BLOGÜESTA DE LIBLOGS

O sea, Propuesta de Libros para llevar a cabo a través de los Blogs. De una forma absolutamente libertaria, reposada y sin compromisos.

¿Qué os parece si dedicamos cada mes del año, empezando por Septiembre, a leer un libro con el compromiso (ya estamos) de que, el último jueves del mes, cada uno de los integrantes de nuestra generosa red de blogueros suba una entrada a su propia bitácora sobre dicho libro?

Una reseña, frases escogidas, opiniones, influencias, imágenes, música… lo que cada uno quiera y le venga bien.

Por ejemplo, nuestro amigo Alfa nos invita a volver sobre “El Principito”. Y, de repente, hemos caído en que es un libro que todos conocemos, que leímos de críos… y al que no le sacamos ningún jugo.

Propuesta: Septiembre, mes de “El Principito”.

Último jueves de septiembre, en todos nuestros Blogs, una referencia al libro, a su autor o al universo que les rodea. ¿Qué les parece? Puede ser una iniciativa interesante que nos permita a todos a la vez hablar de un mismo libro, confrontar opiniones, dialogar, hacer comentarios, descubrir lecturas distintas… Una espacie de Club de Lectura virtual y comunitario.

Y quien no tenga Blog, también puede participar. Puede leer el libro, esperar al último jueves del mes y meter los Comentarios que quiera en las Entradas que unos y otros hayamos subido ese día.

Además, me adelanto a octubre y, como homenaje a nuestro querido Jardinero, propongo que en Octubre leamos “Bomarzo”, de Manuel Mújica Laínez.


A partir de ahí, si os parece y por alusiones, que Alfa elija un libro para noviembre, Juanjo otro para diciembre y, quién quiera, que proponga un mes y un libro.

¿Que por qué yo he elegido dos meses y dos libros? Pues porque mido (casi) dos metros y, más en serio, porque así podemos arrancar, comenzando a leer tranquila y plácidamente.


Amigos Internautas, lectores y colegas: ¿Os unís a esta propuesta? ¿Qué os parece?

Lens, despertando del letargo agosteño.

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LA ANTÁRTIDA. MUSAS DE HIELO. PARTE II

Seguimos con la segunda parte del especial dedicado a la Antártida, cuyo arranque publicamos ayer.

La pureza del hielo y la nieve hace que los paisajes antárticos sean propicios para albergar sagas mitológicas, como cuenta John Calvin Batchelor en “El nacimiento de la República Popular de la Antártida”, publicada por Ediciones Minotauro y que tiene ecos y resonancias de novelas clásicas como “Moby Dick”, “La Odisea” o “Beowulf”, contando la historia de Grim Fiddle, nacido en 1973 y testigo de excepción del derrumbe de la Civilización Occidental a comienzos del siglo XXI por culpa de los problemas energéticos. Los hombres, para sobrevivir, han de embarcarse y recorrer los mares, como hace el protagonista en su velero, “El Ángel de la Muerte” en que se concita un microcosmos, reflejo de la convulsa sociedad del momento, y que se dirige al círculo polar antártico para organizar un campamento en la zona conocida como Cruz de Hielo.


Con guión de Francisco Casavella, el director Manuel Huerga rodó “Antártida” en 1995, protagonizada por Ariadna Gil y Carlos Fuentes. La película cuenta una historia de huida y descubrimiento, protagonizada por María (Ariadna Gil) y Rafa (Carlos Fuentes). Ella es una yonki desencantada que camina por el lado más salvaje de la vida. Él, un chaval vitalista, optimista y parlanchín hasta el aturdimiento. Ambos robarán un alijo de droga que les pondrá en fuga, perseguidos por narcos y policías, en busca de un refugio permanente que, para ellos, debería ser un lugar tan etéreo y desconocido como esa Antártida con que se titula la película y que también tiene ecos de la frialdad de la heroína a la que es adicta la protagonista.

Un título y una historia que nacen, precisamente, de la famosa canción de John Cale, “Antartida starts here”, que forma parte de la banda sonora y que juega un papel determinante en una de las películas españolas más interesantes de los años noventa, en la secuencia en que María y Rafa asisten al concierto que Cale daba en Madrid y en el que, por supuesto, el mayor protagonismo es para esa canción que el antiguo miembro de la Velvet Underground compuso en 1973, como homenaje a la Gloria Swanson más decadente.

LA CONQUISTA DEL INFIERNO BLANCO

La Antártida, lo hemos visto, es sinónimo de escapada, refugio, pureza, miedo a lo desconocido, terror vacui y naturaleza salvaje y descarnada en estado puro. Así, era obligatorio que los aventureros más osados del momento tuvieran como objetivo alcanzar el Polo Sur magnético o recorrer todo el continente en su integridad.

Descubierta en 1603 por el español Gabriel de Castilla, la Antártida está asociada a nombres como el de James Cook, que la circunnavegó en 1772, aunque habrá que esperar al comienzo del siglo XX para que se desencadenara la auténtica fiebre antártica, encarnada por tres nombres, principalmente.

El primero, el célebre Ernest Shackleton y sus tres expediciones, la tercera de las cuáles, realizada a bordo del Endurance, ha pasado a la historia de la exploración como uno de los fracasos resueltos con mayor éxito gracias a la pericia, las dotes de mando y la capacidad de sacrificio y persuasión del líder de la misma. Cuando el barco quedó atrapado por los hielos, Shackleton inició un periplo aparentemente imposible a través del que consiguió poner a salvo a todos sus hombres, tras una larguísima travesía en bote y a pie, rodeados de inmensos témpanos de hielo, en unas condiciones infernales.


Y tenemos que recordar, por supuesto, la no menos famosa carrera entre Admudsen y Scott por conquistar el Polo Sur, improvisada competición que ha hecho derramar centenares de litros de tinta a lo largo de la historia.

Aunque sólo estos capítulos de los anales de la exploración darían para un reportaje de muchísimas páginas, no debemos dejar de reseñar películas como “Shackleton”, dirigida por Charles Sturridge e interpretada por Keneth Branagh o libros clásicos como “Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo”, de James Cook o “La última gran aventura: el sacrificio del capitán Scott en la Antártida”, de Max Jones y “El peor viaje del mundo: la expedición de Scott al Polo Sur”, de Apsley Cherry-Garrard.

En resumen, que la Antártida, aún pareciendo vacía, desolada e infernal, ha servido para inspirar a decenas de artistas a lo largo de la historia. Y nada mejor que dejarse conducir por ellos al infierno blanco precisamente ahora que, en España, se baten récords de temperatura y nos vemos abrasados por sucesivas olas de calor africanas.

No es de extrañar, pues, que la exposición del Parque de las Ciencias de Granada, dedicada al sexto y más desconocido continente, ése que ni siquiera aparece reflejado en la bandera de la ONU, esté siendo todo un éxito. Porque no hay mejor receta contra el calor que hacer un viaje antártico, aunque sea a través del cine, el cómic y la literatura.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

EXTREMODURO: DULCE INTRODUCCIÓN AL CAOS

Vuelven. Con nuevo disco, con nueva gira. Sí. Y Pasarán por Atarfe, claro. ¡Extremoduro están aquí! En su web, adelanto del nuevo disco, una más que apetecible “Dulce introducción al caos” que constará de un solo tema de cuarenta y pico minutos. Más Robe que nunca, Iniesta ha vuelto. Y le pinchamos dos de sus canciones míticas, introducidas ambas por el grandioso Chinato. No se lo pierdan.

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LA ANTÁRTIDA: MUSAS DE HIELO

Dejamos la primera parte del reportaje que, bajo el título de “Musas de hielo”, publicamos en IDEAL el pasado domingo. A ver qué les parece, pero, como decíamos, donde salió espectacular fue en el periódico impreso.

Las últimas noticias surgidas desde la comunidad científica señalan que la Antártida lleva congelada, de forma ininterrumpida, la nada desdeñable cantidad de catorce millones de años, acumulando entre sus hielos eternos el 80% del agua dulce del planeta. Hablamos del cuarto continente en extensión, por detrás de Asia, América y África, atesorando algunos de los récords más singulares en la historia de nuestro planeta, como el de la temperatura más baja jamás alcanzada –en la estación que tienen los rusos en Vostok “gozaron” de los 89,2 grados bajo cero- o el de los vientos más fuertes que barren la superficie de la tierra, contabilizándose 327 km/h de viento salvaje en una estación francesa.


Este marco absolutamente incomparable ha servido como inspiración para escritores, dibujantes y músicos que, en la inmensidad blanca del gélido continente antártico han encontrado musas de hielo que les han servido para escribir sus libros, componer sus canciones o dibujar sus tebeos. Y ha propiciado una extraordinaria exposición, “Antártida. Estación polar”, en el granadino Parque de las Ciencias que está siendo todo un éxito.


Comenzando por ese noveno arte que cada vez tiene más importancia en la cultura popular de todo el mundo, es necesario destacar “Whiteout”, la novela gráfica de Greg Rucka y Steve Lieber con que Norma Editorial inició su colección de Comic Noir. Una apuesta muy valiente porque, si hay un escenario improbable, inimaginable y casi imposible para un relato de corte negro y criminal, ése es la Antártida.

Desde la primera página, en que un avión asoma por el horizonte para llevar a la Marshal Carrie Stetko a levantar un cadáver congelado en mitad del hielo; hasta la última, en que otro avión parte rumbo a la civilización cuando el crudo invierno ya sumerge al continente helado en la oscuridad, pasan un montón de cosas.

Stetko es una mujer solitaria, más sólida que fuerte, con malas pulgas y un valor a prueba de balas. Y la historia criminal está perfectamente hilvanada, sin cabos sueltos y adaptada al escenario en que transcurre. Por eso es normal que los piolets sean armas homicidas y que las armas de fuego, prohibidas en la Antártida por los Tratados Internacionales, brillen por su ausencia. O casi. Aviones con patines adaptados a la nieve, hangares y máquinas quitanieves conforman un escenario singular para una historia que transcurre en un continente en el que la pregunta más importante no es quién lo hizo ni porqué. La pregunta más importante es: ¿Qué tal el tiempo?

Dada la buena acogida de la serie, nominada a cuatro premios Eisner, Rucka y Lieber escribieron una continuación de la misma, “Whiteout: Melt”, en la que la agente Stetko regresa al continente helado para investigar una explosión en una base rusa en que se descubre material nuclear; a la que siguió “Whiteout: Thaw”, en la que averiguaremos si la heroína de la serie sobrevive a su encierro en el hielo.

Al igual que ha pasado con los superhéroes más convencionales, los personajes de “Whiteout” han dado el salto a la pantalla grande. La actriz Kate Beckinsale interpreta a la aguerrida agente en una película dirigida por Dominic Sena, de la que se espera sea uno de los grandes hits cinematográficos de los próximos meses.

La otra literatura, la convencional, también ha utilizado a la Antártida como entorno, como tema, como refugio, como sinónimo del miedo a lo ignoto. Así, para los autores de novelas de aventuras, se trata de un paisaje extremo en el que someter a los protagonistas de las historias a la crudeza atmosférica, como hizo el argentino Héctor Oesterheld en “Bull Rockett: peligro en la Antártida”, por ejemplo. Para otros autores, como para el chileno Francisco Coloane, contar cómo es y lo que ocurre en esta remota parte del mundo es un fin en sí mismo, como demuestra con dos de sus obras más famosas: “Los conquistadores de la Antártida” y “Antártica: una visión geográfica del continente helado”.

Pero el hielo también puede traer ecos claramente terroríficos. En la clásica narración de Edgar Allan Poe, “Las aventuras de Arthur Gordon Pym”, el viaje por mar que realizan los protagonistas termina en mitad de los hielos antárticos en el que el blanco eterno es sinónimo de miedo y terror. Sin olvidar las aventuras que H.P. Lovecraft contó en “En las Montañas de la Luna”, la narración de una expedición científica a la Antártida, que viene antecedida por la recomendación del propio protagonista de que dicha tierra no debería ser horadada por el hombre, so pena de despertar horrores que yacen en sus profundidades. En esta novela aparecen los Antiguos y los Shoggoths, personajes mitológicos que bajaron del cielo y utilizaron a la Antártida como primera base de su conquista de la tierra, formando parte de la compleja y abigarrada cosmogonía del visionario escritor.


Pero, además, la Antártica ha sido un lugar de huída, escondrijo alejado del mundanal ruido, refugio para personas necesitadas de paz, sosiego e intimidad. Como, por ejemplo, un tal Hitler. Adolf Hitler. Porque… ¿estamos seguros de que el jerarca nazi se suicidó en su búnker berlinés? ¿Quién vio el cadáver? ¿Quién estudió los restos? ¿Y si, en realidad, Hitler no murió como nos han contado y se esfumó entre las brumas oceánicas? ¿Y si los nazis hubieran tenido un plan de contingencia para el caso de producirse la derrota del Tercer Reich? ¿Y si ese plan hubiese tomado a la despoblada y desconocida Antártida como centro neurálgico?

De todo ello nos habla Julio Murillo en su recién publicada “Shangri-La. La cruz bajo la Antártida” (MR ediciones) galardonada con el Premio de Novela Alfonso Décimo el Sabio. Una historia que entronca con la estirpe novelística sobre conjuras internacionales de base esotérica que tanto éxito han tenido en los últimos años. De lectura amena, las páginas caen a velocidad de vértigo y el lector se descubre atrapado por la historia de los nazis escondidos y esa Nueva Thule tan amenazadora como esquiva.

(Continuará)

DESAGRAVIO

Mensaje recibido de Alejandro Gallo, con respecto a mi metedura de pata en el pie de foto correspondiente a la entrada sobre “La última fosa”, detectada por Cristina.

Querido amigo: El señor que sale conmigo en la foto y que se parece a Mallo, es Emilio Frechilla, profe de la Universidad de Oviedo de Crítica Literaria. Que fue quien me presentó la novela en la Librería Cervantes de Oviedo y que recogió en foto el periódico El Comercio. Y fue uno de los coorganizadores del I Congreso Internacional de Ficción Criminal, en abril, en la Uni de León. También presente en la SN2008 en la mesa redonda: La novela negra vista desde la universidad.
Aunque si sirve, Emilio Frechilla es un gran lector de Enesto Mallo.
Un abrazote.
Alejandro.

Estimado Emilio Frechilla, le presento mis excusas por el error cometido. Y es que los miopes sin gafas somos un peligro. Vaya en mi descargo el hecho de que si con alguien me gustaría que me confundieran, sería con Ernesto Mallo, mejor persona que escritor. Y, créanme, como escritor, Ernesto es muuuuy grande.

Siempre suyo, Jesús Lens.

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