sorprende, nos irrita o nos subleva. Contemplamos con absoluta normalidad ese chorreo de millones de euros que desaparece por el sumidero de la dejadez, de la incompetencia o, directamente, del latrocinio.

Por ejemplo, y por mucho que IDEAL publicara numerosas informaciones sobre escándalos urbanísticos que afectaban al PP, solo la intervención de la UDEF provocó la caída de un Torres Hurtado reciente y mayoritariamente votado en las urnas… y aupado por Ciudadanos a la alcaldía. Ese Cs que amenazó al PSOE con una moción de censura… ¡Ays!

 

Jesús Lens

La corrupción que no cesa

Mientras Unidos Podemos le hace la envolvente al PSOE con su moción de censura contra Rajoy por la “grave situación institucional” en que se encuentra una España que no deja de chapotear en la pestilente charca de la corrupción, Granada vuelve a saltar a los titulares por un asunto referido… a la corrupción. Y de ello hablo en mi artículo de IDEAL.

¡Marchando una de moción!

Y es que la sombra del anterior alcalde de la ciudad, José Torres Hurtado, es alargada. Tanto, que ahora se cierne sobre un puñado de concejales del PP, aún en ejercicio, que votaron a favor de la construcción de la discoteca del Serrallo.

No sé cuánto tiempo estarán estos ediles del Ayuntamiento bajo el marchamo de “investigados”, pero no parece que este sindiós favorezca la moción de censura contra Francisco Cuenca planteada por Sebastián Pérez y Luis Salvador en su ¿ya olvidada? comparecencia conjunta. Al menos, no en el corto plazo.

 

¡Menudo legado, el de Torres Hurtado! Él detenido e imputado como presunto cabecilla de una trama de corrupción urbanística, la ciudad arruinada y buena parte de sus concejales, desfilando por los juzgados.

 

Al final, da la sensación de que Torres Hurtado le hizo un favor a Sebastián Pérez al exigir su cese a cambio de su dimisión como alcalde de la ciudad, tras su detención. Fuera de la plaza del Carmen y elegido presidente del PP provincial por abrumadora mayoría, Sebastián tiene un par de años por delante para preparar y foguear a un equipo de gente completamente nueva y sin salpicar por las manchas de corrupción que siguen asolando al Partido Popular granadino. La derrota sin paliativos de la candidatura de Juan García Montero, bendecida por Torres Hurtado, así lo pone de manifiesto.

 

Para Sebastián Pérez, estar fuera del Ayuntamiento es una bendición. El PSOE, sin apoyos de ningún tipo y sufriendo el incomprensible acoso de los mismos que le auparon al gobierno municipal, se encuentra asfixiado por un presupuesto imposible de cuadrar. Y nada en el horizonte cercano nos permite vaticinar que las cosas cambiarán significativamente en los próximos meses.

Así, mientras los unos pasean por los juzgados y los otros van como locos, tratando de tapar agujeros sin dar abasto; Sebastián Pérez no tiene más que esperar. Y si consigue una reunión con el ministro de Justicia que revierta el despropósito del TSJA y llega el AVE, no descarten la mayoría absoluta.

 

Jesús Lens

¡Nos ahogamos!

Da lo mismo que lo hayas hecho en el enero más cálido de la historia o que lo hagas en este febrero arrasado por la ola de frío polar: estas semanas, abrir la edición digital de IDEAL a cualquier hora del día o de la noche, supone arriesgarse a que la más reciente investigación contra la corrupción nos hunda un poco más en el pozo de miseria moral en que chapoteamos desde hace tiempo. 

 

No sé ustedes, pero yo he perdido la cuenta de las operaciones policiales de las últimas semanas. Metafóricamente hablando, la AP-36, la autopista entre Madrid y Valencia, ha demostrado que el concepto “peaje” puede adquirir una dimensión muy polisémica y tener unas consecuencias (im)previsibles para los restos del gobierno del PP.

Nos ahogamos cobo calleja

 

Luego está lo de los chinos, que es un misterio dentro de un enigma y presentado en forma de acertijo. Todo lo que tiene que ver con China adquiere unas dimensiones elefantiásicas, desde el banco ICBC, la institución financiera más grande del mundo, al polígono Cobo Calleja. Sin embargo y a simple vista, la actividad cotidiana de los chinos afincados en nuestra ciudad parece ser la de regentar restaurantes a los que no entra nadie a comer y tiendas que abren las 48 horas de cada día (24 parecen quedárseles cortas) o la de jugar a las tragaperras de nuestros bares y cafeterías. 

 

Y también tenemos esa sonrisa profidén que se nos queda al asistir, atónitos, a la detención del dueño de Vitaldent y a otros tres directivos de la empresa, unos días después de la tocata y fuga del del dueño de Funnydent.

Nos ahogamos sonrisa

 

Parecía que uno de los logros de la sociedad española más moderna era el dental. Lucir una bonita sonrisa se había convertido en uno de esos objetivos globales que no salen en las noticias, pero que tanto hacen por mejorar el Índice de Felicidad Humana. Ahora, hasta eso nos han quitado, dejando a miles de personas la sonrisa congelada en el rostro y una enorme rabia interior. 

 

Y todo este caldo de cultivo, en plena efervescencia, no sabemos qué resultados va a terminar cosechando: la corrupción que no cesa, en Madrid y Valencia; las tríadas chinas operando desde el banco más importante del mundo y los traficantes de marfil haciéndose ricos merced a las estafas con nuestros dientes.

 

¡Socorro! Nos ahogamos. 

 

Jesús Lens 

 

Twitter Lens

La cultura como antivirus para la corrupción

Tengo el argumento definitivo para defender y exigir la necesidad perentoria de mantener e incrementar el estudio de las letras, la filosofía, las artes y la cultura en colegios, institutos y universidades. En casa y en la calle. Por la mañana, por la tarde y por la noche.

Además, es un argumento irrefutable.

Si estás al tanto de la actualidad, aunque sea de forma superficial, bien sabrás en qué se gastan los (presuntos) corruptos de este país el dinero que roban, estafan, distraen y esquilman: copas, alcohol y drogas que posibilitan farras interminables; opíparas comilonas presididas por todo tipo de alimentos que hacen subir el ácido úrico hasta límites intolerables; orgías en calzoncillos, joyas, oros, cadenas y demás reluciente mercadería, trajes a medida y modelitos para el candelabro, cánticos populares y viajes a paraísos tropicales, casoplones en exclusivas urbanizaciones, unos cochazos que quitan el hipo, etcétera.

 Corrupción

A sensu contrario: ¿en qué renuncio no ha sido pillado (casi) nunca uno de estos (presuntos) corruptos?

Sacando un abono para el ballet. Visitando las exposiciones de los grandes museos que en el mundo son. Adquiriendo fondos bibliográficos de las librerías. Asistiendo a conferencias de sesudos ensayistas. Yendo al teatro alternativo. Viendo películas de autor en Versión Original. Leyendo a Heisenberg o a Wittgenstein. Etcétera.

 Corrupción chorizo

Sí. A los del Palau de la Música parecía irles, a la vez, la música clásica más exquisita y la estafa a gran escala. Pero… ¿no sería una fachada, aquel amor a la música, para poder medrar y robar a través de una institución social y cultural tan señera?

Vale. Vale. Es verdad que, a veces, uno escucha a Wagner y le dan ganas de invadir Polonia, como dijera Woody Allen. Y que había nazis ilustrados que lloraban escuchando una ópera y, al día siguiente, ejecutaban a cientos de personas.

Pero, básicamente, la canallesca putrefacta que nos roba y nos estafa, suele ser de gustos zafios y gruesos, básicos y sin cultivar. Gente que se acerca al arte y a la cultura para ver lo que puede rebañar, económicamente o en cuestión de imagen.

 Corrupcion

Así las cosas, y aunque sea solo por cuestión de probabilidad, tratemos de conseguir que los niños y los jóvenes accedan a la cultura, al arte, a la música y al pensamiento. Quizá no les inmunice contra el virus de la corrupción, pero algo ayudará.

Digo yo.

Jesús Lens

En Twitter: @Jesus_Lens

En la orilla

Cuando vi “Crematorio” quedé francamente impresionado. Hasta la fecha, es la gran serie de televisión española, con notable diferencia sobre las demás. Lo único que me fastidió de aquella historia radicada en Missent, trasunto de cualquier pueblo de la costa levantina venido a más por mor de la especulación inmobiliaria, fue que me dejó sin ganas de leer la novela homónima de Rafael Chirbes, publicada por Anagrama.

 En la Orilla crematorio

Por eso, en cuanto vi que el autor valenciano publicaba “En la orilla”, con la misma editorial, le encargué a Antonio, uno de mis libreros de referencia (1616 Books de Salobreña), que me reservara un ejemplar.

Lo empecé un viernes. Por la tarde. No llegó al domingo. Y, conste y sirva como aviso para navegantes, que no es fácil su lectura. En absoluto. Sin embargo, es fascinante. Seguro que alguna vez has pinchado uno de esos discos hipnóticos que parecen sumergirte en un trance y no puedes dejar de oírlos, una y otra vez. Pues eso pasa con la lectura de “En la orilla”. Aunque, como bien me decía mi prima Laura, una vez que lo cierras, te da miedo volver a abrirlo, asustado ante las nuevas maldades y perfidias que sus páginas te van a deparar. Pero, en cuanto tienes unos momentos tranquilos… te abalanzas sobre él.

Porque, efectivamente, “En la orilla” será uno de los libros del año igual que “Crematorio” fue elegido como uno de los títulos imprescindibles de lo que llevamos de siglo XXI.

 En la orilla

Tratar de explicar de qué va el libro de Chirbes sería un ejercicio de total y absoluta futilidad. Porque no va de nada. Y va de todo. Es decir, lo que cuenta es la crisis que estamos viviendo. Sus causas. Sus causantes. Sus consecuencias. Sus perjuicios. Y sus perjudicados. Y lo cuenta a través de un deslumbrante ejercicio de pura literatura: cambio de voces y puntos de vista, de estilos, de personajes… No hay acción. No hay trama. Apenas si hay un MacGuffin: el hallazgo de un cuerpo en el pantano de Olba. Punto. A partir de ahí, literatura. Torrencial. Verborreica. Eterna.

Todas y cada una de las palabras que emplea Chirbes en “En la orilla” son perfectas. La palabra justa, oportuna y necesaria. Todas tienen sentido. Porque todas describen una situación conocida: el que sabe de vinos, el del pase a un apartamento para trincar la plusvalía, el comisionista, el financiero, el de los coches, el de la mesa de mantel de lino, los de las rayas… Y los inmigrantes. Los que trabajan en la huerta. Los que cuidan viejos. Los que entraron en la carpintería. Y se fueron. Los que ponen gasolina. A los que se les cierra el grifo. Y las mujeres. Las que se fueron. Y triunfaron. ¿O no?

Irse o quedarse. ¿Resistir es vencer? Los fantasmas del pasado pesan como una losa en “En la orilla”. Y la manipulación de la realidad. De la historia. Sobre todo, en una España que solo quería mirar hacia delante y pasar página… utilizando la táctica del avestruz. Ojos ciegos. No mirar. No saber. No preguntar. Una España que, de pronto, era moderna. Más moderna que ninguna. Y rica, claro. Aunque el pantano de Olba siguiera oliendo a los detritus y a la mierda de siempre.

 En la orilla pantanosa

Foto: Anthony Coyle. www.pollitolibros.com

Lo que más me gusta de este prodigioso artefacto literario es que te levanta sobre sus hombros y te permite tener una visión panorámica de la España de aquí y de ahora. 360 grados que te permiten mirar hacia delante, hacia atrás y hacia los lados. Sin ángulos muertos ni espacios vacíos. Sin puntos ciegos. Porque en “En la orilla” está todo. Todo. Y está tan maravillosamente apuntado, insinuado y descrito que cada párrafo, cada diálogo, cada personaje no son sino la punta de un iceberg en el que el lector encontrará la biografía reciente de un amigo, de un vecino, de un conocido, de un familiar, de un compañero de trabajo.

Si ahora mismo viniera un extraterrestre y quisiera saber qué es esto de la crisis, cómo hemos llegado aquí y el porqué; yo le daría a leer “En la orilla”, en la plena convicción de que no necesitaría más para entender la España de 2013.

Y, reitero, desde el compromiso que Chirbes tiene con la literatura más pura que he leído en los últimos años. ¡Ni una concesión!

 En la orilla Chirbes

Si te consideras y te defines como lector, tienes que leer “En la orilla”. No prometo que te vaya a resultar fácil. Pero sí que, cuando la termines, me darás las gracias.

¡De nada!

Jesús Lens

En Twitter: @Jesus_Lens