Suspensos y repetidores

Ea. Es oficial. El 26-J, nuevas elecciones generales. Para nada ha servido el último escorzo de Compromís, que no parecía tanto una opción válida de formar gobierno cuanto una dosis de munición extra para el depósito de Y-tú-más de Narciso Iglesias.

Suspenden Día de la Marmota

El Día de la Marmota. Efectivamente. Lo que va del 20-D al 26-J está siendo una inaudita y bastante insoportable dosis de postureo, inoperancia y, por mucho que el Rey pida lo contrario, cansinismo. Porque ellos han suspendido, pero nos toca repetir a nosotros.

Así las cosas, ¿qué se inventarán en El Hormiguero para poner a prueba la capacidad de hacer el ridículo de los cabeza de lista de los principales partidos? Porque lo del baile, excepción hecha de Iceta, ya cansa.

Suspenden hormiguero Sánchez

En realidad, solo de pensar en otra campaña electoral, agota. Y en la precampaña, más todavía. ¿Habrá Primarias? En los partidos que las celebran, quiero decir. ¿Repetirán los mismos candidatos? Mariano, Pedro, Pablo, Albert, Alberto… ¿qué de nuevo nos van a contar esos viejos amigos que no hayamos escuchado ya, hasta la saciedad, en estos meses? Solo la reaparición de la Niña de Rajoy, ya talludita y con las maletas hechas para emigrar a Alemania, podría animar el cotarro.

Suspenden Hormiguero

Pero la cosa pinta peor aún en provincias. Nos lo preguntábamos hace unas semanas. ¿A qué han dedicado estos meses Carlos Rojas, Elvira Ramón y Ana Terrón? Al ubicuo Luis Salvador lo tenemos más visto, pero ¿y los otros? ¿También repiten? Y, en ese caso, ¿de qué nos van a hablar? ¿Qué nos van a contar? Y los periodistas, ¿cómo van a hacer otra vez sus perfiles, sin repetirse?

Ellos, los políticos a los que habíamos elegido para formar gobierno, han suspendido, incapaces de ponerse mínimamente de acuerdo. Pero los repetidores somos todos. Otra vez a repasar los apuntes. Otra vez a recordar  viejos y obsoletos programas que no se cree nadie.

Pero qué huev... tienen
Pero qué huev… tienen

¿Qué nos van a prometer, de aquí al 26-J, que genere alguna credibilidad? Porque ilusión, desde luego, no percibo en el ambiente. Vuelta a la pegada de carteles y a los anuncios electorales. A los debates. A las encuestas. Al MásterChef político de los gurús. A los sesudos análisis que, en realidad, no sirven para nada. Y, mientras, seguimos viendo la vida pasar, con un gobierno en (dis)funciones…

Jesús Lens

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Frente Literario Antiyihadista

Hace unos días, Granada se despertaba alarmada por la detención en Algeciras de una pareja que estaba a punto de viajar a Marruecos para, desde allí, integrarse en el Estado Islámico. Él era de nacionalidad marroquí. Ella, española. Y tenía una hija pequeña, a la que se llevaban consigo.

Frente Antiyihadista

La denominada Operación Sable incluyó el registro de una casa del popular barrio de La Chana en que residían los detenidos y en la que se encontró material informático, teléfonos móviles y bellotas con droga. Según ha trascendido, un hermano del hombre detenido se habría inmolado en Siria y eso había precipitado la intención de la pareja de integrarse en el Estado Islámico.

Un par de días después, en Palma de Mallorca fue detenido otro individuo de nacionalidad marroquí por su estrecha relación con DAESH y por constituir una amenaza para la seguridad nacional.

Y quiere la casualidad que todo esto haya ocurrido mientras leía la novela “El espía que odió a los Beatles”, de Gerardo Errasti Bocourt, publicado por la inquieta y ya imprescindible editorial granadina Esdrújula. Porque la novela en cuestión trata precisamente de la infiltración de espías españoles en el corazón del Estado Islámico. Y arranca con la detención de dos mujeres de ascendencia española que estaban preparadas para dar el paso y viajar a Siria.

El espía que odió a los Beatles

Pero antes de hablar de la trama y los personajes de la novela, detengámonos en el autor de “El espía que odió a los Beatles”, el mencionado Gerardo Errasti Bocourt. Porque es un tipo que sabe bien de lo que habla.

Diremos, brevemente, que a los diecinueve años, hizo compatibles sus estudios universitarios con un trabajo tan ilustrativo como el de miembro de la Dirección General de Seguridad Personal, destinado en el Palacio de la Revolución, con la misión de proteger a Fidel Castro.

Tras licenciarse en 1983, obtuvo el grado de teniente en la Academia Superior del Contraespionaje Cubano. Su principal cometido: reclutar agentes para infiltrarlos en las operaciones de la CIA contra Cuba. Tras abandonar los servicios secretos cubanos, se dedicó a la abogacía y en 1999 marchó a Sudáfrica, invitado por Nelson Mandela. Allí fue donde comenzó a trabajar en temas relacionados con el yihadismo, cooperando con el CNI español y participando en la investigación del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, en Madrid.

Gerardo Errasti

No es de extrañar, por tanto, que sus novelas estén basadas en hechos reales tan trágicos y dolorosos como la muerte del segundo jefe del CNI en Irak, José Antonio Bernal. Y en la traición de Roberto Flórez, ex agente del espionaje español condenado a nueve años de prisión por vender documentos clasificados a Rusia.

Y ahí radica la clave de “El espía que odió a los Beatles”. En el realismo y la máxima actualidad de lo que Gerardo cuenta en 350 páginas que, por momentos, parecen informes extraídos de los archivos de La Casa, como popularmente se conoce al Centro Nacional de Inteligencia español.

La novela cuenta la historia de Carlos y Lisa, dos infiltrados en el islamismo integrista llamados a desempeñar una importantísima misión: viajar a Siria, al corazón del Califato en Raqqa, para tratar de localizar a un grupo de secuestrados occidentales, entre los que se encuentra el periodista estadounidense James Foley.

James Foley

Una operación de máximo riesgo organizada conjuntamente por el CNI y por la CIA norteamericana. Una operación autorizada y monitorizada por Obama, en la que el despliegue tecnológico de rastreadores, satélites y drones dependerá del éxito, o no, de la infiltración realizada por Carlos. Y de la tapadera que Lisa consiga proporcionarle.

Porque vivimos en un mundo globalizado en el que la información fluye de forma incesante. En todos los sentidos. Y en todas direcciones. De ahí que una palabra de más, o de menos, pueda resultar fatal.

Gerardo Errasti ha escrito la novela de más actualidad que se pueda imaginar, mezclando la realidad y la ficción en un cóctel literario de lo más sugerente para los lectores. Una novela que sigue el canon de los grandes clásicos de la literatura protagonizada por espías, como John le Carré o Frederic Forsyth, pero desde una óptica y una visión muy españolas.

Raqqa

Lo que hace de “El espía que odió a los Beatles” una narración especialmente inquietante, máxime, a la vista de acontecimientos recientes como los comentados al comienzo de este artículo.

Jesús Lens

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El Legado Lorca, un BIC

Tenemos que felicitarnos por la decisión de la Comunidad de Madrid y del secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, de convertir al legado de Lorca en especie protegida, tras haberlo declarado como BIC. Bien de Interés Cultural.

Centro Lorca legado

Ahora bien, les confieso que nada más escuchar la noticia, pensé: ¿qué no estará pasando con este tema, para que haya sido necesario tomar una decisión como ésta? Y, sobre todo, me pregunto: con la prisa que se dan los unos y los otros en denunciarse y querellarse entre sí a la velocidad del rayo y por las causas más peregrinas, ¿cómo es que este tema no está todavía en los juzgados? De ello hablo hoy en mi artículo de IDEAL, en línea a lo que ya comenté sobre este tema en otro artículo de hace unas semanas: “El mal pleito”.

Hasta ahora, solo Laura García Lorca ha puesto una denuncia contra Juan Tomás Martín, por presunta falsedad y apropiación indebida. Y, como caballero que es, el denunciado se ha autoinculpado y ha cargado con toda la responsabilidad de una nefasta gestión, exculpando por completo a Laura.

Centro Lorca cámara acorazada

¡Qué maravilla! ¡Qué manera más civilizada de conducirse! Pero, entones, ¿por qué sostiene Lasalle que el legado de Lorca no vendrá a Granada hasta  que “el Centro Lorca no esté operativo y estén resueltos los problemas que existen acerca de la continuidad del Consorcio”?

Que yo sepa, el Centro Lorca está más que inaugurado, operativo, abierto y en funcionamiento. De hecho, el sábado por la mañana tengo un acto literario allí, con Lorenzo Silva y Fatos Kongoli.

En el Centro Lorca nos vemos el sábado por la mañana
En el Centro Lorca nos vemos el sábado por la mañana

Lo de la continuidad del consorcio es otra cuestión. Lasalle ha hablado de discusión sobre su continuidad y debates dentro del mismo por parte de las administraciones y la Fundación. Y eso es lo que, además de sonar a coña marinera, empieza a oler a chamusquina.

¿Cómo se puede admitir que, con un agujero de 12 millones de euros y el legado inmovilizado en Madrid, habiendo sido necesaria su declaración como BIC para evitar su venta en el extranjero o su troceamiento para pagar deudas, sigamos hablando de discusiones, debates o negociaciones?

Aquí está pasando algo muy extraño y, sea por acción u omisión, las administraciones que forman parte del consorcio tienen una gran responsabilidad en todo este tinglado. A ver si hay suerte y, ahora que las dimisiones sirven para tirar de la manta de turbios y oscuros asuntos, empezamos a saber qué pasa con el tan llevado, pero poco traído legado de Lorca.

Jesús Lens

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Playas de piedra

“El problema es que los clientes tienen la imagen turística de Andalucía y llegan con altísimas expectativas a las playas. Al ver la nuestra así es inevitable el shock inicial”.

Gracias, Mercedes Navarrete, por reproducir estas palabras de María José Escudero, jefa de administración del Hotel Robinson de Motril, describiendo las playas sin arena del litoral granadino. Playas llenas de piedras y que exigen salvar abruptos escalones de notables dimensiones para acercarse al mar.

Playas de piedra playa granada

En La Chucha ya estamos acostumbrados a la estampa: familia que llega, toda ilusionada, dedica un rato a despejar de pedruscos un par de metros cuadrados para desplegar las toallas y se desloma tratando de clavar la sombrilla. Sudando, se acercan al agua con intención de darse un refrescante baño. Pero no cuentan con que tratar de entrar al agua, en La Chucha, es un deporte de riesgo que puede desembocar en un esguince de tobillo o en una mala caída de imprevisibles consecuencias. Porque hay tantas piedras y las algas las convierten en tan resbaladizas, que entrar sin menoscabo físico en el mar es digno de aplauso.

Lo normal es que esa familia, indignada, recoja sus bártulos y se vuelva por donde ha venido. Como decía, en La Chucha, ya estamos acostumbrados al peñascal y a los escalones vertiginosos, dado el desprecio con que históricamente ha sido tratada nuestra playa por las autoridades ¿competentes? De hecho, los pies de los chucheros han mutado en pezuñas, más propias de cabras monteses que de seres humanos.

Playa de La Chucha. Foto Manuel Béjar
Playa de La Chucha. Foto Manuel Béjar

Por fortuna, en otros lugares de la Costa Tropical granadina no estaban acostumbrados a este disparate. Pero este año, con los recortes presupuestarios, la dirección de Costas, dependiente del gobierno central, también está en funciones. Y, por tanto, no funciona. Que no suelta la guita necesaria para arreglar los desaguisados de los temporales de invierno, vamos. Así, las playas de Granada corren severo riesgo de ser un erial durante todo el verano.

Playas piedra Granada

No sé si la Consejería de Turismo de la Junta había pensado en hacer alguna campaña de promoción de nuestras playas de cara a la temporada estival, pero visto lo visto, mejor que no se metan en nada. Por lo del shock que tan brillantemente describía María José en una frase que debería figurar tallada en piedra, para escarnio de los políticos que hablan del turismo como motor de nuestra economía.

Jesús Lens

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Un muchacho por la Vega

Acabo de volver a comprobar el correo electrónico. Y nada. Ningún mensaje del muchacho. Y ya es tarde y me acaban de llamar del periódico, pidiendo este artículo. Así que, me va a tocar escribirlo a mí. Que estaba yo esperanzado en que me lo hubiera redactado ese chaval que, el pasado viernes, habló en nombre del colectivo “Pedaladas por la Vega” durante una entrega de premios.

El Muchacho, en plena alocución
El Muchacho, en plena alocución

La primera vez que lo vi fue el miércoles santo. En el mismo parque Tico Medina del pasado viernes. Estaba ultimando la partida hacia Sanlúcar de Barrameda en bicicleta, para acompañar a Jorge Abarca en su lucha por dar visibilidad al ELA y recaudar fondos que permitan seguir investigando cómo vencer a la Esclerosis Lateral Amiotrófica. La del cubo del agua de hace un par de años. O tres. ¿Se acuerdan?

Lucha contra el ELA salida

De Jorge hablaré pronto. Hoy quiero centrarme en aquel muchacho rubio y enjuto, de rostro serio, más preocupado por fiscalizar y comprobar que todo estuviera bien, antes arrancar la expedición, que pendiente de las fotos, bromas y alharacas del resto de participantes.

Como digo, lo volví a ver el viernes. Y, sobre todo, le escuché. Al principio se mostró nervioso, en lo alto del escenario. De hecho, anunció que iba a usar una chuleta. Pero no le hizo falta. Porque cuando se tienen ideas y pasión, no hace falta nada más.

Y el muchacho va sobrado de ambas. De ideas claras y de fuego para verbalizarlas y compartirlas. En los tres o cuatro minutos que invirtió en agradecer la concesión del premio “Amigos de la Vega”, soltó un puñado de verdades que cosecharon encendidos aplausos de la concurrencia. Imagino que las autoridades y políticos presentes suspiraron al saber que no tenían que hablar después de él: lo hubieran tenido complicado, tan alto había dejado el listón.

Foto: Cristian Gálvez
Foto: Cristian Gálvez

Cuando el muchacho se bajó de la tarima, le abordé y le pregunté si podía pasarme su discurso. Acostumbrados a vincular a los jóvenes con el Botellón, la abulia, el pasotismo y demás clichés, estaba impresionado por la intervención de aquel joven deportista. Me dijo que lo llevaba manuscrito, pero que podía volver a escribirlo en un ordenador y mandármelo por correo electrónico. Apuntó mi e-mail.

Y aquí estamos, ustedes y yo, esperando las encendidas y esperanzadoras palabras del Muchacho por la Vega…

Jesús Lens

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