Vamos que nos vamos

Uno de los efectos colaterales del Procés ha sido la revitalización de palabras viejunas como vodevil, sainete, opereta o astracanada. Todas ellas aplicables, también y por desgracia, al último y lamentable episodio que se está viviendo en nuestro Ayuntamiento por culpa del pifostio que tiene montado Vamos Granada, la marca blanca, confluencia, marea, tsunami o como demonios se denomine Podemos en nuestra ciudad.

En el pleno del pasado viernes, Francisco Cuenca señaló que el 50% del trabajo de la secretaría del Ayuntamiento lo está acaparando el contencioso de Vamos Granada, habiéndose recibido, de septiembre hasta aquí, más de 20 escritos de los concejales del grupo.

Y lo peor de todo es que, ante la amenaza de Vamos Granada de denunciar al propio alcalde por prevaricación, Cuenca ha tenido que derivar el contencioso al Consejo Consultivo para que arbitre una salida.

A todo esto: ¿cuál es el tan traído y llevado lío de Vamos Granada? ¿A qué importantísimo y vital asunto de la ciudad afecta, para que esté consumiendo tanto tiempo, esfuerzos y recursos de la secretaría municipal? ¿Qué tema de trascendental importancia quita el sueño al podemismo local, hasta el punto de amenazar con denunciar al alcalde? ¿La contaminación? ¿La deuda municipal? ¿El tráfico? ¿El acelerador de partículas? ¿La capitalidad cultural?

Por desgracia, no. Tal y como Podemos nos ha acostumbrado en los últimos meses, el contencioso de Vamos Granada solo les afecta a ellos. A sus portavocías. A sus reyertas familiares. A sus egos. A sus personalismos. A sus (i)legitimidades.

Qué pena, en lo que ha terminado derivando la mal llamada nueva política, una triste y acelerada reproducción de los mismos vicios que reprochaban a los partidos tradicionales. Ellos, que iban a traer nuevos aires y frescura, ética, compromiso, solidaridad… y ahí están, a mamporrazo limpio y expulsando a la gente cabal de su entorno.

Qué mala pata han tenido Paco Cuenca y el PSOE con el reparto de concejalías en el ayuntamiento de Granada: Ciudadanos, descontando los días que restan para apoyar al PP y Vamos Granada, agotado en sus peleas intestinas. ¡Y estos son los socios, los aliados que le auparon a la alcaldía!

Siempre nos quedará Francisco Puentedura, pero no es suficiente en una Granada que ve pasar el tiempo, aburrida y consumida por las mismas pollaícas y folletás de siempre, aunque sean otros los protagonistas.

Jesús Lens

 

El regalo de ser libres

Pocas ocasiones mejores que esta para confesar que una columna me ha sido dada por otra persona. Porque todo lo que van a leer ustedes, de aquí hasta el final, es de Lorenzo Silva, el conferenciante invitado a los Premios Literarios Jaén de CAJAGRANADA de este año y cuya disertación sobre el placer y las bondades de leer debería estar enmarcada.

-¡Pero qué estás contando!
-Que te he robado tu conferencia para este artículo, Lorenzo…

Así que procedo, con todo cariño y sin ninguna vergüenza, a robarle a uno de mis autores de cabecera parte de un discurso vibrante, emocionante y muy, muy sentido. Y es que Lorenzo Silva dispone de un amplio repertorio de razones por las que le parece no solo conveniente, sino necesario, leer libros en una época de cambios vertiginosos.

 

El escritor no quiere, eso sí, “contraponer la lectura a otras actividades, y menos compararlas o jerarquizarlas por su grado de importancia, cultural, personal, social o de cualquier otra índole. No soy quién para cometer esa intromisión en el dominio de las inclinaciones ajenas, y tampoco para tratar de anteponer mi arte al de otros”. Pero, de inmediato, el disfrute de leer: “desde el principio, desde que recuerdo y me recuerdo, el acto de la lectura fue de una rentabilidad y una gratificación inauditas… Los libros fueron la forma de viajar por un territorio infinito. El libro era un artefacto mágico que reventaba los límites de la realidad, en un ejercicio de liberación, insumisión y transgresión al que no me costó nada habituarme”.

Porque no es lo mismo la contemplación de paisajes, lugares e historias que facilitan Internet y el poderoso sector audiovisual que el ejercicio de creación que conlleva la lectura. Así, hablando de ciudades míticas, señala Silva: “yo no me he limitado a contemplarlas: las he creado, las he levantado piedra a piedra, edificio a edificio, templo a templo, con la sustancia recia e indestructible de la imaginación”.

Premiados y autoridades, en Jaén

Y, para terminar, Silva nos da un consejo cargado de pasión y poesía: “Déjense implicar en empresas grandiosas, o en los crímenes más ominosos; expónganse a que les hagan reír, fruncir el ceño, sobrecogerse, temblar con todo lo que puede convocar la palabra: la herramienta más sencilla y más difícil, más humilde y poderosa que jamás imaginaron los hombres para representar el mundo vasto y misterioso que los rodea. Permitan que las palabras los traspasen, los perturben, los alimenten, los constituyan”.

 

Jesús Lens

Piensa en negro

Una cosa es que esto del Black Friday no haya por dónde cogerlo (leer aquí por qué) y otra muy distinta que no vaya a aprovechar la ocasión para hacer proselitismo en una fecha tan señalada.

En una jornada repleta de irrechazables ofertas, el pequeño comercio sufre doblemente: por un lado, no puede hacer los mismos descuentos que las grandes superficies y, menos aún, que los portales de venta por Internet. Por otra parte, la gente que aprovecha para abusar de su cuenta y dejarla tiritando, no volverá a comprar más que lo estrictamente imprescindible hasta que se le olvide la bacanal consumista de hoy. O, al menos, hasta que su tarjeta se recupere de la impresión.

 

Por tanto, y dirigiendo un festival como Granada Noir, es obligatorio hacer algunas recomendaciones culturales bien negras, que las librerías también abren este black-viernes.

Quienes piensen que el Noir es un género repetitivo (crimen-investigación-resolución), que lean “Canción dulce”, de Leila Slimani, publicada por Cabaret Voltaire y ganadora del premio Goncourt del 2016. Es una joya tremebunda que pone los pelos de punta. Una novela que muestra sus cartas al lector desde la primera página y que consigue mantenerle hechizado hasta que, con la mandíbula descolgada, lee las últimas líneas.

 

Una novela de terror cotidiano que nos sitúa frente a nuestras propias contradicciones y en la que todos los personajes tienen sus (sin)razones para hacer lo que hacen y actuar cómo actúan. Una novela sobre el desconocimiento, la ignorancia de lo que pasa a nuestro alrededor y la ceguera inconscientemente voluntaria. “Canción dulce” debería llevar un aviso en la portada: “Peligro. Esta novela da que pensar”.

Y como al Black Friday le sigue el Cyber Monday, conviene repasar en Netflix una serie especialmente apropiada para un día como hoy: “Black Mirror”, creada por Charlie Brooker. Se trata de una severa advertencia sobre el peligro de los excesos tecnológicos y de vivir adosados a las pantallas del móvil, el ordenador o la televisión.

Una serie inquietante, por cierto, que ya descuenta los días para el estreno de su cuarta temporada…

 

Jesús Lens

Acción de Gracias

De todas las paridas que se podían importar de la cultura anglosajona, la del Black Friday es, posiblemente, la más ridícula de todas… pero si sirve para que se mueva la economía y los comercios hagan caja, bienvenida sea.

Digo parida porque en España no hay nada que justifique su implantación, que el Black Friday está directamente vinculado a la celebración del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, una de las pocas fechas en las que las familias norteamericanas se reúnen masivamente.

 

Se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre y, al día siguiente, la gente se tira en manada a las tiendas, sin que esté claro si es porque la familia que compra unida permanece siempre unida o porque, tras una cena con suegros y cuñados, hasta salir de tiendas parece un plan aceptable.

No sé ustedes, pero esta noche, yo no he quedado para cenar pavo con mi hermano. Y, sin embargo, es bonito eso de la acción de gracias, más allá de que sea una festividad religiosa con origen en la reforma protestante.

 

Originalmente, las gracias se daban por las buenas cosechas y, de forma extensiva, por todas las cosas buenas deparadas por a lo largo del año por la providencia. Festividad que, dicho sea de paso, forma parte de la mayoría de culturas de todos los tiempos, aunque reciba otros nombres.

 

Yo soy de poco creer en la providencia, pero sí creo que está bien, de vez en cuando, pararnos a pensar en todo lo que tenemos, para valorarlo en su justa medida. Y es que, por mucho que algunos se empeñen en decir que todo es una puñetera mierda y que las cosas van de mal en peor, eso no es cierto.

 

Que tampoco estamos para grandes celebraciones, es cierto. Y, por supuesto, hay muchas cosas que mejorar. ¡Claro que sí! Pero España, Andalucía y Granada no son el infierno en la tierra que denuncian según qué agoreros, cenizos y pesimistas recalcitrantes para los que cuanto peor, mejor.

Sin necesidad de ponernos trágicos y trascendentales, salgan hoy a la calle a dar una vuelta, tratando de disfrutar de lo mucho y bueno que, entre todos, vamos construyendo, día a día. Y, por una horas, mostrémonos agradecidos, contentos y dichosos… aunque esta noche no nos espere un suculento pavo asado con patatas, en la mesa.

 

Jesús Lens

La Mafia, pero de verdad

“Cuando era niño en plena guerra, en septiembre de 1943, su padre encontró una bomba en medio del campo y la cargó en el burro con ayuda de Totò. La llevaron a casa y allí, mientras la manipulaba para sacar la pólvora y luego aprovechar el hierro, explotó. Su padre y su hermano pequeño Francesco murieron delante de él. Totò Riina tenía trece años y se convirtió en el capo familia”.

Así describe el periodista Íñigo Domínguez cómo alcanzó la mayoría de edad el gran capo mafioso italiano que fallecía la semana pasada, en prisión, a los 87 años de edad. Descripción que forma parte de un libro imprescindible para conocer qué es, de verdad, la Mafia, mucho más allá de los tópicos cinematográficos al uso, los lugares comunes… o las cadenas de restaurantes. Se trata de “Crónicas de la Mafia”, publicado por la editorial Libros del KO y, como decía, es de lectura obligada para comprender el fenómeno mafioso de una forma seria y rigurosa, desde sus orígenes hasta la contemporaneidad de más rabiosa actualidad.

 

Un libro que nos sirve, por ejemplo, para conocer la vida, obra y asesinatos de Salvatore Riina, condenado a 26 cadenas perpetuas, inductor de las muertes de los jueces Falcone y Borsellino y sospechoso de haber cometido o mandado cometer otros 150 asesinatos a lo largo de su vida criminal. Hablamos de una mala bestia, sanguinaria y despiadada, que nada tiene que ver con el glamour de los Corleone, los Tattaglia y el resto de las Cinco Familias de Nueva York, de acuerdo con la visión cinematográfica de Coppola.

 

(Sigue leyendo esta crónica en nuestra revista hermana, Calibre 38)

 

Jesús Lens