ANOCHE LEONARD COHEN ME HIZO FELIZ

 

Lo malo de ser mitómano es que a veces te puedes decepcionar. Te das cuenta de que tu mito no era para tanto. Si de músicos hablamos, te pueden decepcionar personalmente (muy habitual) o incluso musicalmente. Y si hablamos de MITOS puede que cuando llegas a verlos ya sólo son la sombra de lo que fueron. O una caricatura, ya puestos. Es lo que pasa, por ejemplo, al ver en estas últimas décadas a los Rolling Stones. Impresiona su energía, pero su arte no es el mismo. Ni de coña son ahora como cuando tenían la mitad de años.

Me emocionó en su momento ver a Dylan o a Neil Young. Genios que han sabido envejecer y que no ensucian su pasado glorioso, que mantienen el aura y la dignidad. No son mortales, ya son eternos, deben de saberlo y cuidan esa imagen que será venerada todavía mucho tiempo después de que mueran. Nos respetan a los que los adoramos y se respetan a sí mismos.

Pero lo de anoche me impresionó tanto que tengo que compartirlo. Tengo un día ocupadísimo, pero me quedo más tranquilo contando esto.

Leonard Cohen me hizo feliz anoche. Soy una persona demasiado sentimental y puede que parezca exagerado lo que voy a decir. Paso además por momentos especiales en que ando con las emociones a flor de piel, lo mismo eso me hace estar demasiado receptivo a una música como la de Cohen. No quiero ponerme cursi.  He visto unos cuantos conciertos desde que a los 15 años quedé infectado de por vida con la MÚSICA. He llorado en muchos conciertos, de pura emoción, las lágrimas más bonitas que hay. Aunque cada vez me pasa menos, y eso me jode. Son momentos extraños, misteriosos, que sólo podría explicar como un temblor interno,  como un paréntesis en el tiempo en el que sólo oyes música y la visión se difumina. No quiero ser cursi, pero para mí es la experiencia más pura que existe. Es mística, algo así le pasaría a Santa Teresa o a San Juan de la Cruz, supongo. Si fuera creyente diría que Dios existe por esos momentos que van más allá de la carne, las hormonas o las neuronas, cuando oyes una canción que te hace derrumbarte.

Cuando en la primera parte del concierto sonó “Who by fire” se me cayó el mundo encima, y hasta temí desvanecerme. Lo juro. Qué belleza. Qué grande. Me dolía el pecho de tanta emoción.

Leonard Cohen debe ser la persona más elegante que he visto en mi vida. Pasa los 70, pero no es problema para su voz, porque con 30 años ya cantaba con una voz sin edad. Transmite paz. No creo que actúe. Debe de ser así. De repente lo miras y adivinas una espalda encorvada, pero termina la primera parte del concierto y sale del escenario saltando y bailando como si fuera un joven judío celebrando el fin de la pascua.  Es amoroso y respetuoso con sus músicos como si les debiera la vida. Por cierto, vaya banda. Sutiles es poco. Se oía el aire entre el bombo y el pie del batería, entre la boca del clarinetista y su instrumento. Además no debe ser fácil, Cohen es un poco como los flamencos, son los músicos los que deben seguir sus inflexiones, que no se sabe cuando pueden salirse del compás. Sólo que en vez de un guitarrista aquí debían hacerlo 9 personas.

Pero sobre todo se oía esa voz que da igual que cante, que de las gracias después de una canción o que recite como poema una de sus letras. Esa voz llega muy profundo. Si fuera mujer imagino que oir a Cohen debe de ser casi una violación. Consentida siempre.

Le contaré algún día a mi hijo, que nacerá en unos días, que pude oir “Hallellujah” en la voz del que la escribió. Que ni siquiera tuvo que cantar para hacernos caer rendidos ante lo enorme que es “If it be your will”, que cantaron sus coristas. “Famous blue raincoat”, “Manhattan”, “I’m your man”, “So long Marianne” (qué alegría).

Ay, sólo dos peros. Uno el volumen. O yo estoy sordo o me faltaban bastantes decibelios más. Una espina. La otra, que no cantó mi canción favorita. Pero casi mejor, porque así me quedo con ganas de más.

OJalá pueda volver a verlo alguna vez. Qué bien que nazca gente como Leonard Cohen, que han repartido tantos momentos de emoción, de esos que le dan sentido a estas vidas grises.

Esta es la canción que me faltó (pongo enlace al youtube).

Chelsea Hotel nº2

Gracias por existir, Leonard Cohen.

1 comentario

  • By fernando M., 14 Septiembre 2009 @ 13:20

    Estoy de acuerdo contigo en que la voz de este hombre te transporta.El dia de mi boda mi chica y yo nos dejamos arrastrar por ese mundillo de los bodorrios no se si por dejadez o por complacer a nuestras familias, el caso es que despues de tanta fotografia y tanta palmadita el la espalda de gente que ni siquiera sabia quien cojones eran, llegó el momento del baile, pero por este momento yo queria pasar a mi modo asi que me dije ¡Que se Jodan Todos!, saqué con la ayuda de mi colega un cd de mi coche y se lo di al pollo que pinchaba la música, ¿que es esto? me preguntó, tu ponlo y olvidate de lo otro,cuando empezó a sonar “Take this Waltz” por un momento nos olvidamos de toda aquella gente que habia alrededor nuestra, el maestro Cohen lo consiguió.
    Por cierto felicidades por ser padre, es una experiencia inexplicable, disfrutala.

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