Votante anónimo o ciudadanía en red

promesas-electoralesNo es tan difícil precisar si en esta nueva coyuntura de la sociedad del minuto la ciudadanía quiere sentirse mas anónima o mas participativa. Las redes sociales están transformando las democracias representativas del presente pasado en una democracia instantánea directa. No se salva nadie, ni los políticos, medios de comunicación, instituciones, ciudadanía, etc. Cualquier escenario pasado ha sido transformado en un espacio en donde la ciudadanía ávida de participación quiere expresar sus sensaciones en un escenario que no es precisamente de alegría económica.

Desde la palma de la mano y con solo hacer click sobre un Smartphone no solo conoces la actualidad del momento en modo “toda la vida” sino que la ciudadanía ya ha formado su opinión que en muchas ocasiones no coincide con esos mensajes editoriales que los distintos medios de comunicación pretenden llevar a la calle. Todo se ha transformado, el cuarto poder es desplazado irremediablemente en un proceso que ha sido mas rápido que la puesta en marcha de los tradicionales canales de comunicación como la radio y la televisión que necesitaron de muchos mas años para expandirse y llegar de forma universal a toda la población con mensajes exclusivamente unilaterales.

Hoy día, un dirigente político no solo está sujeto a su agenda política sino a una actualidad que es generada a través de los ya temidos trending topics que se obstinan en marcar la tendencia del día, las horas y a veces los minutos en un movimiento en donde las noticias negativas viajan 20 veces mas rápido que las positivas y en donde ya no valen esos publirreportajes pagados al mejor postor.

Y las instituciones siguen sin enterarse cual es el proceso de esta nueva forma de comunicación que todavía no ha llegado a las facultades de comunicación. Los políticos aún menos, porque han pasado de una tecnofobia incipiente en donde sus secretarias les abrían y contestaban los correos electrónicos a un mundo en el que ahora son los equipos quienes deciden esos mensajes cortos que deben lanzarse como si un teletipo de toda la vida se pudiera concretar en un microteletipo de 140 caracteres. Y es que los mensajes de esos gabinetes de comunicación son insustanciales y aportan muy poco al interés general.

Poco hemos aprendido de lo que la ciudadanía marca a gritos en sus timelines. Nadie quiere seguir siendo un votante anónimo que delega en un político para que al cabo de cuatro años le cuente una historia muy distinta por la que fue votado cuatro años antes. Ahora se exige unos representantes que interactúen y tengan en cuenta lo que la ciudadanía siente en cada instante y cuando los políticos intentamos desviar la atención hacia otro sitio, sentimos su potente brazo que nos indica claramente que el timón no solo lo mueve el político sino esa ciudadanía plena que goza de una satisfactoria capacidad de formarse su propia opinión.

Y no se trata de hacer asambleas manidas y pactadas con los militantes de los partidos para dirigir y controlar el discurso que es lo que se viene haciendo en distintos movimientos políticos como si fueran comisarios de principios del siglo XX en un intento de distraer la atención de la ciudadanía. Ahora la participación ciudadana está en la red, en ese espacio que es tan libre que no se puede contaminar perpetuamente y que hay que ganarse cada día y cada segundo.

Los aparatos políticos extremos tienen miedo de esa pérdida de control operativo de un espacio que siempre ha marcado el “tío del lápiz” que configura y rellena todo tipo de listas al salto político. Se acaba el tiempo para las listas cerradas y los pelotas de turno y empieza un tiempo en donde cada político tiene que ganarse un espacio en donde lo mas importante son las personas antes que cualquier aparato político manido.

Es tiempo de cambios, pero ante todo es tiempo de creer en las personas y porque no, en la política y los políticos, pero para que eso suceda debemos de experimentar una gran transformación y no precisamente de la ciudadanía sino de la clase política.

Está claro que los políticos que no se sumen a esta nueva forma de entender la ciudadanía, van a ser amortizados próximamente.

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