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Tag Archive for 'Cine'

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The lunchbox

¿Hay un restaurante indio en tu ciudad? ¿Lo hay cerca del cine al que suelas ir? En Granada, por ejemplo, tenemos el clásico Muglia…

¿Por qué lo digo? Porque, si vas a ver la película “The lunchbox”, es conveniente que reserves para después mesa en el Indio más cercano, dado que la película te va a provocar unas casi, casi irresistibles e irrefrenables ganas de ir a tomarte un pollo tika masala o un cordero vindaloo.

 The Lunchbox

Sí. Una peli india. Que transcurre en la cosmopolita y elefantiásica ciudad de Mumbai, anteriormente conocida como Bombay. Y que transcurre ahora mismo. Hoy. Ayer. Mañana. O sea, que es radicalmente contemporánea.

Todo comienza con una mujer que cocina. Y lo hace siguiendo los consejos de su tía, que la guía a voces, a través de la ventana. Cocina. Y no es una comida cualquiera, la que guisa. O quizá sí. Está cocinando para su marido. Que lleva un tiempo pasando bastante de ella. Que está, pero así como ausente.

 The lunchbox cocina

Y como a los hombres se les (re)conquista por el estómago, ahí tenemos a la mujer, madre de una niña de unos seis años, esmerándose en una comida que su esposo se comerá… en su lugar de trabajo.

Porque en Mumbai existe un sistema de transporte de comidas tan eficiente que ya lo querrían para sí cualquiera de las cadenas de Tele-Condumio de nuestras ciudades. En este caso, la comida va de la cocina de casa a la mesa de la oficina. Se trata de tener, todos los días, comida casera. Pero casera de verdad.

 The lunchbox mercado

Ahora bien. ¿Y si un día falla el sistema y esa suculenta comida, preparada con amor, picardía e intención; termina en la mesa de trabajo de otra persona?

A partir de un planteamiento tan sencillo como delicioso, Ritesh Batra dirige una agridulce comedia repleta de momentos que sacan sonrisas, pero también de otros que te dejan congelada esa misma sonrisa en la cara. Porque, como la vida misma, de todo hay en una película que rezuma realismo por los cuatro costados.

 The Lunchbox protagonista

A través de la relación epistolar más improbable y sui géneris de la historia del cine, los protagonistas de “The Lunchbox” se descubren, se conocen, se imaginan y se sueñan. Sueñan mucho. Sueñan, por ejemplo, con el reino de Bután, donde la riqueza del país no se mide en términos de PIB, sino de la felicidad de sus habitantes.

Si ahora te digo que los actores protagonistas de la película son  Irrfan Khan, Nimrat Kaur, Nawazuddin Siddique, Denzil Smith, Bharati Achrekar y Nakul Vaid; lo mismo te quedas cuajado.

Pero no. No pasa nada por el hecho de que no haya un solo rostro occidental en la cinta. No hace falta. “The Lunchbox” es encantadora y deliciosa tal y como es. Asomarse a un patio de vecindad de la Mumbai del siglo XXI y disfrutar de esos bocados de realidad tan lejanos como contemporáneos es un privilegio. Y si, además, te ríes y te sonríes; mejor que mejor.

 The Lunchbox protagonisto

Yo no la dejaría escapar.

Jesús Lens

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El viento se levanta

“¡El viento se levanta! ¡Debemos aprender a vivir!”

Además, debemos (volver a) aprender a ir al cine. Sin complejos. Sin ideas preconcebidas. Sin aprioris.

 El viento se levanta

Porque ir al cine a ver la última (en todos los sentidos de la expresión, por desgracia) película del genio japonés Hayao Miyazaki es una de las mejores ideas, propuestas y decisiones que, ahora mismo, puedes tomar.

La película comienza con los versos de Paul Valery con que arranca esta reseña. Y, de inmediato, nos encontramos a Jiro, un chaval japonés cortito de vista, pero largo de sueños. Un chavalito que sueña con el viento, el aire y el cielo. Que sueña con esos aviones que, en los años veinte, comenzaban a elevarse para surcar ese vasto océano que tenemos sobre nuestras cabezas.

 El viento se levanta

Un niño inquieto que dialoga con el italiano Caproni, uno de esos genios visionarios que, no sabiendo volar ni queriendo aprender a hacerlo, diseñó algunos de los aeroplanos más importantes en la pionera historia de la aviación. Un niño que decide convertirse en ingeniero para dar rienda suelta a su pasión por los aviones y que no permitirá que nada ni nadie le aparte de su camino.

A través de un prodigioso guion, Miyazaki hace coincidir la vida de Jiro con algunos de los hitos históricos más importantes del Japón de los años 20 y 30, como el brutal terremoto de 1923, la Gran Depresión económica que llevó a la quiebra a cientos de miles de personas y empresas, la epidemia de tuberculosis y, sobre todo, la Guerra entre China y Japón, prolegómeno de la Segunda Guerra Mundial.

 El viento se levanta fábrica

Porque uno de los ejes de la película, más sugerido que directamente planteado, es la responsabilidad de la sociedad civil en todo lo referente a la guerra que asolaría el mundo entre 1939 y 1945.

Sin embargo, la película es hermosa, poética, bella y deliciosa y, aunque los aviones son los grandes protagonistas, no dejaremos de ver a los personajes viajar en tren, en carro, en barco y a pie. Los trenes, sobre todo, tienen una importancia extraordinaria en la película. Aunque también hay momentos para la quietud. Como todo el episodio que acontece en el hotel de montaña. Uno de esos hoteles a los que uno hubiera ardido por ir.

 El viento se levanta Jiro

La cantidad de sugerencias que hay en cada plano, las relaciones entre los personajes, la historia de amor, la mezcla de sueños y realidad, de realidad y fantasía, de creación artística y de recreación histórica; convierten a “El viento se levanta” en una joya de visión obligatoria para cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad y buen gusto.

 El viento se levanta viaje

De la teoría de Caproni sobre que la creatividad de una persona solo dura diez años y que, después, hay que retirarse, ya la comentaremos. Sobre todo porque el propio Miyazaki ha anunciado que ésta es su última película.

Y, visto el grado de perfección alcanzada, me parece sencillamente intolerable esta actitud.

 El viento se levanta trenes

Pero, como digo, ya lo hablamos más adelante. Mientras, id a ver “El viento se levanta”. Y disfrutad.

Jesús Lens

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Cotton Club: Más que un Club

Celebramos el Día Internacional del Jazz, desde ese Cine con Swing en que Cid & Lens estamos comprometidos, con una entrada imprescindible que esperamos os guste:

Algunos sitios nada más nombrarlos nos traen las más intrincadas elucubraciones. Sus nombres están asociados a personajes míticos, encuentros siniestros y sorprendentes, acontecimientos inolvidables, y, como es este el caso, a músicos inolvidables. Con el Cotton Club me pasa una cosa, cuando quiero encontrar una similitud con algo semejante por estas tierras pienso en los antiguos cafés cantantes madrileños o sevillanos dónde se reunía el mundo flamenco todo. Guardando las diferencias claro. Tampoco quiero decir con esto que los clubes de jazz sean las peñas flamencas de ahora, no sigan por ahí…

 Cotton Club

El Cotton Club estará para siempre asociado a la etapa del swing, al mundo de los gángsters, a las bing bands, y a la Ley Seca. Era el “Lugar Número Uno”. Allí dónde todo músico quería estar. Se cuenta que en cierta ocasión la big band de Fletcher Henderson fue rechazada y que en su lugar eligieron a la de Jimmie Lunceford. Curiosa historia porque la banda de Henderson fue la “primera big band”. El caso es que en Nueva York había otros locales, como el Connie’s, pero el Cotton Club era otra cosa. A ello contribuyeron seguramente el hecho de que su propietario fuera el gángster Owney Madden (Bob Hoskins en la película), que tuviera la sesión más golfa y sonada de la noche del domingo en Nueva York (las “Celebrities Nights”), y que se convirtiera en cita obligada para todo músico de jazz que pasara por la ciudad, ya fuera el Duque, el Conde, Bessie Smith, Cab Calloway, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Billie Holiday, Nat King Cole,… ¿se imaginan?

 Cotton Club Hoskins

Pero el Cotton Club fue ante todo hijo de su época, y como toda época tiene su final, el Cotton desaparecería, hijo de su tiempo, con ella; fue en 1940, veinte años después de que su primer propietario, el boxeador Jack Johnson, abriera sus puertas. ¡Ahí es na! La brillantina, el jolgorio, el “famoseo”, y ¡ay! el glamur, la canalla noche del jazz de NY, que lo seguiría siendo por cierto, pero con otro aire, dieron pasó a otro tipo de música y de ambiente. Ni mejor, ni peor. Otro. El be-bop traía nuevas ideas al jazz, y el Minton’s, su templo, nada tenía que ver con el “club del algodón”. El escritor Leonard Feather (The Jazz Years) lo deja claro, el Cotton Club “propiedad de la mafia representaba un Harlem para blancos”; el be bop, en contraste, era una música de músicos esencialmente negros que querían romper con el pasado; y sigue Feather, por si alguien no tiene clara la diferencia: “De una manera más significativa, supe que el Cotton Club admitía a negros sólo como músicos. Con la excepción de alguna celebridad ocasional, que era aceptada a regañadientes (nadie se atrevió a insultar a un Bojangles Robinson que portaba una pistola negándole una mesa), los negros no eran bienvenidos como clientes. Saber esto significaba que yo no estaba cómodo allí. Consecuentemente, y quizás alocadamente, incluso atendiendo a su interés social, nunca vi el interior del club”.

 Cotton Club BSO

Quién si conoció bien el Cotton Club, de primera mano, no fue otro que un buen amigo de Leonard Feather, el gran Duke Ellington, quién me imagino se llevaría más de un secreto a la tumba; antes, sin embargo, nos dejó algunos recuerdos de su paso por el mítico local:

“La noche del domingo era la gran noche del Cotton Club. Estuviesen actuando en uno u otro local, todas las grandes estrellas neoyorquinas que se encontraran en la ciudad se acercaban al Cotton Club a saludar al público. Harlem tenía una fama excelente por aquellos días, y su atmósfera resultaba pintoresca a más no poder. Se trataba de un lugar de visita obligada, como Chinatown lo era en San Francisco.

El Cotton Club se hizo famoso a escala nacional por nuestras retransmisiones radiofónicas de costa a costa, que tenían lugar casi todas las noches. A los artistas se les pagaban elevados salarios, y los precios para los clientes, también eran elevados. La sala contaba con doce bailarines y ocho coristas, guapísimas todas. ¡Qué bien iban vestidas! Uno ya no ve esa clase de chicas en los escenarios.

 Cotton Ellington

Durante los años de la Prohibición, siempre era posible comprarle buen whisky a “alguien” en el Cotton Club. Por entonces vendía lo que llamaban Chicken Cock. Venía en una botella que estaba dentro de una lata, y la lata estaba sellada (…). Las incidencias de la era de los gangsters no eran conveniente materia de conversación. La gente a veces me preguntaba si conocía personalmente a fulano o mengano.

 

- No, qué va – decía yo –, no lo he visto en la vida.

 

Pero sí que les conocía a todos, y cuando empecé a tocar en el Cotton Club, las cosas ya se habían salido de madre”.

BSO (Geffen Records, 1984):

The Mooche (Duke Ellington/Irving Mills), Cotton Club Stomp 2 (Duke Ellington), Drop me Off in Harlem (Duke Ellington), Creole Love Call (Duke Ellington), Ring Dem Bells (Duke Ellington/Irving Mills), East. St. Louis Toodle (Duke Ellington), Truckin’ (Rube Bloom), Ill Wind (Harold Arlen), Cotton Club Stomp 1 (Duke Ellington), Mood Indigo (Duke Ellington/Irving Mills), Minnie the Moocher (Cab Calloway/Irving Mills), Cooper Colored Gal (J. Fred Coots), Dixie Kidnaps Vera (Al Woodbury), The Depression Hits/Best Beats Sadman (Al Woodbury/John Barry), Daybreak Express Medley (Duke Ellington)

Productor musical: John Barry.

Días de Radio

Parafraseo el título de la película de Woody Allen porque estoy muy contento de una nueva faceta que, desde ahora, voy a desarrollar con más fuerza: la radio.

 dias de radio

Aunque hace tiempo que vengo colaborando en el medio, hablando de cine, primero en Happy FM y ahora en ES Radio, de la mano de Brígida Gallego Coín y de José Miguel, los lunes por la mañana, entre las 12 y las 14 horas, donde aprovechamos para comentar las películas que proyectamos en el Teatro CajaGRANADA; desde hoy inicio una colaboración fija en la Voz de Granada, con Alfonso Salazar, en su programa La Plaza Humana.

Los programas los grabaremos los lunes por la tarde y se emitirán los martes por la noche, a partir de las 22 horas.

Además, también colaboraré en el Magazine matutino de La Voz de Granada, los viernes, para repasar la cartelera y hablar de ese cine que tanto nos gusta y nos cautiva. El de estreno, el de casa, las series de las que todo el mundo habla…

 La voz de Granada

¿Nos escuchamos?

Además de leernos. Y de vernos. Por ejemplo, este miércoles, que te recuerdo que tienes una cita I-NE-LU-DI-BLE…

¿Vale?

Jesús Lens

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Yo no era aquél

¿Te acuerdas de esta convocatoria? Quizá ya no. La tuvimos que suspender por el luto oficial por la muerte de Suárez.

Ahora, una vez pasada la Semana Santa, la retomamos. El miércoles de la semana que viene.

 Aquel no era yo

El día 23, ¡Día del Libro!

Veremos el corto español nominado al Óscar y tendremos oportunidad de mantener un coloquio que, a buen seguro, resultará enriquecedor.

¿Nos acompañáis?

Jesús Lens

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Donde pone el ojo

Katha ojo bala

¿A que mola esta nueva Pieza de Katha & Lens? Sí. Nos gusta el cine. Y nos gustan las series. Ya llevamos tres piezas, como podéis ver en los enlaces señalados. Y subiendo.

Jesús Lens

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Philomena

Quizá haya llegado la hora de cambiar las tornas y que, al contrario de lo que viene siendo usual, las películas basadas en la fértil imaginación de un guionista comiencen con la siguiente leyenda:

“Esta historia NO está basada en hechos reales”.

Porque prácticamente todas películas grandes de este año, desde el Lobo al Capitán, pasando por la Estafa y los 12 años de esclavitud; parten de la vida, obra y milagros de personajes que, antes de serlo, fueron personas de carne y hueso.

“Philomena” es otra de ellas.

 Philomena

Ojo: lo anterior no es una crítica. Es la constatación de un hecho. Porque, por ejemplo, “Philomena” es una gran película que parte de una gran historia, está interpretada por grandes actores y deja un excelente sabor de boca al espectador.

La historia es sencilla: un periodista de alto copete, de los que suelen viajar en primera para cubrir los grandes eventos políticos internacionales, se queda en paro, tras haber trabajado en un gabinete de prensa institucional en sus últimos años. Y, aunque decide escribir un libro sobre la historia de Rusia, se muestra huraño, hosco e irascible. No es que el hombre parezca haber sido nunca la alegría de la huerta ni alma de la fiesta, pero gruñe más de lo habitual, según su esposa.

 Philomena actores

Entonces le surge la posibilidad de escribir un reportaje basado en una historia de interés humano, esto es, de las dirigidas a un público de inteligencia media baja, en descripción del propio personaje. ¿Qué tal indagar y escribir sobre la historia de una adopción ciertamente oscura y poco transparente, contada por Philomena, una señora ya mayor, que arrastra su secreto desde hace más de cincuenta años? Una señora muy, muy especial, interpretada magistralmente por Judie Dench.

Apenas hora y media dura la película. Lo justo y necesario para contar la historia de Philomena, a través de los cínicos y descreídos ojos de ese periodista, interpretado por un estupendo Steve Coogan, coautor él mismo del guion de la película.

 Philomena café

Una película pequeña, íntima y sentimental, en absoluto sentimentaloide, que habla de la importancia de los orígenes, del descubrimiento de la verdad y del perdón. Una película que lucha contra tópicos y maniqueísmos (aunque alguno siempre se cuela) y que lleva al espectador por caminos que no se espera, sin que por ello se sienta ni manipulado ni engañado.

 Philomena: Martin Sixsmith and Philomena Lee in real life and as played by Steve Coogan & Judi Dench

Una de esas películas pequeñas en formato, pero grandes en emociones. De las que posiblemente nunca vuelva a ver, pero de las que me alegro infinitamente haber visto.

Jesús Lens

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Ríos de celuloide

Vamos a tener una primavera pasada por agua, los martes, en el Teatro CajaGRANADA, a las 19 horas, gracias al nuevo ciclo que pone en marcha AulaCine CajaGRANADA: Ríos de Celuloide. Proyectadas en versión original subtitulada, para que los espectadores puedan disfrutar de las películas tal y como fueron concebidas por sus directores; la selección de ocho películas que componen este ciclo incluye tanto clásicos como títulos actuales y modernos, de los géneros más diversos.

 Ríos

Y es que no podemos olvidar que la primera gran civilización humana, la mesopotámica, nació entre las cuencas de dos grandes ríos, el Tigris y el Eúfrates, hace ya más de siete mil años. Desde entonces, miles de comunidades se han ido estableciendo en torno a las aguas dulces de los ríos, convertidas en fuentes de vida que han visto crecer en sus riberas a diferentes comunidades, culturas y asentamientos humanos.

El Planeta Tierra está regado por ríos descomunales, como el Nilo o el Amazonas; el Congo o el Misisipi; y por ríos más pequeños, pero igualmente trascendentales tanto para el hombre como para el ecosistema y el medio ambiente. Los ríos, además, han sido capaces de crear toda una cultura fluvial a su alrededor, una forma específica de comunicarse y de transportarse; una forma de vida con sus características propias y, a veces, únicas. Los ríos, en fin, han servido para construir mitos, provocar reflexiones filosóficas, inspirar obras de arte.

El Tigre, cerca de Buenos Aires

El Tigre, cerca de Buenos Aires

AulaCine CajaGRANADA presenta un ciclo en que se aborda la relación del hombre con diferentes ríos de los cinco continentes. Ríos que forman (y conforman) parte de nuestra vida.

Los títulos seleccionados

Los ocho títulos seleccionados para el ciclo “Ríos de Celuloide” han procurado alternar los continentes y los géneros cinematográficos utilizados por diferentes directores para hablar de la importancia del río, de forma física y directa o de forma simbólica y metafórica.

 Ríos Apocalypse Now

Así, “Las Montañas de la Luna”, dirigida en 1990 por Bob Rafelson, cuenta la historia del descubrimiento de las Fuentes del Nilo, uno de los enigmas geográficos más interesantes del siglo XIX ya que, además de por lo puramente científico, saber dónde nacían las aguas del río de los faraones también tenía una gran importancia geoestratégica, como el actual conflicto entre Etiopía, Sudán y Egipto por el control del caudal del río pone de manifiesto. Se proyecta el 25 de marzo.

“Todos tenemos un plan” es una película policíaca argentina muy reciente, de 2012, que transcurre en una comarca cercana a Buenos Aires conocida como El Tigre. Una zona urbana construida sobre las aguas de un inmenso río que se divide en incontables ramificaciones y en la que las calles y los caminos han de recorrerse en lancha, lo que obliga a sus 30.000 residentes a adaptarse a la vida en una zona lacustre, desplazándose a remo o a motor. Se proyecta el 1 de abril.

“Fitzcarraldo” es una de las grandes odiseas fílmicas rodadas por el alemán Werner Herzog con su actor fetiche: Klaus Kinski. Una película homérica que cuenta la expedición organizada por un rico comerciante de caucho, remontando el Amazonas con los materiales de construcción y las piezas necesarias para erigir en la ciudad de Manaos un Teatro de Ópera. Una historia que, salvando las distancias, nos recuerda a los problemas que hay en dicha ciudad para ultimar uno de los estadios de fútbol que acogerán la celebración del Mundial del próximo verano. Se proyecta el 8 de abril.

 Ríos Fitzcarraldo

“Apocalypse Now” no es una película sobre la guerra del Vietnam. Es Vietnam”. Así definió su director, Francis Ford Coppola, el rodaje de una de las películas más complicadas de la historia del cine. En ella, el capitán Willard debe remontar el curso de un río hostil, que se adentra en Camboya, para neutralizar al mítico coronel Kurtz, del que hay fundadas sospechas de que ha perdido la razón. El guion se basa en la novela de Joseph Conrad, “El corazón de las tinieblas”, solo que cambia de escenario ya que la magistral novela del autor anglo-polaco transcurre en África central y el personaje principal, Marlowe, remonta el mítico río Congo.Se proyecta el 15 de abril.

“El río”, de Jean Renoir, nos introduce en los misterios del Ganges y, a través de una extraordinaria y emocionante película semidocumental, nos cuenta las tradiciones y la mística que rodea al río sagrado de los hindúes. Se proyecta el 22 de abril.

“Defensa”, de John Boorman, es una película impactante que, filmada en 1972, enfrenta a un grupo de viajeros que descienden en canoa y por última vez el curso de un río salvaje, antes de que la construcción de una presa lo seque por completo; con un grupo de lugareños nada amables, simpáticos ni acogedores. Se proyecta el 29 de abril.

 Ríos Deliverance

“Mud” es otra extraordinaria película muy reciente, dirigida en 2012 por Jeff Nichols y protagonizada por el oscarizado Matthew McConaughey, en la que nos trasladamos al río Misisisipi en el que dos niños aprenderán a ser hombres gracias a la influencia de un personaje con resonancias míticas que habita en una lancha que una crecida del río dejó depositada en lo alto de las ramas secas de un árbol. Se proyecta el 6 de mayo.

 Ríos Mud

Y, por fin, el ciclo termina con la proyección de “El río que nos lleva”, dirigida en 1988 por Antonio del Real, que adapta la novela homónima de José Luis Sampedro y en la que se narra la última “maderada” de troncos que se bajaron a través del Tajo, en los años cuarenta, y que marcó el final no solo de una profesión, sino de toda una forma de vida. Se proyecta el 13 de mayo.

Fundación Agua Granada organizará dos coloquios

Fundación Agua Granada colabora con este ciclo “Ríos de Celuloide” y organizará dos coloquios, tras las proyecciones de “El río” y de “El río que nos lleva”, los días 22 de abril y 13 de mayo, respectivamente; con invitados que, partiendo de las películas, hablen de la importancia del agua como recurso de primera necesidad así como de las diferentes culturas que se generan en torno a los ríos.

 

Jesús Lens

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Aquel no era yo

¿Sabías que, este año, en los Óscar, hubo una película española nominada? Se titula “Aquel no era yo” y compitió en a categoría al Mejor Documental.

Este tipo de películas, por desgracia, son habitualmente invisibles, más allá de Festivales especializados. Sin embargo, en Granada estamos de suerte. El inquieto y activo Departamento de Artes Audiovisuales de la Diputación, dirigido por José Luis Chacón, ha conseguido una copia, para su exhibición pública y gratuita dentro de su ciclo “Hoy, quizás”.

Aquél no era yo

Será el próximo martes, 25 de marzo, a las 20.30 horas. Y como se trata de una película sobre los Niños-Soldado de África, voy a tener la ocasión de charlar, tras la proyección de la película, nada menos que con José Sánchez Montes, director del Festival Cines del Sur; y con Mane Cisneros, directora del Festival de Cine Africano. Y lo haremos sobre un tema apasionante: “África en el siglo XXI”.

Enhorabuena a Pepe Torrente, diputado de cultura, por organizar una velada de cine y conversación, con África en el centro del objetivo.

Ni que decir tiene que venir, más que una recomendación, es una obligación.

¿Verdad?

Jesús Lens

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La gran estafa americana

Sería una enorme exageración decir que la más reciente película de David O. Russell es una gran estafa, jugando con su título, pero sí es verdad que me esperaba más de una de las películas que más premios y nominaciones han obtenido a lo largo del 2013. Por no hablar de su descomunal reparto. Y, por supuesto, sin olvidar que el género de ladrones, pícaros y timadores es uno de mis favoritos.

 La gran estafa americana cartel

El pasado viernes, pues, no me sentí estafado al salir del cine, pero reconozco que al ver que la película “solo” había durado dos horas y cuarto, sí que me llevé una monumental sorpresa: ¡a mí me había parecido que superaba las tres horas, como “El lobo de Wall Street”!

Y es que el bueno de Russell le da demasiadas vueltas a una historia estupenda, pero que hubiera ganado, y mucho, de haber sido condensada en aquellos maravillosos 90 minutos, las tres bobinas que tanto hicieron por la evolución del cine, al convertir la sala de montaje en una especie de segunda dirección en la que se eliminaba todo lo superfluo y accesorio a la trama principal.

 La gran estafa americana reparto

Vueltas que da la trama, sobre todo, para poder presentar a una serie de personajes, perdedores y soñadores irredentos, cuyo mayor logro es pasar por tipos importantes, dando igual que se trate de estafadores de poca monta que de agentes del FBI. Y para tratar de impresionar a los demás, hay que cuidar la imagen.

Ríos de tinta (y de tinte) han corrido a cuenta del bisoñé que el personaje interpretado por Christian Bale se encasqueta en la primera y morosa primera secuencia de la película. Los mismos que se merecían los rulos del otro coprotagonista de esta farsa, Bradley Cooper y sin menospreciar el fabuloso tupé de Jeremy Renner, los escotes de Amy Adams o las uñas de Jennifer Lawrence.

 La gran estafa americana rulos

La imagen es tan importante que el director le dedica minutos y minutos de metraje al aspecto de los personajes, sin que la historia avance lo más mínimo, con la cámara deteniéndose en ellos, por delante y por detrás, de frente y de perfil, mientras caminan, se sientan en el coche o toman copas en los bares, en muchas ocasiones, demasiado forzados y acartonados.

Y así nos vamos hasta esos 138 minutos que lastran la que hubiera sido una estupenda película protagonizada por encantadores timadores del tres al cuarto en la Nueva York de los años setenta.

 La gran estafa americana uñas

Porque el argumento es asaz interesante: un par de estafadores de poca monta son detenidos por el FBI y, para quedar en libertad, aceptarán trabajar con ellos en la detención de algún que otro sinvergüenza. Solo que el agente del FBI a cargo de la operación tiene altas miras y muchas veleidades, por lo que empezará a apuntar a piezas que vuelan cada vez más alto, complicando de esa manera la vida de todos.

Mención aparte merece la construcción de los personajes, las relaciones que establecen entre ellos y, sobre todo, la resolución de la película. Ahí sí luce el trabajo de un guion que respeta al máximo a cada una de sus criaturas y que resulta excepcionalmente antimaniqueo.

 La gran estafa americana cena

Pero de ser válida la opción de calibrar una película según la intención de volver a verla en los próximos cinco años, me temo que “La gran estafa americana” no pasaría el corte.

Jesús Lens

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