La madrastra y el presidente

Comienza mi artículo de IDEAL señalando que no es solo que lo sienta por Águeda, la árbitra agredida; es que la noticia me provoca una rabia, una indignación y una impotencia descomunales. 

 

Ya saben ustedes de lo que hablo, ¿verdad? El pasado fin de semana, una energúmena insultó y agredió a una árbitra, tras un partido de fútbol de categoría juvenil. Por lo visto, la señora en cuestión es la madrastra de uno de los chavales que disputó el partido. 

 

Y ahí es a donde quería yo llegar: al muchacho. ¿Qué habrá sentido, al ver que la persona encargada de su educación zarandea violentamente a una chica de dieciocho años por una disputa futbolística, después de insultarla? ¿En qué manos está ese joven?

 

¿Y qué me dicen del papel del presidente del club supuestamente perjudicado por la árbitra del partido? Ahora ha pedido perdón, pero tras dirigirle una andanada de palabras gruesas y malsonantes, terminó concluyendo que estas cosas pasan por dejar que una mujer haga el trabajo de un hombre. Que una chica no puede ser árbitro… ¡Ahí, con un par!  

 

Espero que a semejante espécimen le abran expediente y le inhabiliten de por vida. ¿Cómo puede un tipo así ser el máximo responsable de un club deportivo en el que juegan al fútbol un puñado de jóvenes? Es de todo punto inadmisible.

 

Cada vez que se producen situaciones como esta, nos cuestionamos la desmesura que ha alcanzado el fenómeno del fútbol, ya desde las edades más tempranas. Hay familias que educan a sus hijos como si fueran pequeños Ronaldos llamados a marcar goles decisivos, a ganar Copas de Europa y, por supuesto, a firmar contratos millonarios. 

 

Familias con un nivel de exigencia por el deporte tal que olvidan cualquier otro aspecto de la formación de los niños. Padres que, siguiendo esa terrible lógica, van a los partidos de sus hijos como el que va a la guerra: vencer o morir. 

 

Y así, pasa lo que pasa: insultos, broncas, peleas y agresiones. ¡Qué lástima, cómo pervierten los valores del deporte, arrastrándolo por el barro y condenando a los chavales a no disfrutar de algo que debería ser sano, divertido y natural!  

 

Jesús Lens

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La araña del olvido

Me ha costado trabajo decidirme a publicar estas notas en El Rincón Oscuro de IDEAL. Porque vincular la figura de Federico García Lorca con el género negro, en Granada, puede parecer uno de esos ejercicios de oportunismo de los que suelo abominar.

Pero, por otra parte, sería muy injusto no hablar en esta sección de un tebeo -o novela gráfica, como prefieran- tan extraordinariamente noir como “La araña del olvido”, del malagueño afincado en Granada Enrique Bonet.

Así empezó mi 2016...
Así empezó mi 2016…

Publicada por la impagable editorial Astiberri, a la que le debemos tantas y tantas joyas del noveno arte editadas en español, “La araña del olvido” habla de un personaje fascinante: Agustín Penón, muy conocido por todos los amantes de la figura de Lorca y cuya maleta se ha convertido en uno de esos iconos que forman parte de la historia de la cultura española del siglo XX.

Muy brevemente: hijo de españoles exiliados en Estados Unidos y fervoroso admirador de la poesía de Lorca, el joven y entusiasta Agustín Penón vino a Granada, en los años 50, para indagar en las circunstancias de la muerte del poeta. Ese es el punto de partida de “La araña del olvido”. Y, a partir de ahí, Enrique Bonet nos cuenta toda la investigación que Penón lleva a cabo en Granada y alrededores, tratando de descubrir la verdad.

¡La verdad, ahí es nada!

La araña del olvido Viñeta

La lectura de la novela gráfica de Bonet ha de partir de un hecho cierto: el asesinato de Lorca y el lugar en que ¿reposan? sus restos siguen estando envueltos en una nebulosa que lo convierte en un enigma dentro de un acertijo sin solución. Al menos, por el momento.

Y precisamente por eso, “La araña del olvido” es tan importante. Porque pone el acento en la búsqueda. En la investigación. Y no tanto en los resultados. Primer punto que la convierte en una obra decididamente negra.

¿Y qué me dicen el protagonista? Que no es Lorca, sino Penón. Un joven ingenuo y bienintencionado que se mete a husmear donde nadie le ha llamado. Una especie de James Stewart o Cary Grant en una película de Hitchcock. Solo que su aventura, a Penón, le cambió la vida. Y ese es otro detalle que lo enmarca dentro del Noir. Es imposible enfrentarse a todo lo que se enfrenta el protagonista y no salir tocado. Muy tocado. El individuo, solo, frente a la sociedad. Una sociedad cerrada, oscura y ominosa que conspira contra él. Porque la Granada de los años 50 del pasado siglo no era precisamente fácil. ¡No lo es, todavía hoy, en pleno siglo XXI, así que… calculen hace cerca de ochenta años!

La araña del olvido página 1

Una ciudad volcada sobre sí misma, encerrada y refractaria a cualquier aire exterior. Una ciudad enrarecida y encanallada, con los restos de la Guerra Civil aún candentes. Una ciudad envilecida por los odios cainitas, las venganzas y las ejecuciones. Y esa especie de Leviatán urbano con sus secretos, sus silencios y sus mentiras a cuestas, es parte fundamental del género policíaco.

Una Granada, por cierto, que Enrique Bonet ha retratado con un celo extraordinario. Esas imágenes de una Puerta Real que ya no existe. La casa de los Rosales en la que Lorca fue detenido y que hoy alberga un hotel y un bar encantador. La Huerta de San Vicente. Los edificios perdidos con el paso de los años. Esa fértil vega, el Darro y sus puentes. Los cafés, los cabarés, las pensiones… un extraordinario realismo preside cada una de las viñetas que conforman “La araña del olvido”.

La araña del olvido Darro

Y están los alrededores de Granada. Que Penón se desplaza hasta Padul o Alfacar. Estremecen, sobre todo, las viñetas que transcurren en el barranco de Víznar. Y emocionan, también. Otras viñetas, sin embargo, asustan. Porque hay momentos en la narración de Bonet, sobre todo al principio y al final de esta obra monumental, en los que el Miedo y su alargada sombra parecen surgidos del expresionismo alemán que tanta importancia tuvo en el cine negro clásico norteamericano.

La araña del olvido oro darro

A modo de resumen, y por si alguien duda del carácter negro de “La araña del olvido”, transcribo el contenido de una de las viñetas centrales, onírica y espectral, que interroga al lector: ¿Quién? ¿Dónde? ¿Por qué?

Y lo peor es que esas preguntas, todavía hoy, siguen sin tener una respuesta clara.

Jesús Lens

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Innovar, renovarse, sobrevivir

Abro mi artículo de hoy en IDEAL con las palabras de un sabio: Sostiene una célebre máxima de Albert Einstein que si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Renovarse

Si le damos la vuelta a la frase, cabría deducir que, haciendo siempre lo mismo, también obtendríamos siempre los mismos resultados. Y ahí, discúlpenme la osadía, es donde disentiría con el genio teutón, aun a riesgo de que ustedes piensen que me ha dado una insolación por correr bajo el severo sol invernal.

No. Por mucho que los inmovilistas más recalcitrantes se empeñen, haciendo hoy lo mismo que ayer, no conseguiremos los mismos resultados. Ni por asomo. Porque las cosas cambian a una velocidad vertiginosa y lo que ayer te servía para alcanzar unos logros, hoy ya no alcanza. Por desgracia. Que la adaptación al cambio es muy complicada y dolorosa. Pero inevitable.

Renovarse Einstein

La máxima de Einstein es, por supuesto, un canto a la innovación y a la búsqueda de caminos diferentes para la consecución de resultados inéditos. Una de esas frases que todos deberíamos aplicarnos en nuestra vida.

Pero que nadie se confíe pensando que, siendo conservador y haciendo lo de siempre, va a cosechar los mismos resultados a los que está acostumbrado. La historia, y sobre todo la más reciente, está llena de ejemplos que desmienten dicha tesis.

Insisto: el entorno actual se mueve a tal velocidad que quedarse quieto supone comenzar a fosilizarse y, en muy poco tiempo, desaparecer. ¿A que no tarda en venírsele a la cabeza algún ejemplo cercano, estimado lector?

Renovarse Albert Einstein

Porque todos conocemos más de uno: empresas y particulares refractarios a estar en Internet y que terminaron devorados por la competencia. Tiendas que jamás cambiaron de imagen, aspecto o decoración. Bares empeñados en seguir poniendo tapas de atún con tomate…

Veamos el ejemplo de una empresa moderna y tecnológica: Tuenti. Que ya no es una red social. ¡Con lo que fue Tuenti hasta hace prácticamente nada! Todos la recordamos como un ejemplo de éxito protagonizado por un grupo de emprendedores españoles que, tras fundar la empresa en 2006 y arrasar entre los jóvenes, la vendieron a Telefónica por una millonada en 2010.

Seis años después de dicha operación, Telefónica acaba de anunciar que Tuenti deja de operar como red social y se convierte en una operadora móvil internacional, esperando alcanzar un millón de clientes en los próximos años.

¿Cómo le irá a esta nueva Tuenti, diez años después? Difícil de pronosticar, pero lo que no admitía dudas era que, de seguir como hasta ahora; estaba liquidada, muerta y enterrada.

Jesús Lens

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… En tó lo que se menea

Mi columna de hoy en IDEAL comienza de forma exclamativa: ¡qué gran noticia! No lleva ni cuatro días abierta, y la línea marítima entre Motril y Tánger ya está tocada del ala. A ver si soy capaz de resumirlo: se ha puesto en marcha una conexión entre ambos puertos para transportar mercancías, lo que hace necesarias las pertinentes inspecciones sanitarias. Pero los inspectores encargados de hacerlas han de venir de Málaga y, pásmense ustedes, los fines de semana no trabajan. Ni las fiestas de guardar, faltaría más.

Motril Tánger

Al menos, no vienen a trabajar a nuestro puerto, lo que ya ha obligado a cancelar los primeros transportes; amenazando con dar al traste con el proyecto completo. Eso significaría tirar por la borda el ingente trabajo realizado por la Autoridad Portuaria de Motril, perder una importante fuente de ingresos y perjudicar a las empresas hortofrutícolas granadinas, entre otras muchas.

Un “Todos Pierden” de manual que, por cierto, a nadie ha pillado por sorpresa, estando advertida y denunciada la situación desde hace tiempo.

Noticias como esta son de las que provocan sarpullido y hacen que te atragantes con el café o la caña de cerveza. Noticias a las que no das crédito y te obligan a releer, con detenimiento, desde el titular hasta el último párrafo, que reza así: “La subdelegación del gobierno señalaba a IDEAL que no hay intención de cambiar el funcionamiento del servicio de inspección”.

Motril Tánger Aduana

Y ahí radica, precisamente, la buena noticia. Porque no me cabe la menor duda de que semejante aseveración ha hecho temblar los cimientos de todas las instituciones públicas y privadas de nuestra provincia y las sedes de todos los partidos. De hecho, es posible que el seísmo que nos despertó de la siesta fuera provocado por la furibunda actividad de nuestros representantes públicos, güasapeando todos a una y al grito de “me cago en tó lo que se menea”. De hecho, estoy seguro de que, cuando esta columna llegue al periódico, me llamarán para decir que mande otra. Que esto ya se ha arreglado.

¿Se imaginan ustedes que un carguero llegara al puerto de Algeciras o de Málaga y tuviera que quedarse en cuarentena dos o tres días, dado que el servicio de inspección descansa en fin de semana?

De verdad. O conseguimos que esta inocentada se arregle a la mayor brevedad o hacemos una rogativa por la resurrección de Berlanga y organizamos un Crowdfunding para poner en marcha una película que cuente, con pelos y señales, esta astracanada.

Jesús Lens

La verdad estaba ahí fuera

Mi artículo dominical de IDEAL hacía una extraña mezcolanza, comenzando por reflejar que ha querido la casualidad que la vuelta a las pantallas de una serie mítica como “Expediente X” haya coincidido con una nueva tormenta mediática provocada por alguien que, en su momento, también estuvo relacionado con la consonante más enigmática del abecedario: FG.

Expediente X Felipe González

¡La que ha liao el pollito!

Pero es que, además, compañeros suyos en el PSOE de antaño como Corcuera y Leguina no dejan de arrasar en las redes cada vez que aparecen en las tertulias televisivas, aupados y jaleados por los sectores más conservadores de la sociedad.

La tesis de todos ellos es muy sencilla, y más antigua que el comer: al enemigo, ni agua. En el bien entendido que el enemigo no son Rajoy, el PP o Ciudadanos, sino el lenguaraz Pablo Iglesias, Podemos y sus Mareas. Imposible no recordar a Robe Iniesta y Extremoduro, cuando cantaba aquello de “Va a subir la marea, y se lo va a llevar todo. No veas si noto la fuerza, yo creo que soy un toro”.

Ayer sábado, además de adelantar el congreso federal del PSOE que elegirá secretario general al 8 de mayo, Pedro Sánchez anunció que consultará con los militantes los pactos con otros partidos, ahora que las alianzas postelectorales han venido para quedarse. En una pionera e inédita iniciativa, cerca de 200.000 militantes de base del partido socialista serán escuchados sobre la cuestión que ahora mismo nos tiene intrigados a todos los españoles.

Para quienes tenemos una inveterada querencia por las teorías conspiranoicas, “Expediente X” siempre fue una serie referencial. El atropellado regreso de Mulder y Scully al formato televisivo, sin embargo, me ha dejado frío. Pero no me olvido de una de las consignas de la serie: creer es la clave.

Expediente x

Porque, como se ha demostrado, la verdad estaba ahí fuera. Fuera de los aparatos de los partidos, por ejemplo. En esa democracia horizontal y directa que tanto ha ilusionado a millones de personas y que está obligando a cambiar la forma de hacer las cosas a las formaciones políticas tradicionales.

Pero hay algunos que no se enteran. Y mira que ya lo cantaba Bob Dylan en los años 60, en su memorable Balada del Hombre Delgado: “Because you know that something is happening here, but you don’t know what is it, do you Mr. Jones?”

Tarea dominical: póngale usted nombre, querido lector, a esos Mr. Jones que, sabiendo que algo ha pasado, todavía no saben lo que es. ¡Hay tantos…!

Jesús Lens