EXPEDICION MONGOLIA EN VIDEO

Hola a todos, Expedición Mongolia en Video
http://www.t-reto.com/

si entráis, votáis y comentáis el Reto de Expedición Mongolia podremos disfrutar de una serie de capitulos de toda la expedición Pronto!!!! Pero necesitamos vuestros comentarios ¡¡Animaros!!

Muchas Gracias y un saludo
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EXPO HASTA EL 15 DE MARZO!!

 AMPLIAMOS EL PLAZO DE LA EXPO HASTA EL 15 DE MARZO!! CAFE BAR 380 EN PLAZA NUEVA

ARTICULO EN PRENSA, IDEAL

Estimados amigos: mañana en el IDEAL de Granada se publica un articulo sobre EXPEDICION MONGOLIA Article about Exp Mongolia in the media. Newspaper Ideal. I guess, It will be online too. Creo que podremos encontrarlo en la hemeroteca online. Tambiem ampliacmos el plazo de la expo hasta el 15 de Marzo. Cafe bar 380 en Plaza Nueva, Granada

Comienza la aventura

Para los despistados, os recuerdo por dónde vamos;

 

 

Rusia, todo el transiberiano hasta llegar a Ulan Bator, capital de Mongolia

 

 

Detalle; cerca de la frontera de Mongolia

 

 

 

Desde la capital de Mongolia, en algo parecido a un minibús llego a Bay Olgii cerca de la frontera con Kazajstán en las montañas de Altaii.

 

 

A unos 80 Kilómetros de Bay Olgii compro los caballos (las coordenadas GPS las podéis ver en antiguas entradas del blog)

 

 

 

Y aquí comienza lo que para mi es la aventura real y más autentica, en solitario con mis dos caballos después de saborear todas las complicaciones antes de llegar a este punto.

 

 

 

 

 

Es por la tarde, solo tendré un par de horas de luz, pero necesitaba comenzar y aparte de aliviar tensiones alejándome de los vendedores, si ocurría algo con los caballos en las primeras horas de contacto o montando el campamento por primera vez podría estar cerca de alguien.

 

Hacía mucho frío, pero amablemente incluyeron como regalo en el precio de los caballos, un “Deel” abrigo largo típicamente Mongol, una prenda multiusos. Sirve como abrigo, de una sola pieza cruzada que se abotona. Mangas muy anchas y un fajín, que se aprieta bastante para que puedas meter cosas dentro y no se caigan.

 

Estas horas fueron una coctelera de nervios, alegría confusión, pero por partes; me acompañó un pastor amigo-vecino de la familia que me había vendido los animales, el era kazajo no Mongol, eso os dará una idea de que las fronteras en algunas partes del mundo no existen. Un nómada no distingue si donde pone su tienda corresponde a latitud longitud de Mongolia o de Kazajstán, sospecho que más que no distinga es que le da igual.

 

 

 

Me paso las siguientes horas, viendo por qué terreno llevar los caballos, aclarándome con las riendas, ramales y carga de los caballos. Que si piso en piedra, que si me pongo los guantes, no se si por el frío o porque el caballo de carga ya empieza a dar tirones. Noto que los estribos son muy cortos y estoy muy incómodo, pero estoy tranquilo porque sé que tendrán que salir rozaduras o detalles por el estilo hasta que me haga con el camino, con los caballos y la rutina del cabalgar. Son horas de recoger mi emoción e impresiones. Este es el terreno donde se han criado los caballos así que no debería haber problemas al cruzar estos riachuelos y pisar entre piedras en condiciones.  Pues me temo que los esta habiendo.

 

 

 

 

Qué fácil, tengo mi lugar para el campamento a la vista, estoy a unos 2000 metros de altura, a mi derecha dejo uno de los picos mas altos de Mongolia que supera la cota de los 4000 y nieves perpetuas. Tengo prisa por salir de estas montañas y recuperar una ruta más cálida.

 

A vista de horizonte distingo a los pies de una cadena de montañas, algunos ger, veo verde y sospecho que habrá agua, por lo tanto una buena zona para dar de comer y beber, una primera noche que debo asegurar y no tener sobresaltos. Tengo que montar antes del anochecer para poder tener luz. Repaso mentalmente la rutina que debo tener.

 

Seleccionar la zona donde acampar, con comida y agua si es posible. Desmontar, trabar los caballos, para que no se muevan mientras los preparo. Desensillas los equinos y descargar el material. Después de dejar el material a una distancia razonable, ato a una estaca en el suelo a los caballos, calculo la distancia de los ramales, para que estén cerca de la tienda, pero no mucho para que no enreden con los vientos de la misma y no me pisen. Tengo que darles suficiente cuerda para que puedan alimentarse durante las horas que estamos parados. Hoy es bastante propicio todo, en un recodo de ría en un promontorio con hierba verdecita y blandita, para que ellos coman y para que yo duerma.

 

En el mítico mini bus me deje olvidad la esterilla que estaba utilizando para dormir en el bus. Sin posibilidad de comprar, no me quedo otra que utilizar las almohadillas y sudaderos de los caballos como colchón. Como imaginareis el olor no es que acompañe mucho, por eso se le llama sudadero. Trucos al respecto, desmontar el campamento con tiempo para que se aireen o sequen un poco, o gracias a mi gran amiga y aliada en esta expedición, mi tienda, tiene varias capas impermeables, pues ponerlos debajo de esas capas por fuera de la tienda, para evitar el contacto húmedo, el olor al estar por fuera. Muchas veces lo más cómodo es encontrar un trocito de tierra mullidito.

 

 

 

La colchoneta fue el principio de un sin fin de pérdidas de equipo, hoy antes de poner la tienda me doy cuenta de que ya he perdido mis gafas de ver, aun tengo un par de recambio, pero para ser la primera tarde de cabalgata pues no dice mucho a mi favor, el ramal con el caballo de carga había hecho tensión toda la tarde con mi pierna, donde en un bolsillo grande tenia la funda de las gafas, supongo que en algún tirón se caería.

 

 

 

Monté el campamento, no tarde mucho en recibir una visita de los curiosos vecinos que había avistado en el horizonte, la conversación fue escasa, se limitaba a enseñarles mi material y ellos a quedarse con la boca abierta pensando, quien será este tío que lleva dos caballos destartalados que le quedan pequeños, que no es de aquí y que tiene cara de perdido. Los mongoles no necesitan mucha confianza para meterse en tu tienda y curiosear entre tus cosas. No se si es por la falta de comunicación verbal o porque en mitad de ningún sitio son otros protocolos los que importan.

 

De esta primera noche no recuerdo mucho, excepto que pase algún sobresalto al no ver bien los caballos, asustarme con algunos ruidos y no saber cuando tendría que salir en calzoncillos muerto de frío y con las botas puestas detrás de los caballos o algo parecido.

 

Compra de los caballos (2)

 

A la mañana siguiente cuando levante, el mundo se me vino encima. Salí del Ger y no vi nada, no vi caballos, no vi nada. Estaba en medio de una grieta entre dos montañas. El Gps seguía sin dar mucha señal, pero cuando la dio efectivamente estaba fuera de ruta y a unos 200 kilómetros de distancia de donde se suponía que debía estar; a unos días de camino del único puente por donde se podía cruzar en cientos de kilómetros.  Conforme pasaban las horas me daba cuenta de que todo iba cada vez peor, hacía un frío horrible, justo lo que no quería: tener que recorrer kilómetros entre pedregales y con bajas temperaturas. Me puse toda la ropa que llevaba y comencé a investigar dónde estaba.

 

 

Fue duro y difícil de comprender por qué el equipo que estaba utilizando como contacto local y que hasta ese momento habían trabajado tan bien me había estafado. No había caballos para elegir y tampoco era un ganadero, era un pastor de cabras al que le sobraban un par de equinos que, por supuesto, ni estaban bien cuidados, ni habían estado pendientes de ellos durante el invierno para que pudieran emprender un viaje de esta magnitud.

 

Sorpresa, el jeep no estaba y no había forma de volver. No había forma de comunicar con la familia, habían venido varias familias más a verme porque por supuesto yo era la atracción. Pasaban las horas y me preocupaba por momentos. Mi móvil mongol no tenía cobertura, así que después de mucha discusión entendí que teníamos que cabalgar hasta los 3.000 metros de altura para intentar conseguir un poco de cobertura. Efectivamente, nos llevó unas pocas horas subir un desnivel de unos 1500 metros… para intentar llamar por teléfono. Mi cabreo era monumental, con esa porquería de caballos no podría ni doblar la esquina y tampoco estaban herrados. ¿Cómo explicar que antes de empezar la expedición ya había sido sentenciada?. ¿Por qué me habían mentido?. ¡Si durante 5 meses comunicamos fluidamente con el equipo de Ulan Bator y todas las reseñas, indicaciones, informaciones y trucos hasta llegar a ese punto habían sido correctas!

 

 

Este equipo había trabajado en varios y muy conocidos proyectos españoles en Mongolia, tenía una agencia (que no trabajaba en proyectos de tanta envergadura) y eran razonables, aparte de que daban tranquilidad en España porque hablaban español. No tenía sentido, ahora no tenía modo de salir de las montañas, el jeep no volvería y no podía abandonar casi 40 kilogramos de equipo para salir a pie.

 

Después de un buen rato, no sólo de subida por un camino de cabras a caballo sino también de horas de espera, conseguí mantener comunicación unos minutos borrosos con la capital, fue decepcionante oír cómo decía la persona a la que había contratado -que estaba mintiendo- que los caballos estaban en perfecto estado para ese viaje. No me quedaron muchas opciones, y todo se juntaba en mi cabeza, mi odio, mi incomprensión por lo que estaba pasando. En un país con más de 12 millones de caballos y que me viera en esas.

 

Deseaba salir de allí, no sólo por dejar de ver las caras de la gente que sabía que me estaban estafando, sino por poder comenzar la aventura. Ellos me estaban vendiendo unos caballos para una aventura (que sabía cómo era) a precio de oro. Yo me preguntaba cómo podían venderme esos caballos sabiendo que no podrían atravesar el desierto, que morirían y yo con ellos. Esos tipos valoraban mi vida en poco más que en 800.000 Tugrug unos 350 euros al cambio. Esos caballos no valían ni una tercera parte.

 

Me decidí a inspeccionarlos con más cuidado aun, ya lo había comentado también por teléfono, los caballos estaban sin herrar y además los dos estaban heridos. Uno en la cabeza, decían que era de las riendas y que no tenía importancia; no les creí porque la pinta era horrible, sangraba y además tenía pus. El otro tenía una herida de la silla que aunque seca era aun peor, porque o se volvería abrir con el viaje o las silla de carga que me daban estaba mal.

 

Las mujeres confeccionaron dos alforjas de tela, eso tampoco era el plan, sin dos contenedores como alforjas, lo que fuera en ellas se espachurraría o no estaría impermeabilizado. La silla de carga no era una silla de carga era una silla de montar sin cojín. Los mongoles rellenan los asientos de las sillas con una especie de cojín lleno de pelos, de cuero y cosido. La silla de segunda mano que compré en el pueblo era mala pero esta era aún peor. Las trabas también eran de una calidad horrible. Ya empezaba a contar demasiado material defectuoso. Pero desde que llegué a Mongolia, ni siquiera gastando dinero uno puede encontrar todo lo que necesita.

 

 

De alguna manera, esa familia era hospitalaria conmigo, me daban cobijo en su casa, me daban de comer y jugaba son sus hijos. Pero yo interiormente estaba dividido.

 

 

 

Supongo que mis gritos, sobresalto, cara de pocos amigos, aceleraron todo, conseguí que herraran los caballos, lo que no se que fue peor, porque no estaban acostumbrados a andar con herraduras y eso me daría problemas más tarde a la hora de pisar bien. No soportaba estar allí ni un solo minuto más, empaqué todo lo que pude, arreglamos los caballos y aunque sabría que sólo dormiría a unos pocos kilómetros de sus ger, pero no se me pasaría el cabreo viéndoles las caras. Necesitaba pensar con claridad qué es lo que iba hacer con esos caballos, cómo solucionar el problema de estar desviado de la ruta y si esos caballos aguantarían o no.

 

 

Así que aquí comenzó la verdadera aventura…

PUBLICACIONES SOBRE EXPEDICION MONGOLIA

 

 

Chicos algunos medios granadinos, ya se hacen eco de la exposición de fotografía… os adjunto el link un abrazo a todos y nos vemos pronto!!

http://www.granadazoom.com/agenda/expedicion-mongolia-expo-fotografica/

 

 

 

EXPOSICION DE FOTOGRAFIA

 

EXPOSICION DE FOTOGRAFIA

 

Inauguración

5 de Febrero  20.30 horas

Café-Bar 380 - Sala de Exposiciones

C/ Imprenta, 3, Granada (Granada)

 

 

www.granadablogs.com/acaballo

felipepassolas@hotmail.com

 

Exposición sobre las mejores fotografías de esta aventura. 2500 Kms en solitario y a caballo por Mongolia.

 

La exposición durara tres semanas; del viernes 5 al  26 de Febrero. Estáis todos invitados. Nos reuniremos amigos, familia, patrocinadores y seguidores de la expedición. Se agradece si podéis confirmar la asistencia.

 

Hora de la inauguración: 20.30 viernes 5 de febrero

El Lugar; la sala de exposiciones de un café-bar que esta en Plaza Nueva, Granada (adjunto mapa)

 

Se que algunos vendréis de fuera de Granada, así que no dudéis en poneros en contacto conmigo para que podamos solucionar la logística.

 

Como más sorpresas pasaremos los videos promociónales aun inéditos de la expedición.

 

Quien no pueda asistir el día de la exposición, que también se vuelva a poner en contacto conmigo para que pueda enseñársela en persona otro día.

 

Espero que nos veamos allí un abrazo.

 

www.granadablogs.com/acaballo

felipepassolas@hotmail.com

 

 

 

 

Compra de los caballos (1)

 

Ya habéis visto la única silla decente que había encontrado para comprar, las alforjas que buscaba no existían como me habían dicho y el resto de material, como cuerdas y plásticos, aunque básicos parecía que podrían servir. Pero los disgustos sólo estaban empezando.

 

 

Tardé varios días en recolectar un material que no era el que realmente necesitaba, habiendo solo un mercado y estando a media hora de la casa donde dormía. ¿Por qué? No tengo ni idea, solo conseguí hablar con mi traductor en UB y tampoco él entendía por qué tardábamos tanto. Lo que sí me fijé es que volvíamos a casa para darle el pecho al niño de la casa (al pequeño, no vi en esos días un cabeza de familia en la casa, solo mujer y abuela).

 

 

Al principio, la paciencia estaba conmigo, pero cuando vi que el material no era el bueno y que encima fue un tiempo excesivo, me preocupé de que las cosas se torcieran.

 

Me metieron en un jeep que me llevaría a 80 kilómetros del pueblo pero nunca supe que era tan metido en las montañas y fuera de ruta. Esos 80 kilómetros, como podréis adivinar, tardamos en recorrerlos casi un día.  Supongo que todos los que venían en el jeep que yo pagaba aprovecharon el viaje, no sé si ellos pagaron otra parte de los kilómetros, lo que sí sé es que ellos se bajaron todos antes y yo pague la totalidad.  Antes de retomar la parte dura del viaje me invitaron a comer. Se perdió la puerta del remolque, por lo que nos bajaron y el jeep recorrió de nuevo lo andado para buscarla, con  todo esto, y teniendo en cuenta que paramos a trasvasar gasolina para uno de los generadores de un pasajero y que nos perdimos, hizo que llegáramos de madrugada al Ger.

 

 

Vi un gran cerco para ganado y pensé que sería para los caballos, me habían dicho que me los tenían preparados y por el precio serían buenos y si no, podría elegirlos de entre los que había en la manada del ganadero. Después de perdernos varias veces, y preguntar en la oscuridad cerrada varias veces, llegamos al Ger de la familia, la despertamos y mantuvimos una conversación interminable sobre dónde me encontraba. Estaba roto, el satélite no me daba señal y ellos me daban una localización opuesta ha la que me habían dicho, así que cuando empezaron con el vodka, decidí que era mejor ir a dormir y con luz del día, descanso y cobertura del satélite mejorar mi comunicación con ellos.

 

 

 

AVENTURA A BAY OLGII

 

Me dijeron que cogería una línea de autobuses hasta Bay Olgii, pero yo no lo llamaría así; más bien considero que fue un grupo de personas, como si fueran colonos de otro siglo, que utilizan un modo de transporte a motor para trasladarse a la aventura. Hacen piña los unos con los otros para superar las dificultades del resto del camino. Tres días sin parar, con dos conductores que se iban reemplazando mutuamente conforme se dormían al volante. Mujeres, niños y hombres todos a una para conseguir que el mini bus (porque era un mini bus) llegara a destino.

 

Paraban en poblados para conseguir gasolina de otros vehículos y para comer. Me recomendaron orinar, comer y cagar cuando el resto del grupo lo hiciera para que nadie se molestara si tenía que levantar la mano e interrumpir la marcha. Si no tenía ganas de orinar, debía orinar porque no se pararía hasta las siguientes ocho horas.

 

Respecto al espacio, pues asientos diminutos, supongo que 17 plazas, modificadas con asientos en los pasillos para subir a unas 21 personas. No sólo las plazas importan sino también su tamaño, más el estado de la carretera.  No salio ni un video bien, ya que nunca he saltado más durante más horas en mi vida. El primer día resulto agotador pero las siguientes 48 horas fueron una prueba de entereza física y psicológica.

 

 

La chapa del bus supero los 52 grados, la temperatura ambiente marco 46 grados centígrados en el GPS, la media eran unos 60 kilómetros por hora cuando el terreno lo permitía. Tal fue mi cansancio físico al segundo día, que dormí en el suelo aguantando el calor del eje delantero de las ruedas, necesitaba de alguna forma dormir o que el tiempo pasara. El paisaje era duro y en ocasiones benevolente, pero cuando caía la noche se agradecía el frío como agua de mayo, aunque las horas sin poder dormir eran interminables.

 

Los mongoles son un pueblo físicamente cercano, es decir, no son como en algunos lugares del Asia más oriental donde el contacto físico es más tabú en todos los sentidos. No sabría deciros si esa característica la da el carácter, las condiciones o ambas; porque yo el primer día ya intentaba dormir en el regazo de mi compañero de asiento y viceversa. Conforme se apagaban las últimas luces del día, el mini bus se convertía en un tetrix donde cada uno intentaba dormir según los movimientos del otro.  Si yo dormía debajo del asiento de pasillo con las piernas dando a la puerta, encima de ese asiento había dos personas más que apoyaban las piernas en una barra para tener medio cuerpo en horizontal. Ahora lo recuerdo como algo increíble pero no olvido la agonía, fue muy duro.

 

En las fotos, los caminos de tierra que veis, son lo que en Mongolia se llaman autovía nacional, es decir cuando un jeep pisa dos veces la misma huella del vehiculo que lo precedió. Yo tenía mi GPS y podía seguir por donde íbamos, pero tengo que reconocer la maestría de estos conductores al orientarse con horizontes cegadores.

 

Fue un gran impacto ver los terrenos que durante tantos años había visto en fotografías, mapas y vídeos. ¿Sabéis que?, tuve miedo. Pensé en lo duro que estaba siendo recorrer ese desierto con esa gente y en cómo sería estar solo y recorriendo 30 km por día siendo optimista. Lo que realmente me impresionaba es que todo el mundo era consciente de que si el bus se rompía en mitad de la nada, solo quedaba rezar porque pasara alguien y diera la voz de alarma de que había un puñado de personas en mitad del desierto con un número limitado de víveres. Todo el mundo era muy consciente. Obviamente los móviles no tenían cobertura, me di cuenta que cada día que pasaba tenia que aferrarme más a las capacidades de las personas con las que iba aprender como reaccionarían si algo sucedía.

 

 

Con forme pasaban las horas la intimidad de los que íbamos en el bus se reducía y, obviamente, yo no pase desapercibido, por medir casi dos metros y no entrar en el bus y por esa historia de los caballos ¿Qué hacia un extranjero allí? Ahí ves que el mundo no es tan diferente.  Hicimos un ejercicio para superar la vergüenza y las horas muertas: típico juego donde todos se levantan se presentan y cuentan algo de su vida.  Pues ahí teníais que verme en frente de una audiencia que no entendía lo que decía y con intento de traducción del inglés al mongol de una estudiante que había, pero con poco éxito, todo hay que decirlo.

 

Las carreteras solo tienen unos kilómetros de asfalto a las afueras de la ciudad de Ulan Bator, los conductores, en mi opinión, milagrosos.  Supongo que es la práctica pero aún recuerdo cómo me sonrió el abuelo que conducía cuando veía mi cara de asombro al admirar como entraba en curvas, superaba riachuelos, peraltes y baches con un minibús que parecía que se caía a pedazos, lleno de ancianos, niños y todo tipo de utensilios o artilugios.

 

 

Pero, como no podía ser menos, a primera hora de la mañana, salte de mi cómodo suelo calentito encima del eje delantero, salí disparado hacia la mal cerrada puerta del bus, todos saltamos hacia el lado derecho del vehículo, Había unos montículos en la carretera que no pudieron pasar y casi volcamos.  Creo que fui el único que se alarmo; mujeres y niños pequeños a pasear y orinar, los demás, con una pala y manos a desenterrar el bus e inventar ingenios para sacarlo. Gracias a Dios, con perseverancia y un camión que pasó y nos remolcó con un cable de acero (se subieron varios haciendo contrapeso) sacaron el minibús después de unas cuantas horas y continuamos la marcha. No dejo de preguntarme qué habría ocurrido si no hubiera pasado un vehiculo más pesado que el nuestro para poder hacer fuerza y remolcarnos, ¿se habría solucionado todo solamente esperando? ¿Pero hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo duraría la poca comida que llevábamos? ¿Y si no pasaba nadie en días? ¿Había niños que aguantarían menos?

 

 

 

 

 

Tanto riesgo sólo me lleva a pensar que, de alguna manera, conocen que la frecuencia conque pasan vehículos por esa área es suficiente para salir adelante, aunque sea a base de invertir horas.

 

Por el camino no fuimos los únicos accidentados, como buena ley no escrita, paramos a ayudar a todo aquel que nos encontráramos que estuviera tirado. Pero cada vez que parábamos no dejaba de pensar lo mismo, ¿y si cogemos otras huellas de jeep para seguir el camino?,¿qué habría pasado con esta furgoneta?

 

 

Sabía que estábamos llegando a nuestro destino porque hacía mas frío por las noches, llegábamos a las montañas y el ánimo estaba más relajado. Incluso me llamaron para que vieran a un viejo cazador a caballo, cazador con águila dorada. Montan orgullosos en sus caballos y en la región de Altaii montan con águilas de más de dos metros de envergadura, cazan todo aquello que su águila pueda levantar. El espectáculo es impresionante.

 

 

Después  de ese paréntesis, más polvo, más arena y más carretera hasta llegar a BAY OLGII, el pueblo donde me recogería uno de mis contactos para comprar el equipo y presentarme al guía que me llevaría cerca del pueblo a comprarlos. Para que os orientéis estamos a unos cientos de kilómetros de la frontera con Kazajstán y Altaii es una zona montañosa por excelencia.

Salida de UB

 

La salida fue aceptablemente bien. A estas alturas del viaje, todo iba sobre ruedas y según lo previsto y, lo que no estaba previsto, era superado sin mayor problema. Me dolía el bolsillo porque anduve gastando diariamente; estaba en el presupuesto pero cuando ves todo lo que sale de golpe y todo lo que queda, aún sabiéndolo te paras un poco a pensar, cuánto queda, si llegará hasta donde debe el presupuesto etc. Me tranquilizó comprar los mapas topográficos que necesitaba, aunque me hubiera gustado un poco más de detalle, me apañé con las leyendas en otro idioma y la escala más apropiada que se vendía. Los mapas eran de fabricación nacional así que no había en el mercado algo mejor sin acudir a planos por satélite impagables.

 

Compré algunos detalles para las familias con las que me encontrara, obviamente detalles que fueran de utilidad, como medicinas, lápices para los niños. No tenía mucho sentido que los trajera de fuera, esperaba que con el nombre del medicamento las familias entendieran para qué sirvieran. En países con precariedad de medicamentos no se venden por cajas ni dan prospectos, así que, sin hablar un buen mongol, iba a necesitar de un poco de inventiva para describir qué eran pastillas para; el dolor de cabeza, el dolor de estómago, como veis, en este viaje aparte de jinete también me convertí en mimo.

 

 

Aún me quedaban unos miles de kilómetros antes de encontrarme con los caballos, así que el equipo aumentó de peso sin poder quitar nada. En teoría no tendría que andar mucho con él antes de coger los caballos, pero eso me tendría sin poder alejarme mucho de todos mis trastos. Pagué equipaje extra en el bus para poder subirlo todo.

 

Emocionalmente, estaba muy contento con mis primeros días en UB, el equipo local, que había gestionado la compra de los caballos y había sido una gran ayuda para preparar la ruta, había pensado detalles que se me habían escapado. Por ejemplo, me enseñaron a cocinar carne seca con arroz, que es lo que en la estepa utilizan como comida de supervivencia, me hizo gracia que valoraran mucho las gelatinas, los batidos y proteínas que llevaba, pero de todas formas se empeñaron en que aprendiera que sólo con hervir sus carnes podría sobrevivir y que no seria algo que las familias nómadas que encontrara no tendrían. Me dio confianza que respecto a la información que me habían dado estos meses que pensaron en la expedición; algo que les pedí es que se pusieran en mi lugar para ver cómo lo harían ellos, una forma de intentar acercar posturas y ver qué rol tenia cada uno en esta expedición y poder tener una comunicación mejor con el objetivo de eliminar riesgos y que pudieran jugar un buen papel de back up en caso de emergencia.

 

 

Tras cenas, charlas, nervios y risas a los pocos días empaqué todo lo que pude y me llevaron a la Terminal de buses a coger mi próximo transporte hasta Bay Olgii. Aún no sabía que mis kilómetros más incómodos no serían a los lomos de un caballo.

 

 

 

 

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