A mí sólo me hacen regalos los chavales que condeno, a los absueltos no los vuelvo a ver

Buenas, soy Emilio Calatayud. Seguimos con el tema de los obsequios, que ha dado bastante de sí. A mí, tengo que confesarlo y lo confieso, también me hacen regalos, pero sólo los chavales a los que condeno, a los que absuelvo, lo normal es que no vuelva a verlos.

¿Y qué regalos me hacen? Pues lo habitual son fotografías de cómo les ha ido la vida tras cumplir sus condenas. Así que tengo fotos de militares que antes de serlo fueron consumados chorizos. O de padres y madres que antes de serlo se dedicaban robar todo lo que podían. Y de campeones de este o aquel deporte que antes de serlo pegaban a sus padres… Tengo todos esos retratos puestos en una especie de ‘altarico’ en mi despacho. Son grandes regalos. Alguna vez también nos han regalado -y uso el plural porque las hemos consumido entre todos los del juzgado- una bolsa de naranjas o de tomates. Esos obsequios suelen partir de los padres a cuyos hijos condenamos. Es su forma de darnos las gracias. Los padres de los absueltos, ‘na’.

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