320 kilos donados

Efectivamente, quien hace la donación es la Fundación Amancio Ortega y, con ello, cumple con una serie de requisitos económicos imprescindibles para redondear la complejísima actividad fiscal del grupo Inditex.

La pregunta es: ¿Y? ¿Qué tiene de malo? De ello hablo hoy en IDEAL.

 

A decir de los críticos de uno de los hombres más ricos del mundo, Inditex debería tributar en España y no acogerse a las posibilidades que permite la ingeniería financiera internacional. Además, no debería beneficiarse de las condiciones más laxas que, en materia laboral, existen en muchos de los países en los que fabrica el gigante textil.

 

Las dos críticas, que no carecen de razón, apelan a un mundo ideal en el que la sanidad española debería ser capaz de responder a todas las demandas de los pacientes, sin que fuera necesaria una donación particular de 320 millones de euros. ¡Ojalá fuera así! Pero no lo es.

Quiere la casualidad que coincida esta tormenta con la sentencia del Tribunal Constitucional, tumbando la amnistía fiscal de Montoro. Permítanme ser cínico e imaginemos que Inditex tributara en España sin acogerse a ninguno de los beneficios que usen sus asesores fiscales: dados los altísimos niveles de corrupción de este país, las derramas y las menguas presupuestarias, los contratos opacos, el amiguismo… ¿no creen ustedes que, a los hospitales, llegaría bastante menos dinero por vía impositiva que gracias a la donación directa realizada por la Fundación Amancio Ortega?

 

Insisto: en un mundo ideal, nada de eso ocurriría. Pero ocurre. Y, a la vista está que la sociedad española es complaciente y tolerante con la corrupción, sin que sea necesario dar ejemplos, ¿verdad?

 

Y luego está lo de fabricar en países del tercer mundo para abaratar costes. ¡Ojalá fuéramos tan puntillosos con este tema, todos y cada uno de nosotros, en nuestra vida diaria! En el país líder mundial en piratería y en el que proliferan como setas esos comercios que no respetan ningún horario comercial, que venden Todo a 1 euro y dispensan alcohol a los menores de edad, le exigimos a las grandes empresas lo que no nos exigimos ni a nosotros mismos.

Eso sí: luego, a hacer colas interminables en las tiendas que venden productos textiles de ínfima calidad a precios de risa. Estamos tan llenos de contradicciones que llega a irritarnos que una Fundación done 320 millones de euros a la sanidad pública.

 

Jesús Lens

23-F: barro y lodo

Ayer fue 23-F, un día presidido por una pertinaz lluvia de barro, física, metafórica y hasta metafísica. El día amaneció oscuro, con las calles cubiertas por una sucia capa de barro que, esta vez, caía del cielo.

Travis, el conductor interpretado por Robert de Niro en “Taxi driver”, esperaba una lluvia redentora que limpiara de basura las acercas de una Nueva York violenta y corrupta. Ayer, en Granada, la lluvia lo ensuciaba todo y, como tuvieras la desdicha de siquiera tocar un pasamanos que te ayudara a subir unas escaleras, acababas pringado hasta los ojos.

A la vez, ayer fue un día complicado para todo lo relacionado con la administración de justicia, sucediéndose, pisándose y atropellándose un montón de noticias judiciales que despertaron las iras de cientos de miles de personas.

A primera hora ya se dieron a conocer los cambios en la cúpula varias Fiscalías, incluyendo la de Murcia, que tanto había hecho por la imputación del presidente regional por fraude, cohecho y revelación de información. El fiscal cesado aprovechó para denunciar amenazas, robos e intimidaciones. Un poco tarde, sin duda, pero son muy graves esas palabras y enormemente preocupantes sus declaraciones de que “la mayoría de los fiscales anticorrupción del país sienten cierta desprotección”.

Y luego les tocó el turno a Urdangarín, Torres, Griñán, Blesa, Rato… Uno, como buen lector de novela negra, no cree en las casualidades. E iba asistiendo, entre atónito y estupefacto, al incesante torrente de polémicas decisiones judiciales… y a su paralelo análisis en las redes sociales, que hervían de indignación, con Miguel Ángel Revilla, el presidente de Cantabria, como portavoz: “alguien dijo que la justicia que no entiende el pueblo, no es justicia. Yo esta justicia, no la entiendo”. Y terminaba su alocución con un admonitorio: “se está jugando con fuego”.

Tenemos que creer en la presunción de inocencia y no podemos convertir los platós de televisión ni las redes sociales en Tribunales de la Inquisición. En el caso Noos, el día de la sentencia, cada español parecía tener la suya. Que, por supuesto, no coincidía con la de las tres magistradas que dictaron la única válida. No soy nadie para valorar dicha sentencia, pero sí tengo la sensación de que no se está poniendo el suficiente énfasis en la cacareada lucha contra la corrupción ni contra los delitos de cuello blanco.

Jesús Lens