Acción de Gracias

De todas las paridas que se podían importar de la cultura anglosajona, la del Black Friday es, posiblemente, la más ridícula de todas… pero si sirve para que se mueva la economía y los comercios hagan caja, bienvenida sea.

Digo parida porque en España no hay nada que justifique su implantación, que el Black Friday está directamente vinculado a la celebración del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, una de las pocas fechas en las que las familias norteamericanas se reúnen masivamente.

 

Se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre y, al día siguiente, la gente se tira en manada a las tiendas, sin que esté claro si es porque la familia que compra unida permanece siempre unida o porque, tras una cena con suegros y cuñados, hasta salir de tiendas parece un plan aceptable.

No sé ustedes, pero esta noche, yo no he quedado para cenar pavo con mi hermano. Y, sin embargo, es bonito eso de la acción de gracias, más allá de que sea una festividad religiosa con origen en la reforma protestante.

 

Originalmente, las gracias se daban por las buenas cosechas y, de forma extensiva, por todas las cosas buenas deparadas por a lo largo del año por la providencia. Festividad que, dicho sea de paso, forma parte de la mayoría de culturas de todos los tiempos, aunque reciba otros nombres.

 

Yo soy de poco creer en la providencia, pero sí creo que está bien, de vez en cuando, pararnos a pensar en todo lo que tenemos, para valorarlo en su justa medida. Y es que, por mucho que algunos se empeñen en decir que todo es una puñetera mierda y que las cosas van de mal en peor, eso no es cierto.

 

Que tampoco estamos para grandes celebraciones, es cierto. Y, por supuesto, hay muchas cosas que mejorar. ¡Claro que sí! Pero España, Andalucía y Granada no son el infierno en la tierra que denuncian según qué agoreros, cenizos y pesimistas recalcitrantes para los que cuanto peor, mejor.

Sin necesidad de ponernos trágicos y trascendentales, salgan hoy a la calle a dar una vuelta, tratando de disfrutar de lo mucho y bueno que, entre todos, vamos construyendo, día a día. Y, por una horas, mostrémonos agradecidos, contentos y dichosos… aunque esta noche no nos espere un suculento pavo asado con patatas, en la mesa.

 

Jesús Lens

La Mafia, pero de verdad

“Cuando era niño en plena guerra, en septiembre de 1943, su padre encontró una bomba en medio del campo y la cargó en el burro con ayuda de Totò. La llevaron a casa y allí, mientras la manipulaba para sacar la pólvora y luego aprovechar el hierro, explotó. Su padre y su hermano pequeño Francesco murieron delante de él. Totò Riina tenía trece años y se convirtió en el capo familia”.

Así describe el periodista Íñigo Domínguez cómo alcanzó la mayoría de edad el gran capo mafioso italiano que fallecía la semana pasada, en prisión, a los 87 años de edad. Descripción que forma parte de un libro imprescindible para conocer qué es, de verdad, la Mafia, mucho más allá de los tópicos cinematográficos al uso, los lugares comunes… o las cadenas de restaurantes. Se trata de “Crónicas de la Mafia”, publicado por la editorial Libros del KO y, como decía, es de lectura obligada para comprender el fenómeno mafioso de una forma seria y rigurosa, desde sus orígenes hasta la contemporaneidad de más rabiosa actualidad.

 

Un libro que nos sirve, por ejemplo, para conocer la vida, obra y asesinatos de Salvatore Riina, condenado a 26 cadenas perpetuas, inductor de las muertes de los jueces Falcone y Borsellino y sospechoso de haber cometido o mandado cometer otros 150 asesinatos a lo largo de su vida criminal. Hablamos de una mala bestia, sanguinaria y despiadada, que nada tiene que ver con el glamour de los Corleone, los Tattaglia y el resto de las Cinco Familias de Nueva York, de acuerdo con la visión cinematográfica de Coppola.

 

(Sigue leyendo esta crónica en nuestra revista hermana, Calibre 38)

 

Jesús Lens