Sublevados en Sugarpop

Los madrileños Sublevados descargaron en el Sugarpop toda la malababa del punk barrial ‘del foro’. Emparentados con los Porretas en su crítica suburbana a ritmo ‘ramón’, el cuarteto de Alcobendas ‘ametralló’ al personal con sus canciones que son auténticos himnos coreables, como su versión del ‘Wonderful world’ Louis Armstrong o el comunero ‘Castilla’.

Julio Falero Quartet

Mientras unos, aquí lado Russian Red, consiguen la notoriedad sobresaliendo entre (o contra) una oferta de millones de nombres, Julio Falero lo tiene mucho más fácil: si  algo no hay es cantantes masculinos de jazz. Reivindicando esta particular cuota de género, Julio, todo elegancia y contención, se estrenó en el Boogaclub con un fondo de armario sonoro de etiqueta, swing templado y apostura de crooner. En su grupo sin batería, para hacer más ingrávida la escucha, figuran el guitarrista preferido de las (y ahora los) vocalistas Pedro Andrade, el bajista Guillermo Morente y el pianista americano Vince Benedetti, que teniendo en cuenta que en su momento descubrió a Diana Krall, queda claro que Falero está en las mejores manos.

María del Mar Bonet fue la protagonista anoche en la Música Contada

La cantante mallorquina estableció un diálogo confidencial muy cálido con el periodista Emilio Garrido (Radio 3) en una suerte de entrevista sin emitir donde el público, que rozó el lleno del teatro Alhambra, conoció algunas curiosidades de la cantate como sus comienzos escuchando a Juanito Valderrama, su llegada a la cançó tras ejercer de niñera en la casa de uno de sus promotores, o  su respeto por el flamenco, calificado por ella misma como “la música tradicional viva más importante del mundo”.  La Música Contada regresará a Granada el día cuatro de marzo cambiando de tercio de la mano del rapero El Chojín.

Lujuria actuó en La Tren

Con el tema ‘Licantropía’ comenzó la actuación del grupo castellano Lujuria en la Tren la madrugada del domingo. Un concierto que dedicaron a la memoria de Javier Gálvez, el histórico promotor de rock fallecido hace unos días y que estuvo precedido por los granadinos Anima Adversa como invitados. Con el inclasificable Oscar Sancho al frente, los segovianos reivindicaron explicitamente la cultura del heavy de todala vida haciendo de su incorreción política un importante (y divertido) añadido a sus canciones, muy celebradas por un público que llenó al cincuenta por ciento la sala de Chana.

Yahlé en la Tren

El grupo de Ana Sola y Armando Caló tocaron en la sala Tren dentro del festival ‘Por amor al arte’ junto con Ashira y El Lunático, una cartel que se desplazó allí por la imposibilidad de tocar en el Planta Baja donde originariamente estaba programado. La sorprendente y festiva combinación entre flamenco y clave cubana, en una fusión de inspiración ‘chickoreana’, fue el motivo que los llevó el año pasado a participar en representación española en el Festival de Jazz de Pekín, dentro de una pequeña gira que hicieron por China.

Música cubana en el Boogaclub

Entre la brillante programación de funk y club que anima las noches del Boogaclub, el sábado se ha coló la clave cubana y el latin jazz de la mano de Miguel ‘Miguelito’ Pérez y su Salsa, su ‘Salsón’, a juzgar por el grupo que le acompaña. En realidad se trató de una re-versión de Cubop contando con Luis Poyatos, Jesús Santiago, Agustín Sánchez y Pancho Brañas atacando un jugoso repertorio que ‘tumba’ material de Benny Golson, Freddie Hubbard… y de clásicos del afrocuban que hizo las delicias por su calidad del numeroso público que se congregó.

Secretos: De nada, por elegiros

Tras haber reunido a casi veinte mil personas en Madrid hace unos meses, los Secretos viven una nueva (¿la tercera?) juventud en cuanto a capacidad de convocatoria. En la discoteca Granada 10 pusieron el cartel de ‘no hay entradas’, y a pesar de que cobraron el precio más alto que nunca ha costado una entrada para un grupo español aquí, dejando en la calle casi tanta gente como dentro: todo un detalle organizativo, ya que la costumbre en vender y vender hasta la asfixia. Con ellos volvía la música en directo a un espacio que llevaba mucho tiempo sin incluirla en su oferta, y eso que por su escenario han pasado muchísimos artistas a finales de siglo pasado, antes del ‘boum’ de las salas de conciertos.

Se supone que era una actuación ‘intima’ y ‘acústica’, y como tal fue anunciada, pero lo uno no parece posible para los actuales Secretos y lo segundo tampoco se cumplió ya que salieron a grupo completo y bien ‘enchufados’ para solaz de sus seguidores, convertidos en coristas vocacionales porque, primero, se las sabían todas, y luego porque también había unos micrófonos de ambiente a los lados del escenario para recoger sus voces. Algunos de ellos, y no pocos, repetían treinta años después de aquel estreno del grupo en una discoteca de la Zubia, “no es lo mismo” decían, “pero es igual” resumían satisfechos. Y es que aunque sólo quede Álvaro Urquijo de aquella formación y se haya perdido la conmovedora  entonación de su hermano Enrique, el actual portavoz también tiene la capacidad emotiva que requiere cantar ese repertorio.

Ni que decir tiene que Los Secretos jugaron sobre seguro, y a ganar con las cartas marcadas, ya que el repertorio de esta gira lo han confeccionado ‘a petición popular’ y salvo una par de temas (‘Te he echado de menos’ y ‘Otra tarde’), todas  forman parte de su cancionero más celebrado (y aplaudido, cantado y hasta pataleado). Con todo la primera media hora resultón un tanto tímida, con un equipo en fase de ajuste y un grupo encogido, pero a partir de ‘Volver a se un niño’ todo cogió la velocidad de crucero necesaria  para el evento: la voz salía en su sitio y los optimistas punteos de Álvaro -en ocasiones doblados por ese comodín que es Ramón Arroyo-, tiraban de las canciones hacia arriba, contando con la exquisita decoración del pianista Jesús Redondo, el  Chuck Leavell de los Urquijo Brothers Band.

En confianza nos enteramos de que ‘Ojos de perdida’ fue la primera canción que hicieron, estando todavía en el colegio, y entre obligatorias y obligatorias (‘Colgado’, la calle del olvido’, ‘Quiero beber hasta..’, El bulevar…’, ‘Y no amanece’  etc) cabe señalar las entusiastas versiones que siempre han hecho, mejorando holgadamente los originales como ocurriera con los uruguayos Bulldog (‘Sobre un vidrio mojado’) o sus colegas Mamá  (‘Nada más’). Fueron reclamados en tres ocasiones por el público y como no podía ser de otra manera terminaron, dos horas después, con un ‘Déjame’ , el segundo, en versión vocal a cargo del ‘Orfeon de fans de los Secretos’ en pleno. “Gracias por elegirnos” cantan, de nada, un placer.

Groove3: Por siempre Hammond

Desde Albacete llegaba este trío en plena gira de promoción tras ganar el Memorial Alberto Cano, que les ha permitido salir a la carretera y publicar su excelente, desde el mismo título, ‘Trionometría’. Dos días han estado en Granada y lo suyo hubiese sido escucharlos el viernes en el Organ Jazz, por coherencia con lo que proponen y por el Hammond que preside la sala, pero no pudo ser. Esa marca, convertida en filosofía de sonido, es la que orienta la oferta de este trío sin bajo, correspondiéndole al teclista también las líneas de graves, para fabricar una música tan cálida como embriagadora y que sugiere pasar de la contemplación a la acción.

Cuentan que estuvieron de ‘invitados’ fijos en el Festival de jazz de Albacete durante seis días, abriendo para gente como Chano Domínguez, Marcus Miller o Medesky, Martin & Wood, y es de suponer que de estos últimos tomaron buena nota de las posibilidades extremas del ‘metodo’, aunque ellos prefieran un planteamiento nada crispado y todo aseo y pulcritud, de desarrollos contenidos, solos los justos y más grupo que individualidades; aunque las voces cantantes las lleven el guitarrista Jorge Cubillana, con una templaza tan de Baden Powell como de Monstgomery, y el elegante organista Julio Guillén.

Presentaron casi todo su disco, donde incluyen una amorosa versión del ‘Besame mucho’, y otras no menos delicados ejercicios de estilo como ‘Nana-samba para Miguel’ o ‘A medio camino’; calma que se rompe con algún que otro arrebato más funk como para justificar el nombre del grupo. Un equipo perfecto para un futuro mano a mano junto al titánico Mauri Sanchís, inédito aún por aquí de ‘Jazz en el Lago’ hacia abajo. Una noche que ya sería total si alguien es capaz de convencer a Enrique Valdivieso (el primer Hammond-man del jazz español, y además granadino) para que resucite por unas horas.

Bergia: Canción generacional

A pesar de los años transcurridos desde sus comienzos, Javier Bergia se presentó por primera vez en Granada en la programación de autor de la Tertulia, como todos los que por allí pasan, sin trampa ni cartón, a riguroso ‘pelo’.

Bergia es un caso paradigmático de ubicación inoportuna: fue cantautor cuando se llevaba la movida, luego montó los increíbles Finish Africae cuando volvieron los cantautores, se arrimó al folk cuando primaba el pop… y tiene diez exquisitos discos fuera completamente del circuito mayoritario. Afortunadamente para sus finales de mes son muchos los que le requieren para labores en la penumbra desdibujada del cañón de luz central: María del Mar Bonet, Joaquín Díaz, Vainica Doble, Marina Heredia, Pasión Vega, Antonio Vega, Ella Baila Sola, Café del Mar y sobre todo Ismael Serrano.
Cantor de lo cercano, y en la Tertulia aún más por las peculiaridades acústicas (o te arrimas o no oyes nada), Bergia es un mago de mesa que provoca tanta sonrisa como confidencialidad con sus maneras de cantar y de contar. El tú a tú es su fuerte. Y su concierto un repaso, no solo lo suyo sino a los suyos, que ser agradecido es de bien nacidos. Así si su voz y maneras resuenan a….él mismo al rato resuelve la incógnita cuando confiesa su devoción por Rodrigo García (¡‘Niña Luisa’ podía ser de Solera o CRAG!) y luego reutiliza ‘Linda prima’ o ‘Déjame deshacer tu cama’ también del gaditano.

Producto de la era del vinilo, su concierto fue un recuerdo intermitente a compañeros a 33rpm, fuese Hilario Camacho (‘Cuerpo de ola’), Pablo Guerrero (‘A cántaros’), el primer Dylan o Joni Mitchell , quien le inspiró la hermosa ‘Un regalo del universo’. Se hizo acompañar en la parte final por la voz, el shruti peti (mini armonium de bolsillo de origen hindú) y las pequeñas percusiones de Cristina Mimiaga, añadido sutil para la delicadeza de su poética, en ocasiones, como sus introducciones, no exenta de ironía sobre el enloquecido mundo que nos rodea. Palabras menores que acarician templadamente el alma en un entorno de mayúsculas e imperativos. Grande, y no solo en volumen, “y ya está”, como él mismo diría.

José Miguel López se psicoanalizó en La Música Contada

El locutor de Radio 3 se abrió en cuerpo y alma en el número de febrero de la Música Contada. El director de Discópolis rebuscó en su más tierna infancia hasta encontrar canciones como el ‘Mambo italiano’ de Rosemary Clooney o el delirante ‘Qué pasa en el Congo (Dodo Escola) para explicar sus primeros pasos como oyente, de la radio, en paralelo a los seriales de Sautier Casaseca y el Cuadro de Actores de la Ser a principios de los sesenta.

Con cierta gracia y la torrencial locuacidad que le caracteriza, López, ofreció como en su programa, el perfil ecléctico y nada sectarista común a todos los periodistas musicales de su generación, los cincuenta, para los que por encima de tribus sonoras lo que se dilucida, en palabras de Count Basie, solo es entre entre música buena o no. Nada más terminar las palmas con las que el público acompañaba el ritmo tórrido del soul del ‘Rescue me’ de Fontella Bass’, arrancó insospechados aplausos a siete minutos de la quinta sinfonía de Beethoven (por el esloveno Carlos Kleiber) “que no es música clásica ¡es puro punk!” como dijo el presentador.
Entre historietas de la ajetreada juventud durante el franquismo dignas de un capítulo de ‘Cuentame’, anécdotas personales con todo tipo de intérpretes, (desde Miriam Makeba, la Caballé, hasta el recuento de su persecución imposible de Robert Fripp por medio mundo para su libro sobre King Crimson) y discos extraídos de su inmensa colección, fue recorriendo sus treinta años de oficio.

“¡Son casi las once y vamos por 1980!” decía un espectador a mitad casi de recorrido, porque el  entusiasmado locutor se movía en un tiempo interno que para nada coincidía con el real, ¡tuvo que bajarse del escenario para darse cuenta de que llevaba casi tres horas hablando! Cosas que pasan habitualmente cuando se vive la profesión con semejante apasionamiento. El acto fue presentado por Juan Trova.

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