BROOKLYN BABILONIA

Amor y odio. Nueva York, la ciudad más europea de los Estados Unidos de Norteamérica tiene la virtud de provocar una relación de atracción / repulsión en personas de sensibilidades muy distintas.

Nueva York, la capital de lo nuevo, de lo distinto, de lo desconocido, de lo diferente. Nueva York, la ciudad donde todo es posible, a la que escaparse para romper con el pasado y comenzar una nueva vida. Nueva York, paraíso para creadores, para científicos, para investigadores.

Nueva York, ¿metáfora, también, del horror vacui?

Babilonia. Compendio del saber, de la tradición histórica y cultural. Babilonia, donde todo comenzó. Babilonia, cuna de la civilización, meca del refinamiento y origen del conocimiento que ha llegado hasta nuestros días.

Babilonia milenaria, sabia y hedonista, luminosa, soleada. Babilonia, cuya herencia se expandió por toda Europa, hasta cristalizar en lugares como Granada, Tarifa, Tánger o el Cabo de Gata. Babilonia, naturaleza sabia y feraz, cultura eterna.

Nueva York y Babilonia son las protagonistas de una novela muy especial que José Luis Serrano ha publicado en Alcalá Grupo Editorial y en la que se confrontan dos formas distintas, casi antagónicas, ¿quizá complementarias?, de entender la vida.

Y, siempre, con el escenario de fondo del 11-S, el comienzo de una nueva era y que, para las personas de nuestra generación, supusieron el final de la inocencia, como Vietnam en los 60, o el nazismo en los 30.

En una narración no lineal y en absoluto convencional, José Luis Serrano nos cuenta la historia de Gabriel y Sara, que son las historias cruzadas de dos familias en su más amplia acepción, y de las personas que las rodean. La historia de una pasión tan desaforada como imposible y de los atajos que las personas tomamos para poder seguir avanzando por un camino que, por desgracia, termina serpenteando hacia destinos imprevistos, perdiéndose por vericuetos tan inesperados como improbables.

Una historia de supervivientes y de renuncias. Una metáfora de la vida en ruinas que queda cuando se desploman los pilares en que habíamos sustentado nuestras ilusiones, nuestros planes, nuestros proyectos.

“Brooklyn Babilonia”, en cada una de sus páginas, cargadas de electricidad, bebe del impacto que la ciudad del cristal y el acero sigue provocando en todos nosotros, igual que en el Poeta en Nueva York que la descubrió en los años 20. Una novela que, más allá de su trama o argumento, te hace relacionar vivencias, acontecimientos, imágenes, momentos televisivos, titulares de periódicos, aromas, paisajes y sonidos que son, a la vez, cercanos y lejanos, cálidos y gélidos, ilusionantes y desesperanzadores.

Una de esas novelas que te sacuden como lector, que a veces tienes ganas de dejar porque no parece conducir a ningún sitio, pero que resulta adictiva y cuya apasionante lectura es de las que no se olvidan.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

ROCK IN RÍO 2010: DEUDAS SATISFECHAS

No habrá sido el mejor Perry Farrell de la historia y su voz ya no es la que era, pero los Jane’s Addiction se marcaron un pedazo de concierto en Madrid, con un Dave Navarro absolutamente colosal con su guitarra.

Fue la noche de Los Ángeles (¡qué nos gusta Los Ángeles, ¿verdad? ;-)) en Madrid. Primero, Cypress Hill, con su rap poderoso, sus percusiones desbocadas y sus recitados contundentes. Llovía. Y, por eso, mi hermano Jose, mi Cuate Pepe (todas las fotos de esta entrada son suyas) y yo nos resguardamos, al amparo de las Coronitas, los burritos y el queso manchego.

Tampoco pasaba nada. Aún gustándonos, los Cypress no eran nuestro principal objetivo, como ya anticipamos AQUÍ. A esas alturas, llevábamos una hora en la descomunal Ciudad del Rock, y mi hermano y yo comentábamos lo distinto que era todo, nosotros incluidos, a aquel Festimad de hace catorce años: en el Rock in Río todo está tomado por las grandes corporaciones y empresas, que patrocinan en evento a lo grande y sin timideces, como el espacio del Chill Out, con un cartel del Corte Inglés más grande que los que ponen en sus propios centros comerciales.

La gente, por mucho que las crónicas periodísticas del día siguiente fuera calificada como Cuca (currante-canalla) tampoco tenía nada que ver con aquella juventud más macarroide del Festimad. ¡Si hasta hay una ludoteca para dejar a los chiquitines, en el recinto de Arganda, y los 40 Principales tienen un stand!

Tras unos cuantos mojitos y una buena cena, de lo más variopinta, nos sumergimos entre la masa anhelante de música fuerte, dura y contundente. Y ahí aparecieron, tras la cuenta de 10, los Juana’s Adicción: impecables, imperecederos, dispuestos a desgranar buena parte de sus clásicos, grabados en los lejanos finales de los 80 y primeros de los 90: “Stop!” “Mountain Song”, “Caught Steeling”, “Ted just admit it”… saltos, riffs de guitarra y Farrell, desgañitándose, pero ergollao, inmaculado, precioso y majestuoso, perfecto Front Man para un show extraordinario.

Bebiendo un buen riojita, Marqués de Arienzo

Al final, para el bis, sacaron su versión acústica y desgranaron ese glorioso “Jane says”, que rompe con su novio Sergio y se quiere venir a España.

Sí. Tantas veces que vimos mi hermano y yo aquel concierto en Milán, disfrutando de ese Farrell que bebía Rioja directamente desde la botella (en Rock in Río se pulió un Marqués de Arienzo, como me confirma mi Cuate) y sacaba chicas bizarras al escenario, a provocar, haciendo sus poses de mantis religiosa, extremadamente delgado… Ahora que es un señor de media edad que luce tupé en la cabeza en vez de aquellos dread locks de corte rastafari que tan bien le quedaban, Farrell sigue siendo un crack. Y lo mejor es que, habiendo mantenido a Perkins y habiéndose reconciliado con su hermano, Navarro, al bajo han incorporado a todo un ex Guns and Roses, Duff McKagan, anunciando nuevo disco para febrero de 2011. ¿Han vuelto los Jane’s Addiction para quedarse? Lo mismo, además de cobrarnos una deuda pendiente, hemos asistido a toda una resurrección…

Y tras volver a ponernos púos de Coronitas, mojitos, vodkas, rones, pastelitos y dulzainas, después de asistir a una Capoeria y a una minibatucada brasileira, volvimos a la masa.

30.000 personas esperaban, como fieles y devotos seguidores de una religión, la aparición en escena de Zack de la Rocha y Tom Morello, los líderes indiscutibles de unos Rage Against The Machine que son el último testimonio vivo y en activo de un rock combativo, comprometido y transgresor, con sus consignas incendiarias y abrasadoras.

Bueno, vivo, vivo, lo que se dice vivo… tampoco. RATM llevan muchos años disueltos. Morello formó su “Audioslave” y De la Rocha se dedicó al activismo político y social. Han pasado más de diez años sin grabar un disco y sólo se juntan esporádicamente para dar conciertos como el del Rock in Río, paradójicamente, capital mundial de la música patrocinada por las grandes corporaciones tan criticadas e insultadas por los Rage.

Pero la vida es eso: pura contradicción. Y allí nos vimos, saltando y gritando como dementes, exudando Furia Contra La Máquina, disfrutando de los abrasadores clásicos de una banda que, en el escenario, demuestran una profesionalidad rayana en lo espartano, con un Zack que se deja la vida en cada canción y un Morello auténticamente desatado. Como si el tiempo no pasara por ellos. Para muchos, están desfasados y acabados. Para mí, siguen siendo la pura caña.

Tras el “Killing in the name”, con la camiseta de “Negra y criminal” empapada en sudor a pesar del frío reinante, agradecido al cielo porque no hubiera llovido en esas tres horas y satisfecho por haber estado allí, volvimos a nuestro retiro particular, a disfrutar de más mojitos desde la comodidad de una tumbonas que nos permitirían relajarnos, viendo y escuchando el potente y espectacular show de D.J. Tiesto.

Faltó, para mi gusto, otra macrobanda. Estos festivales se quedan cortos de contenido. Ni aquellas barbaridades de 14 horas seguidas de música, ni estas acomodaticias citas de tres horas, por mucho que haya “actividades y diversión” para todos. El Rock in Río se queda a mitad, pero hay que dar las gracias porque nos han permitido rescatar, a la vuelta de tanto tiempo, a algunos de los grupazos que forman parte de nuestra educación sentimental, política y musical.

La noche terminaría en un pueblo llamado San Martín de la Vega, próximos al amanecer, en un apartamento que nos permitiría descansar unas horas, antes de volver a una Granada de la que salimos veinte horas antes, en un nuevo, largo y fantástico On the road, de carácter músico/vital que nos permite encarar la definitiva Caída del Viejazo habiendo cumplido un sueño pendiente y disfrutando de esa especial, única y fantástica comunión que se crea en torno a la música, la carretera, los hoteles y los bares de carretera. Porque estar es (casi) tan importante como ir. Y volver.

Gracias a Jose y a Pepe por acompañarme en una jornada muy, muy especial y memorable que, a buen seguro, habrá ocasión de repetir. Y a todos los que, aunque sea desde lejos, nos habéis acompañado y seguido en esta microescapada.

Dejando a un lado las nostalgias y los Viejazos, reivindiquemos la vida activa, la vida móvil, la vida on the road. La vida en el alambre. Como decía el protagonista de la película “Man on wire”, hagamos de cada día una obra de arte. Sigamos, por tanto, adelante, siempre adelante.

Jesús Lens, muy, muy contento.

JAZZ EN LA COSTA: VEINTE +TRES

Recién llegados del Rock & Río, seguimos pensando en música. Buena música. La mejor. Ya tenemos el excitante programa de la edición 20+3 del singular, único y maravilloso Jazz en la Costa.

Aunque haga un frío del carajo, a 42 de mayo, ya podemos soñar con los acordes jazzísticos más deliciosos, para apenas dentro de un mes.

 

Programa AQUÍ.

Jesús Lens, con la música a otra parte.

ANDALUCÍA, ¿SÓLO HAY UNA?

Vamos con la columna de hoy de IDEAL, sobre las Cajas y el entorno. ¿Somos unos localistas? Y los regionalistas, ¿qué?

Un partido político que se mostrara abierta y directamente antisevillano, que llevara grabado en su programa un mensaje de beligerante confrontación con San Telmo, aderezado con unas gotas de grueso humor contra los “Miarmas”, arrasaría en Granada en cualquier elección que se celebrase ahora mismo.

Escribía Javier Torres Vela, hace unos días, que en Granada existe una perceptible sensación de pérdida de relevancia desde la llegada de la autonomía, que quizá pueda ser injustificada, pero que está universalmente extendida. ¡Mentira que es! Pero, ¿por qué será?

Lo que pasa es que cuando escuchamos a Rafael Velasco, Secretario General de Organización del PSOE, hablando sobre la fusión fría de CajaGRANADA, no podemos sino estar de acuerdo con Fernando Fernán Gómez cuando decía que el pecado capital de los españoles no es la envidia, como tantas veces se ha dicho. Ni la soberbia. Lo peor de los españoles es el desprecio con el que tratan a sus semejantes. Y, desde luego, el mejor ejemplo lo tenemos en los nuevos jerifaltes socialistas del Oeste, cada vez más Lejano, de Andalucía.

Las exigencias de Rafael Velasco, pidiendo explicaciones al Presidente de CajaGRANADA sobre el SIP, mostrando dudas sobre el llamado “fortalecimiento del sistema financiero andaluz” y apropiándose de “sus” consejeros de la Caja granadina suenan más a matón de las películas del Far West que a Secretario de Organización de un partido que empieza a hacer aguas por todas sus costuras y que, concretamente en Granada, va a terminar por desangrarse.

El Banco de España no quiere fusiones intrarregionales y, desde luego, la supuesta Gran Caja Andaluza, en el presente contexto de crisis, supondría un brutal incremento del desempleo entre los trabajadores de unas entidades financieras cuyas oficinas se solaparían por toda la comunidad, sin aportar valor añadido ninguno a la ciudadanía de a pie, la gran olvidada de esta larvada Guerra de Cajas. Pero, además, ¿qué es eso del Sistema Financiero Andaluz? Si un cliente, particular o institucional, plantea buena operación, las entidades la financiarán, solas o en compañía de otras. ¡Es su negocio! Y si la operación no pinta bien…

Cada vez que oigamos hablar de entelequias como la Gran Caja o el Sistema Financiero Andaluz, deberíamos echarnos mano a la cartera. La Junta parece hablar de ello como de un feudo, de un coto privado sevillano-malagueño en el que hacer y deshacer a su antojo. El problema de la tan criticada politización de las Cajas no radica tanto en la representación pública en sus Órganos de Gobierno cuanto en la injerencia de unos cuantos indocumentados que no saben ni de lo que hablan y que parecen escribir sus hojas de ruta en las servilletas del bar en que apuran sus manzanillas, convencidos, efectivamente, de que Andalucía sólo hay una: la que empieza en Sevilla, pasa por Málaga, y vuelve a terminar en Sevilla.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

 

PD.- Atentos a la entrevista con José Antonio Griñán que publica hoy IDEAL. ¿Es o no es injerencia?

 

-¿Qué pasó con Caja Granada?

Cuando Caja Granada inicia una vía de aproximación a las cajas de fuera, es cuando está en pleno proceso la fusión de Unicaja y Cajasur, y nadie podía dudar de que eso no iba a seguir, nadie podía imaginar que la decisión del Cabildo fue la que fue, por lo tanto, Caja Granada no hace esto (fusión fría con cajas levantinas) después de lo que ha ocurrido sino antes, esto es para entender un poco la posición de Granada. Caja Granada necesitaba sanearse y Unicaja en ese momento no podía. Si no, hubiera sido Unicaja con Caja Granada.

-¿Con una fusión fría?

Sí, con lo que hubiera sido. Pero Unicaja fue a sanear Cajasur, por eso me duele tanto.

CICLOS, TIEMPOS Y VUELTAS

Pensaba que habían sido 20 años. ¡Toda una vida! Pero no. “Sólo” han pasado 14. 14 años desde que mi hermano, May y el Paquillo estuvimos aquí.

Nunca volvió a haber un cartel como éste en un Festival de Rock en España. Fue lo más. Superbandas que, entonces, estaban en el cénit de su popularidad.

La vida nos ha llevado, a todos, por caminos diferentes. Y los gustos musicales van cambiando. Por mi parte, cada vez escucho menos rock duro. Perseveré en el jazz, me enamoré de la música africana, me aficioné a las fanfarrias balcánicas…

Y llegó el anuncio del Rock in Río, la versión posmoderna, a la española, de los grandes macrofestivales europeos.

Cuando se anunció el cartel del día 11, me acuerdo que lo comente con mi Cuate. Durante nuestro On the Road de agosto, habíamos escuchado a Rage Against The Machine, a todo volumen, por las carreteras del Arco Mediterráneo, ahora tan en boca de todos.

Por un momento me planteé ir a RyR. Pero lo descarté. Ya había visto a los RATM y a Cypress Hill y era demasiado trajín.

Y entonces explotó la bomba. Se sumaba otro grupo al cartel.

Ese mismo día actuarían los renacidos Jane’s Addiction del sin par Perry Farrell.

¡Uf!

Jane´s Addiction.

¡Cuántas horas he pasado escuchando sus discos, viendo sus conciertos grabados en vídeo! ¡Cuántas vueltas, hasta encontrar la película de Farrell, “The gift”! ¡Qué zozobra, cuando se separaron los Jane´s y Dave Navarro se fue con los Red Hot Chilli Peppers! ¡Qué gusto, cuando Farrell montó su Porno for Pyros! ¡Qué poco duró!

Nunca conseguí ver a los Jane´s en directo.

Es, posiblemente, mi mayor “fracaso” como amante de la música en vivo.

Y allí estaba. Un cartel de lujo. Tres de las grandes bandas de los noventa. El 11 de junio. Justo antes de que llegue la Caída del Viejazo.

Una tentación irresistible.

Un plan irrenunciable.

Hablé con mi hermano. Hablé con mi Cuate. Y sí. Había qúorum. Así que… nos vamos. Aunque echaremos de menos a Álvaro, claro. A pegarle el cerrojado a mis treinta y tantos. A cobrarnos una deuda pendiente con los años noventa. A cerrar un ciclo, entre lo vital, lo cultural, lo festivo y lo existencial.

No sé cómo nos veremos, mañana, gritando aquello “Fuck you, I won´t do what you tell me, mother fucker!” pero lo que sí se es que, cuando vea a Farrell y escuche aquello de “Caught stealing” o “Jane says”, será algo muy, muy especial. Tanto que no hemos escatimado en la inversión. ¡Lo disfrutaremos a lo grande!

Ya hablamos, a la vuelta.

Y espero poder contar que sí. Que ha sido una jornada tan memorable como singular. ¡Ojalá!

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.