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Monthly Archive for julio, 2010

ESCULTURA FUNCIONAL

Siempre he creído y defendido la funcionalidad del arte, el arte con mensaje, comprometido, alineado, que no alienado.

 

Y por eso, me conmueve enormemente la escultura de Santiago Sierra, que llevó a la Bienal de Carrara… (Por cierto,  dada la discusión que se ha montado en los Comentarios, votad en la Encuesta de la derecha: Sí o no?)

 

Imposible transmitir más…

MICRORRELATO ÉPICO

“Su consecución le parecía inalcanzable. Sin embargo, cansado y sin aliento, extenuado y ojeroso, al borde de la muerte, llegó.

Al fin…

¡de semana!”

 

Vaya un aventurero… de pacotilla.

Más Microficciones, AQUÍ.  

Jesús Lens

DEJADA DE LA MANO DE DIOS

La de hoy es una de esas columnas que no gustarán a algunos, pero que espero guste a otros… división de opiniones. Como en los toros. Con perdón.

Y de la de Alá. Y de la de Fátima. Y, sobre todo, dejada de la mano del gobierno. De cualquiera. De todos ellos. Granada está olvidada, arrinconada, partida y escindida. Granada oculta y misteriosa; Granada velada, vedada e imposible. Venir a Granada sigue siendo una odisea, lo hagas por tierra, mar o aire. En caso de guerra, aún en pleno siglo XXI, la Toma de Granada sería harto complicada, por culpa de las infraestructuras, claro.

Un ejemplo. El lunes, la mamá de Ainoa no pudo ir a trabajar. El domingo, la siniestra y fingida pseudohuelga de los enfermos controladores de vuelo y la dejadez habitual de IBERIA para con Granada hizo que, de Asturias hasta su casa, invirtiera más de doce horas. Ainoa todavía no tiene tres años y cuando su mamá planeó ir a visitar a su familia norteña, pensó que lo más rápido y lo más cómodo sería viajar en avión. Craso error, por supuesto. Tras los retrasos, cancelaciones, cambios y anulaciones habituales a la conexión aérea entre Madrid y Granada, Ainoa y su mamá entraron por las puertas de su casa pasada la una de la madrugada del domingo al lunes.

Y lo peor fue que la nena, con los aires acondicionados, las chucherías para tranquilizarla y sin poder dormir en mínimas condiciones, agarró una infección de órdago que le disparó la fiebre hasta los cuarenta grados. Conclusión: médicos y medicinas, vomitonas, horas de trabajo perdidas, gastos de la seguridad social, en la farmacia…

El martes, miles de personas se echaron a las calles de Almuñécar y Motril, para reivindicar la conclusión, de una puñetera vez (por decirlo decorosamente), de la famosa T invertida de la A7 que convierte a Granada en el hazmerreír de toda España, obligando a miles de granadinos a irse a las playas de Málaga, Almería o Cádiz, sólo por no soportar los atascos veraniegos.

¡Qué envidia, en Semana Negra de Gijón, escuchar los planes de vuelta de la gente de Córdoba, Málaga y Sevilla! En tren. Hasta Madrid, seis horas. Pero después… ¡el AVE y, en un pis pas, en casita! Un sueño imposible, otro más, en esta Granada despreciada, acartonada y silenciada. Y todo ello sin hablar de la faraónica obra de la inútil y vergonzante presa de Rules, que no parece servir absolutamente para nada.

¡Qué cansancio, escribir las mismas columnas un año tras otro! ¡Qué aburrimiento! Pero, sobre todo, ¡qué tristeza! Especialmente, cuando ves a la pequeña Ainoa echando la pota tras tomarse los medicamentos para que le baje la fiebre. Una imagen demagógica, maniquea, manipuladora y tendenciosa, lo reconozco sin empacho alguno, pero una imagen de la que conviene acordarse a la hora de elegir la papeleta a introducir en la urna, en las próximas elecciones.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

¿QUIÉN NECESITA A CLEOPATRA?

Durante la divertida presentación que hicieron Cristina Macía y Elia Barceló de su novela, ambas dos pusieron mucho énfasis en que nos quedara claro a todos que el protagonista-narrador de “¿Quién necesita a Cleopatra?” era un cabrón. Así. Con todas las letras. Un auténtico cabronazo.

Y la pregunta que se cernía sobre la mesa era una y clara: ¿cuánto de dicho protagonista-narrador hay en el propio autor de la novela?

Steve Redwood ponía los ojos en blanco y miraba al cielo, haciendo como que no entendía bien y, después, al explicarse, hacía como que farfullaba por lo bajo, intentando soslayar la cuestión.

El caso es que, a mi llegada a Madrid, la víspera de partir para Gijón, estuve viendo el España – Alemania del Mundial con Cristina y con Steve. Éste, fino humorista inglés donde los haya, pronosticaba un 0-4… para los teutones, poniendo en duda la sapiencia futbolística del mismísimo y veneradísimo Pulpo Paul.

Como quiera que España ganara aquel partido y que, a la hora de la verdad, cuando la Roja marcó su gol, Steve pegó un brinco de alegría, le cogí afecto al Hijo de la Gran Bretaña. Unos días después, como atestigua esta foto, la consecución del Campeonato Mundial terminó de crear un lazo de indisoluble amistad con ese barbado británico de quijotesca figura y patricio aspecto.

Así las cosas, y volviendo al principio de esta reseña, ¿cuánto de cabrón habría en el Narrador de la novela de Steve? ¿Y cuánto de Steve en el cabrón del narrador?

“¿Quién necesita a Cleopatra?” se lee de un tirón. Si eres una persona carente de humor. En caso contrario, tendrás que interrumpir varias veces su lectura. Para despelotarte de la risa. Porque Steve, efectivamente, es un cabrón sarcástico, ácido, malévolo y corrosivo, perteneciente a esa estirpe de humoristas ingleses que saben iluminar el lado más vergonzante del ser humano, para desnudarlo y sacarle los colores, jugando, retorciendo el lenguaje, sacando afilada punta a cualquier situación…

En la historia hay varios misterios que, en una u otra ocasión, todos hemos querido desvelar. ¿De qué se ríe la Mona Lisa? Porque todos sabemos que, detrás de la Vaca que Ríe hay un Toro que Empuja. Pero, ¿qué hace sonreír a la Mona Lisa? Tras matar a Abel, ¿cómo hizo Caín para perpetuar la Humanidad? ¿Y qué pasa con Rasputín? ¿No molaría estar presente en su tempestuosa muerte? ¿Y en la del mismísimo Jesucristo, contada de forma tan distinta en cada uno de los Evangelios?

Redwood, de joven. Digo... ¡¡¡Rasputín!!! Con perdón.

El caso es que N, un personaje tan arribista e insensible como trepa y miserable, se “inventa” una máquina para viajar en el tiempo. Y, para sacarle rendimiento, se alía con un magnate de la televisión para viajar a algunos de los momentos estelares (o no) de la historia de la humanidad y grabar en vídeo lo que realmente ocurrió. Emitido en prime time, el programa está llamado a convertirse en un brutal éxito. Pero el magnate exige una condición para poner a N al mando de las operaciones: su hijo Bertie, enamorado de la Mona Lisa desde que era niño, le acompañará en todas y cada una de las aventuras… para su desgracia.

¡Hacedlo vuestro!

A partir de ahí, que el lector imagine la cantidad de desgracias, encuentros y desencuentros, escarceos sexuales, aventuras y desventuras que protagonizarán el infame N y el pobre Bertie… o, mejor aún: que el lector se compre “¿Quién necesita a Cleopatra?” y que disfrute como un marrano en charco o lodazal del humor de Steve Redwood, uno de los descubrimientos más refrescantes de la pasada Semana Negra.

¡Carcajadas aseguradas!

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

JUGANDO CON SU HIJA

La pequeña se llama Mila. Y,  a veces, se duerme la siesta. Pero no por ello, su mamá deja de jugar con ella.

Amigo invisible

Más imágenes de Mila, AQUÍ.

EL ELEFANTE DE MARFIL

Querido Cuate, amigo Pepe, no sabes, en estos momentos, cuanto te agradezco que nunca me hayas invitado a jugar una partida de ajedrez, tú que eres versado en el juego de la guerra sobre el tablero cuadriculado. Porque, hasta ahora, yo pensaba que el ajedrez era un juego. Nada más, pero nada menos. Sin embargo, acabo de ver la luz:

“Vencer en una partida de ajedrez es como saciar la sed guerrera que todos llevamos dentro. Los pacíficos pretenden hacernos creer que el ajedrez es inofensivo. ¡Mentira! Mienten, Guiomar, mienten porque son unos cobardes. Al ajedrez se juega para vencer y si no… no se juega.”

Vamos, que el ajedrez es la prolongación de la guerra, pero por otros medios. Aproximadamente. Al menos, es la conclusión (pelín exagerada, que ya me conoces) que he sacado después de leer la última novela de Nerea Riesco, “El elefante de marfil”, mi Estimado Cuate, impepinablemente, la novela que tienes que poner en la cabecera de la lista de Libros Pendientes.

El caso, y ahora lo puedo reconocer, es que empecé a leer el libro con cierto resquemor. Porque, como hemos tenido ocasión de comentar en más de una tertulia cervecera, el peligro que tiene ir a Semana Negra es que, después de haber leído un libro que nos encanta, corremos el riesgo de conocer al autor… y que el mito se nos venga abajo. Es cierto que Semana Negra, por su especial idiosincrasia, saca lo mejor de nosotros mismos, pero el riesgo siempre está ahí.

¡Apunta, Cuate!

La cuestión es que, en este caso, la cosa podría ser al contrario. Si te acuerdas, cuando hablamos tras la consecución de la Copa del Mundo por parte de España, te comenté que la había visto en Semana Negra, con varios autores y ya incipientes amigos: Paco Jurado, Javier Márquez, Steve Redwood y una insultantemente joven escritora sevillana, apabullante y tremenda, un auténtico terremoto, en el sentido flamenco del término: Nerea Riesco.

¡Esa lengua!

A partir de entonces, los integrantes de la llamada Andalucía Connection, de la que hablamos AQUÍ y sobre la que volveremos muy pronto, trabamos una excelente relación de amistad que se ha traducido, entre otras cosas, en la adquisición de nuestros respectivos libros. Entre ellos, por supuesto, este “El elefante de marfil”.

El temor, por tanto, era a que el libro no estuviera a la altura de su autora. Y el listón, créeme, estaba alto. Muy alto.

Pero, mira por donde, fue empezar a leerlo y el temor se disipó. Como por arte de magia. O sea, la magia de la buena literatura. Literatura histórica, a la que no estoy muy acostumbrado. Pero es que lo mejor de Semana Negra es precisamente el mestizaje que propicia, de forma que, a la vuelta de Gijón, me encuentro con la maleta llena de libros de ciencia ficción, tebeos, novelas históricas, ensayos… un despelote, querido Cuate.

Y me centro, que se me escapa el santo al cielo. ¡Vámonos a la Sevilla del siglo XVIII! A una imprenta regentada por una mujer, a través de la que entraremos en contacto con la familia Montenegro, toda una saga familiar de cuyas aventuras y desventuras seremos testigos, en el contexto de una España que se debatía entre la Ilustración propiciada por los Afrancesados y la rancia esencia conservadora de terratenientes, nobles y eclesiásticos. Tiempos vibrantes en los que los bandoleros y las bailaoras (te enamorarás de Candela, y si no ya me cuentas) se daban la mano con los más sesudos y avanzados intelectuales del momento. Y todo ello con el ajedrez como telón de fondo. En concreto, con una mítica y fabulosa partida organizada nada más y nada menos que por Alfonso X el Sabio.

Y está Sevilla, por supuesto. Una Sevilla que, a través de la prosa de Nerea, se siente, se escucha y se huele. Como Carmona, sus veredas y sus cortijos. Una Sevilla compleja y contradictoria, como el propio ser humano, con su Catedral como centro neurálgico.

Termino ya, Cuate. Verás que, cuando leas “El elefante de marfil” (y tu cumpleaños ya está cerca, aviso para “regalantes” tardíos y olvidadizos), tendremos que montar otro On the road para irnos a Sevilla y conseguir, por lo civil o lo criminal (y de esto último, en Semana Negra se aprende mucho) que Nerea nos haga de Cicerone por los diferentes espacios y paisajes que pueblan su novela.

Si alguien se anima…

Ya sabéis. “El elefante de marfil”. Estupenda novela histórica. Publicada por Grijalbo. En todas las librerías.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

CINEMA PLAZA

Amigos, los martes de verano, a las 22.30, hemos montado un cine de verano en la Plaza de las Culturas del Centro Cultural CajaGRANADA, con un ciclo de cine musical que está haciendo las delicias de cientos de espectadores todas las semanas. ¿Os venís?

¡Venid al Cine de Verano de CajaGRANADA!

Hoy tenemos esa maravilla, “My fair Lady”. Y el bar está abierto. O sea que hay birras, refrescos y copillas.  Toda la programación, AQUÍ.

 

Jesús Lens

TODO EL AMOR Y CASI TODA LA MUERTE

Hace unos días, desde la Semana Negra de Gijón y en caliente, comentaba la honda impresión que me produjo la presentación de la última novela de Fernando Marías, “Todo el amor y casi toda la muerte”, galardonada con el Premio Primavera de Novela, como podéis leer AQUÍ.

Pinchad la imagen para ampliar y mirad el ángulo inferior izquierdo...

Por tanto, en cuento llegué a la playa y me recuperé de los excesos cometidos durante el evento cultural gijonés, me abalancé sobre él, sabiendo que me iba a encontrar una novela muy especial, uno de esos libros que, nada más comenzar a leerlos, sientes como si estuvieran escritos directamente para ti.

Dado que el autor tuvo el buen gusto, durante su presentación, de no hablar del libro, me excusaréis si en esta reseña no comento el típico “de qué va” que os pueda servir para animaros (o disuadiros) de leer “Todo el amor y casi toda la muerte”. Si me conocéis y habéis leído hasta aquí, ya sabéis que sólo os queda lanzaros a la librería más cercana, comprar el libro y devorarlo, como hice yo, en dos o tres sentadas, en menos de 24 horas. Y lo curioso es que, siendo el mar uno de los protagonistas de la novela, a veces amenazante, ominoso y siniestro; a veces fecundador, luminoso y fuente de vida, leí la historia de Sebastián, Vera, Gabriel, Leonor y Tomás íntegramente a orillas del Mediterráneo, dejando el libro sobre la toalla para lanzarme de cabeza al agua y nadar, bucear y sentir algunas, muchas de las cosas que cuenta Fernando en este libro exquisito.

De todas formas, antes de sumergirte en sus adictivas y excitantes páginas, haz un pequeño-gran ejercicio: sitúate frente a un espejo y siéntate. Date cinco minutos para mirarte a ti mismo a los ojos y bucea por dentro de ti. Busca esos fantasmas, esos espectros que ya forman parte de ti, que se han ido incorporando a tu vida a lo largo de los años. Enfréntate a ellos, en el mejor sentido de la expresión “enfrentarte”. Míralos cara a cara y deja que te hablen. A ver qué te cuentan.

Porque todos somos portadores de fantasmas y espectros. Todos tenemos presencias dentro de nosotros que nos hablan, nos preguntan, nos exigen y nos interrogan. Lo más habitual es hacer lo posible (y, a veces, hasta lo imposible) por no escucharlos, por hacerles de menos, por olvidar que existen.

Pero están ahí.

Leer “Todo el amor y casi toda la muerte” puede servir como una especie de exorcismo personal, tal y como comentó Marías hablando sobre su concepción y origen. Pero, ojo, no se trata de una novela intimista en la que el autor habla primero de él, después de sí mismo y, más tarde, otra vez de él. Cuánto hay de sí mismo en cada personaje es algo que sólo Fernando puede saber. Para el lector, la novela es un perfecto artefacto de relojería en el que los personajes, con una entidad y una solvencia propias, se encuentran y desencuentran al modo de las grandes películas del cine negro norteamericano, con “La mujer del cuadro”, “Rebeca” o “Laura” como referencia. Una historia de pasiones cruzadas en las que el tiempo y el espacio son permeables, desarrollándose la trama entre un pequeño pueblo del norte de España, Madrid y la Cuba en guerra de principios del siglo XX. Entre un caserón gótico, un barrio cualquiera de una gran ciudad y la selva de un país caribeño. Una historia llena de giros, quiebros y requiebros en la que todos los personajes evolucionan, cambian y se transforman.

“Todo el amor y casi toda la muerte” es un libro prodigioso, alta literatura de poderoso octanaje que nos trae al mejor Fernando Marías. Un Fernando del que ya esperamos, ansiosamente, un nuevo trabajo.

Y, desde luego, si tienen la ocasión de verle actuar en vivo y en directo, ni lo duden. Una experiencia de lo más estimulante y excitante. Y uno ya va estando curtido en esas lides. Palabrita de niño…

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

EL RETORNO

MISS ABSURDEZ

De la imprescindible Parida de Andreu Martín

(Pinchar la Imagen para ver en tamaño completo)