Maestro Márkaris en Granada

Hace unos años, en Semana Negra, Petros Márkaris se reía cuando le contaba que a mi primer portátil le puse de nombre “Jaritos”, en homenaje a uno de mis personajes favoritos de la novela negra contemporánea.

Y es que Jaritos, Kostas Jaritos, es el nombre del comisario de la policía ateniense que protagoniza la larga saga de novelas policíacas escritas por Petros Márkaris, uno de los grandes maestros del Noir internacional y auténtico referente en lo que se ha dado en llamar el Noir Mediterráneo.

 

La primera aparición de Jaritos data de 1995, en “Noticias en la noche”, una espléndida novela en la que Márkaris mezcla el asesinato de un matrimonio de inmigrantes albaneses con el de una periodista especializada en sucesos de una de las cadenas de televisión más importantes de Grecia. Ahí estaba, ya, el germen de los ejes temáticos de la narrativa del escritor griego: la mala suerte de los desdichados enfrentada a la corrupción que corroe al país heleno como estado y a sus diferentes capas y estructuras de poder.

 

En España, la novela se publicó por primera vez en el año 2000, feliz forma de arrancar el nuevo siglo. Desde entonces, han sido diecisiete años acompañados por Jaritos, por su esposa Adrianí y por Katerina, su hija, a la que hemos visto crecer delante de nuestros ojos. Diecisiete años, también, con Zisis, el amigo comunista de Jaritos, contrapunto necesario que aporta lucidez, socarronería y una necesaria dosis de cinismo a las historias de Márkaris. Diecisiete años… y los que nos quedan. Que Márkaris está en plena forma y escribe a una velocidad vertiginosa, saliendo a una novela por año, en el último lustro.

 

Nacido en Estambul, el 1 de enero de 1937, Petros Márkaris tiene 80 años de edad… y la lucidez, el compromiso y el coraje de un chaval de veinticinco, como tendremos ocasión de comprobar el próximo viernes a las 20 horas, en el Centro Lorca, donde el maestro clausurará la tercera edición del Festival Granada Noir en una jornada muy especial, gracias al apoyo de Fundación Tres Culturas, Granada Ciudad de Literatura UNESCO y Cervezas Alhambra, como patrocinadora del certamen negro andaluz por excelencia.

Van a comprobar ustedes que Márkaris, además de escribir a un ritmo envidiable, habla a una velocidad endemoniada y con una brutal contundencia sobre los temas más variados: literatura, por supuesto, pero también cine, que fue guionista de una película tan extraordinaria y esencial como “La mirada de Ulises”, de  Theo Angelopoulos, con el que ha colaborado en cinco ocasiones.

 

Y hablará de política, y de economía. Y de Alemania y la Troika comunitaria. Y de la crisis. Porque Márkaris, atesorador de una formación enciclopédica, tiene publicado un apasionante libro de ensayos y artículos periodísticos, “La espada de Damocles” (Tusquets. 2012), en el que desgrana lo que ha ocurrido en Grecia, y por extensión en Europa, en estos años de crisis.

 

Es precisamente la crisis el motor que ha animado la escritura de las últimas cinco novelas del maestro griego. El ciclo arrancó con “Con el agua al cuello”, título en absoluto eufemístico: que los banqueros griegos perdieron la cabeza en un momento dado, es algo que todos sabemos. Y que, con ello, contribuyeron a llevar a la ruina a todo un país, europeo y comunitario, y a buena parte de su población; también. Quizá por eso, a modo de justicia poética, Petros Márkaris hace que el antiguo director del Banco Central de Atenas amanezca una mañana asesinado, degollado por arma blanca, con la cabeza seccionada del tronco.

 

–         “¡Ya que nos hicisteis perder la cabeza, el empleo, las pensiones, la sanidad gratuita, la jubilación, la casa y los negocios; yo os voy a hacer perder la cabeza!”, proclama el asesino.

 

Después llegó “Liquidación final”, un libro que comienza con la siguiente advertencia: “Se desaconseja cualquier imitación de los hechos narrados en esta novela”, no en vano, los muertos que comienzan a aparecer en la historia y a cuyo asesino debe encontrar nuestro querido, entrañable y encantador comisario Kostas Jaritos, son notorios defraudadores de hacienda. Muertos, asesinados con cicuta y cuyos cadáveres aparecen en antiguos recintos arqueológicos de una Atenas imposible e intransitable, en la que las protestas callejeras, las manifestaciones y las algaradas se suceden mañana, tarde y noche, sin solución de continuidad.

La novela que se presenta en Granada

Y, por fin, lo que parecía el cierre de la llamada Trilogía de la Crisis: “Pan, educación y libertad”. En ella, en vez de describirse los efectos de la devastadora crisis que asola a los países mediterráneos, directamente fabula sobre ella y nos sitúa en un escenario que, finalmente, no se produjo. Porque ni Grecia ni España dejaron el euro para volver al dracma y a la peseta, respectivamente. Pudo haber pasado. Pero no.

 

En cualquier caso, el contexto en que se desarrolla “Pan, educación y libertad” vuelve a mostrar una sociedad devastada en la que el paro y los recortes salariales y sociales obligan a la gente a volver a una especie de economía de guerra, lo que permite aflorar lo mejor… y lo peor del ser humano. Porque las ollas comunitarias y la solidaridad familiar tienen que convivir con los movimientos xenófobos de Amanecer Dorado y otros grupos de extrema derecha.

 

Pero llegó 2015. Y la crisis no había terminado. Y Márkaris retomó a Jaritos en “Hasta aquí hemos llegado”, en la que muestra cómo la ultraderecha de Amanecer Dorado está formando un estado paralelo, utilizando Internet y penetrando en las estructuras del gobierno de Grecia. Y llegó 2017. Y Márkaris sige escribiendo. En este caso, sobre la ¿post?crisis. En una novela de título preclaro: “Offshore”, en la que el blanqueo de capitales desempeña un papel esencial.

 

¿Hay o no hay argumentos para acompañarnos el viernes en el Centro Lorca, a Márkaris y a un servidor, en una conversación que promete ser apasionante?

 

Jesús Lens

De chupas, abrigos y gabardinas

Cuando ustedes vayan a ver “Blade Runner 2049” -tranquilos, que no voy a desvelar nada sobre su trama ni argumento- se encontrarán al personaje interpretado por Ryan Gosling permanentemente ataviado con un abrigo de corte largo, con las solapas cubiertas de lo que popularmente conocemos como piel de borrego por estos pagos.

 

El caso es que el abrigo tiene su historia. Porque la secuela de “Blade Runner” trata de ir más allá del original, en todos los aspectos, pero respetando casi hasta la veneración uno de los clásicos indiscutibles de la ciencia ficción universal.

Si recuerdan ustedes la película de Ridley Scott, el personaje interpretado por Harrison Ford vestía una prenda que los especialistas llaman trench y que, para un profano como yo, era una gabardina, prensa que conectaba con la vestimenta habitual de los detectives clásicos del cine negro norteamericano.

 

En “Blade Runner 2049”, el clima es más extremo, más duro, más agresivo. Los paisajes por los que transitan los personajes son descarnados, apocalípticos y agrestes… aunque sean urbanos. Y, por tanto, una gabardina ya no era suficiente. Se imponía que Gosling vistiera una prenda más acorde con el entorno, de carácter cuasimilitar.

Y ahí le tenemos, con un abrigo fabricado de grueso algodón, tratado con una capa impermeable, con costuras redondeadas en los hombros, cuatro bolsillos multifuncionales y un diseño que permite cerrar el abrigo de forma cruzada, lo que convierte a las solapas en un cuello alto que protege nariz y boca en entornos hostiles repletos de polvo y polución.

 

Una idea, por cierto, del propio actor, con mucha vista para esto de la moda. No sabemos si Zara o El Corte Inglés tendrán este modelo de abrigo en su colección de otoño-invierno, pero no estaría de más asomarse a ver.

 

Ryan Gosling, con su cara de buen chico y aspecto despistado, también lució una chupa inolvidable en la película que le propulsó a la fama. ¿Se acuerdan de su papel en “Drive”, un conductor frío como el hielo al que contrataban para pilotar coches durante la comisión de atracos? ¿Y recuerdan aquella cazadora dorada, con el escorpión a la espalda? Pues también fue idea de Gosling, tal y como explica el diseñador de vestuario Erin Benach: “el actor había comprado una chaqueta coreana de los años 50, de esas que te llevas como souvenir si visitas un país, con la que se paseaba por el plató. Creamos una parecida, aunque cambiamos el nylon del cuello y de las muñecas por algodón”. En principio, iba a ser plateada, pero no daba bien en cámara. De ahí su definitivo color áureo.

Lo del escorpión llegó después, inspirado en un cortometraje de Kenneth Anger de corte homoerótico protagonizado por un motero llamado Scorpio que recorre las calles de Los Ángeles a toda velocidad… sin olvidar que el signo zodiacal de Gosling, nacido el 12 de noviembre de 1980, es Escorpio, por supuesto.

 

Para chaquetas cuestionablemente molonas, la que lucía el inefable Nicholas Cage en “Corazón salvaje”, una de las películas menos recordadas y más incomprendidas de David Lynch. La abrasadora y demencial historia de amor de Sailor y Lula encontraba en la cazadora que vestía Sailor -y que tantos problemas le provocaba- una auténtica declaración de principios que oscilaba entre lo sublime y lo patético: “¡Esta es mi chaqueta de piel de serpiente! Y para mí es un símbolo de mi individualidad, y mi creencia en mi libertad personal”; dicho lo cual… se liaba a mamporros con cualquiera que hubiera osado cuestionar su barroco estilismo y su discutible gusto estético.

Pero si hablamos de piel de serpiente hay que recordar la película que, con dicho título, protagonizó Marlon Brando, a las órdenes de Sidney Lumet. Un Brando que, además de actor excepcional, fue icono de la moda. ¿Cómo olvidar una de sus imágenes más populares y universalmente extendidas, apoyado sobre una moto, con su chupa de cuero negro y su gorra con visera ladeada sobre la cabeza?

 

Echen un vistazo en Ebay y verán los precios que alcanzan dichas gorras. Y no digamos ya las cazadoras negras de piel que le identificaban como el líder de la banda de moteros de “Salvaje”, cinta de 1953 que contribuyó a consolidar a Brando como uno de los iconos del cambio generacional del cine norteamericano.

¿Y qué me dicen de aquel memorable abrigo con el que Brando se protegía del frío glacial del puerto de Nueva York, donde trabajaba como estibador tras haber colgado los guantes de boxeo, en “La ley del silencio”? Era una cazadora a cuadros, posiblemente negros y rojos, que la excelente fotografía de Boris Kaufman hacía relucir con luz propia. Una cazadora que, por supuesto, hoy haría furor entre esos Hipster aficionados a los cuadros canadienses con pasión por cortar árboles a hachazo limpio, metafóricamente hablando.

En un futuro volveremos sobre las chupas de personajes como el Renton de “Traisnpotting”, el Tyler Durden de “El club de la lucha” o el Jimmy Stark de “Rebelde sin causa”, películas no canónicamente negras, pero que tanto comparten con la filosofía del Noir.

 

Sin embargo, estas líneas sobre estilismo no pueden obviar al icono del cine negro clásico por excelencia, la primera prenda que a todo buen aficionado se le viene a la cabeza cuando piensa en películas como “El sueño eterno” o “Casablanca”: la gabardina, segunda piel de un Humphrey Bogart que la vestía con el mismo aplomo y seguridad en el norte  de África, a punto de perder a su amada por siempre jamás, que en la no-tan-soleada California, si hacemos caso a esa Los Ángeles, húmeda y lluviosa, de la película de Hawks.

Y es que la magia del cine, esa maravillosa e increíble fábrica de sueños, es capaz de convencernos de (casi) cualquier cosa.

 

Jesús Lens

¿Qué es ser una heroína, hoy?

Esa es la pregunta a la que responderán, a lo largo del próximo fin de semana, las escritoras de género negro que Granada Noir ha convocado en el Cuarto Real de Santo Domingo, dentro del proyecto Hnegra.

Un proyecto que, tras su presentación y puesta de largo en Granada, viajará a Aragón antes de continuar su periplo por una larga ruta de festivales dedicados al género negro. Porque el proyecto Hnegra es una iniciativa de mucho calado y largo alcance de la que no dejaremos de oír en los próximos meses.

 

Hnegra es un proyecto multidisciplinar con varios componentes fundamentales que se complementan y retroalimentan entre sí. Es, para empezar, un libro de cuentos. Pero también es una exposición de ilustraciones. Y ambas iniciativas serán estrenadas en Granada el próximo viernes, 29 de septiembre.

A partir de ahí, Hnegra irá adoptando diferentes formas. En Granada, por ejemplo, tendrá mucha visibilidad y protagonismo en los bares, gracias al patrocinio de Cervezas Alhambra, que permitirá disfrutar de encuentros y charlas con autoras de género negro en diversos garitos de la ciudad, disfrutando de una cerveza bien fría y de una tapa especial, diseñada al efecto.

 

Pero… ¿qué es Hnegra exactamente? Empecemos hablando del libro. Tal y como explica Fernando Marías, impulsor de un proyecto materializado gracias a la editorial Alrevés y a Ámbito Cultural El Corte Inglés: “hemos pedido a 22 autoras, nombres clave de la novela negra actual de nuestra literatura, pero también escritoras de otros ámbitos, además de dramaturgas, cineastas, periodistas, directoras de escena, actrices y poetas; que escriban un relato breve de atmósfera negra protagonizado por una mujer, que puede ser heroína o villana, justiciera o criminal, víctima o verdugo; la única condición era que su protagonista no fuera representante de la ley con placa y pistola. Posteriormente, convocamos a 22 ilustradores para que adaptaran los relatos”.

El libro Hnegra, una auténtica joya hermosamente editada, se compone de los 22 relatos y de sus correspondientes 22 adaptaciones en forma de ilustración. Y resulta una gozada comprobar cómo ha interpretado en clave visual, cada ilustrador, a la heroína que le ha tocado en suerte. Sobre ese tema también habrá una mesa redonda en Granada Noir, en la que participarán ilustradores como Javier Olivares, Premio Nacional del Cómic, Enrique Bonet, Santiago Sequeiros o Maite López.

 

Pero volvamos a la pregunta central: ¿Qué es ser una heroína, hoy? Le hemos preguntado a tres reconocidas autoras de género negro, que estarán en Granada Noir y cuyos relatos forman parte de Hnegra.

 

Para Berna González Harbour, “heroína en realidad es la superwoman que hoy logra trabajar, tener vida, amar y querer y disfrutar todo a la vez manteniendo el tipo. Desde un punto de vista literario es una construcción compleja: seguimos aferrados a dos tipos de modelos atávicos y clichés: Una es la mujer de escote, poco cerebro y muchas curvas como estímulo de las investigaciones; y otro es las investigadoras incipientes que muestran inteligencia pero aún no pueden exhibir borracheras o debilidades tan profundas como las de los hombres “Marlowe”. A la mujer se le exige siempre más, también en el protagonismo heroico sin desbarrar porque si desbarran, algo se desencaja en el esquema. Tenemos mucho que asimilar literariamente también para convivir con ellos sin necesidad de ser una (aparentemente) inofensiva Miss Marple”. Interesante planteamiento que nos invita a pensar en la novela del futuro protagonizada por mujeres.

Para Empar Fernández, “una heroína negra no necesita superpoderes, pero sí ingenio, valor y recursos. Tiene clarísimo que debe exigir que la respeten y se siente muy orgullosa de ser una mujer”.

 

Por su parte, Nieves Abarca, considera que “en la vida normal la heroína que gusta es la mujer 10: trabaja, hace las cosas de casa, se cuida y cuida a los niños sin descascarillarse la manicura… Pero en el “mundo noir”, los papeles se cambian: la heroína puede ser tanto la malvada asesina sin escrúpulos como la abnegada policía que ofrece su vida por los débiles. Lo mismo que han sido siempre los hombres, protagonistas de su vida y de su historia, villanos o héroes. En el mundo noir todos somos iguales ante la literatura”.

Me surge una interrogante al leer los planteamientos de tres autoras como Berna, Empar y Nieves: ¿puede la literatura contribuir a cambiar la realidad? O, al menos, la percepción que tenemos de la realidad…

 

En ese sentido Granada Noir y AulaCine CAJAGRANADA han diseñado un ciclo de diez películas que, de forma paralela al proyecto Hnegra, invita a los espectadores a reflexionar sobre el papel de la mujer en el cine policíaco norteamericano a lo largo de la historia.

Así, la mujer ha pasado de ser la compañera sentimental del protagonista o la pérfida mujer fatal que lo arrastra a la perdición, en el cine de los años 30 a 60 del pasado siglo, a ser un personaje con individualidad propia cuyas aristas y perfiles resultan mucho más completos y creíbles en películas significativas de los 70 y los 80.

 

Por fin, el cambio de siglo ha permitido que veamos películas en las que la mujer es la heroína indiscutible del cine negro más moderno y atractivo, en igualdad de condiciones a los personajes masculinos, tal y como defendían Berna González Harbour, Empar Fernández y Nieves Abarca.

Para quienes sostenemos que el cine, la literatura y el arte en general son  poderosas herramientas para la transformación social, proyectos como Hnegra son esenciales, al permitirnos reflexionar sobre la realidad del momento en que vivimos a partir de un pasado compartido. Y todo ello con el fin último de trabajar y pelear por la consecución de una sociedad más justa e igualitaria en el futuro más inmediato.

 

Jesús Lens

El periodismo en clave Noir

Tengo muchas ganas de preguntarle esta tarde a Quico Chirino si la novela negra le sirve para ir más allá de su actividad periodística o si mantiene separadas ambas facetas. Porque hoy miércoles, a las 20 horas, se presenta en el Cuarto Real de Santo Domingo su excelente “A la izquierda del padre”, publicada por Samarcanda. Y será uno de los temas que pongamos encima de la mesa. Aprovechen para leer la excelente entrevista que Pablo Rodríguez hace a Quico Chirino en IDEAL.

También tengo mucha curiosidad por saber qué opina Eduardo Peralta, director de IDEAL, sobre una novela muy negra en la que uno de los protagonistas es, precisamente, un periodista.

 

De hecho, era tanta la curiosidad que me suscitaba el tema que me he lanzado a interrogar a Quico Chirino, por adelantado. Y esto me dice: “En mi caso, mi novela poco tiene que ver con mi labor periodística habitual, aunque que está reflejada parte de mi experiencia como reportero en mis primeros años. En cambio, sí aprovecho la novela para reflexionar sobre el periodismo y a mis personajes para que digan cosas que en mí no resultarían políticamente correctas. Pienso que mi narración tiene mucho de crónica, o eso pretendo, y en la forma de documentarme sí se percibe mi labor periodística”.

Foto: FERMIN RODRIGUEZ. Quico Chirino, Periodista y escritor

Una respuesta muy interesante que abre caminos y me anima a ampliar el espectro de autores interrogados sobre la cuestión. Porque en la tercera edición de Granada Noir vamos a tener una mesa redonda, presumo que apasionante, con algunos periodistas que, más allá de su labor informativa e investigadora, escriben y publican género negro.

 

Por ejemplo, Javier Valenzuela, autor de “Limones negros”, publicada por Anantes y de la que ya hablamos en esta sección. Y que nos dice lo siguiente: “La novela negra es, desde su nacimiento, un modo excelente de contar con espíritu crítico la realidad del mundo capitalista. Lamentablemente, la creciente censura que hoy ejercen los poderes políticos y económicos sobre el periodismo hace que muchos profesionales tengamos que recurrir hoy más que nunca a la coartada de la ficción literaria para sacar a la luz cosas que sabemos que son ciertas”.

¿Es o no es un excelente punto de partida para una conversación sobre periodismo y literatura policíaca? En ese sentido, es muy interesante la opinión tanto de Quico Chirino como de Valenzuela sobre por qué han elegido este género para contar sus historias.

 

Nos dice Chirino: “Yo he querido hacer una crónica social, apoyado en la ficción. Y sucede que si te acercas a la realidad y la recoges sin aderezos es muy probable que te salga una novela negra. Como escritor no quiero ser políticamente correcto. Por eso, en mis escenarios, en los ambientes marginales que recreo, hay droga, quinquis y ratas que muerden a los niños en la cabeza. No solo flamenquitos y mucho arte; que también son una parte de la realidad, pero esa la dejo para otros escritores”.

 

Javier Valenzuela, por su parte, abunda en el mismo sentido: “Empecé a ejercer el oficio de periodista porque hacía posible que me pagaran por tres cosas que siempre me han encantado: escribir, viajar y combatir las injusticias. En “El País” debuté como cronista de sucesos en el Madrid de los años quinquis y luego fui corresponsal de guerra en Beirut, Teherán, Sarajevo y otros lugares, así que terminar escribiendo novela negra me parece un colofón de mi carrera bastante lógico. Por lo demás, ya leía a Hammett, Chandler y compañía hace cuarenta años, no tuve que esperar la llegada de los escandinavos para pensar que este es el género literario más crítico, realista y entretenido de nuestro tiempo”.

 

Como ven, no les falta retranca, humor e ironía a ninguno a unos Quico y Javier que compartirán conversación, en la última mesa redonda de #GRN3, el sábado 7 de octubre (*), con otros dos pesos pesados del periodismo español: Mariano Sánchez Soler e Íñigo Domínguez, autor de una impresionantes e imprescindibles “Crónicas de la mafia”, publicada por Libros del K.O.

Mariano Sánchez Soler, periodista y escritor de raza, autor de “El asesinato de los marqueses de Urbina”, Premio L’H Confidencial de 2013 y publicada por Roca Editorial, nos explica que “mis libros no tendrían sentido si no fueran instrumentos de conocimiento, de revelación. No escribo historias tan oscuras porque me diviertan. Si quisiera escribir novelas adaptadas al consumo literario tendría que ir por caminos distintos que no me interesan absolutamente nada. A mis 59 años, me considero un escritor radical; sigo escribiendo sobre lo que me gustaría leer y con ello trato de responder a la realidad que me ha tocado en suerte. La escritura es para mí una actividad total en la que cabe el periodismo, el ensayo, la narrativa, la poesía, etcétera. Son distintas parcelas de una única posición ante el mundo y la vida… Desde el punto de vista profesional, soy un cronista, un narrador, un periodista literario. Uso la palabra escrita como herramienta absoluta”.

Y sobre su método de interrelacionar periodismo y literatura, Mariano Sánchez Soler es igual de contundente y radical: “Ningún tema está escrito. Somos narradores de un tiempo en ebullición. Ficción y realidad se funden en mis libros. La creación ha sido siempre como un péndulo. Cuando la investigación periodística no llegaba hasta sus últimas consecuencias, en vez de conformarme y pasar a otra cosa, utilizaba esos materiales para escribir ficciones en las que construía la historia que podría haber escrito si hubiera conseguido los datos precisos, o si hubiera demostrado los hechos que buscaba en mi investigación”.

¿Dónde están los límites entre el periodismo y la literatura? ¿Dónde termina uno y comienza la otra? De todo eso y de mucho más empezaremos a conocer esta tarde, en la charla con Quico Chirino y Eduardo Peralta. Y, desde el 29 de septiembre, en Granada Noir.

 

Ya saben: el crimen sería perdérselo…

 

En la web www.granadanoir.com pueden consultar el programa completo de #GRN3.

 

Jesús Lens

Seguiremos hablando de ellas

“Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” atesora, como primera gran virtud, uno de esos títulos con fuerza y personalidad, imposibles de olvidar. Un título que dan ganas de enmarcar con letras de oro y colgarlo en el despacho, sobre el escritorio, bien visible.

Por supuesto, la gran obra maestra de Agustín Díaz Yanes, dirigida en 1995, es más, mucho más, que un título prodigioso: si la película no hubiera sido tan grande como es, habríamos terminado olvidándonos de Gloria y de Doña Julia a las primeras de cambio.

 

Sin embargo, a comienzos de 2017, cuando el escritor Fernando Marías se planteó poner en marcha el proyecto Hnegra, en el que las mujeres serían las grandes heroínas de 22 cuentos cortos escritos por 22 autoras de género negro y que serían ilustrados por 22 reputados artistas, su referente fue “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”.

 

“—No disparen… solo soy una puta…

 

Así recuerdo que suplicaba Gloria Duque, bañada en sangre ajena, ante los policías que irrumpían pistola en mano en la pantalla del cine, aquel lejano día de 1996. Desde mi butaca, estremecido, la vi llorar. Aterrorizada y sola, con las manos en alto, de rodillas en el suelo del tugurio, rodeada de cadáveres acribillados a balazos. Esa mujer muy pobre y muy desdichada, también inocente o incluso muy inocente, inocente de casi todo, no quería, a pesar de su vida perra, que la matasen un disparo fortuito.

 

—No disparen… Solo soy una puta…

…Esta película llegó para demostrar que era posible filmar obras maestras del cine negro en idioma español, senda que, por suerte, luego seguirían otras películas y cineastas. Pero, además, de forma también novedosa y hasta insólita, concedía el protagonismo de la trama y de su intensidad emocional a las mujeres”.

 

Estos fragmentos del excepcional prólogo que el escritor y muy cinéfilo cinéfilo Fernando Marías ha escrito para el libro Hnegra, publicado por la editorial Alrevés y Ámbito Cultural El Corte Inglés, nos dan la razón a quienes pensamos que sí. Que seguiremos hablando de ellas, por siempre jamás.

Seguiremos hablando de los personajes magistralmente interpretados por Victoria Abril y por Pilar Bardem, ambas ganadoras del Goya por sus interpretaciones de Gloria y Doña Julia, y escritos por un Agustín Díaz Yanes que hacía su debut como director con una película que, efectivamente, nos sacudió a todos los espectadores en la sala de cine.

 

Yo, que no soy de mucho llorar con las películas, no puedo evitar que, cada vez que veo el final de “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, me caigan lágrimas como puños mientras espero a que terminen los títulos de crédito, para rehacerme y recomponerme antes de volver a la realidad. Porque hablamos de una película más negra que el asfalto, pero con un poso de humanidad en sus personajes que, si no le conmueve, querido lector, es que está usted tallado en roca pura.

Pocos debuts cinematográficos tan deslumbrantes como “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, una película totémica y fundacional de un nuevo cine negro español que arrasó en el Festival de Cine de San Sebastián y que terminaría cosechando ocho premios Goya, entre ellos, mejor película, mejor director novel y mejor guionista; para Díaz Yanes, además de los referidos galardones a Pilar Bardem y a una Victoria Abril que definía así a Gloria, su personaje, durante el estreno de la cinta: “Es una personaje real, de hoy, del Madrid de 1995. Me siento representando a millones de mujeres de carne y hueso, no es una heroína de gimnasio. Es de las que se callan, cuya vida se desarrolla en una sociedad difícil, y más aún para las mujeres”.

Así las cosas, no es de extrañar que, más de veinte años después, sigamos hablando de Gloria Duque, ¿verdad? Sobre todo porque Agustín Díaz Yanes retomó su personaje en una extraordinaria secuela titulada “Solo quiero caminar”, en la que Gloria Duque regresa a México, viéndose enredada en la mala vida. Otra vez.

 

Otra potente historia, igualmente Noir, en la que el elenco femenino incluye a Ariadna Gil, Pilar López de Ayala y Elena Anaya, arropando a la imprescindible Victoria Abril. Y, si en la primera entrega, el villano estuvo interpretado por el argentino Federico Luppi; en este caso será el mexicano Diego Luna el personaje trágico masculino.

Uno de los temas que más me apasionan, de un tiempo a esta parte, es cómo reflexiona el cine sobre el paso del tiempo en películas que, pasados diez años o más, retoman a personajes de títulos anteriores y los sitúa en otro tiempo, en otro espacio, en otra sociedad y en otras circunstancias.

 

¿Cómo ha tratado la vida a Gloria Duque, en los cerca de quince años que median entre “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” y “Solo quiero caminar”? ¿En qué han cambiado las sociedades española y mexicana que nos muestra Agustín Díaz Yanes? ¿Qué queda de la impronta de Doña Julia en la protagonista, años después de su muerte?

 

Para el festival multidisciplinar Granada Noir es un orgullo y un placer contar este año, en su tercera edición, con la presencia del guionista y escritor Agustín Díaz Yanes, que recogerá el Premio GRN a toda una trayectoria dedicada al género negro.

Será el martes 3 de octubre, en el Teatro CAJAGRANADA, antes de la proyección de su obra maestra, “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, con la que se inicia el ciclo que AulaCine CAJAGRANADA dedica a la mujer en el género negro.

 

Tras la proyección, el cineasta mantendrá un coloquio abierto con el público en el que hablará de su cine y sus novelas, de la adaptación de Alatriste, del guion de “Madrid Sur”, una cinta de ciencia ficción que no pudo ser rodada por falta de financiación; y de su película más reciente, “Oro”, que ya está a punto de estrenarse en las salas de cine.

Una película que esperamos con ansia cinéfaga sin límites.

 

Jesús Lens