Don Emilio, los frikis y el lado oscuro de la fuerza

Ficzone 1.5.16 IFM

Tal y como os habíamos avanzado, don Emilio dio una conferencia en el FicZone –Convención de Cómic, Animación y Juegos de Granada– ante un grupo de jóvenes -también había padres y/o maestros- de esos a los que llaman frikis, esto es, chavales que saben que hay otros mundos pero que están en este y lo mismo se meten en la piel de un personaje de la Guerra de las Galaxias que en la del protagonista de un tebeo manga -japonés- Si alguien todavía no sabe de qué estamos hablando, sólo tiene que echar un vistazo a la imagen de arriba, que es de la compañera Inés Fernández, y en la que aparece su señoría flanqueado por dos frikis. Aquí va un fragmento de la crónica del encuentro en la tercera fase entre el juez y los frikis en Granada.
“En principio, la misión de don Emilio no parecía fácil: pretendía mostrar lo que sucede en el lado oscuro de la fuerza, que es un territorio que conocen muy bien los fiscales y los jueces de Menores porque tratan a diario con adolescentes y niños que han traspasado la frontera que separa el bien del mal.
En este sentido, el jurista contó la historia real del caos y el dolor que causó la difusión masiva de un ‘wasap’ tan simple como basto: ‘Me he tirado a Pepe’. Esa ‘noticia’ desembocó en un juicio por violación que sentó en el banquillo de los acusados a dos muchachos. Ambos fueron absueltos porque durante la vista quedó probado que habían mantenido relaciones sexuales con la denunciante, otra menor de edad, pero que fueron consentidas. Conclusión, la niña había mentido y, de paso,  cometió un delito de simulación de delito por el que fue procesada. Por supuesto, de este episodio se enteró media Andalucía y, seguramente, medio mundo. Es lo que tienen las aplicaciones, las redes sociales, Internet y los móviles de última generación, que expanden la información hasta el infinito y más allá.
Pero el paseo por el lado oscuro también tuvo momentos divertidos, hilarantes incluso y, al final, el juez hizo un recordatorio que sonó a declaración de principios: «Fijaos si soy friki que condené a un chaval a pintar un cómic».

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