LAS VERDES

Hace unos días dábamos cuenta en “Saturno” del triste y luctuoso cierre de nuestra querida Bitácora “Diario de un corredor”.

Aunque comprensible y lógico, los habituales de dicho Blog nos quedamos un poco huérfanos. Las Verdes se habían quedado sin foro en que dar rienda suelta a sus filias, fobias y demencias.

Menos mal que, en una rápida reacción positivista y constructivista, el intrépido Abel ha coordinado la puesta en marcha de una Bitácora de la Agrupación Deportiva Las Verdes, que nos sirva como punto de encuentro virtual para los amantes del deporte, el correr y el trotar.

Les dejo vinculado un sensacional artículo, muy especial: III Carrera de la Mujer en Sevilla. Porque nos saca los colores. Tanta parafernalia con nuestros entrenamientos, series, rutinas y demás y fíjense en la proeza que ha hecho Nuria, cuando no lleva más de dos meses entrenando.

Un ejemplo a seguir. Un espejo en que mirarnos.

Así que, ya lo saben. Incluyan entre sus Favoritos este Blog de Las Verdes y anímense a participar. No se llevarán más que alegrías y buenos ratos.

Jesús Lens.

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LIQUIDEZ Y CRÉDITO

Última hora: Bajan los tipos de interés. Medio punto nada menos. En teoría es bueno. En la práctica… uf. Da cada vez más miedo todo lo que está pasando.
La primera noticia de la mañana fue la que viene en el siguiente párrafo. Pero ahora ZP acaba que comparecer en los medios para anunciar un fondo de 30.000 millones de euros, ampliable a 50.000, para que las entidades financieras den crédito a los ciudadanos y empresarios. A vuela pluma, me parece bastante mejor Plan que el de Bush. Se trata de inyectar liquidez, pero aplicable directamente a la economía doméstica y empresarial, destinado a reactivar una economía que estaba mortecina. ¿Cómo lo ven ustedes?

En general, tengo buen sentido del humor y me río bastante de mí mismo.

Hoy, esta viñeta me parece esencialmente deleznable.

¿Debo hacérmelo ver?

Porque no le veo ni p… gracia.

Ésta, sin embargo, me parece mucho más ingeniosa…

Ojalá que esto sirva para tranquilizar a los ciudadanos y dar un respiro a nuestros compañeros de CajaGRANADA, desbordados por la ola de inquietud sobre la seguridad de los ahorros bancarios.

Amigos, el mejor sitio donde podemos tener el dinero es en la Caja de Ahorros. Sacarlo de ahí y meterlo debajo del colchón de casa es un peligro, una provocación para los delincuentes y, llegado el caso, una irresponsabilidad.

Así que, calma y sosiego. Nuestros ahorros están a salvo. Garantizados.

Jesús Lens.

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A LA SALIDA

Una vez, inspirándome en el gran profesor, excelente literato, ameno conversador y gran humanista, Andrés Sopeña, inicié la presentación de un libro de Antonio Lozano, otro enorme y comprometido escritor, diciendo que le odiaba. Que le odiaba cruel y sañudamente. Y no mentía. Odiaba a Antonio porque, con su “Donde mueren los ríos”, había escrito la novela que me habría gustado escribir a mí.

Hoy, se une a esta nómina de escritores cordialmente odiados Dominique Manotti, cuyo “El cuerpo negro”, tanto nos gustara hace unos meses. Efectivamente, odio a Dominique porque ha escrito otra novela que me hubiera encantado escribir a mí. Si la de Antonio versaba sobre la tragedia de la emigración africana y las mafias que la controlan, “¡A la salida!”, publicada por la editorial Tropismos, es un brutal análisis de la salvaje sociedad capitalista neoliberal que impuso la socialdemocracia surgida de los partidos más radicalmente situados en la extrema izquierda.

Estamos a finales de los años ochenta y mientras las noticias que llegan de la Europa del Este hacen presagiar que algo está cambiando al otro lado del Telón de Acero, los socialistas franceses han ocupado el poder y se aprestan a revolucionar la economía del país. En su propio beneficio, por supuesto.


A lo largo de 250 vibrantes y esclarecedoras páginas, Manotti hablará de tráfico de drogas y prostitución, pero de forma tangencial. Porque la esencia de “¡A la salida!” es el fino, completo y riguroso análisis del modelo de corrupción impuesto por los magnates de los grandes conglomerados empresariales y los políticos que les ampararon. Con la complicidad y la connivencia, por supuesto, de burócratas, matones, funcionarios de medio pelo, putas, traficantes y arribistas de todo pelaje.

A través de una prosa cortante como el acero, ácida, escueta y directa, Manotti nos presenta al memorable comisario Daquin y a su grupo de inspectores. Unos polis de carne y hueso, ni ángeles ni demonios, cuyo jefe es un vocacional jugador de rugby, homosexual, dotado de un corrosivo sentido del humor hacia el que sus colaboradores mantienen una lealtad a prueba de bomba.

Modelo de jefe que toma decisiones, organiza equipos y sabe escuchar, Daquin monta una investigación modélica que le conducirá de mozos de cuadra de hipódromos y jockeis drogadictos a adinerados poseedores de caballos y fincas que terminarán por llevarle a la cúpula de algunas de las empresas más importantes del país.

Y, como meollo de todo ello, la especulación urbanística que, en París, hace y deshace fortunas a una velocidad vertiginosa. Información privilegiada, maletines que cambian de manos, OPAS bursátiles, regalos institucionales, cenas en restaurantes de postín… todo ello tiene cabida en una narración que, con el contrapunto de la Caída del Muro de Berlín, nos cuenta el origen de la sociedad del siglo XXI en que vivimos, con su especulación, redes sociales y tráfico de influencias.

Una novela cuya publicación tenemos que agradecer a la editorial Tropismos, que tiene en Dominique Manotti a uno de sus puntales literarios más sólidos y contundentes. Una novela para disfrutar aprendiendo cómo se genera la corrupción y cómo se lucha contra ella: con paciencia, con calma, con integridad, con arrojo y decisión, sin titubeos. Y, cuando llega el momento de enfrentarse a los realmente poderosos, con un buen par de pelotas.

Una novela imprescindible.

La frase: “Jefe, permítame decirle que no está usted en la onda. Actualmente, ya no es delito hacerse rico ilegalmente. Es una demostración de inteligencia y buen gusto. Sólo los mediocres siguen siendo pobres en los ochenta.”

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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ASESINATO JUSTO

En estos últimos meses hemos tenido oportunidad de disfrutar con películas como “Rocky Balboa”, “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” o “La jungla 2.0”, protagonizadas todas ellas por actores maduros que, en su juventud, pusieron su atractivo careto al servicio de héroes de acción de las más diversas condiciones, orígenes, pelajes y cataduras morales.


Y en todas ellas, los guionistas supieron cómo jugar con el imaginario colectivo del espectador a través de acertadas y oportunas reflexiones sobre la vejez, el paso del tiempo y los estragos que los años hacen en las personas.

En “Asesinato justo” se reúnen, por fin, Al Pacino y Robert de Niro, compartiendo plano tras plano, en una película. Los dos mejores. Los dos monstruos. Los dos cracks. Por fin juntos. La pareja más anhelada, posiblemente, desde los tiempos en que Paul Newman y Robert Redford filmaran “El golpe” y “Dos hombres y un destino”.


¿El resultado? Pues como ayer barruntaba en la carta que le enviaba a mi amigo Jorge… francamente triste y decepcionante. Primero, porque entre Pacino y De Niro no hay chispa ni complicidad alguna. Ni cuando el primero le dice al segundo que es su maestro y espejo en que mirarse, a modo de ¿chiste? ¿homenaje? ¿reconocimiento? Sencillamente, falta química.

Cuando están juntos en pantalla, no transmiten sino un cierto embarazo por compartir fotogramas. Como si fueran demasiado grandes para entrar a la vez en el mismo plano. Y por eso, el final de la película, resulta hasta cierto punto patético.


Segundo, porque ambos actores están envejeciendo francamente mal, como si fueran una parodia de sí mismos y de lo que representaron en su momento. Táchenme de hereje, pero el Silvester Stallone de Rocky tiene más dignidad que esta pareja de abueletes tribuletes.

Al pobre Al, de la cara de pajarico que se le ha quedado, da la sensación de que en cualquier momento se le va a caer la mandíbula postiza. Y al diseñador de producción que ha vestido a Robert de Niro con ese chándal gris, que ya no se vende ni en el mercadillo más cutre del pueblo más remoto de Kazajistán… habría que colgarlo por los pies. ¿Es que no ven a los Soprano, hombres de Dios, para saber cómo son los chándales del siglo XXI.

Vale que el guionista introduce un par de chistes a costa de la edad de los personajes, pero suenan tan forzados como el resto de la ¿historia? que cuenta “Asesinato justo”. Porque, más allá del execrable discurso moral que transmite la película (y que está superado desde los tiempos de Harry el Sucio y Bronson el Justiciero) el problema de la película es que aburre hasta a las ovejas, es terriblemente previsible y, sencillamente, no aporta nada interesante.

Total, que no es que me arrepienta de haber ido al cine a ver “Asesinato justo”, pero sí me queda el sabor agridulce de contemplar a mis dos actores favoritos haciendo el ridículo en una película sin chicha, sin contenido y sin aliciente alguno.

El signo de los tiempos, seguramente.

Valoración: 3.

Lo mejor: que cualquier otras cosa que vea de Pacino y De Niro tiene que ser obligatoriamente mejor que esta farfollá de película.

Lo peor: Ver cómo se nos vienen abajo dos de nuestros mitos de siempre.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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