Hartrio

Estoy hartrio. Muy hartrio. Harto de polémicas como la del Atrio. Es un hartriazgo denso y profundo, un hartriazgo espeso, hondo y de largo recorrido.

Un hartriazgo que viene de la constatación, una vez más, de que todo es imposible en Granada. De que, en nuestra tierra, cualquier cosa es susceptible de convertirse en un problema y de enquistarse por siempre jamás.

Lo último, lo del Atrio de la Alhambra, un proyecto más que yace en el baúl de los recuerdos de la intrahistoria granadina, durmiendo por siempre jamás en algún cajón olvidado de alguna dependencia administrativa y que solo volverá a ver la luz para una magna exposición de la Granada que pudo ser, pero nunca fue.

En el caso del Atrio, un informe de poco menos de 2.000 palabras ha servido para tirar a la basura un proyecto que traía la firma de Siza, que había sido aprobado en varios trámites por todas las fuerzas políticas de Granada y en el que ya se han invertido más de 2 millones de euros. Un informe que, sin embargo, concluye lo siguiente: “el pequeño pabellón de entrada (a la Alhambra) no responde a la constante demanda del crecimiento de visitantes”. O sea, que toca volver a empezar (*).

Pero lo más esperpéntico de este episodio es que, después de haber votado favor del Atrio, tanto el PP como el PSOE han terminado por darle la espalda y dejarlo morir, asestándole alguna puñalada, de paso, cuando todavía parecía respirar.

¿Han pasado ustedes últimamente por la Alhambra? El día Navidad subimos mi hermano y yo, corriendo. Y nos dimos una vuelta por la entrada al monumento más visitado de España. No creo que nadie en su sano juicio pueda decir que “eso” sea suficiente para recibir, dar la bienvenida y atender a millones de visitantes cada año. Ni por lo ¿estético?, ni por lo práctico, ni por lo útil.

Ahora mismo, cuando uno llega a la Alhambra, se siente rechazado. Como si fuera un engorro, una molestia. Ni un ápice de confortabilidad para hacerle sentir bien y a gusto, predisponiéndole al disfrute que le espera dentro del recinto monumental.

El actual acceso a la Alhambra es una de las más acabadas muestras de mala follá granaína que, en Icomos, una consultora externa utilizada por la UNESCO, parece haber encontrado a una fiel aliada, guardiana de las esencias.

(*) Las últimas noticias hablan de «replantear» el proyecto por completo, contando con Siza.

Jesús Lens

Me las piro a Toronto

En mi entorno más cercano se van a mosquear al enterarse por la prensa de que, en unos días, salgo de viaje con destino a… ¡Toronto! Un destino elegido por una razón muy poderosa: disfrutar, en Canadá, del Atrio de la Alhambra.

Toronto

Desde el próximo sábado y hasta el final de las Navidades, el famoso “Atrio” diseñado por Siza podrá contemplarse en una de las grandes capitales de Norteamérica y, me temo, será la última ocasión que tengamos de disfrutar del proyecto del afamado arquitecto portugués.

Porque bien saben ustedes que la Junta de Andalucía ha aparcado, sine die, la reforma de los accesos peatonales a la Alhambra que, en el Atrio, habían encontrado un diseño basado en la geometría, la luz, el agua y el paisaje del entorno, elementos que siempre han fascinado al arquitecto luso.

Tal y como nos recordaba Carlos Morán, la Consejería de Cultura ha dicho que “el Atrio no era una prioridad y que su futuro estaría marcado por una nueva hoja de ruta  que pasa por la necesidad de aunar posturas entre el ayuntamiento y las plataformas ciudadanas”.

Teniendo en cuenta que el monto del proyecto sumaba, sobre el papel, 45 millones de euros, ya sabemos dónde va a quedar el Atrio de Siza: en una exquisita exposición de un proyecto imposible, basado en maquetas, recreaciones virtuales, bocetos y dibujos que nunca se harán realidad.

Atrio Alhambra

Y ustedes dirán:

-Pero hombre, Lens, si esa misma muestra estuvo expuesta en su momento, en Granada, ¿te vas a ir a Toronto a verla?

Sí. Porque, cuando lo tuvimos en nuestra ciudad, el proyecto era una posibilidad, una hipótesis probable. Y ahora no. Ahora, el Atrio es una entelequia. Un imposible metafísico. Una construcción que ya forma parte de un universo fantástico y onírico que nunca será.

La pena es que, en Toronto, no hayan aprovechado para exponer, junto al Atrio, aquel otro grandioso proyecto que jamás veremos construido: el “Granatum” diseñado por Kengo Kuma para albergar el Gran Espacio Escénico de Granada, presupuestado en 40 millones de euros.

Granatum Kengo

Eso sí, el Nevada, ahí lo tienen. Viendo pasar el tiempo. Y con él, la Junta de Andalucía, condenada a pagar 157 millones de euros. Que van a recurrir, pero que no me digan si la cosa no es como para irse hasta Toronto… y más allá.

Jesús Lens

Twitter Lens

Todo es imposible en Granada

El runrún habría empezado a correr como la pólvora por las calles… si no fuera porque nos encontramos en pleno siglo XI, en la época de los ziríes.

-¿Qué van a hacer… quééééééé?

 

-En serio. Te lo juro. Que van a abrir una nueva puerta en la muralla.

 

-¿Otra puerta? ¿Pero qué necesidad hay? ¿Es que no tenemos bastante con la Puerta Monaita y con el Arco de las Tinajillas?

 

-Eso es lo que dice la gente. Que no se entiende un dispendio de semejante calibre. Sobre todo, porque va a romper la maravillosa simetría de la muralla. ¡Más vigilancia para evitar pintadas es lo que se necesita, y no otra puertecita de las narices!

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Aunque peor fue la que se montó años después, cuando Yusuf I decidió ampliar la Puerta de Elvira y convertirla en fortaleza autónoma, con sus cuatro torres, sus tres barbacanas y sus dos puertas, además de la exterior.

-¡Qué derroche! ¡Qué ostentación! -se escuchaba en los mentideros de la ciudad.

Y eso no fue nada en comparación a lo que tuvo que soportar, allá por el año mil doscientos y pico, el sultán Al-Ahmar, cuando empezó a rumorearse que tenía intención de erigir una fortaleza en lo alto del monte situado frente a la ciudad, al otro lado del río. Ni siquiera la promesa de, a la vez, construir una acequia que canalizara las aguas del Darro y permitiera a los agricultores regar los huertos con mayor facilidad, consiguió templar los ánimos.

 Granada es imposible Al Ahmar

-¡Qué barbaridad! Con lo bonita que es la vista del bosque, en las faldas de la gran montaña, sobre todo en invierno, cuando se encuentra repleta de nieve… y ahora aparece el listo éste, un recién llegado de sus aventuritas y sus conquistas, un advenedizo cualquiera; y decide que hay que construir una fortaleza.

Todo esto, por supuesto, se decía en voz baja y solo en los círculos más íntimos. Que Al-Ahmar no estaba para bromas en aquellos tiempos revueltos, posteriores a descomposición del imperio almohade. Cuenta la leyenda que incluso hubo unos activistas que, tratando de defender el bosque, se ataron a  los árboles, entonando la consigna: “No nos moverán, no los talarán”. Pero las fuentes consultadas para la redacción de este artículo no lo recogen en sus anales.

 Granada es imposible Albaicín

-Y, encima, ¡rojas! ¡Ahí!. ¡Con dos cojones! Las murallas, rojas. Para que no pasen inadvertidas. Es que se necesita tener mal gusto. ¿No podía el sultancito ser más discreto e intentar que su fortaleza quede integrada en el paisaje?

Pero lo peor de todo llegó cuando, a mitad del siglo XIV, Mohamed V se empeñó en gastarse una pasta en varios caprichos: el Palacio de Comares, con su patio de los Arrayanes, el Patio de los Leones, con la dichosa fuentecita -¿desde cuándo es el león un animal relacionado con esta tierra? -criticaban los expertos?; la Sala de las Dos Hermanas, el Mirador de Lindaraja, la sala de los Abencerrajes y las dos reformas de la Puerta del Vino.

 Granada es imposible Patio Leones

¿Una pasta hemos dicho? ¡Un pastón! Una auténtica insensatez. Una locura. Es que ni en la época del Califato de Córdoba, oiga. ¡Dónde va a parar! Y es que el tal Mohamed debía estar bastante endiosado, la verdad. Porque vaya palacio que se construyó, el tío, todo lleno de folletaícas.

-Y, encima, sin conexión con la ciudad. ¿Quién se habrá creído que es?

-Dicen que sí está conectada la Alhambra con la ciudad, a través de unos túneles…

-A mí, la verdad, me trae sin cuidado. Lo único que digo es que, con lo que se han gastado en esos Palacios, hubiera yo organizado unos cursos de formación en todo el Al-Andalus, que ríete tú de los listos esos del norte, lindando con los Pirineos…

Jesús Lens

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