Carlos Salem, el pirata Noir

Es difícil verle sin su pañuelo negro en la cabeza, seña de identidad de un Carlos Salem que sabe que todo importa. Que todo significa. Que todo suma.

Lo podrán comprobar ustedes el próximo jueves, a partir de las 20.30, en la entrevista que le haremos en Facebook, retransmitida a través de la página de Granada Noir, en directo, desde el CaraDura Bistrot de Álvaro Arriaga.

 

Porque el tercero de los Encuentros Especiales que organiza el Festival andaluz dedicado al género policíaco, con la colaboración de Cervezas Alhambra, nos permitirá desentrañar los secretos de la obra de uno de los autores más conocidos y respetados de la escena literaria contemporánea. Y uno de los más prolíficos y versátiles, por supuesto.

No hay género literario en el que Carlos Salem no destaque. Estos días, por ejemplo, ha venido a Granada para participar en un valiente Festival Internacional de Poesía que lleva el transgénero por bandera, mestizo y lúcidamente abierto a las más variadas disciplinas. Viene a recitar, claro. Pero podría venir a otras muchas cosas.

 

A Carlos Salem le encontrarán, también, en Twitter y en Facebook, donde tiene legiones de seguidores; decenas de miles de personas que disfrutan de sus aforismos, micropoemas y juegos de palabras. Porque, en el siglo XXI y abundando en McLuhan, el medio sigue siendo el mensaje, pero además, hay que adecuar el mensaje a cada medio. Lo que es un reto, un desafío, una oportunidad que Salem ha sabido aprovechar.

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Nacido en Argentina, en 1959, este porteño de verbo fácil y personalísima voz rota, reconocible desde kilómetros de distancia, vive en España desde 1988, a donde llegó en su calidad de periodista. Pasó varios años alumbrándonos desde dos atalayas muy particulares: el Faro de Ceuta y el Faro de Melilla, periódicos radicados en ciudades fronterizas, a caballo entre dos países, dos culturas, dos continentes, dos mundos.

 

Y, aunque dejó el periodismo de plantilla y redacción, el periodismo nunca le dejó a él, que sigue colaborando con medios de comunicación de todo el mundo y en todos los formatos: impresos, digitales, radiofónicos y televisivos.

 

Como cuentista, Carlos Salem también es un maestro consumado. Sus relatos forman parte de las mejores antologías, sean de género negro, rojo o verde. Está, por ejemplo, en “Obscena. Trece relatos pornocriminales”, editada por Alrevés, compartiendo espacio con Fernando Marías, Juan Ramón Biedma, Marta Robles, Empar Fernández, Carlos Zanón o Susana Hernández, entre otros.

Y están sus propios libros de cuentos, por supuesto. Libros que, desde sus títulos, ya están contando: “Yo también puedo escribir una jodida historia de amor” y “Yo lloré con Terminator 2 (relatos de cerveza-ficción)”.  O, más recientemente, el que debería ser libro de cabecera para todos los que amamos los bares y la birra casi por encima de cualquier otra cosa: “Relatos negros, cerveza rubia”, publicado por Navona y protagonizado por algunos de los personajes de cabecera de un autor que, a lo largo de su obra, ha ido creando un personalísimo universo mítico.

 

Ahí está Lolita, por ejemplo, una camarera de rompe y rasga. Está Harly, el más violento de entre los sensibles. Y los polis, el Gato y el Perro. Y Tony y Ray, haciendo oposiciones para el casting de una película de Tarantino. Y, por supuesto, está Poe, ese escritor como los de antes, de los que escriben con su sangre en las servilletas de papel, acodado en la barra mientras bebe la vida al pasar.

 

“Relatos negros, cerveza rubia” conducen al lector por un universo noctámbulo y canalla en el que la literatura y la vida se dan la mano sobre la barra del bar, junto al entrechocar de las copas.

 

Y están las novelas. Las novelas de un Carlos Salem erigido en el mejor y más ácido cronista de la sociedad española del siglo XXI. Cronista de los tiempos de la burbuja en que creíamos ser ricos. Cronista del colapso posterior, cuando todo aquello que creíamos que era sólido resultó ser fangoso, turbio y putrefacto.

 

En “Muerto el perro”, editado por Navona, el personaje de Piedad representa a la perfección esta España nuestra, que un buen día se acuesta rica, señorona y relajada y, a la mañana siguiente, amanece viuda, corneada y con la empresa de su difunto marido en quiebra, podrida de deudas. Y no le quedará más remedio que espabilar, para salir adelante.

Con “En el cielo no hay cerveza”, por su parte, Carlos cuenta la historia de un asesino en serie que ha decido ensañarse con los periodistas más afamado de la telebasura española. ¡Ahí es nada! Protagonizada por Diosito, ese freak con ánimo de revancha contra la sumisión pasotista de su hermano Jesús y uno de los personajes de referencia en la narrativa de Salem; “En el cielo no hay cerveza” también acoge a Poe, al Gato y al Perro y a una sensacional Magdalena, a la sazón, un transexual colombiano del que Diosito estaba locamente enamorado. Muy locamente…

 

Y, ahora, la noticia. ¡La gran sorpresa! La editorial Navona ha recuperado “Camino de ida”, posiblemente, la mejor novela de Carlos Salem y, desde luego, la que a mí me convirtió en fan furibundo de su narrativa, de su forma de escribir y de su manera de ver el mundo. Y de contarlo. Porque hablamos de una novela de viajes trufada de género negro, con situaciones surrealistas y astracanadas salvajes protagonizadas por personajes más grandes que la vida.

 

Humor, sangre, ternura, comprensión, sexo, solidaridad y una ácida, lúcida y atenta mirada a lo que nos rodea constituyen el ADN creador de Carlos Salem, el pirata bueno del Noir contemporáneo.

 

Jesús Lens

Cuando el Mercurio es Oro Noir

El Mercurio es un extraño elemento químico que, con el símbolo Hg y número atómico 80, nos sorprendía enormemente en clase de ciencias naturales. En la literatura antigua se describía al mercurio como plata líquida y en el siglo XXI, para quienes nos tomamos la Vida en Serie, es auténtica plata de ley.

Porque Jed Mercurio es el creador y guionista de unos de los mejores policiales de los últimos tiempos: “Line of Duty”, expresión que se traduce como “Cumplimiento del deber”, pero ya saben ustedes que la tendencia es, de un tiempo a esta parte, a respetar los títulos originales de series y películas, otro incentivo más para aprender idiomas…

 

Si no han empezado a ver esta serie y yo les digo que “Line of Duty” tiene tres temporadas estrenadas en España, que la cuarta se acaba de emitir en la BBC1 del Reino Unido, que hay una quinta temporada comprometida y una más que probable sexta entrega en el horizonte; ustedes podrían desistir, al no estar dispuestos a invertir un desmesurado puñado de horas en ponerse al día con esta serie. ¿Será por estrenos de primeras temporadas?

Pero déjenme que les diga que… ¡se equivocarían! En primer lugar, porque estamos ante uno de los más intensos y vívidos procedurales de la televisión contemporánea. Y de la de todos los tiempos, como la enorme cantidad de premios y distinciones que atesorada “Line of Duty” dan fe. Considerada como una de las mejores series de la historia de la BBC, cada una de sus temporadas ha sido un arrollador éxito de audiencia en el Reino Unido.

 

Pero es que, además, cada temporada de la serie consta únicamente de seis episodios. Intensos, adrenalínicos y espídicos episodios de una hora de duración. Pero solo seis por temporada, detalle que convierte el visionado de “Line of Duty” en una ansiosa lucha contra ti mismo… para no verla entera del tirón, como si fuera una película larga.

Y les aseguro que cuesta. Cuesta trabajo dejar de ver el siguiente episodio, una vez que estás metido en faena. ¡Es lo que tienen los adictivos guiones de Mercurio!

 

Los protagonistas de la serie son tres agentes de policía adscritos a la unidad AC12, esto es, la Unidad Anticorrupción. Y su trabajo es, lógicamente, detectar a los policías corruptos que hay en el cuerpo, investigarlos y conseguir pruebas contra ellos. Para ello, han de infiltrarse en las unidades en que actúan los sospechosos. Y, ni que decir tiene, su trabajo no es nada de fácil. Ni de agradecido. Que ser la policía de la policía y cuestionar los métodos y las actuaciones de sus compañeros les convierte en tipos incómodos. Por decirlo suavemente.

 

Les decía antes que estamos ante uno de los grandes procedurales de la historia de la televisión. Que el palabro, procedural, es feo. Pero resulta muy ilustrativo de qué queremos decir: aunque en “Line of Duty” hay secuencias de acción vertiginosas, lo mejor de la serie viene dado por la minuciosa recreación del procedimiento investigador, con especial énfasis en los interrogatorios en que los protagonistas muestran pruebas, documentos, grabaciones, registros y fotografías a los investigados.

Unas veces, tratan de determinar si su actuación fue correcta o no, sencillamente. En otras ocasiones, sin embargo, se trata de pillarles en flagrante contradicción o incriminadora mentira. De ahí que haya interrogatorios que, gracias a la pericia de los interrogadores, queden elevados a la categoría de una de las Bellas Artes. O que se conviertan en auténticos duelos dialécticos y desafíos de lógica deductiva que dejan extenuados a todos los participantes, incluyendo al espectador; generando momentos de tensión inenarrable.

 

Ese es el gran logro de Mercurio: haber elevado el interrogatorio a una dimensión superior, convirtiéndolo casi en un género en sí mismo. Y eso que el showrunner de “Line of Duty” nada tiene que ver con la policía: hablamos de un médico que se apuntó a un curso de aviación militar con la RAF para convertirse en doctor de altos vuelos y que un buen día respondió a un anuncio de la BBC en que se pedía asesoramiento para una serie de temática hospitalaria.

 

Fue seleccionado y trabajó en “Cardiac arrest” entre los años 1994 a 1996, generando una fuerte polémica por la visión desmitificadora que dio de la vida de los hospitales. Que fuera seleccionada por los médicos británicos como la serie más realista jamás filmada sobre su gremio hizo que el nombre de Mercurio empezara a cotizarse alto.

Mercurio aprovechó para escribir una novela, “Bodies”, sobre dos hermanos ginecólogos que trabajan en un mismo hospital. Él mismo se encargó de adaptarla al formato televisivo y su emisión, entre 2004 y 2006 fue otro gran éxito, haciéndose acreedora de varios galardones.

Su segunda novela, “Ascent”, fue un hit de ventas en la que Mercurio cambió radicalmente de tema para contar la historia de la hipotética llegada de los rusos a la luna, antes de que lo hubieran hecho los yanquis. Y, por fin, “Un adulto americano”, publicada en España por Anagrama y en la que el autor hace una divertida y ácida sátira sobre las urgencias sexuales del presidente Kennedy, quien sostenía que si pasaba más de tres días sin mantener relaciones sexuales, le asaltaban unas letales migrañas que le dejaban completamente impedido.

¿Es o no es un tipo interesante, este Mercurio? Pues ya saben. Si les gustan las historias policíacas con haz y envés, con luces y sombras, con héroes que se convierten en villanos y villanos que se redimen hasta convertirse en héroes, “Line of Duty” es su serie.

 

Jesús Lens

El Padrino IV

Cuando vi la foto que ilustra estas líneas y aunque sabía que no podía ser, soñé con la posibilidad de estar viendo “El Padrino IV”, dentro de un par de años, en una sala de cine.

Sin embargo, cuando desperté, la película ya no estaba allí. Porque la foto mira al pasado y no al futuro: lo que cuenta es el encuentro propiciado por Robert De Niro, en el marco de su Festival de cine, Tribeca, para celebrar el 45 aniversario de “El Padrino”. Un encuentro que pueden ustedes ver en redes sociales, que fue retransmitido a través de Facebook Live, en la página del Festival.

Se preguntarán acerca del porqué de mi sueño sobre la cuarta parte de El Padrino, idea a todas luces descabellada… ahora. Porque en su momento no lo fue.

 

Este año 2017, tal y como les conté el pasado enero en esta entrega de El Rincón Oscuro, lo empecé con los Corleone, volviendo a ver la mítica trilogía protagonizada por una de las Familias más memorables de la historia del cine. También aproveché para disfrutar de los extras de una edición especial en Blu-ray que atesoro como oro en paño. Y entre ese material extra, además de varios documentales y entrevistas con Coppola y los actores principales, había una reveladora conversación con Mario Puzo, autor de la novela original de “El Padrino” y de los guiones de las tres películas.

Decía Puzo, en dicha entrevista: “Espero que se haga “El Padrino IV. Tengo tan claro que sería algo que podría funcionar… Algo que transcurriera en los años 20 (del pasado siglo). Sonny, interpretado por James Caan… ¡Hay que buscar al nuevo Jimmy Caan! Sería el héroe, la fuerza motriz de la película, además del Padrino, que sería muy importante”.

 

¿No se les acelera el pulso, al leer algo así? Pues esperen, que aún hay más.

 

“Yo he escrito la mitad del guion. Ya lo tiene De Niro. Lo tiene la Paramount y, por supuesto, lo tiene Francis (Ford Coppola). Creo que sería perfecto que el público pudiera ver a la Familia cuando Michael era pequeño, su bautizo, cómo Sonny se convierte en asesino y cómo construye el Padrino su fortaleza. Muestra el auge de los Corleone”.

¿Es o no es una historia emocionante? ¿No les parece que habría sido una gran continuación de la historia de los Corleone? Cuando le preguntaron a Coppola sobre la posibilidad de filmar esta continuación, dijo lo siguiente: “El Padrino” es propiedad de la Paramount. Dependería de ellos que encarguen a Mario Puzo que la escriba. Saben que él lo haría, pero no hacen esa oferta”.

 

¿No hubiera sido una de esas ofertas imposibles de rechazar? ¡Pero qué complicadas, siempre, las relaciones de Coppola con la Paramount, como se han encargado de recordarnos en la reunión del pasado fin de semana, en Tribeca! Que si no querían ver a Brando ni en pintura, que si preferían a un actor más alto para interpretar a Michael, que si tampoco veían a Talia Shire como Connie…

 

Sin embargo, Mario Puzo parecía tenerlo claro: “Yo creo que es algo bastante probable. Quisiera tener el poder de Hollywood para que se haga la película. ¡Me encantaría que se hiciera esa película!”

Casi tanto como a nosotros… ¡Ays!

 

Ya fue un parto complejo, el de la tercera parte de la saga de El Padrino, tras años y años de rumores, filtraciones y dimes y diretes, durante los que estuvo a punto de ser dirigida e interpretada por el mismísimo Sylvester Stallone. Finalmente se estrenó en 1991, cerca de veinte años después de que “El Padrino II” arrasara entre el público y la crítica, haciéndose acreedora de seis Óscares, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado.

“El Padrino III” gustó a la crítica, pero con peros y matices: es una gran película, pero no está a la altura de las anteriores; es una cinta brillante, pero no es una obra maestra… y así. Tampoco fue el bombazo en taquilla que se esperaba. Sin embargo, con el paso del tiempo y vuelta a ver sin la urgente necesidad del estreno, el desenlace de la historia de Michael Corleone está a la altura de sus dos predecesoras, con secuencias memorables, como las de Palermo, la masacre del principio o las conversaciones con el Papa.

 

Sí es cierto que hay demasiadas frases sentenciosas o que el asesinato de Joey Zasa durante una procesión en Little Italy se parece demasiado a la escena cumbre de “El Padrino II”, pero con menos grandeza. Aun así, es un placer para todo buen cinéfilo paladearla despacio y, además de disfrutar de la historia principal, reconocer todos los guiños y referencias al pasado que incluyeron Puzo y Coppola en la cinta.

¿Y qué pasó con “El Padrino IV”? Pues que, efectivamente, Puzo había escrito la parte de la historia de los Corleone que le interesaba. La del pasado. Pero la Paramount quería, también, que se desarrollara el personaje de Victor Mancini que interpretó Andy García en la tercera parte de la saga. Y  de eso no había nada escrito.

 

En 1999 empezaron a surgir rumores de que el proyecto salía adelante, que se estaban buscando localizaciones, en Nueva York y Sicilia, para la hipotética cuarta parte de la saga de los Corleone. Por desgracia, un ataque al corazón mató a Mario Puzo, el 2 de julio de 1999, en su casa de Long Island, sin que hubiera terminado el guion de una película que, en realidad, Coppola no parecía tener muchas ganas de dirigir. Y ahí murió el proyecto. Hasta la fecha.

Ni que decir tiene que, como buen cinéfilo, en ocasiones sueño con “El Padrino IV”. Como ocurrió el pasado fin de semana, al ver la foto que ilustra esta entrega de El Rincón Oscuro. Porque lo bueno de las grandes películas jamás filmadas es que permiten a cada espectador construirlas libremente en su imaginación.

 

Pero es que además, en este caso, tenemos una inmejorable herramienta para seguir soñando con los Corleone. Se trata de una novela. Y merece mucho la pena. Se lo cuento, dentro de poco, en esta misma sección…

 

Jesús Lens

Feria del Libro en clave Noir

Me preguntaban de la Feria del libro de Granada, que alcanza ahora su ecuador, por una recomendación literaria para estos días. Elegí “Piel de topo”, la novela más reciente de Jon Arretxe, publicada por la editorial Erein. Y daba mis razones: se trata de una novela negra que aborda el género tal y como yo lo entiendo, iluminando los rincones oscuros de nuestra sociedad, sacando a relucir sus contradicciones y mostrando las grietas que la amenazan: racismo, corrupción, gentrificación, precariedad… Y es que Toure es mucho Toure, como ya comentamos aquí, en esta misma sección.

Paseando estos días por las casetas de la feria, he visto muchas novelas de autores adscritos al Noir que no suelen decepcionar y que, por tanto, les aconsejo que compren… y lean.

Empecemos por uno de los grandes baluartes del género, el griego Petros Markaris, figura de talla internacional que acaba de publicar “Offshore”, en Tusquets, protagonizada por uno de nuestros personajes favoritos: el comisario Kostas Jaritos, enfrentado a un caso de corrupción y blanqueo de capitales. ¿Ven lo que les decía? ¿Es posible un género narrativo más apegado a lo que pasa en la calle… y en los despachos del poder?

 

Lean, lean a Markaris para saber qué es esto de la Crisis, qué la provocó, que efectos y consecuencias ha tenido… y si podemos darla por enterrada. Aquí escribimos de él, por ejemplo.

Otro grande de las letras negras internacionales, el galo Pierre Lemaitre, vuelve a las librerías con “Recursos inhumanos”, en Alfaguara. Si el título ya es suficientemente expresivo, atentos a la pregunta que nos plantea la novela: ¿Puede el paro convertirnos en una bomba de relojería? Y, de inmediato, la respuesta: “Con humor, crudeza y un realismo brutal, Lemaitre explora el lado más inmoral del mundo empresarial y los efectos perversos que el desempleo puede llegar a tener en cualquiera de nosotros”.

Reconozco que mi relación –lectora- con Lemaitre no es sencilla. En ocasiones lo he amado hasta el paroxismo y, a veces, he sentido unas irrefrenables ganas de romper con él, romper las páginas de sus libros y hasta de romperle… bueno. Dejémoslo ahí. Lo que está claro es que el ganador del premio Gongourt de 2013 no deja indiferente a nadie y que esta “Recursos inhumanos” promete emociones fuertes. (Aquí, argumentos a favor y no tan a favor de Lemaitre)

 

Pero volvamos al Noir patrio, al más cercano y de andar por casa. Empezando por ese “Cine Aliatar” publicado por la granadina editorial Valparaíso y que José María Pérez Zúñiga presentó hace unos días, en loor de multitudes. Yo ya lo tengo. Y estoy loco por hincarle el diente. Que el protagonista es un enfermo de cine cuya vida tiene varios misterios por desentrañar.

No tardaré en contarles qué tal. Y si todavía no la he emprendido con ella es porque estoy en mitad de “Mientras mueres”, un thriller de Javier Hernández-Velázquez, publicado por Alrevés, cuya trama trascurre entre varias ciudades alemanas: Berlín, Colonia, Mönchengladbach… y Santa Cruz de Tenerife. Y es que, en el futuro distópico planteado por el autor, las Islas Canarias pertenecen a Marruecos, pero siguen acogiendo a una nutrida colonia alemana… (Aquí, más sobre Javier)

También me he hecho con todos los tebeos de Antonio Altarriba, desde “Yo asesino” a “El perdón y la furia”, una recreación de la figura de Ribera encargada por el mismísimo Museo del Prado; pasando por sus dos obras biográficas, publicadas por Norma: “El arte de volar” y “El ala rota”, de la mano del gran dibujante Kim. Y, hablando de cómic, el jueves a las 20 horas se presenta en la Feria del libro una novela gráfica con trazas de apasionante: “Camus. Entre justicia y madre”, de José Lenzini y Laurent Gnoni, igualmente publicado por Norma. De la mano de la Fundación Tres Culturas y de la Alianza Francesa de Granada, es una de las citas obligatorias para estos días. Aquí, toda la información.

Además de todo ello, estoy encantado de que una nueva, joven y dinámica editorial haya abierto sus puertas en Granada: se llama Artificios, su responsable es la incansable Ana Morilla y, entre sus primeros títulos, “La tercera planta”, ópera prima de la joven escritora Patricia Moreno, una mezcla entre género negro y novela de amores, sexo, celos y venganza que podríamos denominar como Romantic Noir, en la línea de la obra más reciente de la periodista Marta Robles: “A menos de cinco centímetros”.

Si es usted, amable lector, seguidor habitual de esta sección, a buen seguro que ya se habrá hecho con las novelas de Francisco Gómez Escribano y Pere Cervantes, “Manguis” (Erein) y “Tres minutos de color” (Alrevés), de las que hemos hablado con anterioridad, mucho y bien. Y con “Los ángeles de hielo” de Toni Hill, publicada en Grijalbo, o con las novelas de Empar Fernández y Juan Ramón Biedma, publicadas por Off Versátil. Como tampoco habrán dejado pasar las novelas de Carlos Bassas del Rey, que la última, “Mal trago”, enlaza con lo que escribía al comienzo de estas líneas.

Sí. Es complicado estar al día de todo lo que se publica en el universo del Noir. Fíjense la cantidad de nombres que hemos deslizado en estas líneas. ¡Y no hemos hecho referencia a ningún autor americano, ni del norte, ni del centro ni del sur! Por no citar, no hemos citado ni a un solo nórdico…

 

Y es que universo literario negro y criminal es tan amplio, variado, vasto y polifónico que… ¡no se termina nunca! Afortunadamente…

Por cierto: ¿saben ustedes qué maestro histórico del género negro español y muy, muy cercano a nosotros; está a punto de publicar nueva novela? Pues permanezcan atentos a estas páginas. La respuesta, muy pronto.

 

Jesús Lens

La música del Noir contemporáneo

Si tuviera usted menos de cinco segundos para señalar con qué música se identifica más y mejor el género negro y criminal, ¿qué diría? El jazz, posiblemente. Y razón, no le faltaría. Pero, aunque no tardaremos en dedicar una entrega de El Rincón Oscuro a la influencia del jazz en el género, hoy les quiero hablar de cinco nombres alternativos que, con su música, están llevando al Noir cinematográfico a otra dimensión.

Comencemos por la más reciente, la imprescindible “Comanchería”. Es una de esas películas, extraordinaria, en la que cada pieza del puzle encaja a la perfección. Por ejemplo –y por supuesto- la banda sonora, compuesta por una de esas personalidades distintas y a contracorriente, diferente, original, única y casi siempre magistral: Nick Cave.

 

Efectivamente, el crooner australiano de la voz rota, el genio de las visiones surrealistas y las imágenes poéticas imposibles, el trovador del lado oscuro; compuso la banda sonora de “Comanchería” junto a Warren Ellis. Y ambas, música y película, se adaptan, se acoplan y se retroalimentan en perfecta simbiosis, como desierto polvoriento y serpiente ondulante, recio cowboy y espuelas desgastadas o ranchera baqueteada y gasolinera desvencijada.

 

Para “Hell or high water”, que es como se titula originalmente la película de David Mackenzie, el dúo conformado por Cave & Ellis ha creado una música elegíaca y nostálgica, crepuscular, de mundo que se termina y civilización en plena descomposición: muchos graves, mucho bajo, mucho acorde repetido una y otra vez, sin resultar reiterativo.

 

Son tiempos prolíficos para un Nick Cave que, tras la trágica muerte de su hijo, además de este trabajo ha editado nuevo disco con su banda de toda la vida, The Bad Seeds, esas Malas Semillas que germinan entre la muerte y la violencia. Y es que, para los aficionados al Noir, el disco titulado “Murder Ballads” es de escucha obligatoria.

 

Y, como compañero de viaje de Cave por la Comanchería, Warren Ellis, otro músico y multiinstrumentista australiano radicalmente fuera de modas o tendencias que lo mismo toca el piano, el violín, la mandolina, la guitarra, la flauta o el mismísimo bouzouki griego. Miembro esporádico de The Bad Seeds, ha colaborado con Cave en otras bandas sonoras. Como la igualmente reseñable y apocalíptica ”The road”, cinta basada en la novela de Cormac McCarthy y que tanto tiene que ver con el universo oscuro y decadente de las carreteras secundarias de la vida, demasiado poco transitadas y cada vez por menos gente.

 

Ahora si bien, si hablamos de tipos con personalidad propia, resulta imprescindible y obligatorio hablar de Trent Reznor, el mítico líder de la no menos mítica banda Nine Inch Nails y que, junto al músico, productor e ingeniero Atticus Ross y al cineasta David Fincher, han conformado un creativo y productivo trío estable que les ha llevado a colaborar hasta en tres películas: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, adaptación de la famosa novela sueca de Stieg Larson, “La Red Social” y “Perdida”, ejemplo perfecto del llamado Domestic Noir.

 

La música que firman Reznor & Ross en sus incursiones cinematográficas es una prolongación de su estilo tecno, oscuro, ambiental, post industrial y electrónico. Un fascinante e hipnótico rock alternativo que conduce a la obsesión y a la ansiedad, potenciando la paranoia de los personajes.

 

Y es que Reznor, desde que vio “Taxi Driver” y escuchó la excepcional banda sonora compuesta por Bernard Herrmann para el film de Scorsese, supo que la música es un elemento esencial para la construcción de la atmósfera cinematográfica de una película. De ahí que sus composiciones para las cintas de Fincher, tan opresivas y angustiosas, contribuyan en gran medida a mostrar al público la pesadumbre que se cierne sobre los personajes. De hecho, por su trabajo en “La Red Social”, en la que se cuenta el origen de Facebook, Reznor y Ross ganaron el Óscar a la Mejor Banda Sonora Original.

 

Es una pena que los próximos proyectos cinematográficos de Fincher sean, sobre el papel, tan poco excitantes: remakes de “Extraños en un tren”, sobre la novela de Patricia Highsmith que ya fue llevada al cine por Hitchcock, y una continuación de “World War Z”. Menos mal que, con Netflix, sí está desarrollando proyectos televisivos interesantes, como “Mindnunter”, sobre la unidad especial que el FBI creó para combatir a los asesinos en serie. Se estrena en octubre de este año y, por supuesto, estaremos muy atentos a ella.

 

Y el quinto elemento de esta hornada de músicos que, con su arte y su trabajo, están llevando al Noir a dimensiones sónicas desconocidas hasta la fecha, es Jóhann Jóhannsson, nacido en Islandia en 1969. Tras estudiar idiomas y literatura y tocar la guitarra en un grupo indie, en 1999 contribuyó a poner en marcha el proyecto Kitchen Motors, que es a la vez un grupo de reflexión, una organización de arte y un sello discográfico que propicia y fomenta la colaboración interdisciplinar entre artistas de punk, jazz, música clásica, metal y música electrónica.

 

Y fue de estas experiencias musicales de las que nació el propio estilo de un Jóhann Jóhannsson que ha hecho pareja creativa con el cineasta Dennis Villeneuve, firmando las bandas sonoras de sus películas más negras y criminales: “Prisioneros” y la excepcional “Sicario”, uno de los grandes títulos del Noir contemporáneo cuyo sonido metálico y acerado contribuye a crear esa opresiva atmósfera, cruel, fría y desapasionada, que tanto impone al espectador.

 

Un Jóhann Jóhannsson que, en estos momentos, está trabajando en la banda sonora de “Blade Runner 2049” y que, dirigida por Villeneuve, es una de las películas más ansiadas por cientos de miles de espectadores que la esperamos con tantas expectativas… como temores, miedos y suspicacias.

 

Jesús Lens